miércoles, 25 de marzo de 2026

REFLEXIÓN: CUESTIÓN DE DICTADURAS


Quienes han nacido en democracias y aún viven en ellas frivolizan sobre la opresión y la libertad. Hay en España gente convencida de que vive en una tiranía y de que cualquier día los van a llevar al gulag por meterse con el Gobierno. Sus diatribas serían más creíbles si no las proclamasen con los dedos manchados de gambas en un restaurante con estrella Michelin, mientras piden una tercera botella de vino y celebran la publicación de su último libro, que ningún censor ha tocado y que sus lectores leen en la playa sin esconderlo. También los hay —aunque cada vez menos— convencidos de que el franquismo nunca desapareció, y lo dicen en prime time desde la televisión, sin que la emisión se interrumpa con marchas militares ni la brigada político-social se los lleve a la Puerta del Sol para interrogarlos.

A unos y a otros les vendría bien ver Mr. Nobody contra Putin, el documental que ha ganado el Oscar y que cuenta, desde la ingenuidad, la periferia, el compromiso democrático feroz y una valentía emocionante cómo se construye una tiranía. Si después de ver esta obra maestra siguen diciendo que viven en una tiranía comunista o franquista, propongo llevarles de viaje a Karabash, en el corazón industrial de los Urales, escenario de la película. No digo que los llevemos en penitencia, sino como viaje educativo, que vean cómo se vive en un experimento totalitario donde todas las opiniones, salvo la oficial, han sido proscritas.

Por desgracia, tendrán que visitar Karabash por su cuenta, pues su mejor guía, Pavel Talankin, exprofesor de instituto y coautor del documental, ha huido de Rusia. Tras ganar el Oscar y postularse como enemigo público destacado de Vladímir Putin (convirtiendo el título de la obra en profecía), se enfrenta a una vida incierta de clandestinidad y precariedad. No sé de qué vivirá este simpático y valiente ciudadano que no habla inglés y nunca había salido de su pueblo remotísimo, ni cómo escapará de las larguísimas zarpas del Kremlin. Su coraje y su compromiso solitario y lúdico con una idea elemental de la democracia son lenitivos contra las exageraciones cotidianas de quienes hablamos por hablar, a gritos y desde cualquier tribuna, sin miedo a que nos metan en una cárcel rusa, nos pegue cuatro tiros la policia nazi de Donald Trump o nos ahorquen en las calles de Irán por criticar al régimen. Por respeto a los héroes como Talankin, pero también por higiene del debate público, todos deberíamos ser más escrupulosos al hablar de tiranías y dictaduras. No vaya a ser que, de tanto invocarlas, acabemos sufriéndolas.

martes, 24 de marzo de 2026

POESÍA: SIEMPRE EN MI MEMORIA



Voy a recordarlos siempre, 

pero como merecido homenaje

no voy a cejar en aportarle

en su honor al mundo 

lágrimas, pero de alegría

aunque parezca contradictorio. 


Se lo merecen

por haber hecho caminos

por haber marcado un rumbo

por emocionar mi alma

porque nos quisieron

protegidos y ayudados

porque jamás se plantearon

dejar solos a quienes

los necesitaban

porque interpretaron 

las ansias de su pueblo

porque canalizaron su amor.


Quiero recordarlos

junto a la risa de los felices

la seguridad de los justos

el sufrimiento de los humildes.


Quiero recordarlos

con piedad por los errores

comprendiendo sus debilidades

con cariño por tantas virtudes.

Si no fuera así, preferiría el olvido

porque no podría estar a su altura

para cumplir con mi deber

como ser humano. 


Nota: Hoy se cumplen 50 años del último golpe militar que instauró la dictadura en Argentina. Mi recuerdo a las víctimas y mi solidaridad, cariño y admiración para sus familiares

POESÍA: FUGACIDAD


Habrá salido, tal vez, 

de su casa hace un rato.

No parece dirigirse

a ningún lugar en concreto. 

Da envidia verla

pasear su juventud

a estar horas sin rumbo, 

mientras cae

la tarde lentamente 

y vuelan los vencejos

en la luz que declina. 

Igual ha pasado por la plaza 

y habrá sumado su perfume

al aroma de las flores.

Tiene ganas de andar. 

Ahora, el azar la trae,

despacio, hasta mi espacio. 

