martes, 27 de octubre de 2026

PINTURA: ALFRED KUBIN


«La muerte, la nada, es el destino del mundo, y de todas esas fuerzas individuales que juntas lo constituyen. Cada uno de nosotros expira incondicionalmente a lo largo de una ruta predestinada, como una máquina»

(Alfred Kubin)

En El Hombre (1902), de Alfred Kubin, una figura solitaria se sitúa en lo que parece ser el punto más alto de una estructura curva, quizás un puente o una construcción similar. La figura parece colgar precariamente, enroscada, con una apariencia tensa o contemplativa. La paleta general de la obra es bastante sobria, con un enfoque en tonos oscuros y apagados, creando una sensación de misterio e introspección. Un vasto espacio vacío rodea a la figura, enfatizando su aislamiento y quizás reflexionando sobre la condición humana o el estado existencial del individuo. El esquema monocromático de la obra y la calidad etérea de las líneas contribuyen a su atmósfera onírica y surrealista, típica del estilo del artista y del Movimiento Simbolista.

Como sobre las vías de una montaña rusa, cuyo recorrido parece atraer nuestra mirada con elegantes curvas y balancearse hacia una profundidad de luz cegadora, una pequeña figura antropomórfica, montada sobre una rueda doble, desciende a toda velocidad desde una altura vertiginosa. En los momentos siguientes, deberá dominar una peligrosa curva en las vías y, posteriormente, desaparecerá de nuestra vista, desvaneciéndose en el deslumbrante fondo. 

Temprana en la obra de Kubin (1877-1959), este ya emplea la técnica de la pluma, la tinta china y el aerosol para crear una composición que evoca la imaginería de un sueño y parece expresar una profunda comprensión del subconsciente humano. Con los brazos apretados contra su cuerpo atlético, el torso ligeramente inclinado hacia adelante en una postura tensa, la pequeña criatura, de rostro humilde y serio, parece estar completamente concentrada en intentar compensar el curso salvaje y sinuoso de las vías con sus inesperados cambios de dirección y parece concentrarse exclusivamente en mantener el equilibrio. Los largos mechones de cabello que ondean hacia atrás ilustran la vertiginosa velocidad de su descenso. La voluta de las vías curvas se pierde en el deslumbrante vacío de la luz que emana del centro del espacio imaginario, como una metáfora de lo incierto, lo desconocido, el destino, la vida y su fin: el futuro.

lunes, 26 de octubre de 2026

POESÍA: ESCRIBIR UN POEMA


Estos versos tienen
que ser un poema
estructurado de tal manera
que quien lo lea
no se quede al final
con la sensación
de haber perdido el tiempo.

Antes de empezar 
con la escritura,
el preludio es en encontrar
un tema interesante
y no demasiado repetitivo
porque a estas alturas,
tanto los demás como yo mismo,
hemos hablado de casi todo.

Parto de la base
de que la originalidad
no está en lo que trate
sino en la manera de enfocarlo.

Puedo hablar, por ejemplo,
sobre la ratio 
profesor/alumno
de la pública,
las listas de espera
en la sanidad o el amor,
las filas de personas
esperando 
una bolsa de comida
o la calidez de un abrazo,
las guerras entre países
o en el trato de dos personas, 
los niños que ya no son
hijos de nadie
o los padres que han perdido
o no pueden tener hijos.

Hay que ser cuidadoso,
en temas tan delicados,
si al empezar a escribir
cierro demasiado los puños
se acaba rompiendo el lápiz,
los ojos dejan de brillar 
con la belleza de la poesía,
y se entrecierran,
si aprieto los dientes
el texto se convertirá 
en otro manifiesto,
a veces la realidad
por mucho que uno lo intente
es tan enorme e intensa
que excede
el marco de un poema.

domingo, 25 de octubre de 2026

PINTURA: LAS MENINAS


A veces me despierto en medio de la noche y pienso en el cuadro de Las Meninas, tan abandonado a esas horas en su sala del Museo del Prado. Esa pintura, me digo, debería ser mirada sin interrupción. Da vergüenza que un lienzo tan extraordinario permanezca cerrado doce o catorce horas al día. Velázquez lleva rematándolo casi cuatro siglos y no da muestras de cansancio. Ahí está, con el pincel suspendido en el aire, apuntando hacia la paleta, mientras observa lo que nosotros no podemos ver: el exterior del cuadro, del que tú y yo formamos parte. ¿Por qué, entonces, no estamos ahí todo el rato? Hay máquinas que trabajan veinticuatro horas para resultar provechosas. Para amortizar esta obra de arte debería haber siempre alguien aturdiéndose ante ella.

En mis insomnios, vuelo imaginariamente al Museo y me planto frente a ese prodigio espectacular. Alterado por la falta de sueño, me parece escuchar el crujido de la materia pictórica al craquelarse y el de la tela al pudrirse. Ese cuadro, como el Sol, como la Tierra misma, como todos nosotros, tiene los días contados. Conviene aprovecharlos al máximo. Ahí dejo la idea para que la ponga en práctica quien tenga capacidad para ello. Yo ya he hecho lo mío. De nada.

