sábado, 31 de octubre de 2026

POESÍA: TOMA DE POSESIÓN


¡Señoras y señores!
¡Amigos y compañeros!
He llegado hasta aquí. 
Igual que ustedes
han llegado hasta ahí, 
todos sabemos
con qué procedimientos.

Quien no se pringa 
nunca llega.
La carrera fue áspera. 
Me dopé. Nos dopamos.
Doparse es lo de menos. 
Todo el mundo se dopa,
cada cual como puede,
hay mil procedimientos.

Lo importante es llegar,
eso está claro.
Abandonaron pronto
los ingenuos,
los mal dotados, 
los de escasos medios,
los poco decididos, 
los tímidos, los débiles.

Nada más consecuente 
ni más lógico.
Había tipos duros, 
sin embargo,
que aguantaban con ganas. 
No fue fácil
quitárselos de en medio.

Astucia, contundencia 
y planificación
pudieron más
que sus arrestos.
No querían caer, pero cayeron.
Quedaban ya muy pocos,
todos notables, 
listos, preparados,
con medios y poder. 

La lucha era de igual a igual, 
sin reglas ni tapujos.
Todo valía y ocurrió de todo.
Primero zancadillas, 
golpes bajos,
llaves maestras, 
artes orientales,
técnicas guerrilleras, 
contragolpes.

Los de menos aguante
se rajaron.
Quedábamos los últimos. 
No era cosa de fallar al final. 
Me empleé a fondo
y computaricé
a mis adversarios.
La ciencia es infalible, 
señoras y señores,
y, bien domesticada, 
puede hundir al más guapo.

Un estudio exhaustivo
de los comportamientos,
de los antecedentes 
y de las aptitudes
de los supervivientes
me dio las claves 
para eliminarlos.
Era: “O ellos o yo”, 
y fueron ellos.

Pude aplastarlos 
como a cucarachas,
me limité a inmovilizarlos.
Nadie me acuse 
de excesivo celo.
Los aparté, y en paz. 
Ya estaba solo.
Ahora estoy ante ustedes. 
Estamos frente a frente,
aunque nada enfrentados, 
ustedes, los de siempre,
y yo, el recién llegado. 

Nadie se llame a engaño,
nos unen intereses intocables, 
sagrados, muy superiores 
a nosotros mismos,
formamos una piña sin fisuras,
somos un mismo empeño.

Señoras y señores,
es para mí un honor 
hacerme cargo,
con su consentimiento, 
desde luego,
de esta organización
y de su presidencia.
No se preocupen,
conmigo habrá
premios para todos.

Si alguien no está de acuerdo, 

que levante la mano

y asuma las consecuencias.

viernes, 30 de octubre de 2026

PINTURA: DIOSAS Y FLORES

Una de las cosas más deseables para un jardín es que cuente con una tierra fértil en la que se puedan cultivar todas aquellas plantas que se quieran, y que estas se vean amparadas de todo mal. Para ello, los antiguos romanos no dudaban en pedir ayuda a sus dioses, y gozaban de una pléyade de divinidades ligadas de una u otra forma a cuidar los vergeles y las flores, lugares plenos de belleza y de bondades para el ser humano. Baco velaba porque los viñedos produjeran una buena cosecha de uvas, mientras que Pomona se aseguraba de que los huertos y los frutales se llenaran de frutos. Al lado de esta última diosa se solía representar a Vertumno, el cual ayudaba a que cada planta completase con éxito todos sus procesos, para dar la simiente y la carne que los jardineros y agricultores esperaban con ahínco de sus respectivos vegetales. El descocado Príapo, henchido de salacidad, protegía los jardines con su mera presencia, librándolos de los animales y personas que quisieran dañarlos. Pero, por encima de todas estas deidades, una resplandecía con fuerza: Flora. Diosa de las flores, claro está, de su mano llegaba la primavera y su desbocada abundancia. A su paso brotaban las margaritas y otras beldades, los árboles renacían de su sueño invernal y las raíces acariciaban la tierra al encuentro con el agua almacenada en ella.


Los artistas de todas las épocas pasadas quisieron rendir tributo a esta diosa generadora, portadora de los colores más elaborados que cristalizaban en pétalos y corolas. Uno de ellos fue Rubens (1577-1640), creador de escenas llenas de vitalidad, de quien el Museo del Prado alberga una maravillosa Flora romana pintada hacia 1625. La figura interpela al espectador con su mirada, proyectada desde unos ojos calmos y sabios, conocedores del secreto del cuidado de la tierra y de las plantas que en ella germinan. El brillo de sus pupilas conecta con quien la contempla y establece un diálogo respaldado por frescas rosas. No necesita de una suntuosa corona de oro adornada de rubíes y diamantes para atestiguar su nobleza, sino tan solo un puñado de flores, algunas tan fragantes como las de la clavelina, del jazmín, del lilo, del azahar y de los alhelíes amarillos y encarnados.


