lunes, 12 de octubre de 2026

POESÍA: MI INFANCIA


Recuerdo los campos
que rodeaban 
los edificios en el barrio,
sus piedras y tierra
circunvalando los juegos
y el ruido de ausencias 
entre la vegetación
que nos servía de resguardo
cuando jugábamos
a indios y vaqueros.

Recuerdo el campo de fútbol
que construimos
con nuestras manos
y dónde nos pelábamos
las rodillas
entre piques y risas.

Hubo siempre un aroma 
a certidumbre
en cada uno de los rellanos 
de la escalera,
el tacto colectivo
de las puertas abierta
y de los felpudos 
impregnados
de tantas huellas 
con nombre 
en los buzones.

Los desayunos con prisa
para salir al cole, 
la Quina San Clemente
para abrir el apetito,
la leche en polvo,
plátanos con galletas 
trituradas y bañadas
en jugo de naranja
para las meriendas.

Los estuches 
con unos pocos 
lápices de arco iris
que nos íbamos prestando
para completar
toda la gama
y restos de goma 
borrando la ignorancia,
un compás huérfano
de curvas
y un transportador 
de ángulos 
hacia lo imposible.

Recuerdo el miedo
a ir al colegio,
la mirada cruel
de un malvado profesor
que, con el cigarro 
tatuado en sus dientes,
custodiaba el buen nombre
de la apariencia
y pegaba sin compasión
con la regla
entre las manos.

Tal vez la memoria 
sea una mentira compulsiva
y los recuerdos tan solo 
el engaño del tiempo,
pero yo, ahora 
que las arrugas tienen 
la mayoría absoluta
en un semiabandonado 
congreso en mi cuerpo,
dirnto nostalgia 
por aquél viejo mundo 
donde no cabía la soledad.

domingo, 11 de octubre de 2026

POESÍA: TAREA


Me dices que es
absurdo el universo,
que la vida 
carece de sentido.

Pero no es un sentido
lo que busco a estas alturas,
cualquier explicación
o una promesa,
sino el estar aquí y a la deriva:
una simple botella 
que en la playa
aguarda la marea.

Sí, la palabra justa 
es abandono,
una dulce renuncia 
que me nombra
señor y dueño 
al fin de mi camino.

Queden hoy para otros
los afanes del mundo, 
y que mi mundo sea
la magia de un piso diminuto
tomado en su quietud 
por la penumbra,
saber que nadie llegará
a interrumpir mi tarde,
que no habrá sobresaltos,
ni voces, ni horas fijas,
porque ahora es tan solo 
transcurrir mi gran tarea.

PINTURA: ADOLPH NORTHEN


Vengan grises caballos
por la senda nevada,
y un anciano se detiene
a ver pasar jinetes 
cada vez más derrotados.
Continuamente
pasan los soldados,
y otra tierra recuerda
y otro tiempo.
El corazón del viejo 
se ensombrece
mientras las muchas 
sombras enumera,
y otra guerra recuerda 
con otros protagonistas.
La conclusión es evitente:
Los humanos no aprenden
de sus errores,
más aún cuando
la ambición les guía,
así que se autoinfligen
una nueva versión
de sus desgracias.


Apenas uno de cada cinco del medio millón de soldados que partieron hacia Rusia comandados por Napoleón Bonaparte regresaron a su hogar. El resto fallecieron abatidos o capturados por el ejército ruso, murieron de hambre, de frío o, según indicaban los libros de historia, sucumbieron al tifus.

“La retirada de Napoleón de Moscú” es una célebre pintura al óleo de 1851 creada por el artista alemán Adolph Northen. Esta obra icónica refleja el trágico colapso de la Grande Armée durante la desastrosa invasión de Rusia en 1812.

La pintura inmortaliza la agonía de las tropas francesas en el invierno de ese año. Tras ocupar un Moscú incendiado y desierto, Napoleón se vio obligado a retirarse ante la falta de suministros, el hostigamiento constante de los partisanos rusos y la táctica de tierra quemada. La posterior caótica retirada se convirtió en una catástrofe humanitaria y militar, en gran parte debido a las temperaturas bajo cero, el agotamiento extremo y enfermedades como el tifus y la fiebre recurrente.

Muestra a un exhausto y desmoralizado Napoleón Bonaparte montado a caballo, rodeado por los restos derrotados y demacrados de su ejército cubiertos por la nieve y el frío extremo. Northen retrata magistralmente el contraste entre la habitual grandeza imperial de Napoleón y la cruda realidad de sus tropas, diezmadas por el hambre, el frío extremo y el constante hostigamiento de los cosacos y el ejército ruso.

