sábado, 4 de abril de 2026

OPINIÓN: BARBARIE


Hay informaciones a las que basta con darles la vuelta para que aparezcan los hilos, los remiendos, las puntadas apresuradas con las que alguien ha querido ajustar la realidad a un patrón previo. Son noticias que, al tiempo de informar, insinúan, orientan, empujan. Noticias, en fin, trufadas de opinión. Las lees del derecho y parecen limpias. Del revés, en cambio, brotan las valoraciones escondidas, las pequeñas o grandes trampas del lenguaje, los adjetivos que, más que describir, juzgan. Noticias partidistas, prendas confeccionadas a medida para que le sienten bien a una idea o a una formación política.

La realidad misma está hecha de costuras con frecuencia discretas, invisibles. A veces, de costurones que dejan cicatrices horribles en el cuerpo de la historia de los seres humanos. Pero hay noticias que carecen de forro. Que son igual de atroces si las miras del derecho como si las observas del revés. En el catálogo de estas últimas conviene incluir la decisión del Parlamento israelí de aprobar la pena de muerte para acusados de terrorismo en los territorios ocupados. Y por ahorcamiento, método que nos retrotrae a las películas del viejo Oeste americano, con sus linchamientos exprés y sus multitudes sedientas de espectáculo. El ahorcamiento evoca también esas ejecuciones públicas que hemos visto en Irán, con los cadáveres balanceándose durante días de las plumas de grúas modernísimas. El ministro de Seguridad Nacional del Gobierno de Netanyahu intentó descorchar una botella de champán en la Cámara para celebrar la buena nueva. Parece que un ujier, figura casi invisible del engranaje institucional, logró impedírselo. Pero el ministro entusiasta, ebrio de dicha, la abrió luego en los pasillos de la Cámara. Aquí, como decimos, no hay costuras ni lectura alternativa posible. Estamos ante una pieza informativa maciza, compacta, hecha de una sola sustancia moral. La sustancia de la que está hecha la barbarie.

viernes, 3 de abril de 2026

PINTURA: MAURICE DENIS


Maurice Denis (1870-1943) fue un pintor francés, miembro de los movimientos simbolismo y Les Nabis. Los temas de sus pinturas incluyeron paisajes y estudios de figuras, particularmente de madre e hijo. Pero su principal interés radicó en los temas religiosos. Se le considera como uno de los grandes renovadores del arte religioso francés. Sus compañeros nabis, por su estilo simple y arcaizante, le llamaron «Nabi de los bellos iconos». 

Maurice Denis pinta Subida al Calvario en noviembre de 1889. La obra representa la cuarta estación del Viacrucis tradicional, el encuentro de Jesús y María en la Calle de la Amargura. La composición se resuelve mediante una marcada diagonal que señala la cruz que porta Cristo y la estela de Mujeres que acompañan a la Virgen. Al fondo, envuelta en la penumbra, aparece la tropa de soldados romanos con sus lanzas y estandartes. Las mujeres han perdido toda individualidad y se confunden en una masa negra, simplificada al extremo, a la que responde la otra masa oscura de los soldados romanos, en el plano de fondo. Incluso el Cristo arrodillado por el peso de la Cruz está tratado como una silueta, los colores planos y delimitados. Denis otorga una gran unidad decorativa a la escena que se convierte, como en el poema de Verlaine, en la expresión de un dolor y de una compasión universales.

Las formas se resuelven mediante marcadas curvas que enmarcan extensiones planas de color. Los rostros no aparecen definidos, pues no hay una búsqueda de la naturalidad sino una intención expresiva en lo sintético de la estética. La obra pertenece a la etapa de la producción de Denis inscrita en el movimiento Nabi. Puede constatarse en elementos como el uso más expresivo que realista del color. El rojo de la túnica de Cristo es el color del sacrificio en la iconografía católica, mientras que el negro de las vestimentas de las mujeres otorga un envoltorio lúgubre a la composición. Los volúmenes curvos que enmarcan los grandes planos cromáticos recuerdan a las formas del Art Nouveau, los grabados Ukiyo-e y con el cartelismo modernista.

