domingo, 24 de mayo de 2026

POESÍA: PARAGUAS


Han sido unos meses

en que he podido

abrir mis brazos

a la felicidad,

doy gracias por ello

aunque los humanos

se quejen por tanta lluvia.

Al fin me he podido

sentir útil

y no he estado relegado

a la profundidad

de un paragüero.

Soy pequeño,

sin que eso

me reste hermosura,

al menos eso creo.

Mi piel irradia

luminosidad

cuando está empapada.

Sin embargo soy débil,

incluso una leve brisa

puede dejarme

destartalado.

Pero me da igual,

si eso ocurriese,

mi existencia

seguiría teniendo sentido

porque tengo

un alto sentido del deber.

Si tuvieran 

que desecharme

habría muerto satisfecho,

cuidando a mi compañero

de los efectos a veces

no tan sutiles del agua.

Y es que resulta

muy satisfactoria

la sensación 

de haber cumplido

bien con mi destino.

REFLEXIÓN: ALTURA MORAL


La foto es de un edificio en Teherán, destruido por un bombardeo de Estados Unidos, pero se trata de una imagen repetida en los escenarios de guerra habituales. Podía ser en la ciudad de Gaza o el sur de Líbano tras un bombardeo de Israel, o en Kiev después de caer un misil ruso. Los fotoperiodistas incurren en ella porque algo les dice, y quienes la miramos porque algo nos oculta. Como si cada habitación fuera una frase a medio escribir y nosotros intentáramos completarla sin conocer el idioma. Ese cuarto sin pared, por ejemplo, ¿era dormitorio o sala de estar? ¿La silla caída ha interrumpido un gesto, una conversación o un acto tan banal como el de colocarse un calcetín? Ni idea. Y nos interesa. Nos gustaría averiguar por dónde se quebraron las vidas de quienes ocupaban esos edificios cuya piel ha sido arrancada por medio de un mando a distancia con una crueldad inaudita, como el que cambia de canal, de película, de programa de entretenimiento. ¿Había algún niño haciendo una multiplicación? ¿Algún adulto friendo un huevo?

La guerra reduce a borradores existencias que quizá alguien estaba pasando a limpio. Ahí, en fin, se ha roto una continuidad que no nos importaba porque no era nuestra. De la destrucción, sin embargo, somos partícipes porque, como decía no me acuerdo quién (Pessoa, quizá), uno es del tamaño de lo que mira. Y lo que miramos, de un tiempo a esta parte, nos coloca por debajo de un hongo (que a su vez nos sirve de paraguas). Creemos estar mirando el horror, pero es el horror el que nos mira a nosotros. Nos toma la altura moral como esas marcas de la pared que dejan constancia del crecimiento de los niños, solo que aquí la marca siempre desciende. A veces hasta los infiernos.