Hay otra obra en la que la protagonista no es una diosa, pero es otro ejemplo de la influencia de la botánica en el arte. Se trata de Muchacha con canasto de flores, pintada por Carlo Maratti (1625-1713) en la segunda mitad del siglo XVII. La mujer sujeta sobre su cabeza un canasto de mimbre repleto de flores. Tantas hay que se desbordan como un festín de belleza y color. No todo en esta pintura se aprecia a simple vista, y Flora retiene un misterio difícil de explicar, ya que hay algo que desapareció hace casi dos siglos. En apariencia no falta nada, porque se ve una figura completa integrada en una foresta, todo está en orden. Pero, para saber qué es lo que se ha perdido, habría que retroceder a 1842, a las mismísimas salas del Museo del Prado. Un día de aquel año, sin que nadie supiera ni el cómo ni el porqué, algún desconocido sacó un objeto afilado y recortó de forma precisa el rostro femenino, dejando un hueco perfecto en el lugar de su cara. En este punto habría que imaginar los semblantes colmados de sorpresa, ojipláticos, de los vigilantes y personal del museo cuando descubrieron el destrozo. La obra se retiraría de la exposición permanente, y no sería hasta después de unos años que se reintegraría una nueva faz, cual operación de cirugía estética; nadie sabría de este avatar si no le informan antes del estropicio sufrido.


Una tercera diva podría acompañar a esta pareja, podría definirse como una Flora comercial. Si bien en un sentido estricto no se podría hablar de una diosa, en parte sí que lo es, ya que se trata de una delicada florista que provee plantas a los balcones de la ciudad y las protege, ajardinando espacios yermos para el disfrute de los habitantes de la casa, así como de aquellos transeúntes que dejen de admirar las grietas de las aceras y levanten la mirada hacia las fachadas.Puesto de flores lo pintó la artista aragonesa María Luisa de la Riva (1865-1926) hacia 1887, y es un delicioso compendio de jardinería doméstica de la época. Con maestría, De la Riva ha incluido un repertorio de plantas en maceta para decorar las terrazas y los jardincillos, tales como calas, ficus, geranios, begonias… además de una pila de macetas de terracota cerca de la regadera. Asimismo, distintos ramos de rosas, lilas y azucenas están dispuestos para regalar al ser querido; en la esquina de la mesa, en un vaso de vidrio con agua, hay varias flores de pensamiento blancas, amarillentas y violáceas. Desde allí darían el salto al ojal de una chaqueta o levita de caballero, para añadir color a la mañana. Con su mínimo tallito insertado en un boutonnière o florero de solapa con un poquito de agua, la flor permanecería rozagante unas cuantas horas, lo suficiente para que incluso alguna esfinge colibrí se acercara a besarla, confundida al ver una planta con patas paseando por la ciudad.

Diosas, flores, jardines y primavera. Toda esa belleza al servicio del arte, una sublimación de la vida.


jueves, 29 de octubre de 2026

POESÍA: ANTEPASADOS


Mis antepasados 
inventaron la Vía Láctea,
dieron a esa intemperie 
el nombre de la necesidad,
al hambre le llamaron 
muralla del hambre,
a la pobreza le pusieron
el nombre de todo 
lo que no es
extraño a la pobreza.

Poco es lo que podía
hacer un hombre 
con el pensamiento del hambre,
apenas dibujar un pez 
en el polvo de los caminos,
por el contrario
podía atravesar el mar 
en una cruz de madera
y sentirse un dios
que está por encima
del bien y el mal.

Mis antepasados 
no cruzaron el mar 
sobre una cruz de madera,
porque a los que lo hicieron
no los considero
mis antepasados,
los míos auténticos 
sufrieron las consecuencias
de aquellos que no 
pidieron audiencia
y se instalaron en los legajos
gloriosos de la historia
como los erizos y los lagartos 
se instalan por los senderos 
de las aldeas.

Y llegaron a los arenales,
donde la tierra era brillante 
como escamas de pez,
la vida allí solo tenía
días de bondades
y brisas atlánticas,
pero eran riquezas
lo que buscaban.

Poco es lo que puede 
valer moralmente un hombre 
que solo ha tenido 
ese tipo de ambiciones,
mas que provocar muertes
y terribles miserias,
dejar recostadas a sus víctimas 
en el pensamiento
de la esclavitud y el hambre
después de haber
enterrado a sus hijos.

Mis antepasados 
inventaron la Vía Láctea,
dieron a esa intemperie 
el nombre de la necesidad,
pero no atravesaron el mar 
sobre una cruz de madera.

Fueron los que pusieron 
nombre al hambre 
para que el amo del hambre
se llamara dueño y señor
de la casa del hambre
y vagaron por los caminos
como los erizos y los lagartos 
vagan por los senderos 
de las aldeas.