REFLEXIÓN: CENTROS DE DATOS


La deriva ecológica ni se menciona en histérica precampaña electoral española agitada por falsos pucherazos y falsos pucheritos. Los negacionistas del cambio climático se benefician de una actitud muy humana, pues la manera más primaria de enfrentarse con una mala noticia es no querer aceptarla. Nuestro despertar tardío a lo real afronta ahora un nuevo episodio con la instalación de las grandes superficies de almacenaje de datos. Durante años los gobiernos regionales lo han celebrado como un maná caído del cielo, pero hoy ya conocemos los riesgos.

En la campaña por las elecciones de medio término en los Estados Unidos, la denuncia del daño que provocan las grandes granjas de datos han sido uno de los argumentos más usados por los candidatos. Tanto los regidores locales como los aspirantes a las cámaras de representantes comienzan a posicionarse en contra de la instalación de estas macrogranjas. Especialmente combativo se ha mostrado Bernie Sanders, que pese a su edad se ha convertido en un interesante joven visionario. También la activista Erin Brockovich, a la que encarnó Julia Roberts en la película que le dio el Oscar, y que contaba el caso de envenenamiento de una población por parte de una industria química, ahora se ha centrado en denunciar los peligros de los centros de datos. El gobierno español, en uno de sus últimos latidos de vida, redactó una serie de condiciones de sostenibilidad para permitir la instalación de estos edificios en respuesta a la preocupación por el gasto de agua y energía que acarrean. De inmediato los grupos de poder comenzaron a sacudir sus amenazas para congelar cualquier reforma. El presidente Trump se ha quedado solo como el más firme opositor a la regulación de los centros de datos en su país, correspondiendo así al esfuerzo de los caciques tecnológicos que le llevaron al poder.

Los centros de datos precisan de un consumo diario de agua potable desmesurado para refrigerar sus mecanismos de funcionamiento y se ha probado que desecan las zonas donde se instalan. Se calcula que estos centros ya están consumiendo el 2% de la energía mundial con una vida útil tan corta que los convierte en especialmente sucios. Los vecinos de estas superficies ya conocen los zumbidos constantes de la ventilación imprescindible para estos monstruos y su impacto sobre las aves y la fauna local, pero sus quejas no son escuchadas por casi nadie. En España ni tan siquiera han conseguido hacerse oír entre la felicidad pánfila de los gobiernos locales, que están entregados siempre a cualquier promesa rácana de puestos de trabajo y que cada vez son más sumisos a las necesidades de la IA, que es utilizada ya como una herramienta más por la población, aparentemente encantada haciendo vídeos, memes y cartelitos que se nos aparecen por todas partes. Nunca aprenderemos que las campañas electorales son la oportunidad para confrontar las recetas de cada aspirante sobre los desastres que se nos avecinan. Y como siempre, lo verdaderamente importante se trata como una anécdota que a pocos interesa.

sábado, 24 de octubre de 2026

POESÍA: PARA LA VIDA


Que el pensar 
no deje de consolarte,
que no te obnubile el fervor
cuando la pasión te ciegue.

Ve, acércate y hurga 
con tus dedos
hasta mancharte 
en la herida del mundo
o en la espalda 
mojada de la vida,
allí donde la sangre 
se confunde con el barro.
Así, más adentro, más adentro.

Ve luego y escarba 
con tus manos
en los estercoleros de la infamia, 
en la trastienda de la miseria 
y en la sala de máquinas 
de la explotación,
en la factoría 
de todas las conspiraciones
y en la despensa 
abarrotada del hambre.

Ve después y observa 
hasta no poder más,
hasta perforar si es preciso 
la catarata que te ciega 
y te impide apreciar 
la raíz del aire,
el corazón de la barbarie, 
la idea de la luz
y el secreto que guardan 
todos los caminos.

Sabrás entonces 
que en ocasiones el frío 
sucede al frío,
la palabra sola no basta 
y a veces está de más.
Intuirás de ese modo 
que callar es un crimen
y que el silencio tiene 
un precio que más pronto
o más tarde tendrás 
que estar dispuesto a pagar.

Que la fragilidad 
sea tu fortaleza,
que no te pierda la seguridad
cuando la incertidumbre 
te ponga en camino.
Cuando la palabra 
se queda sin palabras
la disidencia da sentido 
al relato de los hechos
y la norma se escribe del revés,
contra el viento, 
al margen del libro.

Decir al enmudecer. 
Construir al romper.
Avanzar al detenernos
y regresar sobre 
nuestros pasos.
Ahí, en ese espacio 
sin límite, impreciso,
vago y fuera de todo lugar, 
hablar al callar, 
hacer al deshacer, 
escribir al tachar.

Y en ese tiempo 
sin tiempo, sin hora,
sin memoria de pasado 
ni posibilidad de futuro,
sentir el vértigo de una voz 
en caída libre.

