jueves, 13 de agosto de 2026

POESÍA: MI SUERTE

 


Mi suerte,

no sé si la merezco.


Dos hijas y una nieta 

para este corazón,

generosa aportación

para compensar

daños antiguos 

o que estén por venir, 

con su pátina

aurora de otoño.


Dos hijas y una nieta

para el ojo de la noche 

en la noche.

La fe que espanta el frío.

Un pecho abierto 

¿sin vacilaciones?


Dos hijas y una nieta,

la duda de saber

si se es padre decente

o abuelo digno,

estirpe que sostiene 

el miedo

venas que recorre 

la esperanza.


Dos hijas y una nieta

para coser la vida, 

modelar su esqueleto

y quebrar las bromas

del destino.

miércoles, 12 de agosto de 2026

POESÍA: LA LLAMADA


Escucho la llamada solo

por el lado izquierdo 

de los auriculares.

Tiene voz de mujer

que siembra tomillo 

en los surcos

de los discos de vinilo

y canta boleros con la boca 

llena de semillas.

Me habla 

de cosas pequeñas:

de la fruta 

que espera en la mesa,

de las hormigas 

que cargan migajas 

más grandes que ellas,

de las hierbas 

que rompen el cemento

para besar los zapatos 

de los condenados.

Susurra con el lenguaje

de los gatos que se miran 

desde ventanas opuestas,

de los peces que adelantan 

a los petroleros

cruzando bajo sus quillas.

A veces tararea una canción 

que no existe,

hecha del roce de la piel

en las sábanas limpias

y de uvas pisadas 

en un barreño de madera,

y mis labios 

se mueven despacio

intentando seguir la melodía,

pero se me escapa 

antes de aprenderla.

Cuando bajo el volumen 

crece el silencio,

ese silencio incómodo 

de quienes no se conocen,

y percibo su respiración 

como un viento

que sube por las escaleras 

de incendios.

Pienso en su boca y veo

una ranura de teléfono público

donde caen 

las monedas de las madres.

Por el auricular derecho llega

el rumor de una nevera 

en un piso abandonado,

el traqueteo de una cinta 

sin equipaje,

y el eco de un martillo 

golpeando el hielo.

Le pregunto por los niños 

quemados que duermen 

en tiendas de campaña,

por quienes lamen 

el rocío de las alambradas.

La voz tose y sus palabras

caen como dientes 

sobre el suelo:

«¿Dónde están tus hermanos?

¿Qué hacen?».

Y entonces, solo entonces,

dejo que el sonido me arrastre

hasta donde 

las palabras arden

y nadie distingue la culpa

de la vergüenza.

Escucho la llamada 

por el lado izquierdo,

el lado por donde empiezan 

las partituras

y los motines,

la orilla de los expulsados 

del paraíso,

donde la luz ilumina 

los turnos de noche

y nadie espera una llamada.

martes, 11 de agosto de 2026

REFLEXIÓN: EL OTRO


El poeta que vive conmigo no se encuentra aquí en este momento, por eso escribo en prosa. El poeta que vive conmigo se ha quedado fuera, está en una cafetería tomando un cortado, mirando a la gente pasar. El poeta que vive conmigo volverá a casa en mi coche, pondrá música, compartimos el gusto por el blues, el soul y el jazz. También la clave del correo, el perfil de Facebook, el número de teléfono, los grupos de washaps. El poeta que vive conmigo se queda en casa cuando voy al baloncesto, cuando voy a correr, pero viene a recogerme después y volvemos caminando. El poeta que vive conmigo duerme conmigo, pero despierta de madrugada y sube un poema a las redes sociales. En las tardes, el poeta y yo revisamos notas, tachamos, reescribimos, desechamos y decidimos si el resultado final vale la pena. El poeta que vive conmigo odia las fiestas populares, las multitudes y celebrar su cumpleaños. El poeta que vive conmigo sigue hablando con todis los amigos que ya no están aquí. El poeta que vive conmigo piensa en mis hijas y mi nieta, las abraza como yo, se preocupa por ellas. El poeta que vive conmigo me enseñó a hacer el arroz a la cubana que preparo los sábados. Prefiere quedarse en casa cuando salgo con gente, dice que no soporta algunas conversaciones, le cuesta mirarles a los ojos. El poeta que vive conmigo se duerme en las películas de Godard y llora siempre que ge Casablanca. También, como yo, adora salir al campo, a veces se aleja demasiado y le pierdo de vista. No sé el tiempo que vivirá conmigo el poeta que vive conmigo. Algunas mañanas despierto y no está, desaparece días y días sin dejar rastro, pero vuelve con nuevos temas sobre los que meditar. Sé que el día menos pensado, el poeta que vive conmigo dejará de vivir conmigo. Y se irá a vivir con alguien más joven, alguien con toda la vida por delante. Y creo que eso estará bien, aunque le voy a echar de menos.

