jueves, 2 de abril de 2026

POESÍA: MIRLO


Si no te nombro

¿consigo que no existas?

He visto sobre el árbol 

un pájaro, 

si no te nombro

¿consigo que no existas?

He visto sobre el árbol 

un pájaro negro 

y con el pico naranja.

No es una paloma.

Quiero que sea una paloma.

Lo llamé Paloma.

¿Es una paloma entonces?

Se abre el cielo en dos.

Como un bosque 

arrasado por el fuego.

No. Como el último 

arcoíris de la infancia.

Quiero saber. 

Tiene que haber una forma.

Si todas las realidades 

son posibles. 

¿Cuándo puede el deseo 

engendrar una piedra?

¡Quiero una paloma!

El mirlo me mira cabizbajo.

Su mirada 

se ha teñido de sombras, 

no entiende

esta manía mía

de filosofar con todo. 

UNA FOTO HISTÓRICA


John Kiszely mostró en twitter esta fotografía de su padre, médico, atendiendo a una mujer herida durante 1937, en plena Guerra Civil española. El periodista Carlos del Amor le pidió que mostrara también la parte de atrás de la foto. Y ahí es donde descubrieron detalles que convierten la foto en histórica. Según el reverso en el que se puede leer “Frente Brunete junio 1937 (en Torrelodones) Sra Frank Capa (muerta en Brunete)“, la mujer es nada menos que Gerda Taro, la primera fotógrafa de guerra y pareja de Robert Capa. Trabajaban juntos y de hecho, algunas fotografías atribuidas a Robert podrían estar realizadas por Gerda.


Gerda Taro (Alemania, 1910), una de las primeras mujeres fotoperiodistas de la historia, murió a la edad de 26 años arrollada por un tanque en 1937 en España, donde se había desplazado junto a su pareja, André Friedman, para registrar gráficamente, bajo el pseudónimo de Robert Capa, la Guerra Civil de nuestro país. Con un parecido físico más que razonable -a simple vista los rasgos que se aprecian resultan bastante similares entre la fotografía publicada por Kiszely y las que se conservan de la joven-, la historia coincide en espacio y, más o menos, en tiempo. Otra casualidad es el nombre de Capa que figura en el reverso de la instantánea, fechada en junio de ese año, es decir, un mes antes del fallecimiento de la fotógrafa. Allí, escrito a mano se lee: “La Sra de Frank Capa muerta en Brunete”. ¿A qué se refiere con Frank? ¿Podría tratarse más bien de Frau (señora) como señalan algunos? ¿Se trataba de otra Capa que murió en el mismo lugar casi en el mismo tiempo? ¿O tal vez estas coincidencias solo sean producto de nuestra propia sugestión?


Mujer pionera en cubrir en el frente de guerra, Gerda Taro, pseudónimo de Gerta Pohorylle, conoció al fotógrafo Robert Capa en París, donde ella había llegado huyendo de la ideología nazi de Alemania. Juntos se desplazaron hasta España. Simpatizante de la ideología comunista y obrera desde muy joven, su trabajo más relevante fue el que llevó a documentar el triunfo republicano en la primera fase de la batalla de Brunete, cuyo reportaje fue publicado en Regards. Poco después, tras un accidentado choque con un tanque, fue trasladada con vida a un hospital en El Escorial, donde falleció la madrugada del 26 de julio. Allí, trabajaba el padre de John Kiszely. Quién sabe, no parece tan casual. Después de todo, podría ser la última imagen de Gerda Taro. La fotógrafa fotografiada.

miércoles, 1 de abril de 2026

POESÍA: ACABA EL DÍA


La luz estalla en los ojos

que miran el horizonte.

Himen inmenso.

El cielo preñado 

de vetas distintas

condecora las nubes 

que se deslizan

abrazadas por las llamas.

A lo lejos un avión

busca su destino.