«Dicho y hecho» es un decir
en el que el verbo da testimonio
de su acción al pronunciarse.
Cuando la palabra pone 
en juego su sentido,
al borde de los acantilados, 
fuera de la ley,
aguarda el frío, está la muerte, 
el amanecer acompaña 
el trance de una blanca 
y callada despedida.

viernes, 23 de octubre de 2026

POESÍA: SABER O NO SABER


Me detengo 
frente al mar,
aún hace fresco
a esta hora temprana
de la mañana.

Unos perros corren,
buscan revolcarse 
en la arena,
jugar a que se hieren.

¿Cómo saben las olas 
cuándo detenerse?
Cómo saben cuándo
reírse en el velatorio 
comprar fruta
tener hijos tener padres
mandar un mensaje 
a la madrugada
distinguir la paja
de lo importante.

Cómo saben
cuándo conocer 
un lugar nuevo
cuándo robarle 
a un jefe
cuándo confiar 
en un amante.

Cómo sabe un boxeador 
cuándo ser suave
un solitario enamorado
una bandera blanca.

Quisiera haber 
encontrado
una respuesta
una forma 
de pedir perdón
un movimiento continuo
que me acerque 
a lo que amo.

UNA EXPRESIÓN MAL ENTENDIDA


La medicina árabe medieval, siempre atenta al saber de la Antigüedad, recogió un tratamiento para afecciones oculares a base de óxido de zinc, cuyo antecedente —la cadmia— ya aparecía en el Dioscórides en el siglo I d. C. Se trataba de un ungüento elaborado con el óxido de zinc y otras sales metálicas presentes en las costras que se formaban en los conductos de los hornos metalúrgicos. Los árabes lo llamaron «attutíyya», que en nuestro castellano se convirtió en «atutía» o «tutía», un término que servía tanto para la costra como para el ungüento con ella preparado. 

En aquella medicina medieval, la "Tutía" se convirtió en un bálsamo muy socorrido, tanto que las ocasiones en las que los galenos echaban en falta aquel remedio pudieron servir de inspiración para una frase que todavía hoy decimos sin ser consciente del eco médico que hay detrás: "No hay tutía". No había remedio, querían decir, tal y como lo decimos ahora, pero con una confusión de parentesco familiar que siempre nos ha provocado cierta extrañeza: ¿Tu tía?

Ya saben que cuando se tengan que conformar con lo que hay, cuando no haya más remedio ni alternativa y digan aquello de «no hay tutía», en realidad están recordando lo que históricamente significaba la falta de un ungüento medicinal en las boticas del pasado. Las tías como elementos familiares no tienen nada que ver.

Nota: Hoy el óxido de zinc sigue usándose para proteger la piel y dar alivio a ciertas irritaciones. 


jueves, 22 de octubre de 2026

POESÍA: CUSTODIA COMPARTIDA


Cuando muere el amor
y una pareja  se separa, 
¿cómo se reparte el lenguaje? 
¿Qué palabras para él, 
cuáles para ella? 

Ojalá se pudiera salir 
del amor 
como del último 
día de clases: 
lanzando al aire los apuntes 
y quemando el lenguaje 
en las hogueras de San Juan. 

Me temo que no es posible.
¿Cuántas corresponden 
a cada cual? 
¿Tendrán que medir 
las palabras con exactitud? 

La mitad para cada cual:
Para ella amor, para él mi vida.
Para él histeria, para ella historia.
Para ella wifi, para él desconexión.
Para él gato, para ella alergia.
Para ella recuerdos, 
para él expectativas.
Para él paciencia, 
para ella tus padres.

Cuántas se tirarán a la basura
y cuántas donarán 
a una biblioteca 
o a un club de lectura. 
Sería hermoso que otros 
intentaran interpretarlas 
y opinaran 
y dijeran que les recuerdan 
a, qué sé yo, algún pasaje de 
El amor en los tiempos del cólera 
o de Rayuela. 

Me pregunto cómo separar 
las palabras sin destrozarlas:
Ella se quedará lava 
y él vajillas.
El mono y ella volumen.
Ella cama y él león.
Él cien y ella pies.
Para él propiedad, 
para ella intelectual.
Ella impresora y él multifunción.
Para ella café, para él solo .
Para él miel, para ella luna.

Y después, cuando cada uno 
reconstruya lo suyo,
encontrarse con un cienleón 
y un recuerdo solo
y una impresora de luna. 
Tener un camapiés 
y un amor multifunción 
y miel de histeria.
Sería bello esto, 
que lo que quedase 
de una pareja fueran 
palabras recicladas,
sobrevolumen y cafetodo 
y monointelectual.

Si alguna vez tienes
que pasar por esa experiencia,
te aconsejo que medites
sobre ello: 
cuando muera el amor
y te separes para siempre 
(igual que ibas
a quererla para siempre), 
que una parte de las palabras
que sostuvieron ese amor
quede en custodia compartida:
mermelada
cardamomo
cariño
todo
saldrá
bien.