Esta retirada marcó el principio del fin del imperio napoleónico, ya que de los más de 500.000 hombres que invadieron Rusia, apenas decenas de miles lograron cruzar con vida de regreso a su territorio.

sábado, 10 de octubre de 2026

POESÍA EL HOMBRE SIN TIEMPO


El hombre
que no tiene tiempo
ha pasado 
por tu casa otra vez,
suele estar siempre de paso 
por todo lo que te atañe.


A la hora exacta los relojes
indicaron con una 
precisión de ritual
que era hora de la siesta,
así que el hombre
ahora duerme en tu cama.

Lo ves dormir.
Envidias esa confianza suya
de caer dormido 
en cualquier parte.
No tendría que estar 
en tu cama
mientras duerme.

El hombre está de paso,
pero en este momento
su mano está en tu rodilla.
Qué haces.
Nada. No haces nada,
si no quieres.
Pero quieres.

No tendrías que estar
tumbada junto a él.
El problema eres tú
y lo sabes,
ocurre cuando algo 
que no nos pertenece
nos atrae hacia
un pozo muy hondo.

Miras dentro el agua fría, 
los ojos fríos
y en su orden 
de metales perfecto
una pulsión dirías 
de otro tiempo
te empuja al centro 
del misterio.

Quieres tocar el agua,
pero temes hundirte del todo.
Piensas en volver a la cocina
donde el café y el silencio
y la luz de la tarde 
y nada más que esa paz.
Quieres no estar 
en esa cama.

El hombre se viste 
rápidamente.
Casi no tiene tiempo.
Dices algo.
Que te ha gustado besarle.
Ríe. Mientes.
No tiene tiempo.
Pasa por las cosas 
sin estar en ellas
y sabes que contigo
hace lo mismo.

Siempre pasa, sin embargo.
súplicas, quejas.
Quédate. El futuro.
Pero no tiene tiempo
y se va, 
como siempre ha hecho, 
como siempre hará.

viernes, 9 de octubre de 2026

PINTURA: IVAN VLADIMIROV


¿Cronista de la revolución o su denunciante oculto? Iván Vladimirov fue un artista al que se confió la tarea de plasmar la historia. Sus pinturas glorificaban el poder soviético, pero ¿qué se escondía tras la fachada del reconocimiento oficial? Las escenas espontáneas de caos, saqueo y represión exportadas a Occidente cuentan una historia completamente diferente. ¿Cómo un artista que trabajaba para las autoridades se convirtió en su crítico secreto? ¿Y por qué sus verdaderas obras maestras permanecieron en la sombra durante décadas? Vladimirov siguió siendo un artista de dos mundos: un maestro soviético oficialmente reconocido y un cronista oculto de la catástrofe de la revolución, cuyo verdadero legado sólo se hizo accesible años después.

Voluntario en la Primera Guerra Mundial, sus escenas de combate encantaron al zar. Fue herido y condecorado. Luego, testigo y simpatizante de la Revolución en San Petersburgo, documentó las luchas callejeras, el asalto al Palacio de Invierno y otras escenas por las que se convirtió en un artista oficial del leninismo y el stalinismo. Durante la era soviética, Vladimirov se convirtió en miembro de la Asociación de Artistas de la Rusia Revolucionaria, creó escenas de batalla, colaboró ​​con editoriales y trabajó en el ambicioso proyecto “Historia de la Guerra Civil en la URSS”. A diferencia de realistas socialistas como Alexander Deineka o Boris Joganson, su estilo se mantuvo más documental, sin idealizar las imágenes.


Se desengañó en seguida de la revolución: durante los años veinte produjo en secreto cientos de pinturas explicando los horrores de los fusilamientos callejeros o en los sótanos de la Lublianka, el expolio de los campesinos, la humillación de la curia ortodoxa, el hambre, la miseria y la represión implacable. Estas obras, nerviosas y expresivas, se las compraba secretamente el ciudadano norteamericano de origen ruso Frank Golder, a cinco dólares la pieza, suma notable para la época en Rusia, y las llevaba en valija diplomática a la Biblioteca Hoover sobre la Guerra, de la Universidad Stanford en California. Cuando sus testimonios gráficos del régimen del terror se exhibían en Estados Unidos, Golder se ocupaba de borrar cuidadosamente su firma, para ahorrarle la segura ejecución.