Lienzo sin ángulos 

en la tarde inmóvil

que acaricia el lomo 

arcaico de las piedras.

Se respira una brisa 

fina que sofoca

la ira de los insectos.

Silencio nuevo.

Un aura blanca 

corona el volcán a lo lejos.

El día se despide.

Lentamente en el barrio

se encienden las luces 

que espantan la soledad.

REFLEXIÓN: BALANCES PERSONALES


Escribir, conducir, pintar, construir, enseñar, limpiar: da igual el verbo. Lo importante es no olvidar por qué empezamos a hacerlo, qué nos llevó hasta ahí y por qué hemos persistido. Y sentir que merece la pena aunque no nos guste a lo que nos hemos dedicado porque hemos encontrado alternativas que han llenado nuestra vida, incluso cuando las cosas no salen bien, cuando las tareas exigen más de lo que devuelven. Quizá ahí resida el verdadero éxito: en saber que volverías a recorrer el camino, conociendo ya el precio... ¿Pero qué pasa cuando piensas que no ha valido la pena? ¿Ha sido un éxito, más allá de lo que podamos sentir? ¿Un fracaso, por encima de la admiración que despertemos en los demás? 

El balance de una vida nunca podrá ser una cuestión matemática, muy al contrario: nos lleva a adentrarnos en terrenos tan resbaladizos como la filosofía o la sicología. Por no valer, ni siquiera nos vale lo que opinen de nosotros los demás porque la admiración o el cariño que podamos despertar en otros distorsiona nuestra imagen y el odio o la envidia, también. Quizás sea mucho más sencillo que todo eso, puede que se resuma en que nadie triunfa o fracasa del todo, aunque haya quiénes se consideran triunfadores o estén ahí los convencidos de su fracaso. 

Relativicemos las cosas un poco: al final, la muerte no respeta ni a unos ni a otros, se nos lleva a todos por igual y con ella se acaba nuestra historia. 

martes, 31 de marzo de 2026

POESÍA: PAZ


¿Qué uno entre todos

si todos deberíamos

ir a una? 


¿Qué todos

sino uno

en cada uno y todos

en cada uno

y en todos?


¿Qué ayer o mañana

sino siempre?


¿Qué nosotros

sino todos nosotros

y ahora?


¿Qué nombre

si no anónimo

para reconocernos?


El sol desgarra la niebla

que se empaña en cubrirlo,

como la memoria

disipa el olvido.


En toda muerte infligida

muere algo de todos, 

cada mirada lo reafirma,

cada lágrima lo refleja,

cada calle es a sus pasos

lo que la realidad 

es al milagro

de seguir soñando

con que la paz exista:

una verdad

que ha de estar

siempre presente

para que podamos

luchar por ella. 

lunes, 30 de marzo de 2026

OPINIÓN: DISCRIMINACIÓN OLÍMPICA


En la Grecia Antigua, las mujeres tenían vetada la asistencia a las olimpíadas. Veintiocho siglos después, bajo el mandato de Kirsty Conventry, la primera mujer que ocupa la presidencia del Comité Olímpico Internacional, las mujeres tienen vetada de nuevo su participación en los Juegos Olímpicos, al menos hasta que alguien en su nombre acredite que son realmente mujeres. Mejor aún, mujeres biológicamente puras. El Comité Ejecutivo del COI, bajo la dirección y guía de la presidenta Coventry acaba de aprobar las nuevas reglas de elegibilidad para las competiciones femeninas que regirán en los Juegos Olímpicos de verano e invierno y cualquier otra competición olímpica. La decisión, supuestamente basada en evidencias científicas que sorprendentemente el COI mantiene ocultas, al igual que la identidad de su autoría y de las personas que conforman el grupo de trabajo para “la protección de la categoría femenina”, tiene como finalidad excluir a las mujeres biológicamente impuras de las competiciones olímpicas. A partir de ahora, sostiene la nueva política de elegibilidad del COI, tan sólo se admiten mujeres con acreditación de pedigree en sus competiciones. 

