sábado, 12 de septiembre de 2026

POESÍA: JAURÍAS HUMANAS


Tengo una firme convicción,
quizás por el suspiro
que recorre
mis venas proletarias,
pero siento un desprecio 
tramontano por la idiocia
sangrienta de las turbas
que quieren tomarse
la justicia por su mano.

Nada hay más malvado 
y más obtuso
que un rebaño cerril 
vuelto jauría.
Es obsceno observar 
la conversión
de los cuatro
incisivos inferiores
de sus bocas 
sin gloria de rumiantes
en feroces colmillos afilados
cuando un prójimo
rueda por el polvo,
sobre todo 
estando indefenso.

Da pavor contemplar 
esas pezuñas vueltas garrass
antorchas, palos, sogas
o letal material antidisturbios,
consagrarse
al sadismo sin bozal
de rasgar epidermis indefensas.

Obviamente, 
también hay causas justas
y cárceles que aguardan 
a los monstruos,
pero importan, 
y mucho, los modales,
pues separan 
al hombre de las bestias.

Cualquier reo, 
culpable o inocente,
se merece un juicio justo 
y un mínimo respeto.
Porque lo otro
quita cualquier tipo de razón,
nublada la conciencia
por la locura colectiva
de una jauría humana.

viernes, 11 de septiembre de 2026

HISTORIA: EL OTRO 11 DE SEPTIEMBRE

 


LOS SUCESOS

Aquél 11 de septiembre, la oscuridad se llevó a un país para luego expandirse por una Latinoamérica de sueños, ideales y conquistas. La sangre corrió por las calles, y la miseria levantó la mano para que los genocidas siguieran el mandato del terrorismo del norte.

Porque en Chile a la esperanza había que taparla, a la dignidad la tenían que aniquilar, y todo aquel que soñara era una amenaza. Porque tres años atrás Allende comenzó a hacer historia desde el momento en que ganaba las elecciones la Unidad Popular. Y fue en la Moneda que comenzó el genocidio que luego seguiría con el plan sistemático de aniquilamiento a lo que estos cobardes llamaban subversión.


Desde temprano en la mañana de ese día, Allende había recibido noticias de movimientos militares sospechosos. A las 6:15 a.m., le informaron sobre la sublevación de la Marina en Valparaíso, y a las 7:20 a.m., salió de su casa hacia el Palacio de La Moneda, con la esperanza de que el Ejército lo apoyara. Aproximadamente a las 9:10 a.m., Allende pronunció su último discurso a través de Radio Magallanes, la única estación que aún no había sido tomada por los golpistas. En este discurso, él reafirmó su compromiso con Chile y declaró que pagaría con su vida la lealtad al pueblo, subrayando su amor por el país y su visión de un futuro mejor. Este mensaje fue transmitido mientras el bombardeo y los disparos se intensificaban alrededor de La Moneda. El palacio presidencial fue atacado por tierra y aire. Los tanques y la infantería abrieron fuego contra La Moneda a partir de las 10:30 a.m., y los aviones Hawk y Hunter bombardearon el edificio. Allende, consciente de que no podría mantener su posición, rechazó una oferta de exilio seguro y decidió quedarse en el palacio. Las versiones oficiales y las testimoniales coinciden en que Allende decidió quitarse la vida para no caer en manos de los golpistas. A las 2:00 p.m., después de un ultimátum dado por la Junta Militar para que abandonara el palacio, Allende se suicidó en el Salón Independencia de La Moneda con un fusil AK-47, regalo del líder cubano Fidel Castro. La versión más aceptada es que se disparó un tiro bajo la barbilla, aunque inicialmente hubo controversias y especulaciones sobre si fue asesinado. Su muerte fue confirmada por testigos cercanos como el doctor Patricio Guijón, quien relató haber visto a Allende muerto inmediatamente después del disparo, con la cabeza destrozada. El cadáver de Allende fue retirado de La Moneda alrededor de las 5:00 p.m., envuelto en una manta y custodiado por soldados. Estos momentos marcaron el final de la presidencia de Allende y el inicio de una dictadura militar que duraría 17 años.


EL DISCURSO

Seguramente, ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las antenas de Radio Magallanes. Mis palabras no tienen amargura sino decepción. Que sean ellas un castigo moral para quienes han traicionado su juramento: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡No voy a renunciar!

Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeño su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción crearon el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, victimas del mismo sector social que hoy estará esperando con mano ajena, reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.


Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder.

Estaban comprometidos. La historia los juzgará. Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse. Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!


Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

Santiago de Chile, 11 de septiembre de 1973


POESÍA: LA SIESTA



Morfeo le susurra
con dulce acento,
que es súplica y balido:
duerme, duerme.

El calor se desliza
entre los muslos
de la tarde.
Ella espanta de los ojos
ese blanco turbión 
de mieles y de espumas.

El murciélago 
bate sus alas 
membranosas
como hojas de parra.
No hay guardián 
que defienda los fosos,
está franco el castillo.
Debería huir,
pero, ¿cómo hacerlo
si la temperatura agobia
y la somnolencia aprieta?

Morfeo se detiene
a la distancia justa 
de su cuello.
Ni siquiera recuerda 
su ínfima mordida:
es la hora de la siesta
y no está para nadie.

jueves, 10 de septiembre de 2026

POESÍA: VERSOS Y REVERSOS


En un verso cabe todo:
la vida enmudecida
el silencio del lenguaje
la estrechez del aire
la presión de las hora
los rubores onírico
la angostura de los días
los partos en las noches
una mirada callada
una palabra ausente
unos labios sellados
y una boca sedienta
pidiendo a gritos 
consuelo en medio 
de este desierto
de sentimientos 
pedregoso
al que nadie riega.

En un verso cabe todo,
incluso los reversos:
los olvidados de la historia
del presente
del futur
un pecho abierto
un aliento dolorido
unos sueños mutilado
un horizonte confuso.
Cabe como caben
un millón de gotas
vertidas en un mar 
que no poseo
pero que existe
como cabe el amor, 
que existe
aunque haya quien sufra
sus consecuencias.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

REFLEXIÓN: EL ÁTICA Y EL ÁTICO


Hay palabras laboriosas, perseverantes, ambiciosas. Palabras que —diríamos en España— se lo han currado: palabras que empezaron en lo bajo del barro y llegan —a veces literalmente— a lo más alto. Hay palabras que de pronto estallan: que estuvieron por ahí durante años sin que nadie las viera y un día cualquiera explotan, salpican hasta el último rincón, pululan ululando. Y hay palabras —escasas, encomiables— que han hecho las dos cosas: el camino sinuoso, el estallido. La palabra ático es, ahora mismo, una de esas.

Nada la destinaba a semejante viaje. Ático era, en el principio, el modesto adjetivo derivado de un sustantivo nada modesto. Ática era nada menos que el nombre de toda esa región de nada menos que Grecia cuya capital era nada menos que Atenas. El éxito ático debería enseñarse en las escuelas de negocios —¿escuelas de negocios?— para mostrar la rentabilidad de la cultura: esa región, cinco veces más chica que Ciudad Real, sigue resonando, dos milenios después, porque inventó tres o cuatro cositas que se hicieron costumbre: la tragedia, la democracia, la filosofía.

Lo cierto es que la palabra ático sobrevivió durante muchos siglos como adjetivo poco usado. Ese poco era en arquitectura, donde los templos áticos —Partenón mediante— se volvieron clásicos, y después se llamó así a sus techos, esa forma de ponerles un remate más o menos cursi. Mucho después —digamos, siglo ­XVIII— las grandes viviendas se hicieron más altas. El techo casi no se veía y además quedó muy claro que lo elegante era el primer piso: el que menos esfuerzos de escalera pedía —y que los demás se volvían más baratos y despreciables según subían.

Pero hete aquí que hacia 1860, Nueva York, el señor Otis inventó el ascensor y, uno tras otro, los ricos quisieron irse para arriba. En las alturas había menos ruido, menos calor, menos humo, menos olor a pobre. Los edificios de viviendas de los países ricos empezaron a ofrecer un último piso con sus grandes vistas, nadie más arriba, el trofeo del ganador sin imaginación. Por mucho tiempo ese alarde no tuvo nombre en castellano. Ahora la Academia Real ha aceptado la palabra penthouse, que cuando yo era chico era una revista de tetas y ahora es un “apartamento o piso de lujo, generalmente con terraza, situado en la última planta de un edificio”, dice la Real, y que se usa en América. Porque en España, siempre tan españoles, lo que usábamos era la palabra ático. Y tampoco tanto; se decía, se conocía, no se conocía. Hasta la tempestad; ahora llevamos dos o tres años vomitando áticos. Primero fue ese del señor novio que tampoco era del señor novio. Pero aquello fue un susurro frente a los gritos del “ático de Ayuso”. Que es casi una redundancia: en estos días se puede decir ático y el “de Ayuso” se completa solo en las cabezas. Hace mucho que nadie había pagado tan cara una vivienda. Da un poco de pena.

