martes, 3 de febrero de 2026

POESÍA: APRENDEREMOS


No sabemos nada.

Morimos de abandono

y nos alimentan

con bulos e incertidumbre.


No sabemos nada. 

Nos venden retazos 

de realidad que, 

para colmo, tenemos 

que pagar a plazos.


Nos envuelven 

en verdades de plastilina 

mientras cocinan

un mañana envenenado 

con palabras vacías.


No sabemos nada.

Por no saber, 

no sabemos ni quiénes son. 

Quién se esconde 

tras sus marionetas. 

Quién dirige realmente 

este teatrillo tan cutre. 

Quién sujeta ese telón 

que se destiñe 

con cada nueva mentira.


No sabemos nada. 

No quieren que sepamos.


Pero a pesar de todo, 

sepan que no podrán matar 

nuestra pregunta.

Sepan que solo 

el interrogante

nos hará libres.

Sepan que aprenderemos 

a saber aunque 

nos bombardeen 

cada vez más intensamente

con sus mentiras.

OPINIÓN: MELANIA Y SU DOCUMENTAL


Lo que son las cosas. En España la mujer del presidente afronta una especie de proceso fantasma, un partido de pimpón entre el instructor y el tribunal que le va corrigiendo hasta que veamos dónde cae la pelota. En Francia, la primera dama tuvo que llevar a juicio a los creadores del bulo de su transexualidad. Y en EE UU, el país cuya democracia parece que llegamos a admirar algún día, tenemos a Melania Trump en plena promoción de su documental de autobombo. Los mundos paralelos en los que transcurre nuestro presente siguen multiplicándose más rápido de lo que podemos asimilar.

El documental Melania es “beautiful”, ha dicho la esposa del presidente de EE UU, igual que la “gran y preciosa” ley fiscal que su marido impulsó para deportar, recortar el servicio sanitario y dejar sin empleo a unos cuantos. “Es precioso, emocional, cinemático, a la moda y estoy orgullosa”. Atentos, usuarios de Amazon: esta empresa está despidiendo a miles de trabajadores en el mundo ante el impulso de la IA mientras financia con 40 millones de dólares el documental de la primera dama. ¿Esperábamos algo más de Jeff Bezos? Lo esperábamos. ¿Deberíamos pensarnos lo de seguir comprando en Amazon? Deberíamos. Yo ya no lo hago.

El documental en sí es un hito de estos tiempos: mientras las milicias del ICE encajan diez tiros a un manifestante en el suelo; mientras atrapan a niños de cinco años, penetran en comunidades para secuestrar trabajadores que tuvieron la desgracia de nacer lejos, la exmodelo nos enseña la mansión de Mar-a-Lago y su modelito de toma de posesión, aquel que incluía esa especie de sombrero de castidad para frenar los besos de su marido (lo cual podemos entender). En las vías paralelas que no se cruzarán jamás con la que habita esa peligrosa pareja hay guiones más interesantes que el de ese documental: Trump no ha cambiado, pero la población está demostrando que resistir sirve. La protesta convocada tiene banda sonora de Bruce Springsteen, que se ha apresurado a apoyar a Minneapolis con un blues energizante y que nos gusta mucho más que Bezos, Elon Musk y otros secuaces.

La democracia está muriendo en EE UU porque alguien la está matando, incluidos esos millonarios plegados al poder. Si logra sobrevivir será gracias a esos ciudadanos enfurecidos y, no lo olvidemos, a muchos inversores que están vendiendo bonos del Tesoro norteamericano y que ya no apuestan por el dólar, único lenguaje que parece entender Trump. La alfombra roja no será entonces para Melania, sino para la memoria de Alex Pretti y Renee Good. Estamos ya deseando ver su documental. Y no en Amazon Prime.


lunes, 2 de febrero de 2026

POESÍA: ADMIRACIÓN


Admiro a quienes aman 

y saben o tal vez 

tienen el valor de vivir

como desean,

e hicieron ‒o hacen‒ 

de cada día una celebración,

un arte, a pesar 

de saber que la vida,

eso que llamamos 

con enfermiza insistencia

o con tenacidad 

de visionarios, vida,

es las más de las veces 

algo mediocre,

triste, sucio, 

gastado y violento.

Admiro a quienes eligen 

como divisa de sus días

«El corazón me manda», 

destierran la indiferencia

y no desdeñan otra cosa 

que las pasiones tristes:

el menoscabo de sus vidas.