sábado, 23 de mayo de 2026

POESÍA: AQUELLOS


Aquellos que fueron 

sorprendidos 

por el latido inconstante

de la vida, 

donde marchitaban sueños,

esperanzas e ilusiones,

que se convirtieron en terremotos

de escala de Richter

en los parques donde se regaban

las tumbas anónimas 

y los panteones conocidos,

que emprendieron viajes 

a Oriente y a Occidente,

que se bebieron el elixir 

del desamor

y acabaron muriendo mil veces,

para resucitar al día siguiente,

que se comieron el corazón, 

el deseo, la sensibilidad,

que llenaron de noche 

las paredes 

para que el amanecer

no reflejara la imperfección,

que abandonaron a su suerte 

a las ánimas del purgatorio

para subir los peldaños

que llevaban a la cara 

oculta de la luna,

que entre Nirvanas 

y Agujeros Negros,

visitaron los templos 

de los Ángeles del Infierno

y bailaron o eso creían 

los ritmos de Kurt y de Cobain,

que bajaron las escaleras 

hacía el cielo y el infierno,

que vieron a las sombras 

canibalizar la oscuridad 

en los callejones,

donde fueron amontonando 

sus cuerpos,

escribiendo letra tras letra 

en versos que nadie leía,

que fueron presos 

de las miradas penetrantes 

que les cautivaron,

por las que vendieron 

el alma al diablo,

que conocieron 

el silencio permanente

así como el desconocido,

que creyeron ser Chamanes 

de tribus remotas

que creyeron cabalgar 

a lomos de la espina dorsal 

de la vía láctea 

en desiertos lejanos,

que aullaron en la tundra

y fueron santos de carretera,

bandidos de leyenda 

con cruz y flores,

adorados en las villas miseria

y en los vertederos,

en los restaurantes 

de comida rápida

de los centros comerciales,

en las avenidas de Harlem, 

en los murales de Belfast

en los adoquines de París,

que nacieron

en la Semana Trágica

para morir el Día del Trabajo,

que participaron en revueltas, 

colgando pancartas

en las paredes 

de las multinacionales,

que escucharon la lluvia fina 

calando los zapatos,

que huyeron una y mil veces

para buscar respuestas 

a preguntas sin interrogante,

que esperaron al viento

que debía traerlas

y nunca llegaron,

que edificaron casas de paja 

donde sopló Eolo,

que tallaron ídolos de barro, 

que fueron desahuciados,

que siguieron soñando 

con auroras boreales,

que entregaron poemas 

e instantes en las calles

de la maldita ciudad,

de monumentos a la soberbia

y de fosas para la memoria,

que fueron expulsados 

de los jardines

del bien y del mal

donde quisieron 

plantar raíces

y regaron con agua de glaciar,

que escribieron si esto 

es solo un hombre

y no sabían cómo era un árbol,

los libros rojos, 

los cuadernos grises,

que dejaron que las tinieblas

fueran el horror,

que en los tristes trópicos

entregaron las venas abiertas,

que murieron en la Moneda 

y se salvaron en Lacandona,

que quisieron escapar 

tras los pasos de Marco Polo,

que contaron las piedras 

de la última intifada,

que cantaron tu rostro 

con José Afonso

que se dejaron llevar 

por tangos, sones y fados,

que fueron calaveras 

antes que diablitos,

que buscaron amaneceres

y sólo encontraron eclipses.

viernes, 22 de mayo de 2026

OPINIÓN: EL EXPRESIDENTE ZAPATERO


Discrepo y mucho de lo que tanto dicen algunos sobre que José Luis Rodríguez Zapatero era un adalid de la izquierda, una afirmación con muy mala memoria. Zapatero dejó de ser de izquierdas el día que llevó al Congreso una reforma exprés de la Constitución que trajo recortes salvajes. Entonces tenía en el Gobierno a ministros como Celestino Corbacho cuyo discurso sobre inmigración no dista mucho de algunas de las proclamas que se hacen hoy desde el extremo derecho. Su gobierno profundizó también en recortes de derechos laborales que dejaron a la clase trabajadora en pañales. Y en cuanto a la afirmación de que acabó con ETA, lo consideró un insulto a los demócratas en Euskadi que tanto sufrieron al enfrentarse con tantísimo valor a la banda armada hasta conseguir su disolución.

En cuanto a lo que ahora está ocurriendo, no hace falta llegar a los delitos de corrupción para que la actividad de muchos expolíticos tenga elementos que denotan turbiedad ética. Cuando el ciudadano de a pie ve como los retirados del servicio público engordan sus cuentas corrientes con generosos ingresos por labores de asesoramiento y presencia en consejos de administración no puede evitar preguntarse para qué se metieron en política en realidad. Para cambiar el mundo, mejorar la vida de las personas, ser parte de esa cosa tan noble que es la democracia. Los sueldos que les pagamos por su servicio son justos, más cuando se comparan con lo que ganan quienes salvan vidas o quienes educan a los nuevos ciudadanos (que también es salvar vidas). Que eso no les baste y se aprovechen de su paso por las instituciones para lucrarse o para facilitar el lucro de familiares cercanos ya resulta de por sí muy feo. Más cuando, como ha venido haciendo en los últimos años Zapatero, uno se va paseando por tribunas y platós de televisión como adalid de la superioridad moral de una izquierda que hace tiempo que perdió su nombre. Y la vergüenza. Ya era un escándalo que quien contribuyó de un modo decisivo al empobrecimiento de los trabajadores españoles (recortes de pensiones y sueldos de funcionarios y ayudas de todo tipo) no se retirara discretamente a sus aposentos por el daño que hizo. Ahora el auto del juez Calama aporta múltiples pruebas de indecencia y nepotismo. Que acabe siendo condenado o no es lo de menos, su vida post política ya es un duro mazazo para la izquierda. Ante los ojos de quienes defendemos la justicia social, la igualdad y el reparto de riqueza lo que queda es un paisaje desolador de orfandad absoluta.

