JIM MORRISON, 3 de julio 1971.
JIMI HENDRIX, 18 de septiembre 1971.
JANIS JOPLIN, 3 de octubre de 197.
Hay canciones
que son como un galope.
Dibujan trastornados
jeroglíficos
sobre un hilo de aire
que abandona la amable
hospedería del encaje.
Canciones que son cactus
columpiándose en los desiertos.
Canciones como esponjas
traídas en alguna
expedición remota
que acarician la piel
adolescente.
Canciones que son nanas
para adultos renacidos
y que casi no hablan,
sólo besan.
Canciones que se posan
en las zarzas de octubre
y son único pasto
para ancianos gorriones
que han perdido su vuelo.
Canciones que se abren
y son frutos de higuera,
canciones que, incrustándose
en la cansada urdimbre
del algodón usado,
nos entibian las camas
cuando no somos niños.
Sé que hay otras canciones
que son como tijeras
que empuñan
los caballos desvalidos.
Son las que inyectan
poco a poco el desaliento
y prefieren sonar
en la mañana.
Y son losas, cuchillos,
hojas finas para venas
que ansían el descanso.
Son vómitos de hielo
sobre el agua.
En su mejor momento,
son suicidios
que entregan su relevo
mientras se van callando
definitivamente
quienes las interpretan.