Yo, aburrido, la veo venir. 

Tendrá veinte años apenas.

Camina con la gracia 

que regala la vida

a quien es bello y joven: 

gloria, breve del cuerpo;

milagro de lo efímero, 

que cifra en su relámpago

visos de eternidad. 

Ajena a mi mirada,

se va acercando. 

El oro del sol último 

brilla en su piel, en sus ojos, 

en el dulce desorden

oscuro de su pelo. 

En este instante, cruza

de una acera a la otra. 

No sabe que la observo,

que su fugaz presencia 

me hace feliz. 

Ahora pasará por la terraza

de la cafetería. 

Ya llega. Ya ha pasado. 

Y sigue. Y va alejándose.

Dentro de unos momentos 

doblará aquella esquina

y desaparecerá 

de mi vida para siempre. 

lunes, 23 de marzo de 2026

POESÍA: PRIORIDADES


Cómo saber

si es más importante

tener una habitación propia 

o una tumba propia

o una casa a la que volver

o un poema donde 

poder refugiarse

de la tormenta en que la vida

se puede llegar a convertir. 


Alguien dice 

que somos los humanos 

más raros de la historia,

extrañas criaturas 

que escarban sus neuronas, 

sus fetiches,

porque no nos bastan 

los inviernos para aprender

las declinaciones del frío.


No, los jardines que amamos 

no se marchitan nunca.

Ni las anémonas azules 

y dioramas en la levadura 

de los deseos.

En el estanque de los sueños

deberíamos aprender a cultivar 

jardines de medusas

y nubes digitales,

y piedras sin gravedad 

que respiran despacio

felices en el silencio. 

domingo, 22 de marzo de 2026

POESÍA: CELEBRACIÓN


Celebra la llegada 

de la estación 

de las amapolas

aunque el tiempo nos deje

los árboles desnudos,

las esperanzas secas, 

las llagas en un puño

y los paisajes llenos 

de ruinas temblorosas.


No te declares cautivo 

de un alma acartonada,

de un corazón rendido, 

de un cuerpo desgastado.

No creas que los brindis 

son cosas del pasado

ni que nuestros esfuerzos 

se resuelven en nada.


Bajo la tierra avanzan, 

feraces, las raíces,

más recias, más profundas, 

cuanto más tiempo pasa,

destilando su savia 

de risas y dolores.


Abre tus ventanas 

a las horas felices

sin importar las grietas 

que amenacen la casa:

nunca serás más libre, 

nunca darás más flores.

PINTURA: JOHN ATKINSON GRIMSHAW


En sus cuadros, John Atkinson Grimshaw pretende representar el mundo moderno nacido de la industrialización, pero soslayando la deprimente y sucia realidad de las ciudades industriales.

Las composiciones en las que representa los puertos de la Gran Bretaña victoriana son hermosas evocaciones líricas de la era industrial. Grimshaw plasmó la niebla y la bruma con tanta precisión que se diría que ha captado el frío del aire húmedo y el vaho que cala las gruesas ropas de los escasos personajes que pueblan las primeras horas de una mañana brumosa.

Grimshaw recoge en sus obras las diferentes fuentes de luz, utilizando la luna, las lámparas de gas del interior de los comercios, los faroles y los faros de los vehículos para representar una variedad de reflejos en las aceras y las calles empapadas de agua de lluvia. En Barcos en el río Clyde el chisporroteo de los puntos luminosos procede de una pequeña hoguera encendida a un lado de la calzada, junto a la cual se calientan dos trabajadores de los muelles

La prosperidad comercial de Glasgow data del siglo XVII, cuando el puerto del río Clyde empezó a importar tabaco, azúcar, algodón y otros productos. Glasgow, situada al oeste del país, tenía un emplazamiento idóneo para luego volver a exportar una gran proporción de estas mercancías a Francia, Alemania, Italia, Noruega, las Indias Occidentales y Norteamérica. Pero esa prosperidad también suponía un alto precio a pagar por la clase trabajadora y el pueblo llano en general con la falta de derechos y una vida donde la miseria era la gran protagonista. 


sábado, 21 de marzo de 2026

POESÍA: PRIMAVERA


Pronto ha de llegar 

la primavera.