La historia es simple. Hay una señora que ha dedicado su vida a destruir el mayor bien social de nuestra Ática: la salud para todos, la sanidad pública realmente pública, la que permite que todos nos curemos por igual. La que pone en funcionamiento la solidaridad más básica, el grado cero de la cohesión social: que cada persona sabe que todas las demás —y ella misma— están haciendo un pequeño esfuerzo para que ella misma —y todas las demás— puedan curarse o cuidarse si se enferman. Que no depende de la guita y esas tonterías: que está garantizado.

Y hay, decíamos, una señora que lleva siete años haciendo lo indecible por cargárselo para que sus mandantes más mangantes hagan más negocio. Se me ocurren pocas cosas más miserables, más misérrimas, que demoler esa gran construcción colectiva para que unos señoros y señoras se paguen el Lamborghini de la próxima colección otoño-invierno. Y sin embargo, decíamos, nada ha limado tanto a esta señora como el ático: la sospecha de que, una vez más, quiso hacernos una pequeña trampa. Ella está donde está para quitarnos lo mejor que tenemos, pero nos indignamos cuando nos quita unos millones. El honestismo es así: consigue transformar a los grandes depredadores en pequeños pilluelos —y hacernos creer que ahora sí los pillamos. Puedo pensar en varios pensadores áticos que se reirían —por decirlo suave— de nosotros.

He estado ingresado un par de veces a lo largo de mi vida en un hospital público. También he visto nacer en dos de ellos a mis hijas y he visitado a familiares y amigos mientras eran tratados de dolencias más o menos graves. Nadie ha tenido que endeudarse de por vida para hacer frente a los costes de esa hospitalización. Hay que defender como sea ese derecho conquistado frente a los intolerables ataques que está sufriendo por parte de la aborrecible señora del ático y sus colegas.

martes, 8 de septiembre de 2026

POESÍA: UN NUEVO COMIENZO


Comienza el nuevo
curso escolar,
hoy la mañana gris
se ha presentado
y auspicia una borrasca
con la duda que horada 
el pensamiento
de una tierra que siente 
la despedida del verano,
por los años vividos,
por tanta incertidumbre 
en el asfalto mancillado 
de ruidos y de prisas:
sirenas, ambulancias,
un tráfico agresivo 
y prepotente,
parques infantiles solitarios
–huidas ya la risa y la alegría
de la inocencia plena,
conducida,
hacia el método impuest
en los colegios–.

Sentado en este banco, 
el silencio me grita 
el abandono de la voz
que a veces me acompaña 
y me saluda
y me ofrece palabras 
que disipan las sombras. 
Claridad son y siempre
con su luz se despejan
las tormentas,
nubes grises 
de dudas y temores
que, al final del verano,
en la mañana
parecen amenazas 
que desbordan los ojos.
Y esta tierra, 
en el banco, solitaria
mira entre los visillos 
de las nubes
esperando la luz, 
la claridad
de una mañana
alegre y luminosa.

lunes, 7 de septiembre de 2026

POESÍA: LUZ DE AMANECER


Me encuentro
el cráneo descarnado
de algún animal,
que vigila 
desde un lado
del camino.

Cuando paso 
por su lado,  
me recuerda
desde los huecos 
que alojaron sus ojos
que puedo prescindir 
de músculos y venas.

Me recuerda 
que aunque respete 
a mis ancestros,
he de dejar 
que los muertos 
entierren
a los muertos.

Me recuerda 
que la luz
del amanecer
es un milagro
que prolonga la vida,
nos sirve de sustento
jornada tras jornada
y que nadie tiene derecho
a llenar de tinieblas
la existencia de los demás.

domingo, 6 de septiembre de 2026

POESÍA: SONATA


Como una Sonata,

pero con minúsculas,

con paso muy lento

voy desenterrando 

de la memoria

pequeños fragmentos, 

casi en ruinas.

El mero contacto 

con mis versos

puede descalabrarlos,

mas su proximidad,

la ciencia que configura

el artificio de mis sueños

los robustece.

Son el edificio 

que alberga lo que soy:

memoria, 

música de un sueño

y de ese futuro mejor

que deberíamos

dejar a nuestros 

descendientes

pero que se desvanece.

Sonata polvorienta,

tres movimientos,

etapas de una vida

que se diluye, casi,

en el fluir del poema.