POESÍA: INTERROGANTES


¿Qué hubo antes del mar,

antes de los ojos amantes 

– pupilas confundidas

erosionando el pubis 

de un sol deshidratado

antes de sus ingles – 

volcán de lluvia blanca,

habitado por algas 

y animales marinos?


¿Qué hubo antes del fuego,

antes de consumirse

un hombre

en pezones tibios

-dulzura abotonada

sobre un espejo humano 

de barro combustible,

antes de que las bocas, 

en una boca sola,

inflamaran antorchas 

de pasión sin memoria

y ocultos surtidores 

de líquidos calientes?


¿Qué hubo antes del aire,

antes de que unas alas 

injertaran el vuelo

para rozar sin vértigo 

el vientre de los astros,

antes de respirarse 

y respirar juntos

los callados secretos 

que la tierra dormía,

antes de que un aliento 

– relámpago invisible

penetrara otros poros 

suavemente

alojando en la carne 

gotas de luz y vida?


¿Qué hubo?, dime, 

¿acaso pudo haber algo?

¿Qué hubo antes del amor?

jueves, 21 de mayo de 2026

PINTURA: FREDERIC WILLIAM BURTON


En el año 2012 se realizó una votación en Irlanda para elegir la mejor obra pictórica realizada en el país, según la opinión de sus ciudadanos. La ganadora por amplia mayoría fue "Encuentro en las escaleras de la torre" (1862), de Frederic William Burton. La pintó en acuarela y gouache sobre papel y el resultado terminó siendo una obra maestra que puede verse en la National Gallery de Irlanda, aunque sólo se expone el público durante dos horas a la semana por lo delicados que son los materiales con que fue elaborada y para evitar su deterioro.

El cuadro está inspirado en una antigua leyenda danesa que captura el instante más conmovedor de la historia de Hellelil e Hildebrand, los protagonistas de un amor profundo que acaba en tragedia. Hellelil era una joven de alta nobleza, y su destino estaba trazado desde su nacimiento: debía casarse con un hombre de su mismo estatus. Pero el corazón no entiende de linajes, y la doncella se enamoró de Hildebrand, un valiente caballero que formaba parte de su guardia personal. Cuando el padre de Hellelil descubrió el romance, montó en cólera y ordenó a sus siete hijos que asesinaran al joven caballero. Hildebrand, lejos de huir, se enfrentó a ellos con fiereza. Uno por uno, los hermanos de su amada cayeron bajo su espada, hasta que solo quedó el menor. En ese instante, Hellelil, aterrorizada por la masacre, le suplicó que se detuviera. Pero el destino ya había hablado: Hildebrand estaba malherido y no resistió más. Cayó en los brazos de su amada, exhalando su último aliento. La balada nos cuenta que Hellelil, destrozada por el dolor, no pudo soportar la pérdida y murió poco después. Dos vidas truncadas por el amor, dos almas que jamás encontraron paz en este mundo, pero que gracias a Burton, se convirtieron en eternas.

Lo extraordinario de la pintura es que en lugar de ilustrar la batalla sangrienta o el fatal desenlace, el pintor eligió el instante más íntimo y desgarrador: el último encuentro entre los amantes antes de su inevitable separación. Ubicados en una escalera estrecha dentro de una torre, Hellelil y Hildebrand se abrazan con desesperación, como si con ese contacto pudieran desafiar el destino. No hay gritos, no hay espadas, solo el dolor de una despedida.