Los Nabis fueron esos seguidores místicos de Gauguin que buscaban sintetizar todas las artes y utilizarlas no solo con un objetivo estético, sino también para usos sociales y espirituales. De hecho fue Denis el que publicó el primer manifiesto Nabi. Ejerció una gran influencia en las vanguardias.

jueves, 2 de abril de 2026

POESÍA: MIRLO


Si no te nombro

¿consigo que no existas?

He visto sobre el árbol 

un pájaro, 

si no te nombro

¿consigo que no existas?

He visto sobre el árbol 

un pájaro negro 

y con el pico naranja.

No es una paloma.

Quiero que sea una paloma.

Lo llamé Paloma.

¿Es una paloma entonces?

Se abre el cielo en dos.

Como un bosque 

arrasado por el fuego.

No. Como el último 

arcoíris de la infancia.

Quiero saber. 

Tiene que haber una forma.

Si todas las realidades 

son posibles. 

¿Cuándo puede el deseo 

engendrar una piedra?

¡Quiero una paloma!

El mirlo me mira cabizbajo.

Su mirada 

se ha teñido de sombras, 

no entiende

esta manía mía

de filosofar con todo. 

UNA FOTO HISTÓRICA


John Kiszely mostró en twitter esta fotografía de su padre, médico, atendiendo a una mujer herida durante 1937, en plena Guerra Civil española. El periodista Carlos del Amor le pidió que mostrara también la parte de atrás de la foto. Y ahí es donde descubrieron detalles que convierten la foto en histórica. Según el reverso en el que se puede leer “Frente Brunete junio 1937 (en Torrelodones) Sra Frank Capa (muerta en Brunete)“, la mujer es nada menos que Gerda Taro, la primera fotógrafa de guerra y pareja de Robert Capa. Trabajaban juntos y de hecho, algunas fotografías atribuidas a Robert podrían estar realizadas por Gerda.


Gerda Taro (Alemania, 1910), una de las primeras mujeres fotoperiodistas de la historia, murió a la edad de 26 años arrollada por un tanque en 1937 en España, donde se había desplazado junto a su pareja, André Friedman, para registrar gráficamente, bajo el pseudónimo de Robert Capa, la Guerra Civil de nuestro país. Con un parecido físico más que razonable -a simple vista los rasgos que se aprecian resultan bastante similares entre la fotografía publicada por Kiszely y las que se conservan de la joven-, la historia coincide en espacio y, más o menos, en tiempo. Otra casualidad es el nombre de Capa que figura en el reverso de la instantánea, fechada en junio de ese año, es decir, un mes antes del fallecimiento de la fotógrafa. Allí, escrito a mano se lee: “La Sra de Frank Capa muerta en Brunete”. ¿A qué se refiere con Frank? ¿Podría tratarse más bien de Frau (señora) como señalan algunos? ¿Se trataba de otra Capa que murió en el mismo lugar casi en el mismo tiempo? ¿O tal vez estas coincidencias solo sean producto de nuestra propia sugestión?


Mujer pionera en cubrir en el frente de guerra, Gerda Taro, pseudónimo de Gerta Pohorylle, conoció al fotógrafo Robert Capa en París, donde ella había llegado huyendo de la ideología nazi de Alemania. Juntos se desplazaron hasta España. Simpatizante de la ideología comunista y obrera desde muy joven, su trabajo más relevante fue el que llevó a documentar el triunfo republicano en la primera fase de la batalla de Brunete, cuyo reportaje fue publicado en Regards. Poco después, tras un accidentado choque con un tanque, fue trasladada con vida a un hospital en El Escorial, donde falleció la madrugada del 26 de julio. Allí, trabajaba el padre de John Kiszely. Quién sabe, no parece tan casual. Después de todo, podría ser la última imagen de Gerda Taro. La fotógrafa fotografiada.

miércoles, 1 de abril de 2026

POESÍA: ACABA EL DÍA


La luz estalla en los ojos

que miran el horizonte.