En las pinturas que llegaron a Occidente, vemos una cara diferente de los acontecimientos en Rusia entre 1917 y 1922. Atrás quedaron los heroicos revolucionarios, reemplazados por civiles que luchaban por comida, soldados despiadados que saqueaban una iglesia, la humillación de antiguos generales zaristas y sacerdotes obligados a trabajar en granjas. Vemos ejecuciones secretas y crueldades contra los campesinos.


En estas obras, Vladimirov muestra una humanidad que está completamente ausente en sus pinturas “oficiales”, y muestra una verdadera compasión y afinidad por las víctimas de la represión. No está claro por qué las pintó poniendo en gran riesgo su supervivencia, pero es posible que sintiera el deber de registrar el sufrimiento que fue reprimido por la propaganda oficial soviética. Cualesquiera que sean sus razones, sus imágenes ofrecen una visión del verdadero horror de la Revolución rusa que la historia a veces pasa por alto. Una de las más sombrías –no la más tétrica o desgarrada– escenas de la vida cotidiana tras la Revolución: en un encapotado amanecer de invierno, el asalto del pueblo hambriento a un camión de reparto de pan. Un camión lleno de pan: difícil figurarse más fabuloso objeto del deseo, un tesoro más valioso para los desesperados.

jueves, 8 de octubre de 2026

POESÍA: PENUMBRAS (A Maricarmen Abascal)


Sé de dónde nacen
las penumbras:
de los harapos humildes
y de la cal 
prácticamente fosilizada,
de las esquinas 
del amor propio
que nadie limpia.

Sé de cuerpos buscados
entre sábanas,
la irresponsable
serenidad de la aguja,
como un exagerar la estirpe,
hasta deshacerse
en unos labios
que nos rechazan.

Sé de dónde nacen
las penumbras,
sé muchas cosas repetidas
a lo largo de silencios,
las plásticas comas del frío,
el ejemplo del adjetivo,
la muerte de los dialectos,
un punto de inflexión
y lo poco que importa a veces
de dónde nacen
las penumbras
cuando se descubre
su existencia.

A veces, solo a veces...
Porque la muerte,
por ejemplo,
de una anciana desahuciada
y a causa de lo sufrido,
nos enseña a todos
de dónde viene 
la injusticia sobrevenida
y quienes son los responsables,
precisa y exactamente,
de la más oscura 
de todas las penumbras.

miércoles, 7 de octubre de 2026

POESÍA: ¿PARA QUÉ ESCRIBO?

 


La armadura de un libro
no te protege de la espada.
La caricia hecha blindaje
tampoco te protege
de la enfermedad.
Entonces, 
¿escribir para quién,
si no es para 
amparar a alguien?
Cae la lluvia ácida,
desmenuza los pensamientos
y funde la coraza.

La mala noticia
llega cada día
a nuestro encuentro,
siempre con los mismos 
contornos.
Escribo para hilvanar
un abrigo
Y no funciona.
Escojo poner 
el dedo en la llaga
y apretar fuerte, 
apretar hacia dentro,
si no me dejan ser
ni tirita, ni gasa,
ni esparadrapo.

Escribiré para salvarme.
Menuda estupidez.
Esto tampoco.
Escribiré para no salvarme.
Creo ir mucho mejor 
por esa vía.
Escribiré para dejar dicho
que voy a intentar 
no salvarme.
Si, así es.
Escribiré para dejar dicho
que intenté fracasar
aunque es muy posible
que nadie me crea
y durante unas 
milésimas de segundo
haya ocurrido de verdad.

martes, 6 de octubre de 2026

POESÍA: ENCUENTRO


Me cruzo con mi vecina
de 87 años
que aún sale temprano
cada mañana
a dar su paseo diario.
El amanecer comienza
a dibujar sombras
sobre ella.

Sube lentamente
la cuesta de su calle
y al encontrarnos
me regala una sonrisa
y un abrazo
lleno de cariño,
sabe que yo también
la quiero mucho.

Hablamos un poquito
y quedamos para
la próxima,
pero mientras esto sucede,
una guagua se ha detenido
en la parada cercana
para recoger a dos pasajeros.

Luego arranca
y vemos alejarse el vehículo
en silencio
hasta que mi amiga
se lanza a hablar
sobre guaguas
de tiempos atrás
y como iban repartiendo
a la gente por calles
con casas sin pintar
siluetas de hambre, 
agravios y fatigas
que son las que pagaban
las banderas.
Las que otros enarbolaban.

No quise puntualizarle
que hoy está volviendo
a ocurrir algo muy parecido
con el tema de las banderas
y la ideología que tanto adora
sacarlas a las calles.
Igual Juanita aún
no ha caído en la cuenta
y no se merece 
que le haga esa putada.