viernes, 17 de abril de 2026

POESÍA: SINSENTIDO


Hija, libro, árbol.

Y darse cuenta 

del peligro 

en que se encuentran

los avances sociales

que creíamos 

haber asegurado

de cara al futuro

y que mi generación

no va a dejar

un mundo más seguro

como legado. 


Pensar en la guerra

el odio, la pobreza, 

el egoísmo

y la devastación.

Pensar en esos jóvenes

que dan vivas

orgullosos

a ideales asesinos. 

Hijas, libros, árboles... 

¿Pero...Y el mañana? 

¿Cómo encontrarle

un sentido 

al sinsentido

antes de la despedida

definitiva? 


jueves, 16 de abril de 2026

POESÍA: SIN DESPEDIDAS


Nadie nos dice cómo

voltear la cara 

contra la pared

y

morirnos sencillamente, 

así como lo hicieran 

el gato

o el perro de la casa

o el elefante

que caminó en pos 

de su agonía

como quien va

a una impostergable 

ceremonia

batiendo orejas

al compás

del cadencioso resuello

de su trompa. 

Tan solo en el reino animal

hay ejemplos 

de tal comportamiento:

cambiar el paso, 

acercarse

a oler lo ya vivido

y dar la vuelta, 

sencillamente

dar la vuelta

y esperar el final

sin necesidad de despedidas.

miércoles, 15 de abril de 2026

POESÍA: PINO BETANCOR


Pino Betancor nació en Madrid, 1928, de padres canarios y desde muy joven empezó a escribir prosa y poesía. Al contraer matrimonio con José María Millares Sall, también poeta, se estableció en la ciudad de Las Palmas, donde colaboró con periódicos y revistas, así como con la revista malagueña Caracola. Su creación está compuesta, entre otras, por: Manantial de silencio, Cristal, Los caminos perdidos, Los cantos diversos, Dejad crecer la hierba, Las moradas terrestres, Palabras para un año nuevo, Las oscuras violetas, La memoria encendida (publicación póstuma). Además colaboró con su marido en las populares composiciones musicales Campanas de Vegueta y De belingo.-


Fue en 1950 cuando Pino visita la isla, por primera vez, con el objeto de conocer a su familia. Y fue entonces cuando conoció al poeta con el que contraería matrimonio dos años más tarde. En Planas de Poesía publicará sus primeros poemarios, Manantial de silencio (1951), del que el escritor González Sosa dirá que es “el canto de una criatura que asistía encandilada a la revelación de la hermosura del mundo y las promesas de la existencia”, y Cristal (1956), donde yacen la encrucijada existencial de aquellos tiempos, las huellas del amor: “Yo soy la mujer dulce, la eterna peregrina/ que ignorando sus tierras a tus tierras llegó”.  Fue pionera y comprometida, sensible y emotiva, que predicaba solidaridad, paz y amor, cuya afectividad y ternura fueron un sostén para su marido y para sus hijos. El 31 de diciembre de 2003 ingresó con un infarto cerebral en el Hospital Doctor Negrín, y falleció esa misma noche.



TERCIOPELO Y SEDA

De terciopelo y seda era su cuerpo,

pero no lo vio nadie.


La enseñaron, ya desde pequeña,

a trabajar muy duro y no quejarse.

A levantarse al alba, blanca y fría,

a ser ave sin vuelo, flor sin aire.


Un día marcha a la ciudad inmensa.

Allí conoce a un hombre, uno de tantos,

pequeño y arrogante.

Los hijos le vendrán sin desearlos,

sin desear a nadie.


Y seguirá cosiendo y cocinando.

Es su deber. No lo discute nadie.

La vida va pasando lentamente

detrás de los cristales.


La enseñaron a ser el pan que se cocina,

la mesa que se pone, la ceniza que arde,

y así vivió su triste y corta vida,

ignorada e ignorante

de todas las bellezas de la tierra.


Nunca de la pasión de los sentidos

le hablaron. De cómo un beso

puede encender el aire.

Y una sencilla, dulce melodía,

hasta el cielo elevarte.


Un día se durmió en la vieja mecedora.

Para siempre. Sin haber florecido.

Marchita ya la tez, marchita el alma.

