Lo peor del turismo
es que lo que se lleva
o se destruye en su nombre
desaparece para siempre.
Vinieron
por nuestras playas
casi vírgenes,
las dunas y los arenales
y ahora somos
muros de cemento
y suelo gris.
Vinieron por el sol
y nos llenaron de pena
negra, opaca,
imposible de iluminar
porque donde mires
es mejor no ver.
Vinieron porque dicen
que somos alegres
y hospitalarios.
Y hemos acabado
viviendo en precario,
sin una casa
a la que poder llamar hogar
por culpa
de las viviendas vacacionales
y los bajos salarios.
Lo peor del turismo
como ya se barruntaba
desde los primeros carteles
de se alquila
es que ya no se respetan
las zonas protegidas
de nuestra costa
porque solo se piensa
en el negocio rápido
y la ganancia fácil.
Lo peor del turismo
son las cifras récord
que lo han convertido
en monocultivo económico
para ganancia de unos pocos
y explotación de la mayoría.









