José María García Castilviejo (1925-2004) siempre se definió como un pintor de pueblo. Inmortaliza con sus pinceles escenas cotidianas de una Castilla en la que, bajo un sol de justicia, un grupo de mujeres cose cobijándose en la escasa sombra que proyecta una casa de adobe, un pastor pasea junto a su rebaño, un segador recoge la mies o un hombre arrea su mula por una desértica calle de Covarrubias. Y frente a silenciosos paisajes de Ampudia, Peñafiel, Villalpando o Tábara en los que parece que el tiempo se ha parado.
Sus cuadros rememoran aquella Castilla vieja, recia, labriega de casas de adobe. La de los campesinos del cerrato y segadores de lomo doblado, alpargata y sombrero de paja, de rostros cuarteados y curtidos por el sol y manos encallecidas por el trabajo del campo. Su pintura siempre se mantuvo arraigada en la honda Castilla. En su alma, en sus gentes y en sus austeros paisajes. Fue un pintor de fuerte raigambre costumbrista, que combinó un realismo lírico con influencias de corrientes impresionistas. Su estilo se caracterizaba por una pincelada suelta pero controlada, con una notable sensibilidad en la representación de la luz y los paisajes.
Características principales de su obra:
Paisajes y escenas rurales: Estuvo profundamente influenciado por los paisajes de Zamora, su tierra natal. Campos, pueblos, ríos y cielos amplios fueron elementos recurrentes en su trabajo. En sus lienzos se percibe una nostalgia por la vida rural, así como una admiración por la belleza natural de su entorno.
Uso de la luz: Castilviejo destacaba por su dominio del uso de la luz. Al igual que los impresionistas, supo captar los efectos cambiantes de la luz natural en los paisajes, dándoles un aire de vitalidad y dinamismo que atraía a los espectadores.
Retratos y escenas de la vida cotidiana: Aunque los paisajes dominaban su obra, también pintó retratos y escenas de la vida cotidiana, en las que reflejaba la vida sencilla y los personajes de los pueblos zamoranos. En estos cuadros, Castilviejo mostró un profundo respeto y cariño por las personas que representaba, capturando su carácter y dignidad.
Colores y atmósferas: Su paleta de colores era cálida, llena de ocres, verdes y azules que evocaban las estaciones del año y los diferentes momentos del día. Este manejo del color contribuía a crear atmósferas envolventes en sus paisajes.