Como tantas mujeres innombrables.


De terciopelo y seda fue su cuerpo

y no lo supo nadie.


VERDE PIEDRA

Verde piedra, azul de hielo.

Soledad de lo absoluto.

Una inmensidad de arena

es el silencio.


Pálidas flores nocturnas,

las magnolias del recuerdo,

aroman hoy más que nunca

mi silencio.


El manantial de aquel río

de amor, no se quedó seco.

Guarda el agua fresca y pura

del silencio.


Soledad de lo absoluto…

Si de tu lado me alejo

guarda estos pétalos blancos

en silencio.


DEJAD CRECER LA HIERBA

Dejad que crezca el árbol,

que siga siendo

la casa de las aves

susurrante verdor

de los caminos.


Dejad crecer la hierba,

que los campos no dejen

de ser mares de espigas,

alfombras de olivos verde-gris,

tapices de rosados almendros.


Dejad crecer la hierba…!


Que el agua saltarina de los ríos

vuelva a ser lecho puro

donde vivan los peces,

líquida agua marina

entre los labios.


Dejad crecer la hierba…!


En este mundo nuestro,

planeta azul y verde,

pudiera de repente apagarse la vida.


Pudiera ser tan solo

un cascarón vacío,

convertido en ceniza,

polvo y muerte.


La tierra es nuestro hogar,

y es para todos.


Los pueblos son estancias

de un único edificio

que debéis preservar de la ruina.


PINTURA: FRANCIS BACON


Francis Bacon es una de las personalidades artísticas más emblemáticas y perturbadoras del periodo que siguió al fin de la Segunda Guerra Mundial. Su personal visión atormentada y descompuesta del ser humano es el mejor documento de la crisis que aquejó a la humanidad durante la segunda mitad del siglo XX. Su personal estilo expresionista, basado en un simbolismo de terror y rabia, le ha convertido en uno de los artistas más originales del siglo XX.

A Bacon siempre le interesó el aspecto más amargo de la existencia y sus obras son metáforas de la lucha del ser humano con su entorno. Su personal lenguaje pictórico muestra los aspectos más misteriosos e inquietantes de la condición humana; sus retratos no buscan el parecido de los rasgos físicos del modelo, sino su condición espiritual. En cuanto a la técnica pictórica, Bacon fue un perfeccionista y dominó como nadie la mezcla simultánea de los componentes de azar y orden. En sus obras se combinaba un interés por la fotografía con su admiración por los grandes maestros de la pintura, especialmente por Velázquez, Rembrandt y Goya.

«Figura escribiendo reflejada en un espejo» ilustra una escena abstracta y evocadora con una figura humana claramente distorsionada, absorta en la escritura, cuyos movimientos y forma se reflejan ambiguamente en un espejo. La figura masculina aparece en ropa interior blanca y es muy semejante a cientos de obras que retratan a George Dyer, pareja y modelo del pintor durante años que se acabó suicidando la víspera de una importante retrospectiva de Bacon en el Grand Palais de París en octubre de 1971. Pero muchos quisieron ver el autorretrato del propio Bacon, por lo que quizás esta obra sea en realidad un doble retrato.

martes, 14 de abril de 2026

POESÍA: DOLOR


Acostumbrarse a vivir

contra el dolor

conocer exactamente 

sus límites

sentirse seguro

dentro de ellos

tener bien engrasada

la maquinaria que lo controla

alimentarlo 

abrigarlo 

procurarle

la paz necesaria

avivarlo si se desvanece

calmarlo si se desboca

mantener a salvo

mi dolor

mi querido dolor

tan fiel acompañándome

durante tanto tiempo

que ya no somos nadie

el uno sin el otro. 

lunes, 13 de abril de 2026

POESÍA: LA FRONTERA


Como cada noche

al acostarme, 

paso revista

a mis demonios,

¿a cuántos he dejado 

salir hoy fuera de este 

espacio acotado?

¿Cuántos andan sueltos?

Siento alivio

al darme cuenta 

de que la mayoría

siguen paseando 

entre las paredes

del silencio. Van y vienen,

pero no se atreven 

a traspasar la puerta.