La pureza biológica es ciertamente un concepto pseudocientífico de amargo recuerdo. Nos retrotrae a procesos de cribaje genético que creíamos desaparecidos, al menos desde que dimos por definitivamente muerto el proyecto eugenésico promovido por Heinrich Himmler en pleno apogeo de la política racial del Tercer Reich. Pero el COI resucita ahora los cribados genéticos y, con ellos, la selección biológica, al vetar la participación en las competiciones olímpicas a todas aquellas mujeres que posean el gen SRY. El problema es que esta supuesta prueba del algodón que adopta el IOC, como antes hicieron otras federaciones internacionales, como la World Athletics (atletismo) o World Rugby, ni es concluyente ni eficaz. El propio Andrew Sinclair, el científico que descubrió el gen SRY en 1990, se ha pronunciado públicamente en contra de su uso como criterio de discriminación. En palabras del propio Sinclair, “la identificación del gen SRY acredita únicamente su presencia en el cuerpo de una persona. En ningún caso sirve para acreditar el desarrollo testicular, el aumento de la producción de testosterona, ni explica, por sí solo, el aprovechamiento fisiológico que cada cuerpo haga de ella”. En definitiva, la presencia del gen SRY, por si sola, no constituye una prueba de que las mujeres que lo posean disfruten de ventaja competitiva alguna.

Sería lamentable que el COI adopte apresuradamente una decisión tan controvertida para conformarse a los dictados ideológicos del Presidente Trump, quien ha anunciado, sin ápice de rubor pero también sin criterio legal o ético conocido, que vetará la entrada en Estados Unidos a cualquier deportista transexual. Quizá con ello el COI pretenda salvar los muebles (o si se prefiere, los intereses económicos de este macro evento deportivo con un presupuesto actual que ronda los 7000 millones de dólares) de los Juegos Olímpicos de 2028, que se prevén problemáticos. De ser así, resultaría patético que la ideología y preferencias personales de un personaje tan ignorante en biología como en olimpismo, pueda condicionar las decisiones del COI, guardián del espíritu y los valores olímpicos que promueven el bienestar humano, la solidaridad y mutua comprensión. 

El problema es que con la aplicación de esta nueva política no solo se prohíbe la participación a las mujeres trans, que está aún por demostrar que verdaderamente disfruten de una ventaja competitiva genérica. También prohíbe la participación de todas las mujeres portadoras del gen SRY, sin importar su herencia genética, la diversidad biológica presente en las diferentes regiones del mundo de las que provienen y, por supuesto, sin saber si todo ello tiene incidencia alguna en el rendimiento deportivo. ¿Quién pedirá disculpas a estas mujeres por obligarlas durante años a someterse a tratamientos de dopaje inverso para reducir sus niveles de testosterona en sangre para poder cumplir con su sueño olímpico a costa de su deterioro físico y mental?

Lástima que toda una campeona olímpica, como la presidenta Coventry, se haya apresurado a colgarse la medalla de la pureza genética revistiéndola de integridad deportiva. Rompe con ello el tímido proceso de inclusión y respeto por los derechos humanos en el seno del olimpismo, al tiempo que promueve una afrenta reaccionaria contra la legalidad internacional que pone en entredicho los valores olímpicos de amistad y respeto mutuo.

domingo, 29 de marzo de 2026

PINTURA: MONET


Durante los veranos de 1896 y 1897, Monet instalaba su caballete a las tres y media de la mañana en un barco amarrado junto a la orilla del río, cerca de su casa en Giverny. Allí se sentaba y pintaba la serie de veintiún lienzos a la que pertenece este. Los efectos de grisalla de la niebla matutina, los árboles apenas visibles a la luz del amanecer y los reflejos tenues en el agua hacen de esta serie, posiblemente, la más sutil que jamás pintó.