lunes, 10 de agosto de 2026

POESÍA: TINIEBLA

 


En esta tiniebla

que preña los cuerpos

cada día,

no es veraz la luz

que nos da forma,

el mundo supura

una oscuridad 

sin contornos,

luchamos

con pequeños 

candiles

en la intolerable 

tormenta

y nos buscamos

los unos a los otros

en la noche helada.

Somos héroes

anónimos

en un mundo

sin memoria

ni conciencia,

dirigido

por los ineptos

y los crueles.

domingo, 9 de agosto de 2026

POESÍA: LA SOLEDAD

 


La soledad 

es una habitación 

llena de mi presente,

con la ausencia

desparramada 

por el suelo

como las hojas 

de una tarde otoñal

sin nadie cerca, 

perdiéndome en mi mismo.

La soledad soy yo, 

dueño de mi nada.

El sueño del amor 

ya no me pertenece,

ni tampoco aparece 

entre la retama

cuando abandono 

el camino.

Avanzo atornillándome 

el silencio a la garganta.

La soledad responde 

por mi nombre,

se lleva muy bien

con mi sombra

y, ciertamente,

hemos aprendido 

a vivir juntos,

no es una mala compañera.

OPINIÓN: LOS MUERTOS EN CEUTA


Si los muertos de Ceuta fueran españoles, no serían un número genérico y aproximativo, sino una cifra exacta y fiable, sin discrepancias según quien lleve la contabilidad. Como son moros, ni siquiera los contamos bien.

Si los muertos de Ceuta fueran españoles, los titulares hablarían de ellos, estarían en el centro de la discusión y todo lo demás sería secundario. Como son moros, ocupan un espacio menor entre análisis de guerras híbridas, defensas de soberanía, críticas al Gobierno y alaridos racistas. Incluyendo, de paso, los de algunos gobiernos europeos.

Si los muertos de Ceuta fueran españoles, sabríamos sus nombres y conoceríamos sus caras, quiénes fueron, cómo vivían y con qué vida soñaban. Sus familiares acapararían el protagonismo en los medios, y reyes y presidentes los abrazarían. Como son moros, solo han trascendido el nombre y la cara de Fatem Ben Samar el Azizi, tangerina de veinte años y futbolista del Magreb. Y han trascendido porque su cara y su vida rompen el cliché del emigrante marroquí: era mujer, se retrataba sin velo, con su melena recogida en una deportiva, elegante y casi laica cola de caballo, y gozaba de cierto prestigio y de cierta fama en su ciudad. El resto sigue siendo parte de una “invasión” o una “avalancha”. Los esfuerzos de algunos activistas y medios españoles y marroquíes por individualizarlos y ponerles nombre pasan tan inadvertidos como el llanto de los padres que aguardan en la verja de Ceuta a que regrese el hijo del que no saben nada.

