El 10 de octubre de 1967 unos veinte periodistas y cuatro fotógrafos viajaron a bordo de un avión de la Fuerza Aérea Boliviana hacia Vallegrande para dar testimonio público de la muerte de Ernesto Che Guevara. Pocos días después, la fotografía del cadáver, rodeado por militares, exhibido sobre la pileta de cemento del lavadero del hospital San Juan de Malta, se reprodujo en la prensa mundial. Los negativos fueron comprados por la agencia Reuters a un fotógrafo boliviano cuya identidad se mantuvo desconocida por treinta años, hasta que la investigación del artista argentino Leandro Katz repuso su nombre. Katz dio a conocer detalles de esta imagen y de otro centenar de fotos de ese mismo día.
La fotografía hecha pública para corroborar la muerte del líder guerrillero logró un potencial político inaudito. Por eso, no sólo a la luz de su valor informativo y documental específico, ha sido esencial al momento de pensar el poder de las imágenes, su eficacia para transmitir determinados sentidos y, también, su versatilidad y disponibilidad para conducir ideas.
John Berger fue el primero en señalar, días después de la muerte del Che, la semejanza formal de esta foto con la pintura de Rembrandt La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp (1632). La similitud en la disposición del cadáver y en el número, ubicación y expresión de los hombres presentes desvela, argumenta Berger, que ambas imágenes albergan la misma función de exponer y examinar un cuerpo muerto para dar un ejemplo: medicinal, en un caso, de advertencia política, en el otro. También el Cristo muerto de Andrea Mantegna (ca. 1490) es puesto en relación con este otro hombre sacrificado.
La serie “Lección de anatomía” (1969-1970) del pintor argentino Carlos Alonso es una obra crítica y de denuncia que recrea la famosa pintura de Rembrandt, tomando como base la fotografía del cadáver del Che Guevara. La obra, censurada en su momento, simboliza la violencia política, el vejamen del cuerpo y el avance imperial en América Latina.