Como siempre, 

porque no tengo noticias

hasta la fecha,

de que alguna vez

no se haya 

terminado un invierno.


Lo que no sé

es si nos permitirán, 

tal y como va el mundo, 

dejar de tener frío,

miedo, angustia o vacío.


Si llegará el calor 

a derretir

toda la pobredumbre 

acumulada

tras las pestañas,

bajo las uñas,

sepultando latidos.


Si podremos, al fin, 

cerrar los ojos al sol

y respirar tranquilos. 

viernes, 20 de marzo de 2026

REFLEXIÓN: DIGNIDAD


Sean Penn no acudió a la ceremonia de los Oscar. Estaba en Ucrania, a donde ya viajó en 2022 para darle uno de sus premios de la Academia al presidente Volodimir Zelenski. Corina Machado, por el contrario, se lo regaló en su visita a la Casa Blanca a Trump en enero pasado. El gesto de Penn hace cuatro años en camiseta resultaba de una dignidad emocionante. El de María Corina, vestida con un traje de chaqueta y pantalón, resultó una de las humillaciones más tenebrosas como gesto en el panorama de la política global de nuestros días.

Tiene competidores María Corina en ranking de líderes babosos, herederos de Chamberlain ante Hitler, que se arrastran hoy ante Trump. Del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, a Ursula von der Leyen o el canciller alemán Merz, son demasiados quienes se desgañitan en méritos para no sulfurar a la bestia. Su propio temor a ser humillados les hace confundir el hecho de que con su actitud les sobra para caer en lo más bajo. Se autoinfligen un desprecio que de paso sufren aquellos a quienes representan. Lo pagarán. No entienden que el atropello ejercido desde el poder en base al escarnio público para quienes consideran vasallos supone el propio castigo: un error evidente como un abuso de poder ante los ciudadanos que lo contemplan.

Además, no sabemos bien qué pretendía Machado respecto a un cambio de actitudes en el comportamiento de Trump. El presidente entendió de manera tan particular y motivadora el gesto simbólico -ni más ni menos que tener en sus manos el Nobel de la Paz- que dos meses después bombardeó Irán junto a su amigo Netanyahu. María Corina fracasó estrepitosamente, por tanto. Y humilló con su gesto no solo a buena parte del pueblo venezolano que incluso la apoyaba antes, también a los demócratas en cualquier parte que la pudieran ver con buenos ojos como una opción de futuro en su país, algo que personalmente nunca me he creído. 

El gesto de Penn nos habla justo de lo contrario. Se plantó entonces la estrella del cine ante Zelenski, el único líder que en la Casa Blanca ha sabido mantener bien alta la dignidad de su pueblo precisamente al verse atacado por unas fieras que se la querían arrebatar, lo sacó de una mochila como quien saca un bocata y se lo entregó: “Esta cosa es una chorrada simbólica”, le dice el actor, “pero sabiendo que se queda aquí, me siento mejor mientras dure la lucha”. Poco más. Aquello bastó. A mí me bastó. El tiempo que nos ha tocado vivir se ha convertido en todo un cruce paradigmático sobre el tena de la dignidad en un escenario donde esa escasa virtud resalta como un destello radical de esperanza cuando salta ante nuestros ojos. Si Zelenski aguantó los embates de los aliados de Putin en la Casa Blanca aquella tarde y en otras muchas ocasiones como muy pocos han hecho, Machado representó todo lo contrario: una clamorosa ausencia de dignidad que la descalificó rotundamente.

Consciente de lo que significa esa palabra e incluso de dónde salir a buscarla, Sean Penn eligió a conciencia no acudir a la ceremonia de entrega donde era candidato a un gran premio y volvió a Ucrania. Cambió el hecho de ser reconocido con un momento de gloria ante el mundo para multiplicar ese efecto en Kiev, donde realmente debemos poner el foco. Esta vez recibió un Oscar de metal que le habían hecho con material de trenes bombardeados por los rusos. Prefiere todavía plantarse allá en camiseta al glamur de los cócteles. En todo caso, algún bombón de bienvenida en la mesa para endulzar el momento junto a unos hombres que luchan por mantener los principios básicos de la democracia. Aquellos que durante un periodo ínfimo de la Historia lograron un mundo mejor, ese mundo que hoy vuelve a estar amenazado por los nuevos tiranos que nos aplastan.