Una plaga tantas veces nombrada
acosa a los pueblos de este trágico mundo.
Podemos sentirla, porque reseca el aire
que respiramos, todo son quejidos
y horrores del silencio. No existe medida
capaz de abarcarla, no se halla lejos
y siempre le acompaña
el sufrimiento de los inocentes.
Grandes fauces nos señalan con el dedo:
se alimentan de lo mejor del ser humano.
Huele a tajos de muerte en la tierra,
aromas de carne quemada son una proclama
que nos habla de los que deberían
tener el derecho a ser felices.
Extraña simiente esta,
hábil de derramarse a si misma
kilos de impiedad y destrucción.
Ya está bien. Llega la hora
de los que aguardan el turno
de la esperanza: Desde todas las esquinas
hombres y mujeres generosas se movilizan
para que la inconformidad abra los párpados,
y lance un grito de rebeldía por la paz que deseamos.
Vamos a abrir las ventanas del corazón,
conseguiremos que el afán por la concordia
invada todas las estancias maltratadas.
Hoy puede ser el día, compañero,
en que empecemos a sentir algo del sosiego
que ayudará a purificar los restos de la barbarie:
Es una exigencia y un deber. No existe otro camino.
acosa a los pueblos de este trágico mundo.
Podemos sentirla, porque reseca el aire
que respiramos, todo son quejidos
y horrores del silencio. No existe medida
capaz de abarcarla, no se halla lejos
y siempre le acompaña
el sufrimiento de los inocentes.
Grandes fauces nos señalan con el dedo:
se alimentan de lo mejor del ser humano.
Huele a tajos de muerte en la tierra,
aromas de carne quemada son una proclama
que nos habla de los que deberían
tener el derecho a ser felices.
Extraña simiente esta,
hábil de derramarse a si misma
kilos de impiedad y destrucción.
Ya está bien. Llega la hora
de los que aguardan el turno
de la esperanza: Desde todas las esquinas
hombres y mujeres generosas se movilizan
para que la inconformidad abra los párpados,
y lance un grito de rebeldía por la paz que deseamos.
Vamos a abrir las ventanas del corazón,
conseguiremos que el afán por la concordia
invada todas las estancias maltratadas.
Hoy puede ser el día, compañero,
en que empecemos a sentir algo del sosiego
que ayudará a purificar los restos de la barbarie:
Es una exigencia y un deber. No existe otro camino.