Y en una época tan sombría

como la que atravesamos, 

ponen pasión en el pasar 

de cada jornada.

domingo, 1 de febrero de 2026

POESÍA: DOS CARAS


Me enseñaron 

un dios todopoderoso,

pero nunca

me identifiqué con él, 

tuve claro que se puede

ser espiritual

y muy terrenal a la vez. 

Me ofrecieron 

la esperanza matemática,

la incógnita resuelta

pero siempre fui 

ciencia errónea

y un cero de izquierdas.

La única eternidad

llega de mano de la parca, 

una rotunda certeza

que no precisa de fe, 

ni existe misterio alguno 

a su alrededor:

Es tan simple

como que existes hasta 

que la hora te llega

y dejas de existir. 

Estamos abocados al reto 

de la incertidumbre

y de la muerte, 

siempre ha resultado

tentador encontrarle

un sentido a esa evidencia, 

pero no lo tiene:


es tan absurdo como eso. 


PINTURA: RUDOLF VON ALT


Rudolf Ritter von Alt (1812-1905) fue un paisajista y pintor arquitectural austriaco. Alt demostró un notable talento para expresar ciertas peculiaridades en la naturaleza. La logró pintar con autenticidad centrando la atención en las diferentes tonalidades del cielo, el tono de color del aire y la vegetación. Sus obras más tarde se acercaron al Impresionismo.

Desde 1886, Rudolf von Alt había estado veraneando en Gastein, en la provincia de Salzburgo. Tenía 87 años cuando creó The Old Spruce en Bad Gastein. El árbol se representa en todo su esplendor frente a un paisaje montañoso cubierto de bosque y se extiende por toda la altura de la imagen. La pequeña figura de una mujer trabajando en el huerto de coles en primer plano hace que el abeto parezca aún más majestuoso, lo que también expresa los profundos sentimientos del artista hacia la naturaleza. El acuarelista utiliza pequeños puntos y pinceladas finas para construir sus elementos pictóricos. La naturaleza parece brillar con la luz del sol. La disolución de las superficies en el aire y la luz refleja el interés que sentía ya por el impresionismo.

sábado, 31 de enero de 2026

REFLEXIÓN: LA BARBARIE


“En 1930 ya era evidente que el poder presidencial estaba en manos de un hombre que no creía en las instituciones democráticas y no tenía ninguna intención de protegerlas de sus enemigos”, escribe Richard J. Evans en el primer volumen de su famosa trilogía sobre el Tercer Reich. Habla de Paul von Hindenburg, el presidente que desmanteló la democracia parlamentaria de la República de Weimar, preparando el terreno para el régimen de 1933. Usando inadecuadamente el artículo 48 de la Constitución, estableció un estado de emergencia permanente con una serie de “gobiernos presidenciales” que mandaron por decreto, sin apoyo parlamentario, recortando derechos y salarios para complacer a los tecnoligarcas de la época. Eran gigantes del acero como Krupp, Thyssen, y Hoesch AG; de la química como IG Farben (un conglomerado que incluía a BASF, Bayer y Hoechst); eléctricas como AEG y Siemens y la cuenca minera del Ruhr. Cuando Hitler fue nombrado canciller en 1933, la democracia alemana ya estaba rota. Los asesinatos empezaron antes de que llegara al poder.

La primera víctima realmente famosa fue Konrad Pietrzuch, un minero polaco y sindicalista de Potempa, ciudad que volvió a Polonia después de la Seguna Guerra Mundial. Una noche de agosto de 1932, cinco miembros de las SA, las tropas de asalto originales del partido nazi, entraron en su casa con sus camisas pardas y lo mataron a golpes delante de su familia. Habían salido a cazar comunistas, sus archienemigos parlamentarios, “enemigos del Reich”. Los Cinco de Potempa, que fue como los llamó la prensa durante el sonado juicio, fueron sentenciados a muerte bajo una ley antiterrorista recién estrenada. Hitler los llamó camaradas y los liberó en cuanto llegó al poder, con una amnistía para todos los que habían cometido crímenes “por el bien del Reich”. En marzo de 1933, habían cometido docenas de asesinatos similares en todo el país.