Entre los demonios 

rondan también los ángeles,

casi igual de peligrosos, 

probablemente.

Es muy fácil 

malinterpretar sus dones.

Por fortuna, 

tampoco son libres, 

y a menudo se conforman 

con deambular 

junto al desorden 

de mis pensamientos.

Es necesario este 

repaso cotidiano,

saber qué dije, 

qué poemas compartí,

mantener a salvo

a quienes tengo cerca. 

Reconstruir la frontera

para salvar 

a los demás de lo que 

no me gusta de mi mismo.

domingo, 12 de abril de 2026

POESÍA: SUTILEZA


El verano 

llegará de repente

cuando aún

huela a primavera

y el verde se adormece

bajo el sauce.

Te darás cuenta

después

de que los seres pequeños 

lo anunciaran

y no estabas atento.

Son tan tenues las cosas 

con que el mundo

nos advierte el movimiento

en el que vamos,

toda la tierra y todos 

en un ciclo constante

entre la belleza 

y la degradación.

Tan sutil el lenguaje

que hemos perdido 

el suave don de pronunciarlo. 

En fin, será

que no comprendemos

muchas cosas

pero te aseguro

que con un mínimo esfuerzo 

se puede intuir

apenas

lo que siente

esa hojita última en el árbol.

Su rabia.

Su temblor.

REFLEXIÓN: PERDER


La palabra perder se ha vuelto una de más tajantes. A falta de criterios mejores, pensamos nuestras vidas como una hoja de contabilidad donde se asientan entradas y salidas, un proceso comercial donde se ve cuándo ganamos, cuándo perdemos. Darle un valor —cuantitativo— a cada acto, ver si obtenemos más que lo que damos y así de seguido. Como “perder” y “ganar” se nos han vuelto decisivos, debemos simular que sabemos —que de verdad sabemos— cuándo se pierde y cuándo se gana. Y lo único que sabemos es que en la vida no se puede saber. Tampoco es necesario. Hubo largos momentos, muchas sociedades, en que nadie habría pensado en medir su vida en términos de triunfo o de derrota: había nociones más complejas. Hubo momentos, por ejemplo, en que nada se creía mejor que aportar algo al bien común, al bienestar general. Ahora, cuando eso parece —en el mejor de los casos— una ingenuidad, solo gana el que gana para sí. Y ganar, está muy claro, es poseer: poseer más dinero, más fama, más ¿belleza?, más influencia, más poder de seducción, más poder de poder.

Esta es, en ese sentido, una sociedad fofamente satisfecha: sabe dónde está —para ella— el bien, dónde está el mal, dónde el triunfo y la derrota. Por eso se nos hace más fácil clasificar, decir un resultado. Por un lado están los pocos ganadores que han cumplido con esas metas, por el otro los demás, nosotros, la inmensa legión de “perdedores”. Y no hay palabra en nuestras sociedades más descalificadora que esa: perdedor.

Por suerte, perder en términos contables, perder esa carrera tonta por los bienes y las apariencias, no es la única forma de perder. Si lo fuera, la palabra perder sólo sería la prueba de nuestra incapacidad de construir una sociedad que valiera la pena. Pero también se pueden perder los papeles, perder la vergüenza, perder la paciencia, perder los estribos, perder la cabeza, perder la cara, perder la calma, perder el alma, perder el habla, perder la fe, perder las ilusiones, perder la perspectiva, perder la compostura, perder la virginidad, perder el rumbo, perder la razón, perder la honra, perder la inocencia, perder la oportunidad, perder el sentido, perder un hijo, perder un padre o madre, perder el respeto, perder el miedo, perder una carrera, perder la mano, perder pie, perder peso, perder comba, perder aire, perder facultades, perder sangre, perder la vida, perderlo todo, perderse —y más y más y más y cada una de esas pérdidas es una gran historia.

En cualquier caso, nos pasamos la vida perdiendo. Perdemos tanto que, al final, podemos incluso creer que alguna vez tuvimos algo. Para eso sirve, quizás, esta idea de que siempre perdemos. Hasta que terminamos de aceptar que uno puede perder tanto más que lo que tiene. Eso es, para algunos, la sabiduría; otros dicen que los que se lo creen están perdidos.