No se lo digan a nadie.
jueves, 24 de septiembre de 2026
POESÍA: UN TIPO COMÚN
No se lo digan a nadie.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
POESÍA: DIFERENCIA
Que enorme
diferencia
en tan corto
espacio,
en una línea
diminuta:
Los extremos
de la curva
son lo único
que permanece,
en la comisura
de los labios
al pasar del llanto
a la sonrisa.
REFLEXIÓN: EL OTOÑO
Como era de esperar, salvo para los negacionistas, este también ha sido un verano de una crueldad extrema con olas encadenadas de calor asfixiante. Las playas abarrotadas de carne humana puesta a asar y las sucesivas oleadas de las masas turísticas que han invadido los espacios como en una huida ciega hacia ninguna parte han producido una sensación apocalíptica. Esperemos que el otoño venga al rescate, aunque dicen que también será más caluroso de lo normal. La verdad es que hay muchos síntomas de que la normalidad ha desaparecido de nuestras vidas. Pero en cuestiones climáticas, espero que pronto comiencen a alargarse las sombras, que el mosto de la vendimia brote en los lagares y el humus fermentado ablande nuestros pasos por el bosque envuelto en brumas. Si eso ocurre, el otoño llegará para salvarnos con los delicados matices de su luz de moscatel; los amarillos, rojos, morados, violetas que llenarán el paisaje serán los mismos que se posaron en la paleta de Klimt, de Van Gogh, de Monet, de Renoir cuyos colores se instalarán como uno de sus cuadros en la ventana. Y sin darnos cuenta se adelantará la llegada de la noche noche y escucharemos la lluvia fina, persistente en los cristales, que dará paso a unas mañanas doradas por un sol muchísimo más amable.
martes, 22 de septiembre de 2026
PINTURA: ÉPOCA DE VENDIMIA
La vendimia es uno de los momentos más esperados por los viticultores. Durante unas semanas los viñedos se llenan de gente, de cantos, de júbilo y alegría tras casi un año de duro trabajo, y que ven recompensado su esfuerzo con la recogida de la uva que les permitirá elaborar el vino. Este trabajo lo realizaban en los años 80 tanto hombres como mujeres, aunque cada uno tenía una labor bien definida. Generalmente, las mujeres se encargaban de cortar la uva de las cepas, la negra y la blanca, con unas herramientas denominadas hocillos o también con las navajas, y de depositarlas en una especie de cestos de mimbre denominados conachos, talegas, covanillos o canastos. Los hombres, además de cortar los racimos, se encargaban de cargar con estos cestos repletos de uva y depositarlos en el carro para trasladarlos a la bodega.
Estos aspectos se observan en Vendimia en la Ribera del Duero (1979), de José Vela Zanetti, donde los vendimiadores y las vendimiadoras son los protagonistas de la composición. Se encuentran ataviados con la indumentaria característica como eran las faldas, los delantales y los pañuelos o sombreros de paja para las mujeres, y pantalones, chalecos, fajas y sombreros o boinas en el caso de los hombres.
Al final del cuadro, y como un elemento secundario, se vislumbra de nuevo la figura del relieve castellano, las lomas y cuestas de los páramos, en colores más amarillentos, más secos tras la siega del cereal que ha tenido lugar unos meses antes y que han provocado su desnudez, situación que se repetirá una vez que finalice la vendimia cuando los viñedos, poco a poco, vayan quedando desprotegidos de las hojas que cubren su cuerpo y se encuentren sin ninguna defensa ante el frío y largo invierno castellano.
En esta obra se incluye un nuevo elemento, el carro, una pieza clave en el paisaje rural de mediados del siglo XX y que ha sido representada en otras composiciones de carácter agrario. Se observa como los hombres están subiendo los grandes cestos de uva que trasladarán a la bodega para elaborar el vino, un sistema de transporte que ha quedado completamente abandonado a favor de los modernos tractores con sus remolques, por lo que se puede ver un nuevo cambio que ha tenido lugar en este tipo de paisaje.