Himen inmenso.

El cielo preñado 

de vetas distintas

condecora las nubes 

que se deslizan

abrazadas por las llamas.

A lo lejos un avión

busca su destino.

Lienzo sin ángulos 

en la tarde inmóvil

que acaricia el lomo 

arcaico de las piedras.

Se respira una brisa 

fina que sofoca

la ira de los insectos.

Silencio nuevo.

Un aura blanca 

corona el volcán a lo lejos.

El día se despide.

Lentamente en el barrio

se encienden las luces 

que espantan la soledad.

REFLEXIÓN: BALANCES PERSONALES


Escribir, conducir, pintar, construir, enseñar, limpiar: da igual el verbo. Lo importante es no olvidar por qué empezamos a hacerlo, qué nos llevó hasta ahí y por qué hemos persistido. Y sentir que merece la pena aunque no nos guste a lo que nos hemos dedicado porque hemos encontrado alternativas que han llenado nuestra vida, incluso cuando las cosas no salen bien, cuando las tareas exigen más de lo que devuelven. Quizá ahí resida el verdadero éxito: en saber que volverías a recorrer el camino, conociendo ya el precio... ¿Pero qué pasa cuando piensas que no ha valido la pena? ¿Ha sido un éxito, más allá de lo que podamos sentir? ¿Un fracaso, por encima de la admiración que despertemos en los demás? 

El balance de una vida nunca podrá ser una cuestión matemática, muy al contrario: nos lleva a adentrarnos en terrenos tan resbaladizos como la filosofía o la sicología. Por no valer, ni siquiera nos vale lo que opinen de nosotros los demás porque la admiración o el cariño que podamos despertar en otros distorsiona nuestra imagen y el odio o la envidia, también. Quizás sea mucho más sencillo que todo eso, puede que se resuma en que nadie triunfa o fracasa del todo, aunque haya quiénes se consideran triunfadores o estén ahí los convencidos de su fracaso. 

Relativicemos las cosas un poco: al final, la muerte no respeta ni a unos ni a otros, se nos lleva a todos por igual y con ella se acaba nuestra historia. 

martes, 31 de marzo de 2026

POESÍA: PAZ


¿Qué uno entre todos

si todos deberíamos

ir a una? 


¿Qué todos

sino uno

en cada uno y todos

en cada uno

y en todos?


¿Qué ayer o mañana

sino siempre?


¿Qué nosotros

sino todos nosotros

y ahora?


¿Qué nombre

si no anónimo

para reconocernos?


El sol desgarra la niebla

que se empaña en cubrirlo,

como la memoria

disipa el olvido.


En toda muerte infligida

muere algo de todos, 

cada mirada lo reafirma,

cada lágrima lo refleja,

cada calle es a sus pasos

lo que la realidad 

es al milagro

de seguir soñando

con que la paz exista:

una verdad

que ha de estar

siempre presente

para que podamos

luchar por ella. 