Poco es lo que podía hacer 
un hombre con las migas 
de la piedad,
comer pan mojado 
los días de lluvia 
a los que luego seguían
días de brisas marinas
y hablar de la vida antigua,
como se habla en las aldeas
de todas las cosas pequeñas 
que se pueden envolver 
con cuidado en un pañuelo.

miércoles, 28 de octubre de 2026

POESÍA: MURMULLOS


Da igual que sea 
en un bar
o al abrigo del fuego
al principio del tiempo 
de los hombres.
Siempre ha habido 
un murmullo
envolviéndolo todo:

Las voces de la tribu 
ocupando la cueva,
el clamor de guerreros 
tras la caza,
el estruendo incendiado 
en las revueltas,
el grito enardecido 
en un estadio,
aplausos y ovaciones
en la televisión,
las risas de los niños 
que juegan en los parques.

Un zumbido presente 
todo el tiempo,
como un motor en marcha 
que nunca se detiene.
Ni siquiera 
en las noches se detiene,
temblor de luz eléctrica 
y de vértigo.

Son frases inconexas 
que abrazan la cadencia
de las ondas acuáticas
si se lanza una piedra 
en el centro de un lago.
Alguien cree que hay 
silencio justo antes
del disparo de gracia 
en un fusilamiento,
pero el eco devuelve 
repetidas
las últimas plegarias 
de los ejecutados.

Siempre ha habido 
un murmullo 
envolviéndolo todo,
un ruido permanente.
Pero no le temo
al silencio,
tengo más miedo a sentir
las cosas que se dicen 
en voz baja.

martes, 27 de octubre de 2026

PINTURA: ALFRED KUBIN


«La muerte, la nada, es el destino del mundo, y de todas esas fuerzas individuales que juntas lo constituyen. Cada uno de nosotros expira incondicionalmente a lo largo de una ruta predestinada, como una máquina»

(Alfred Kubin)

En El Hombre (1902), de Alfred Kubin, una figura solitaria se sitúa en lo que parece ser el punto más alto de una estructura curva, quizás un puente o una construcción similar. La figura parece colgar precariamente, enroscada, con una apariencia tensa o contemplativa. La paleta general de la obra es bastante sobria, con un enfoque en tonos oscuros y apagados, creando una sensación de misterio e introspección. Un vasto espacio vacío rodea a la figura, enfatizando su aislamiento y quizás reflexionando sobre la condición humana o el estado existencial del individuo. El esquema monocromático de la obra y la calidad etérea de las líneas contribuyen a su atmósfera onírica y surrealista, típica del estilo del artista y del Movimiento Simbolista.

Como sobre las vías de una montaña rusa, cuyo recorrido parece atraer nuestra mirada con elegantes curvas y balancearse hacia una profundidad de luz cegadora, una pequeña figura antropomórfica, montada sobre una rueda doble, desciende a toda velocidad desde una altura vertiginosa. En los momentos siguientes, deberá dominar una peligrosa curva en las vías y, posteriormente, desaparecerá de nuestra vista, desvaneciéndose en el deslumbrante fondo. 

Temprana en la obra de Kubin (1877-1959), este ya emplea la técnica de la pluma, la tinta china y el aerosol para crear una composición que evoca la imaginería de un sueño y parece expresar una profunda comprensión del subconsciente humano. Con los brazos apretados contra su cuerpo atlético, el torso ligeramente inclinado hacia adelante en una postura tensa, la pequeña criatura, de rostro humilde y serio, parece estar completamente concentrada en intentar compensar el curso salvaje y sinuoso de las vías con sus inesperados cambios de dirección y parece concentrarse exclusivamente en mantener el equilibrio. Los largos mechones de cabello que ondean hacia atrás ilustran la vertiginosa velocidad de su descenso. La voluta de las vías curvas se pierde en el deslumbrante vacío de la luz que emana del centro del espacio imaginario, como una metáfora de lo incierto, lo desconocido, el destino, la vida y su fin: el futuro.

lunes, 26 de octubre de 2026

POESÍA: ESCRIBIR UN POEMA


Estos versos tienen
que ser un poema
estructurado de tal manera
que quien lo lea
no se quede al final
con la sensación
de haber perdido el tiempo.

Antes de empezar 
con la escritura,
el preludio es en encontrar
un tema interesante
y no demasiado repetitivo
porque a estas alturas,
tanto los demás como yo mismo,
hemos hablado de casi todo.

Parto de la base
de que la originalidad
no está en lo que trate
sino en la manera de enfocarlo.

Puedo hablar, por ejemplo,
sobre la ratio 
profesor/alumno
de la pública,
las listas de espera
en la sanidad o el amor,
las filas de personas
esperando 
una bolsa de comida
o la calidez de un abrazo,
las guerras entre países
o en el trato de dos personas, 
los niños que ya no son
hijos de nadie
o los padres que han perdido
o no pueden tener hijos.

