jueves, 23 de julio de 2026

PROSA POÉTICA: AQUÉL DIBUJO


Recuerdo bien aquél dibujo, posiblemente ahora ande extraviado en el fondo de un cajón. Estaba esbozado con trazos irregulares pero firmes: el tejado y la chimenea eran rojos, la fachada amarilla, la ventana azul, las puertas invisibles, solo existía la de fuera. El sol tenía cara sonriente, escondido detrás de una pequeña nube. Pero aunque creas que lo has perdido para siempre porque lo dibujaste cuando eras muy pequeña y no recuerdes haberlo hecho, la casa sigue ahí. Abre los ojos. Busca detrás de los armarios, bajo las alfombras, en las cajas de cachivaches que se acumularán en algún altillo. Busca detrás de los árboles en que te escondías, bajo las piedras en que enterrabas mensajes secretos, en el cielo donde aprendiste a contar pájaros y a viajar con las estrellas, en aquél terreno donde nos convertimos en exploradores. La casa sigue ahí. En los cuentos y los garabatos, en los juguetes olvidados y las aventuras imaginarias, en las voces que pusimos a tus muñecos, en las tazas, en el jardín y los paseos, en el rostro de las nuevas amigas que tienes o que no tienes, porque espero que aunque sigas creciendo nunca dejes de ser la niña que eras.

Ahora cierra los ojos y dime lo que ves. Nunca hubo puertas porque siempre las dejamos abiertas. ¿Lo recuerdas? Siempre abiertas. Nosotros éramos la casa. Ahora ya no la compartimos. Yo ya no puedo ser lo que era porque me falta un trozo de aquella casa, que cada día se ve más lejana. Me duele porque era nuestra, o sea tuya y temo que nos acabemos olvidando de ella.  Sigue existiendo en aquél dibujo. Búscalo dentro de ti y no lo pierdas, no lo olvides. Por favor, te lo pido: No olvides lo que fuimos en aquella casa.

miércoles, 22 de julio de 2026

POESÍA: UNA VIDA


Aprendió

a respirar,

a ver,

a tocar,

a hablar,

a leer,

a pensar,

a querer.

Le impusieron 

una forma de querer,

de pensar,

de leer,

de hablar,

de tocar,

de ver,

de respirar.

Hasta que murió.

¿De qué

ha servido todo

si todo se hace

se siente y se piensa

conforme

al guión

que otros escriben?

martes, 21 de julio de 2026

POESÍA: BARQUITO DE PAPEL


En el tejado

dientes de lluvia 

mastican nostalgia

por una última

descarga de las nubes

ahora que llega el verano.

El niño se asoma,

mira su barco de papel,

llevado por la pequeña

riada que se pierde

calle abajo.

Llora.

no sabe que su llanto 

viene de lejos.

Tanto como el futuro 

pero empieza a vislumbrar 

la añoranza de ese tiempo:

el barco que nunca volverá,

el olor de la tierra mojada,

la lagartija que se desliza 

rendija adentro

esquivando el chubasco…

No obstante

sigue creyendo 

que su llanto 

es por el juguete.


Mi niño:

tus lágrimas son 

por otras cosas

que siempre se te escurrirán

de las manos.


Crecer es inevitable:

mudarse de una era precisa

y saber que algún día

esta parte de tu vida

o esta vida de tu parte

habrá de quedarse atrás,

en algún rincón 

de la memoria 

y tú, niño mío,

tendrás que marcharte,

creciendo,

dejando atrás el corazón

que la lluvia obliga 

a crecer entre guijarros.

lunes, 20 de julio de 2026

PINTURA/POESÍA: PARA OTTO GRIEBEL


Otto Griebel pintó “La Internacional”, un extraordinario ejemplo del arte de la revolución proletaria, entre 1929 y 1930. El pintor llenó el lienzo con una representación de un número infinito de trabajadores de diferentes nacionalidades, para cantar juntos la “Internacional”. Lo que diferencia esta obra del realismo socialista desarrollado por aquella época es el hecho de que el artista rehúsa a convertir sus figuras en héroes. No parecen optimistas, hay una cierta severidad en sus rostros y posturas. Griebel, desde 1919 miembro activo del Partido Comunista de Alemania (KPD), ilustra el ideal del partido por avanzar junto con el proletariado mundial: Sólo la solidaridad internacional de los trabajadores puede superar los abusos del capitalismo. Así que gráficamente alienta la lucha de clases. Griebel mismo se reconoce en la segunda fila, demostrando la solidaridad entre los artistas y los trabajadores, con la mano en el hombro del minero.


