Me cruzo con mi vecina
martes, 6 de octubre de 2026
POESÍA: ENCUENTRO
Me cruzo con mi vecina
lunes, 5 de octubre de 2026
OPINIÓN: CONVOCATORIA DE ELECCIONES EN ESPAÑA
Más allá del, por otro lado fundamental tema del acceso a la vivienda, de cara a las próximas elecciones generales que se celebrarán en España el 29 de noviembre, los ciudadanos deberíamos reflexionar sobre el tipo de sociedad que queremos y cuales son las opciones que, en consecuencia, se nos ofrecen.
¿Cual es la ambición en los hogares, en las oficinas, en las fábricas? ¿La de expandir un patriotismo democrático que mejore la vida cotidiana de la población que vive en España y hacerlo de manera que sea un ejemplo que otros puedan copiar? ¿O vamos a dejarnos arrastrar por el egoísmo y la inmisericordia de quienes gritan mucho y hacen poco, pero agitan contínuamente una bandera que solo usan para tapar sus intereses particulares y canalizar la riqueza del colectivo a sus cuentas privadas? ¿Tenemos una ambición solidaria o prevalecerá la avaricia privada?
Con todas las matizaciones que se le puedan aplicar, parece que este es el razonamiento básico del que cada cual debe partir para tomar una decisión sobre cual es su compromiso. Y una puntualización muy necesaria: el destino de una democracia no se derime solamente en las urnas, también es importante el compromiso de los ciudadanos, poniendo en marcha las medidas de presión no violentas que consideren necesarias para hacer realidad sus aspiraciones.
Y, por último, existe un peligro que nadie, progresista o conservador, debería despreciar: la posibilidad de que, por primera vez desde la muerte del dictador Franco y la consolidación de la democracia, una formación de extrema derecha gobierne en España. Hoy esta posibilidad es real. Vox es el socio al que parece privilegiar el PP en el caso de ganar sin una mayoría absoluta, pero no es un partido como los demás. La retórica xenófoba de sus dirigentes, su proximidad con movimientos racistas globales y partes de su programa contrarias a la Constitución lo sitúan en posiciones más radicales que dirigentes como Giorgia Meloni o Marine Le Pen. Las elecciones serán la ocasión para el escrutinio de todos los programas, también de aquellos cuya aplicación tendría un efecto destructivo en una sociedad diversa y plural.
En las urnas nos veremos.
POESÍA: TALADO
Más te hubiera valido
domingo, 4 de octubre de 2026
POESÍA: POEMAS OLVIDADOS
En algún momento
sábado, 3 de octubre de 2026
POESÍA: ACURRUCADO
Un cuerpo acurrucado
viernes, 2 de octubre de 2026
MITOLOGÍA: LAMIA
Las leyendas de la mitología griega son a veces auténticas historias de terror. Veamos una de ellas: Lamia es un demonio femenino o hermafrodita de la mitología griega que devoraba niños y seducía a los hombres. Aparece en la literatura ya en el siglo VI a.C. y se dice que es temible a la vista, con un rostro feo, la parte superior del cuerpo de una mujer y la inferior de una serpiente.
Su nombre deriva del griego laimos (“garganta”) y lamyros (“glotón”), que describe perfectamente su sed de sangre y su hambre de carne humana. En la época clásica, se convirtió en el primer prototipo de vampiro, que seducía a los hombres con su belleza y bebía su sangre. Con el paso de los años, se convirtió en una famosa historia del ogro en Grecia, que se contaba a los niños para que se portaran bien.
En la mayoría de las fuentes, Lamia era la hermosa hija del rey Belus de Libia. Sin embargo, el poeta lírico griego Estesícoro (c. 630 – c. 555 a.C.) menciona que es hija de Poseidón, el dios del mar, y madre del monstruo marino Escila. La belleza de Lamia llamó la atención de Zeus, que la sedujo y tuvieron varios hijos juntos. Sin embargo, Hera se enfadó por la infidelidad de su marido y mató a todos sus hijos, excepto a uno: Escila. En otras fuentes, Hera obligó cruelmente a Lamia a matar a sus propios hijos y también la maldijo con un insomnio eterno, impidiéndole cerrar los ojos para que contemplara siempre su tragedia. Enloquecida por su dolor, Lamia se propuso matar a otros niños en una retorcida forma de venganza.