Hay que ser cuidadoso,
en temas tan delicados,
si al empezar a escribir
cierro demasiado los puños
se acaba rompiendo el lápiz,
los ojos dejan de brillar 
con la belleza de la poesía,
y se entrecierran,
si aprieto los dientes
el texto se convertirá 
en otro manifiesto,
a veces la realidad
por mucho que uno lo intente
es tan enorme e intensa
que excede
el marco de un poema.

domingo, 25 de octubre de 2026

PINTURA: LAS MENINAS


A veces me despierto en medio de la noche y pienso en el cuadro de Las Meninas, tan abandonado a esas horas en su sala del Museo del Prado. Esa pintura, me digo, debería ser mirada sin interrupción. Da vergüenza que un lienzo tan extraordinario permanezca cerrado doce o catorce horas al día. Velázquez lleva rematándolo casi cuatro siglos y no da muestras de cansancio. Ahí está, con el pincel suspendido en el aire, apuntando hacia la paleta, mientras observa lo que nosotros no podemos ver: el exterior del cuadro, del que tú y yo formamos parte. ¿Por qué, entonces, no estamos ahí todo el rato? Hay máquinas que trabajan veinticuatro horas para resultar provechosas. Para amortizar esta obra de arte debería haber siempre alguien aturdiéndose ante ella.

En mis insomnios, vuelo imaginariamente al Museo y me planto frente a ese prodigio espectacular. Alterado por la falta de sueño, me parece escuchar el crujido de la materia pictórica al craquelarse y el de la tela al pudrirse. Ese cuadro, como el Sol, como la Tierra misma, como todos nosotros, tiene los días contados. Conviene aprovecharlos al máximo. Ahí dejo la idea para que la ponga en práctica quien tenga capacidad para ello. Yo ya he hecho lo mío. De nada.

REFLEXIÓN: CENTROS DE DATOS


La deriva ecológica ni se menciona en histérica precampaña electoral española agitada por falsos pucherazos y falsos pucheritos. Los negacionistas del cambio climático se benefician de una actitud muy humana, pues la manera más primaria de enfrentarse con una mala noticia es no querer aceptarla. Nuestro despertar tardío a lo real afronta ahora un nuevo episodio con la instalación de las grandes superficies de almacenaje de datos. Durante años los gobiernos regionales lo han celebrado como un maná caído del cielo, pero hoy ya conocemos los riesgos.

En la campaña por las elecciones de medio término en los Estados Unidos, la denuncia del daño que provocan las grandes granjas de datos han sido uno de los argumentos más usados por los candidatos. Tanto los regidores locales como los aspirantes a las cámaras de representantes comienzan a posicionarse en contra de la instalación de estas macrogranjas. Especialmente combativo se ha mostrado Bernie Sanders, que pese a su edad se ha convertido en un interesante joven visionario. También la activista Erin Brockovich, a la que encarnó Julia Roberts en la película que le dio el Oscar, y que contaba el caso de envenenamiento de una población por parte de una industria química, ahora se ha centrado en denunciar los peligros de los centros de datos. El gobierno español, en uno de sus últimos latidos de vida, redactó una serie de condiciones de sostenibilidad para permitir la instalación de estos edificios en respuesta a la preocupación por el gasto de agua y energía que acarrean. De inmediato los grupos de poder comenzaron a sacudir sus amenazas para congelar cualquier reforma. El presidente Trump se ha quedado solo como el más firme opositor a la regulación de los centros de datos en su país, correspondiendo así al esfuerzo de los caciques tecnológicos que le llevaron al poder.

Los centros de datos precisan de un consumo diario de agua potable desmesurado para refrigerar sus mecanismos de funcionamiento y se ha probado que desecan las zonas donde se instalan. Se calcula que estos centros ya están consumiendo el 2% de la energía mundial con una vida útil tan corta que los convierte en especialmente sucios. Los vecinos de estas superficies ya conocen los zumbidos constantes de la ventilación imprescindible para estos monstruos y su impacto sobre las aves y la fauna local, pero sus quejas no son escuchadas por casi nadie. En España ni tan siquiera han conseguido hacerse oír entre la felicidad pánfila de los gobiernos locales, que están entregados siempre a cualquier promesa rácana de puestos de trabajo y que cada vez son más sumisos a las necesidades de la IA, que es utilizada ya como una herramienta más por la población, aparentemente encantada haciendo vídeos, memes y cartelitos que se nos aparecen por todas partes. Nunca aprenderemos que las campañas electorales son la oportunidad para confrontar las recetas de cada aspirante sobre los desastres que se nos avecinan. Y como siempre, lo verdaderamente importante se trata como una anécdota que a pocos interesa.