Es un momento íntimo que despierta ternura dentro de esta trágica historia. Hildebrand se abraza a uno de los brazos de su amada y lo besa, mientras Hellelil se deja hacer, y apoya su mano libre en la pared, escondiendo el rostro, demasiado triste para corresponder el cariño que le expresa su amado, completamente desconsolada. En el extremo izquierdo, a los pies de la joven, hay un elemento que actúa de pista, unas rosas destrozadas en el suelo, que ejercen de simbolismo para decirle a los espectadores que el amor de estos jóvenes no acabará bien, está destinado a acabar en tragedia.

El cuadro es tan querido en Irlanda, que suele haber una copia en los lugares donde se realizan las bodas civiles. Resulta curioso que una obra que habla de un amor que acabó de forma trágica figure en un lugar destacado en los lugares donde las parejas irlandesas certifican su unión de forma oficial.


miércoles, 20 de mayo de 2026

POESÍA: ABRAZOS


Me abrazo al hielo.

No sé si me derrite 

o lo derrito.

Miro el rastro 

del agua luminosa

abriendo riachuelos, 

vientre arriba,

y alimentando charcos.


Me abrazo al fuego.

No sé si me consume 

o lo consumo.

Mira cómo las ascuas 

parpadean

luciérnagas y chispas,

tatuando en la ceniza

la eternidad de un beso.


Me abrazo al aire.

No sé si me respira

o lo respiro.

Mira la piel 

deshilacharse en hebras

y almidonar 

las horas de la tarde,

como si fueran plumas.


Me abrazo al al tigre.

No sé si me devora 

o lo devoro.

Mira la sangre 

erosionando huesos

y abonando 

la fértil esperanza

de una semilla nueva.


Me abrazo a la palabra.

No sé si me descifra 

o la descifro.

Mira cómo 

las letras revoltosas

buscan su espacio, 

ajenas a nosotros,

hasta encontrar la voz 

que, con el tiempo,

ha perdido la magia 

de su origen.


El mundo se hace añicos

y el corazón 

palpita silencioso

un segundo 

de vida interminable:

Nos salvan los abrazos.

martes, 19 de mayo de 2026

PINTURA: PICASSO (ÉPOCA AZUL)


Las obras de Picasso de la época azul han sido alabadas con consenso por la maestría del artista para adentrarse en el alma humana y desvelar las emociones más desconcertantes que le son inherentes. El marco, un monocromatismo intenso y contrastado. Las obras de Picasso de la época azul han sido alabadas con consenso por la maestría del artista para adentrarse en el alma humana y desvelar las emociones más desconcertantes que le son inherentes. 

Más allá de las míseras vidas de los personajes representados en estas obras (ciegos, prostitutas, mendigos, pobres, enfermos, adictos); Picasso representa la muerte. Es parte insoslayable de su condición como artista, como analista, y, también, como ser humano. La obra de Picasso, prolífica, inmensa y enérgica, halló, pues, en un mundo artístico alternativo, experimentado siempre bajo una mirada perfilada y sedienta, una vía de expiación para ilustrar las sombras, la crudeza y la naturaleza humanas. 

“Mujer de Azul” (1902) ejemplifica el Periodo Azul, caracterizado por su paleta sombría y su temática conmovedora. La obra representa una figura vestida de azul, cuya postura evoca introspección o melancolía. El uso del color es limitado, dominado por tonos azules y terrosos que subrayan el sentimiento de la pieza. La expresión facial de la mujer es contemplativa, con la atención centrada en sus ojos, dos puntos fuertes de su rostro. La pincelada es expresiva; las formas son simplificadas y estilizadas, en consonancia con los principios del expresionismo, priorizando la evocación de emociones sobre la representación realista. La atmósfera general de la obra es evocadora, invitando al espectador a una narrativa silenciosa de intensidad emocional.