Si los muertos de Ceuta fueran españoles, todos los debates posteriores al luto se preguntarían cómo impedir que una catástrofe así volviera a suceder. No hablaríamos de militarizar la frontera, sino de cómo hacerla segura, diseñando medidas y protocolos que minimicen los riesgos de ahogamiento y heridas graves. Como son moros, se plantea balizar con boyas la frontera marítima, lo que hace temer a las oenegés que trabajan con los inmigrantes que estos naden hacia el mar abierto para esquivar la línea, arriesgando aún más la vida. Nadie lo recuerda, pero yo no olvido que Fernando Grande-Marlaska asumió el ministerio en 2018 con la promesa de eliminar las sirgas que amputaban a los inmigrantes que intentaban saltar las vallas de Ceuta y Melilla. En lugar de eso, reforzó los elementos agresivos —demostrando de paso que son inútiles y no disuaden a nadie— y tiene el honor de ser uno de los ministros del Interior que más muertes en la frontera ha presenciado.

Si los. muertos de Ceuta fueran españoles, este análisis estaría lleno de una sarta de obviedades dadas por supuestas. Como son moros, las obviedades abrasan y lo único que puedo hacer es exteriorizar mi rabia.

sábado, 8 de agosto de 2026

PINTURA: SOROLLA


Sorolla pintó magistralmente la pureza de la luz mediterránea, que descubrió observando el mar, sus reflejos y las ondas. Representa sin lugar a dudas el triunfo del mediterráneo pictórico, hecho de blancos y azules luminosos. Otra de sus características es la instantaneidad y la impresibilidad de sus temas.

“Barcos Varados” (1915) es una maravillosa representación del talento del maestro valenciano para capturar la luz y el color del paisaje marino, características que lo han consagrado como uno de los precursores del impresionismo en España. En esta obra, Sorolla nos presenta una escena costera donde los barcos, normalmente en movimiento, se encuentran inmóviles en la arena, lo que invita a la contemplación y la introspección. 

La composición de “Barcos Varados” es notable por su simplicidad y efectividad. La disposición de los elementos guía suavemente la mirada del espectador a través del lienzo. Los barcos, adornados con colores vibrantes de azules y blancos, forman una diagonal que se extiende por la superficie de la obra, proporcionando una base sólida sobre la cual descansan las suaves ondulaciones de la arena y el mar. La textura del barco, con sus desgastes y sombras, se contrasta hábilmente con la luz del sol que ilumina la escena. Sorolla logra que la luz parezca casi palpable, un rasgo distintivo de su estilo, que permite a los espectadores sentir la calidez del día. 

La ausencia de figuras humanas resalta el enfoque del pintor en la naturaleza y los elementos del paisaje. Sin embargo, la silenciosa presencia de los barcos sugiere la actividad de la vida marítima, la historia de quienes han navegado y trabajado en estas embarcaciones. Esta elección estilística invita al espectador a imaginar las historias no contadas detrás de los barcos, sumergiéndonos en una meditación sobre el tiempo, el trabajo y la relación del ser humano con el mar. He de reconocer que es una de mis pinturas favoritas.

viernes, 7 de agosto de 2026

POESÍA: EVOLUCIÓN


Años atrás

no tenía problema

para hacerlo en el coche,

incómoda cuna 

que se mecía 

al ritmo de los amantes,

las palancas del cambio 

y del freno de mano 

clavándose en el trasero,

el viento de la noche

silbando suavemente

y después el relax,

pensando quién estaría 

fumando ahí arriba,

iluminando el cielo

con miles 

de pequeñas brasas,

hasta el alba y entonces

a casa sin miedo al sueño.

Sí, había una casa,

un sueño profundo 

y una seguridad de despertar.

Hoy en cambio,

con un coche 

que no se balancearía,

pero también

con un cuerpo 

que no tolera incomodidades

y un sueño ligero

como el vuelo de una abeja,

parapetado tras las paredes

de mi dormitorio

en ese momento solitario

en que te disuelves 

sin darte cuenta,

un pensamiento

rasga el silencio 

palpitante del amanecer:

las estrellas están 

sangrando en el corazón.