Cada cual ejerce el patriotismo como mejor lo considere. Hay quienes enarbolan banderas y se llevan la mano al corazón al son del himno nacional. Y los hay que entienden el patriotismo como quemar las chozas y los escasos enseres de los migrantes llegados irregularmente a las costas del país o impidiendo que la Cruz Roja les reparta alimentos… Y, luego, está Marcos de Quinto. El empresario madrileño y exdiputado de Ciudadanos arribó a Ceuta al frente de una autoproclamada «armada civil» de barcos particulares, con la intención de reivindicar ante Marruecos la españolidad de la ciudad autónoma. Tal gesto ha sido de lo más comentado; sobre todo porque, en sus declaraciones a los medios al poco de atracar, De Quinto apareció sosteniendo un botellín de cerveza y preparándose para asistir a una cena en honor de los héroes de la flotilla.
Este hombre es uno de los ejemplos más genuinos del esperpento nacional: Un ultraderechista que en su momento se convirtió en el diputado más rico que ha habido en la historia de España con 50M€ de patrimonio. Después de dejar el Congreso, se trasladó a Portugal para pagar menos impuestos y llegó a exigir que las personas en paro no tuvieran derecho al voto. Y se atreve a liderar una manifestación facha de pijos con yates y veleros en Ceuta. No es una actitud patriótica, sino patética.