Mañana en el Sena, cerca de Giverny (1897) es una serie de óleos impresionistas de Claude Monet que retratan el río Sena al amanecer con una atmósfera brumosa y colores suaves. Pintadas en Giverny, estas obras se destacan por sus tonos azulados y violetas, capturando la luz cambiante y el reflejo del agua.


Las pinturas representan escenas matutinas serenas en el río Sena. El estilo impresionista característico de Monet es evidente en las pinceladas sueltas y el énfasis en capturar los efectos fugaces de la luz y la atmósfera. El artista captura magistralmente la luz suave y difusa del amanecer, que baña toda la composición con un brillo tranquilo y etéreo. El agua refleja el cielo y los árboles, creando una sensación de profundidad y tranquilidad. El uso de colores tenues y pinceladas sueltas contribuye a la calidad onírica de las escenas.


Al observarlas, nos encontramos con unas composiciones que destilan calma y belleza, paz y tranquilidad. Los lienzos están inundados de suaves tonalidades azules y verdes que representan el agua y la vegetación, intercaladas con toques cálidos de amarillo y blanco que sugieren el calor de la mañana. La paleta de colores es, de hecho, uno de los aspectos más fascinantes de las obras; Monet emplea técnicas de pinceladas sueltas y rápidas, creando una atmósfera vibrante en la que el sol parece deslizarse entre las olas del Sena, generando reflejos que dan vida a la superficie del agua.

REFLEXIÓN Y POEMA: DESCANSA EN PAZ


No dejo de pensar en cómo puede ser el mundo interior de esas personas hartas de dolor físico o moral, incapaces de aguantar más, a quiénes solo anhelan dormir y sienten intolerable angustia al abrir los ojos, que anhelan que se les facilite el sueño eterno, el final del sufrimiento, la huida de una existencia que no les amó. ¿Con qué derecho podemos señalarlos  por ir un paso más allá y obligarnos a hacerle frente a nuestro mayor tabú, porque hemos decidido vivir de espaldas a la muerte, como si fuera lo contrario de la vida en lugar de su complemento? 

Desde que era pequeño escuché ladinas mentiras como que quitarse la vida solo lo hacían los cobardes, que la existencia y la muerte únicamente dependían de algo llamado Dios. Durante infinito tiempo estuvo prohibido enterrar a los desesperados en los cementerios cristianos. No los dejaban de joder y de anatemizar ni después de muertos. Y no debe de ser fácil suicidarse. Incluso por razones prácticas. ¿Cuántos cortes hay que darles a las venas? ¿Cómo se ahorca uno para no fallar? O, ¿qué pastillas y cuántas hay que tomar para encontrar el final de la desolación? ¿Y si se lanzan al vacío y aterrizan sobre los inocentes viandantes? Y, de acuerdo, todos nos quedamos hechos polvo cuando alguien muy cercano ha tomado esa solución sin retorno. Pero, ¿podemos imaginarnos la oscuridad, el dolor, la soledad y el desamparo de los que deciden acabar con su infierno? 

Descansa en paz, Noelia. De todo corazón te lo deseo: Descansa en paz. 



Se fue después

de años de sufrimiento

y el campo estaba 

bañado con la hermosa 

luz de la primavera. 

Se fue y ojalá

donde quiera que haya ido

yo la pudiera estar esperando

para darle el consuelo

y el cariño que merece. 

La imagino alejándose 

por el bosque,

subiendo lentamente 

la montaña

con la mirada fija

en sus pensamientos

sin ver nada afuera, 

sin oír ningún ruido

que enturbie la paz

que ahora siente,

extasiada con el oro

de la tarde que cae, 

y me embarga

una extraña mezcla

de tristeza y alegría. 

Y escribo este poema

para hacer con él

un collar de brezo en flor

y colgarlo en su cuello

cuando llegue 

a cualquiera que sea 

el destino elegido

para gozar 

de su merecida libertad.