Al principio, los muertos fueron calificados de terroristas domésticos por el Gobierno, personas violentas que habían ofrecido resistencia durante un arresto, marxistas armados abatidos en supuestos actos de autodefensa por parte de las fuerzas de seguridad. Hay suficiente documentación que contradice la versión oficial: las víctimas eran pacifistas, no llevaban armas y ningún miembro de los camisas pardas resultó herido en ninguna ocasión. Después los nazis dejaron de hacerlo. Hermann Göring los autorizó para arrestar y disparar a su criterio. Con Heinrich Himmler, asumieron el control de la Gestapo y la policía criminal, y emprendieron la tarea oficial de limpiar el Tercer Reich de “enemigos del Estado”: comunistas, opositores políticos, disidentes, judíos, homosexuales y testigos de Jehová.

Cuenta Evans que, si alguien pudiera viajar en el tiempo desde 1945 a la Europa inmediatamente anterior a la Primera Guerra Mundial, ni un contemporáneo inteligente y bien informado creería que, en apenas 30 años, Alemania intentaría asesinar de forma sistemática a todos los judíos de Europa y lograría exterminar a casi seis millones. Quizá en Francia, sacudida por una ola de antisemitismo virulento tras el caso Dreyfus. O en Rusia, donde las Centurias Negras zaristas organizaban violentos pogromos contra la población judía después del fracaso de la Revolución de 1905. Pero algo así no podía ocurrir en Alemania, un país culto y moderno, con universidades de prestigio, numerosos premios Nobel, un sólido Estado de derecho y una industria principal. Ahora sabemos que la barbarie no llega en una ola de inmigrantes, sino que crece en el corazón mismo de nuestra civilización.

viernes, 30 de enero de 2026

POESÍA: CUMPLEAÑOS


En mi cumpleaños 

ya no enciendo velas

para no delatar 

mi posición,

no entono la típica 

cancioncita de siempre

porque podrían escucharme

desde sus satélites

y sus drones asesinos.

No canto, no soplo velas,

no tengo tarta

porque no existe nada 

que celebrar por el hecho 

de ser un año más viejo. 

El regalo solo consiste 

en seguir vivo entre tantos 

cuerpos enterrados.


Los de los que mueren

para que el Banco Santander 

reparta beneficios,

para que Netanyahu

pueda cumplir su sueño 

de otro Reich de mil años,

un régimen teocrático

siga manteniendo a las mujeres

en la invisibilidad más absoluta. 

Los que mueren 

para que te sientas afortunado

de haber nacido aquí,

te parezca justo tu salario

y disfrutes en la terraza

de tu cafetería favorita

esa cerveza bien fría,

luzcas con orgullo

esa pulsera de España, 

y asistas al partido semanal

en ese estadio donde 

cantarle al viento tus colores.


Los de los que mueren

para que tú puedas vivir

sin preocuparte por ellos,

buscar el mando

y poner un poco más fuerte 

la calefacción

o el aire acondicionado,

para que celebres las noticias

de un nuevo récord

de turistas en Canarias,

que salvarán el PIB

mientras hasta el último

rincón de las islas

se encuentra congestionado. 

Tampoco pienso fingir

que hay algo que celebrar

mientras siguen

muriendo en Sudán

y un estúpido ególatra

usa el poderío de su ejército

para satisfacer sus caprichos

de matón de barrio. 


Pero sí, 

celebro que estoy vivo

y sigo siendo

un ente independiente, 

que reflexiona por su cuenta

y sale al campo a respirar

las maravillas que la naturaleza

aún puede ofrecerle. 

Celebro la poesía, el arte, 

la filosofía, el cine, 

los animales, mis hijas, mi nieta, 

los amigos íntimos, 

el hecho de que me sigan

asombrando cosas buenas

que me sorprenden cada día. 

Pero lo celebro 

en lo más íntimo de mi alma

y como un resistente más

de esa anónima legión

que únicamente pretende 

vivir y dejar vivir

y cuidar como un tesoro

todo lo bueno que le rodea. 


jueves, 29 de enero de 2026

POESÍA: MURMULLO DE LUZ


Al menos en las historias 

más fieles 

que llevo conmigo,

(esas que me repito 

cuando el mundo 

se disfraza de teatro 

y no de verdad),

siempre hay 

un murmullo de luz. 

Alguna noticia mínima

que llega desde el otro 

lado de la vida fabricada.


Ya sabes, 

ese lugar donde el aire 

se adelgaza en las alturas,

donde el pensamiento 

se deshace pero la fe 

respira con facilidad.

Y en los valles, 

todo vuelve a parecer posible.


El aire se ablanda, 

las sombras de las tardes

adquieren ese tono 

rosado imposible,

una transparencia 

que al menos cae bien 

sobre lo concreto 

del final de una jornada.