lunes, 30 de marzo de 2026

OPINIÓN: DISCRIMINACIÓN OLÍMPICA


En la Grecia Antigua, las mujeres tenían vetada la asistencia a las olimpíadas. Veintiocho siglos después, bajo el mandato de Kirsty Conventry, la primera mujer que ocupa la presidencia del Comité Olímpico Internacional, las mujeres tienen vetada de nuevo su participación en los Juegos Olímpicos, al menos hasta que alguien en su nombre acredite que son realmente mujeres. Mejor aún, mujeres biológicamente puras. El Comité Ejecutivo del COI, bajo la dirección y guía de la presidenta Coventry acaba de aprobar las nuevas reglas de elegibilidad para las competiciones femeninas que regirán en los Juegos Olímpicos de verano e invierno y cualquier otra competición olímpica. La decisión, supuestamente basada en evidencias científicas que sorprendentemente el COI mantiene ocultas, al igual que la identidad de su autoría y de las personas que conforman el grupo de trabajo para “la protección de la categoría femenina”, tiene como finalidad excluir a las mujeres biológicamente impuras de las competiciones olímpicas. A partir de ahora, sostiene la nueva política de elegibilidad del COI, tan sólo se admiten mujeres con acreditación de pedigree en sus competiciones. 

La pureza biológica es ciertamente un concepto pseudocientífico de amargo recuerdo. Nos retrotrae a procesos de cribaje genético que creíamos desaparecidos, al menos desde que dimos por definitivamente muerto el proyecto eugenésico promovido por Heinrich Himmler en pleno apogeo de la política racial del Tercer Reich. Pero el COI resucita ahora los cribados genéticos y, con ellos, la selección biológica, al vetar la participación en las competiciones olímpicas a todas aquellas mujeres que posean el gen SRY. El problema es que esta supuesta prueba del algodón que adopta el IOC, como antes hicieron otras federaciones internacionales, como la World Athletics (atletismo) o World Rugby, ni es concluyente ni eficaz. El propio Andrew Sinclair, el científico que descubrió el gen SRY en 1990, se ha pronunciado públicamente en contra de su uso como criterio de discriminación. En palabras del propio Sinclair, “la identificación del gen SRY acredita únicamente su presencia en el cuerpo de una persona. En ningún caso sirve para acreditar el desarrollo testicular, el aumento de la producción de testosterona, ni explica, por sí solo, el aprovechamiento fisiológico que cada cuerpo haga de ella”. En definitiva, la presencia del gen SRY, por si sola, no constituye una prueba de que las mujeres que lo posean disfruten de ventaja competitiva alguna.

Sería lamentable que el COI adopte apresuradamente una decisión tan controvertida para conformarse a los dictados ideológicos del Presidente Trump, quien ha anunciado, sin ápice de rubor pero también sin criterio legal o ético conocido, que vetará la entrada en Estados Unidos a cualquier deportista transexual. Quizá con ello el COI pretenda salvar los muebles (o si se prefiere, los intereses económicos de este macro evento deportivo con un presupuesto actual que ronda los 7000 millones de dólares) de los Juegos Olímpicos de 2028, que se prevén problemáticos. De ser así, resultaría patético que la ideología y preferencias personales de un personaje tan ignorante en biología como en olimpismo, pueda condicionar las decisiones del COI, guardián del espíritu y los valores olímpicos que promueven el bienestar humano, la solidaridad y mutua comprensión. 

El problema es que con la aplicación de esta nueva política no solo se prohíbe la participación a las mujeres trans, que está aún por demostrar que verdaderamente disfruten de una ventaja competitiva genérica. También prohíbe la participación de todas las mujeres portadoras del gen SRY, sin importar su herencia genética, la diversidad biológica presente en las diferentes regiones del mundo de las que provienen y, por supuesto, sin saber si todo ello tiene incidencia alguna en el rendimiento deportivo. ¿Quién pedirá disculpas a estas mujeres por obligarlas durante años a someterse a tratamientos de dopaje inverso para reducir sus niveles de testosterona en sangre para poder cumplir con su sueño olímpico a costa de su deterioro físico y mental?

Lástima que toda una campeona olímpica, como la presidenta Coventry, se haya apresurado a colgarse la medalla de la pureza genética revistiéndola de integridad deportiva. Rompe con ello el tímido proceso de inclusión y respeto por los derechos humanos en el seno del olimpismo, al tiempo que promueve una afrenta reaccionaria contra la legalidad internacional que pone en entredicho los valores olímpicos de amistad y respeto mutuo.