Su belleza exterior pronto reflejó su odio y su ira, y pasó de ser una hermosa mujer a una criatura de aspecto demoníaco. En un intento desesperado por apaciguarla, Zeus le concedió el don de la profecía y la extraña capacidad de arrancarse los ojos y sustituirlos, para que no tuviera que mirarse a sí misma.
Lamia terminó siendo una criatura mitad humana, mitad serpiente, con un aterrador rostro demoníaco, que vivía en una cueva y olía horriblemente. Según el antiguo dramaturgo griego Aristófanes (c. 460 a c. 380 a.C.), Lamia era hermafrodita: “Tenía una voz como un torrente rugiente, el hedor de una foca, las pelotas sin lavar de una Lamia y el culo de un camello”.(Avispas, 1: 1035). La idea de que Lamia era hermafrodita quizás se inventó para que pareciera aún más retorcida y monstruosa.
Según la leyenda, a menudo se metía en las casas cuando caía la noche, robaba a los niños de sus cunas y atormentaba a las personas mientras dormían. El horrible acto de Lamia de matar a los bebés y arrebatarles el vientre aseguraba que otras madres sintieran su dolor.
jueves, 1 de octubre de 2026
POESÍA: APARIENCIA
Esos cuerpos esbeltos
miércoles, 30 de septiembre de 2026
CINE: LA BOLA NEGRA
Hacía mucho tiempo que una película no me golpeaba tan fuerte. Ayer tarde fui a ver «La bola negra» y he salido con esa sensación rara de que algo se te ha movido por dentro y todavía no sabes muy bien qué. Cuando el cine, además de entretenerte, te obliga a pensar, a echar la mirada atrás y a ponerte en la piel de otras personas, lo que has visto ya no se va. Se queda contigo para siempre. Y al acabar la proyección fue evidente que a muchos de los que estaban en la sala les ocurría algo parecido. Los aplausos y las lágrimas eran la prueba. No sé si la película se llevará algún Óscar, pero tampoco es algo que me importe demasiado, han sido demasiadas las obras maestras que no se han llevado ninguna estatuilla... Me gustaría porque eso haría que bastante más gente se acercase a un cine a verla y no solo es que la película lo merezca, sino que tiene que haber muchos posibles espectadores que se merecerían pasar por la experiencia qye yo he vivido.
¿Cuántas historias de amor hay enterradas bajo la tierra? ¿Cuántos campos habrá que arar para desenterrar sus secretos? ¿Cuántos niños de piel pálida se han hundido bajo la nieve sin que nadie llegara a saber su nombre?
Tres historias. Tres épocas. Un poema. Una novela. Y un hilo que los conecta a través del tiempo.
Lo que más me removió fue pensar en todo lo que nunca se contó. En los amores que tuvieron que vivirse a escondidas, en las cartas que se quemaron, en la gente que tuvo que elegir entre ser quien era o seguir con vida. Nos enseñaron la guerra como fechas, bandos y batallas. Esta película mira a otro sitio: a lo íntimo, a lo que no aparece en los libros de historia porque nadie se atrevió a escribirlo.
Luego está el título. Una bola negra era un voto en contra, una forma silenciosa de decirte que no eras bienvenido. Me pregunto cuántas personas recibieron una sin haber hecho nada más que querer a quien querían. Y cuántas la siguen recibiendo hoy, de otras formas, porque hay heridas que no se cierran, se heredan.
Todo está envuelto en una atmósfera tan densa que sientes la guerra rozándote todo el rato. No es el corazón de la historia, pero está ahí siempre. En las conversaciones que se normalizaban. En los niños a los que les pusieron un fusil en las manos sin saber ni empuñarlo. En las mujeres que soñaban con volar. Y en los chicos de nieve, con la piel blanca, que nunca pudieron llegar a ser quienes eran.
Salí del cine en silencio. Y con dolor y tristeza, porque miro las noticias de ahora mismo y está claro que no aprendemos.