Frente a la obra de Zanetti donde los rasgos de los personajes se encuentran bien definidos está la obra de José María Castilviejo titulada Vendimia en Vega Sicilia (1987) con unas facciones de los protagonistas menos marcadas y menos claras, ya que no interesa ver su expresión, sino lo que pretende es que el espectador se centre en la obra en su conjunto, en una escena de la vendimia donde vuelven a repetirse los elementos anteriores, es decir, las mujeres cortando la uva ataviadas con los pañuelos y los sombreros de paja, y el hombre con el conacho de mimbre repleto de racimos de uva recién cortados cargado en su hombro y que trasladará hasta el carro para depositarlo con el resto.
El colorido adquiere mucho valor en esta obra, sobre todo los rojos, naranjas y amarillos que se combinan para escenificar los viñedos de esta emblemática bodega vallisoletana en Valbuena de Duero en uno de los periodos con mayor explosión cromática que poseen los campos castellanos, el comienzo del otoño. Visión que logra Castilviejo con pinceladas sueltas sobre el lienzo a la hora de representar las hojas de las cepas.
Como elementos secundarios que terminan de configurar el paisaje se distinguen la casa que se encuentra inmersa en los viñedos, el conjunto de pinos propios de este sector de la región y unos cerros que dan la sensación de encontrarse en una zona más elevada de lo que en realidad es como consecuencia de la escala empleada, ya que el cuadro se encuentra ambientado en las terrazas centrales del río Duero con formas del relieve más suaves.
lunes, 21 de septiembre de 2026
POESÍA: OTOÑO
Por fin se acaba el verano
domingo, 20 de septiembre de 2026
POESÍA: MISERIAS COTIDIANAS
En las nimias
OPINIÓN: ESPAÑOLES SIN DERECHO AL VOTO
Como esos idiotas que defendían que una cosa era la libertad y otra, el libertinaje, el Supremo —con la salvedad bravísima y triste de la magistrada Alicia Millán, única discrepante— ha dicho que una cosa es votar y otra muy distinta, el voteo al buen tuntún. ¿Qué es eso de que cualquier ciudadano español pueda meter una papeleta en una urna? El derecho al sufragio, señores míos, es algo muy serio. No sabemos qué piensan todos esos nietos de aquella ralea de exiliados. Vaya usted a saber a qué propaganda están sometidos. No a la nuestra, desde luego. Esa gente no sigue las tertulias de la radio. A lo peor, tienen una visión de España filtrada por las batallitas de sus abuelos, enemigos sin matices del franquismo, al que no le verían nada bueno. Escandaloso, vamos.
Las hemerotecas están llenas de alegatos contra las ampliaciones del derecho al sufragio. Las más famosas fueron las que se usaron contra las mujeres, que en España esgrimió la izquierda, temerosa de que todas aquellas amas de casa dominadas por los curas votasen en masa a las derechas. Pero antes hubo recelos contra los pobres. ¿Cómo iban a votar esos pordioseros? Cuando España iba a entrar en Europa, en 1985, se abrió otro debate muy actual: el voto de los musulmanes de Ceuta y Melilla, quienes, pese a ser hijos, nietos y bisnietos de ceutíes y melillenses, no tenían la nacionalidad española. El argumento en contra era que montarían un partido islamista y anexionarían las ciudades a Marruecos. Cuarenta años después, todos esos nacionalizados —y sus hijos y sus nietos— presumen de un patriotismo español que no tiene Abascal, por mucho que grite.
Hoy el coco que viene a destruir España son los descendientes del exilio, sujetos de una reparación histórica que sería un insulto si se limitase, como pretende ahora el Supremo, a una ciudadanía honoraria. A mí no me inquieta que se amplíe el censo porque, a diferencia de tantos, no lo concibo como un club privado con gorilas en la puerta, sino como una aspiración lo más universal posible. A mí me inquieta que este proceso haya sacado a la luz a tantísimos nietos con derecho a la nacionalidad, lo que revela, en términos estadísticos fríos y crueles, la magnitud del exilio, la cantidad de compatriotas que se vieron expulsados de su país por la violencia y el brutalismo. Me estremece que, dos generaciones después, se les siga tratando con soberbia y sospecha, como una cohorte de antiespañoles, en la más vieja tradición de un país que yo también siento que tampoco es el mío.
sábado, 19 de septiembre de 2026
POESÍA: MEDIODÍA
Las luces del verano








