lunes, 15 de junio de 2026

CINE: MI BAUTISMO CINEMATOGRÁFICO


Aún recuerdo como si fuera ayer la primera vez que fui al cine. Fue hace muchos años en un antiguo local en Santa Cruz de Tenerife, que ya ha desaparecido: asientos de madera y  películas de sesión contínua, por lo que se permitía la entrada en cualquier momento. Proyectaban "El día más largo". Yo era un chiquillo, de 9 o 10 años y me llevó mi padre al que le encantaban las películas de guerra. Creo que ninguno de los dos sabíamos de su larga duración, sea como sea, cuando llegamos la sesión estaba al descanso. Nos dio igual, así que para empezar la historia vimos la segunda parte. Nos gustó tanto que al acabar decidimos quedarnos y verla de nuevo al completo. 

Lo que cuenta es de sobra conocido: el desembarco aliado en las playas de Normandía y lo que significó para el desarrollo de la guerra. Luego supe que el título no fue una ocurrencia de ningún guionista de Hollywood, se trata de una frase que pronunció Rommel, el célebre Mariscal alemán que en aquellos momentos era el responsable de la defensa del llamado Muro Atlántico, para impedir que ese temido desembarco de produjese. Al enterarse del mismo, supo de la terrible batalla que se avecinaba.

Esa película supongo que marcó dos de las cuestiones que más me han interesado a lo largo de mi vida: por un lado el cine y por otro la Segunda Guerra Mundial, con sus causas y consecuencias. Y pasados tantos años le sigo teniendo un cariño muy especial: con ella descubrí la magia del séptimo arte, pero también lo que la guerra significa.

PINTURA: ÁNGELES VIOLÁN



Dentro de la espectacular evolución que se produce en las artes figurativas, desde la aparición del impresionismo hasta la Primera Guerra Mundial, surgirán corrientes artísticas denominadas "fantásticas" (pintura metafísica, dadaísmo y surrealismo) que entienden el arte no como un instrumento de representación, sino como un medio de investigación que conduce a sensaciones inalcanzables de otra manera. En esta categoría se sitúan los llamados "Primitivos Modernos" artistas que le confieren al lenguaje naif la cualidad de arte mayor.


Entre los precursores de este estilo se encuentra Henry Rousseau (1844-1910), un inspector de aduanas, autodidacta sin formación específica, aficionado a pintar los fines de semana en sus ratos libres. En sus cuadros el contexto era sobrepasado por la magia y el misterio, no existen fronteras entre la realidad y los sueños. Su influencia fue enorme en la vanguardia posterior y abrió nuevos caminos al arte moderno.


En España, la huella de Rousseau abre paso a destacados autores, aunque hasta los años 70 se le consideró un arte extraño e incomprendido. Vencidas las resistencias iniciales, la nómina de artistas es inmensa y las creaciones de este arte singular se manifiestan con vigor en exposiciones, ferias y salas de arte mostrando una realidad paralela que intenta hacernos la vida más bella.


Entre los artistas más destacados figura la canaria Ángeles Violán Acevedo, nacida en Los Realejos y residente en el Puerto de la Cruz. En los años 80 descubrirá la pintura naif y asume este lenguaje como propio desarrollando un estilo peculiar, libre y genuino. La contemplación de su obra nos acerca a la belleza, el color, la armonía y la frescura. Y también al amor por Canarias y la riqueza y variedad de sus paisajes, gentes y tradiciones.



domingo, 14 de junio de 2026

POESÍA: OCASO


El silencio espeso 
manto de zarzas
donde se entrelaza mi rostro.
Rueda como una bola de fuego
que mis dedos han pulido
sobre una piedra
en la esquina de un muro
que no me pertenece.
La hora es falsa
como una vendedora 
ambulante
con los labios agrietados.
La hora es de mentiras
un cuchillo ha abierto 
los libros
en la misma página
en la misma verja del jardín.
Mis manos sobre las hojas
han ocultado la palabra
con las palmas sin esperanza.
Es el espejo 
el que me ha devuelto
el silencio.
Desnuda y llorando
una estatua devorada 
por la hiedra
llama a los pájaros tristes
que nunca vendrán. 
Es la hora del ocaso.

