El 8 de Junio de 1954, en medio de la celebración del día del estudiante en la Universidad Nacional de Bogotá, Uriel Gutiérrez Restrepo fue asesinado dentro del campus por parte de la policía nacional en circunstancias confusas. El día siguiente a la muerte de este estudiante universitario aproximadamente 10.000 alumnos de diferentes universidades se unieron en protesta por la violencia policial, en medio de la marcha se desató una tragedia aún mayor cuando se abrió fuego contra los manifestantes asesinando a nueve ellos. Los criminales nunca fueron identificados, pero la opinión general asumió que eran parte del brazo armado del gobierno en búsqueda de aplacar las protestas.
A pesar de haberse abierto fuego en ambos casos en contra de civiles, el gobierno de Rojas Pinilla nunca intentó esclarecer los hechos, negándose a dar declaraciones oficiales y dejó sumidas a las muertes en el total silencio, mostrando el lado oscuro de su dictadura militar. Los acontecimientos conmovieron al país y fue el inicio de una serie de protestas y manifestaciones que despertaron una conciencia pública sobre la naturaleza militar del régimen del entonces presidente Gustavo Rojas Pinilla. Hasta entonces ese gobierno había sido visto, sobre todo por artistas e intelectuales, como un elemento pacificador a la violencia bipartidista. Muestra del apoyo temprano por parte de los artistas a Rojas Pinilla fue el manifiesto de importantes artistas como Ignacio Gómez Jaramillo, Marco Ospina, Jorge Elías Triana y Eduardo Ramírez Villamizar de hacer una donación al gobierno del General. A pesar de este apoyo inicial, la muerte de Uriel Gutiérrez Restrepo se convirtió en un punto y aparte en que el gobierno pierde su aceptación popular, incluyendo la comunidad artística, primordialmente debido a la decisión de la dictadura de dejar los hechos en la impunidad sin ningún tipo de denuncia o ajusticiamiento militar.
Esta cuestión inspiró a la maestra Débora Arango para pintar “Huelga de estudiantes, 1954”. Una obra que exhibe al general Rojas Pinilla sobre una multitud que se deforma y clama por sus derechos. La pintura exhibe como figura central al general Rojas Pinilla, identificado por su vestimenta de alta graduación militar. Arango presenta una especie de pelele del dictador en posición de crucifijo que se halla frente a una multitud de estudiantes cuyas figuras deformes transmutan diversos sentires. Ejecutada a base de pinceladas gruesas y gestos pictóricos, representa una aplicación dada casi con ira, cuyos trazos expresionistas demuestran las emociones y sentires con que la artista realizó la obra.