OPINIÓN: CORRUPTOS EN ESPAÑA


El cine y la literatura de espionaje, de tramas subterráneas y pérfidas dentro del Estado, nos han acostumbrado mal. A seguir con fascinación personajes y situaciones con anverso y reverso, a virtuosos que operan en el lado oscuro, a veces planteándose dilemas morales, en posesión de estilo y cerebro, llenos de misterio y turbiedad, descritos con un nivel expresivo que posee imán para los receptores. Resulta apasionante la red de espías británicos, señores refinados, cultos y sofisticados, educados en Oxford y Cambridge que trabajaron durante una larga época para el KGB moscovita, traidores concienciados y que sobrevivieron durante mucho tiempo. El extraordinario John le Carré escribió profundamente sobre este fascinante mundo.

Pero el glamour de personajes literarios y cinematográficos es inexistente en los individuos enfangados en las cloacas del Estado español. Provoca bochorno y vergüenza ajena constatar la expresividad, los modales, el lenguaje de tantos individuos acusados por los tribunales de justicia. Parecen sacados de un cómic costroso. Puedes enrojecer de asco escuchando las conversaciones orales y escritas de tipos como el comisario Villarejo, fulano que grababa todo y a todos, o las explicaciones del indescriptible Koldo. Ábalos se expresa como un chulo de provincias, de los que podrían expresar continuamente esta pregunta tragicómica: ¿pero usted sabe con quién está hablando? Cerdán parece un tendero aplicado y la infinita vulgaridad de Leire Díez conseguiría la protesta de las Mata-Hari de ese submundo.

Las voces, la entonación, lo que trasmiten acostumbran a funcionar como el espejo de alma. No importa lo que dicen los políticos, que acostumbra a ser la nada, sino cómo lo expresan. Y los actores privilegiados en esa profesión son mínimos. Es infame la oratoria y la gestualidad de Trump. Putin habla lo justo. Pasa de dar explicaciones, no lo necesita. Xi Jinping exhibe continuamente la media sonrisa del que te va a apuñalar por la espalda. Si así se expresan los miserables que dominan el planeta, ¿qué vamos a esperar de la dialéctica que utilizan nuestros golfos patrios? Pero habría que exigirles un mínimo de encanto oral a los que se mueven en las tinieblas cutres, quizá así dieran un pelín menos de asco.

sábado, 13 de junio de 2026

POESÍA: MUJERES


Hay mujeres 

que tienen la mirada

repleta de caricias,

que siembran la ternura

con sus manos

y bordan en espejos de cristal,

mujeres cuyos nombres

derrotará el olvido.


Hay mujeres 

de arena que pregonan

su voz en los desiertos,

que sueñan 

con oasis diferentes

y dejan su palabra florecida

en las playas del tiempo

sin que nadie 

comprenda su razón.


Hay mujeres 

que sufren el desgarro 

de sensaciones rotas,

que pagan la osadía 

de ser libres,

que mueren defendiendo 

su verdad

sin entender por qué

nadie ha escuchado

sus gritos en la noche.


Hay mujeres anónimas:

poetas, escritoras,

esposas maltratadas,

amigas arco iris,

hermanas, madres, novias,

doctoras, alpinistas,

amantes del amor,

presas de un sueño 

o simples compañeras.


Mujeres que perdieron 

la sonrisa,

mujeres que han ganado 

la licencia

de seguir siendo

siempre

ellas.


Y sabemos 

que hay mujeres

que están buscando

poder nacer personas

simplemente.

viernes, 12 de junio de 2026

CINE CANARIO: LOS HERMANOS RÍOS


La trilogía de los hermanos Ríos es una aclamada colección de películas de ficción dirigidas por los cineastas canarios Teodoro y Santiago Ríos. A través de sus obras, exploran la memoria histórica, la identidad insular y el fenómeno de la emigración canaria hacia el continente americano.

Las tres películas que componen esta trilogía cinematográfica son:


- Guarapo (1988): Ambientada en la década de 1920, narra la historia de un joven jornalero que se ve obligado a emigrar de forma clandestina a Venezuela debido a las duras condiciones de vida, normas sociales y leyes insulares de la época.


- Mambí (1998): Traslada la narrativa a la Cuba de finales del siglo XIX, durante la Guerra de Independencia, mostrando la participación de emigrantes y campesinos canarios (conocidos como isleños) en el conflicto.


- El vuelo del guirre (2007): Cierra el ciclo de la emigración centrándose en el regreso a las islas de algunos de los que marcharon, utilizando al ave endémica (el guirre) como una profunda metáfora de la identidad, la lejanía y el retorno a Canarias.

Después de años en el cine amateur, en los 80 los Ríos crearon su propia productora y se lanzaron a hacer cine, siempre con la temática social de las islas de fondo. Con esta trilogía se considera que sentaron las bases del "cine canario". Quizás la razón de ser de esta distinción se deba a que con ella ahondaron en la cultura, costumbres e identidades canarias desde un punto de vista realista y social. Hubo un cuarto guión con estas temáticas que no ha logrado la financiación necesaria para llevarlo a la gran pantalla. Los Ríos lo consideran su proyecto más querido, pero no han podido sacarlo adelante. Se trataba  de una producción que continuaba la temática migratoria y a la cual denominaron San Antonio de Texas y en la que se narra la epopeya que vivieron los canarios que fundaron aquella ciudad estadounidense.

Para quienes estén interesados en ver las películas, las tiene en su catálogo la plataforma televisiva gratuita Canarias Play, de la televisión canaria.


jueves, 11 de junio de 2026

POESÍA: MORIR


¿Cuántas veces morimos? 

¿Cuántas veces,

desde que caímos

del precipicio de la eternidad,

hemos muerto? 

Muerte tierna y florida

fue nacer, ser engendrados

por el tiempo. 

Como una exhalación

entramos a otra muerte, 

dulce y punzante,

con el primer amor, 

nunca olvidado.

Y el valle de la juventud 

pronto marchito

por borbotones 

de deseos y sombras,

y el exterminio tibio 

de los días:

un río que se cumple 

al no cumplirse

por todas las edades, 

arrasando y menguando,

añadiendo más muertes 

a la muerte.

No, no es verdad: 

en el último día

no morimos. 

La muerte encuentra solo

los brazos del vacío, 

la sombra de una ausencia.

REFLEXIÓN: ATEO


No necesito encuestas para saber que pertenezco a una minoría. Me basta salir de casa y cruzar tres palabras con un semejante para sentirme muy poco semejante a él. La mayoría de los días ni siquiera tengo que hacer tal esfuerzo: con solo acercarme a un medio informativo, los sentimientos de forastería, extrañamiento, soledad, incomprensión y alucine me borran la ilusión de pertenencia que he soñado alguna vez. Pero está bien que los barómetros me confirmen la intuición. El último que he leído sobre asuntos religiosos determina que los ateos somos en España una minoría formada por el 16,6% de la población. No contamos ahí a los agnósticos, esos moderaditos. Los ateos somos rotundos, apostamos todo a la negación, no tenemos nada que ver con los que se encogen de hombros y se santiguan por si acaso. Más en mi caso, que también soy un apóstata reconocido oficialmente por la Iglesia.

Dos pequeñas catástrofes se nos acumulan en estos días de papamanía: a la ya inevitable resignación de sufrir en penitencia la pompa vaticana se añade la deserción de algunos que, sin renegar nominalmente de su ateísmo, celebran a León XIV como si fuera la reencarnación simultánea de Immanuel Kant y de Karl Marx. Si ya les gustaba Francisco porque les recordaba a un guerrillero retirado, ahora han descubierto la grandeza intelectual de Prevost, y están en un tris de doctorarse como teólogos. De ese 16,6% de ateos, muy poquitos persistimos en nuestra resistencia a aceptar como guía al líder de una institución autoritaria que considera a las mujeres personas de segunda categoría, que sigue condenando a los homosexuales y que abusa de su influencia política para entorpecer avances sociales en materia de aborto y eutanasia. Por mucho que yo concuerde con el discurso sobre los inmigrantes, un demócrata no puede aceptar el mensaje papal de que la polarización se apaña invocando a una autoridad religiosa que habla de la democracia sin aplicársela a sí misma.

El ateísmo así concebido pronto será cosa de viejos gruñones, gente de otro siglo. “Ok boomer”, nos responderán, mientras León XIV aparece en la casita de Bad Bunny diciendo “six-seven”. ¿Qué podemos ofrecer ante tanta certeza y tanta elocuencia? Apenas nada: la vida sin propósito, vivida por el mero gusto de vivirla, vadeando sus amarguras y disfrutando de sus alegrías sin maldecir ni agradecer nada a Dios. El aquí y el ahora, el placer sin culpa y la moral basada en el respeto, sin la vigilancia ni el castigo divinos. Son cosas viejunas, saldos que nadie quiere. Reconozcamos, pues, nuestra derrota frente al Papa y retirémonos a pecar en paz y en silencio.