LOS NUESTROS

En aquel tiempo 

en que soñar futuros

nos compensaba 

de un presente terco,

imaginábamos 

que alguna vez

un día

«los nuestros» 

llegarían al poder.

Hoy el presente es terco

de otro modo

y soñar sigue siendo 

un lujo para pobres

sin futuro, pero algo,

al menos algo 

en limpio hemos sacado

de estos años cambiantes:

que sean quienes sean

los que vayan pasando,

si están en el poder, 

nunca serán los nuestros.

domingo, 19 de julio de 2026

POESÍA: MIGRANTES


Si la vida era en Canarias 

miseria y tristeza,

si un velamen 

de alas salvajes 

llevaba a la isla 

hacia los naufragios,

si el crepúsculo 

ahogaba el vuelo 

desgarrado 

de un último pañuelo

y si el grito hería al pájaro,

la gente partía

haciendo frente

con gofio y folías

a los peligros de un viaje

desde la terrible realidad

del océano y la ignorancia.



Abandonaban su pueblo

sus familias

y sus uveros amargos,

la huella de sus pasos 

sobre la arena

antes de subirse

a un barcucho

de mala muerte

para atravesar 

todo un océano,

dejando atrás el reflejo

de los sueños 

en el fondo de un pozo. 

Para los seres humanos 

no hay un acicate

más poderoso

que la esperanza,

deberíamos tener

todo esto en cuenta

ahora que las tornas

han cambiado

y nuestra tierra 

se ha reconvertido

en la meta y ya no es

el lugar de partida.

OPINIÓN: EL NASCITURUS


La derecha ha decidido inhibirse en el problema de la vivienda, para el que sigue repitiendo que lo mejor es no hacer nada, pero vete a saber por qué le entra un deseo irrefrenable de solucionar el problema de inquilinato que tiene el concebido no nacido ya en el vientre de su madre. El poder se erige una vez más en autoridad sobre lo que concierne a la intimidad de la mujer. Bajo ningún concepto los hombres tolerarían que se legislara sobre sus decisiones reproductivas y he aquí el agravio más significativo que sigue humillando a la mujer. Por supuesto, los que han leído a fondo la reforma legislativa que plantea la derecha se han dado cuenta de que tan solo es una ayuda para acelerar la contabilidad de las familias numerosas. Se adelanta nueve meses el reconocimiento del derecho a ver rebajado los billetes de tren y avión y la matrícula escolar y alguna otra de las pocas ventajas de las que gozan.

Sin embargo, en el terreno simbólico, todas las mujeres han entendido que conceder un registro al concebido no nacido lo que hace es ampliar los márgenes para llegado el momento prohibir, como lo estuvo antaño, cualquier legislación que permita el aborto en las primeras semanas de gestación. Menos importancia se le ha dado a la picaresca que desencadenará, pues se registra a alguien que hasta nueve meses después no está forzado a comparecer en persona. Y además al drama de perder un hijo en la gestación de manera involuntaria, algo que sucede demasiado habitualmente, pues el ser humano es un mamífero de fertilidad frágil, se le añade ahora el tener que reiniciar los trámites para borrar del registro al nasciturus perdido. Todo esto es un dislate cargado de ideología. La misma que lleva años pervirtiendo la justificación racional en la que se apoya cualquier legislación sobre el aborto. Que consiste en asumir que el aborto existe y se practica aunque se persiga y se empuje a la ilegalidad. La mujer, sin una ley, es forzada a salir del país o someterse a intervenciones sin garantías, furtivas y con enorme riesgo para su salud. No se legisla para incitar al aborto, sino para regular lo que de otra manera se practica en los márgenes y la indignidad. La derecha siempre ha tenido un problema con los derechos de las mujeres, pero conviene averiguar a quién tratan de engañar ahora con esta estupidez registral.

sábado, 18 de julio de 2026

OPINIÓN: OYARZABAL Y LA FELICIDAD


Qué tendrá la felicidad ajena que es tan indigesta. No hablo de envidia, o no solo. Me refiero a esa efervescente reacción química que se da en nuestros adentros cuando alguien se exhibe ya no feliz, sino razonablemente satisfecho con sus elecciones vitales. Le pasó hace poco al futbolista de la Real Sociedad y de la Selección Española Mikel Oyarzabal, que —por enésima vez— tuvo que aclarar que no se plantea irse a jugar a otro sitio, porque es feliz viviendo a diez minutos de su familia y de sus amigos. “Como yo creo que la vida tiene que ser es que los momentos de disfrute los compartas con las personas que quieres”, dijo. Y esto, que incluso en dialecto futbolístico no merecía pasar de una palabra de ocho letras (obviedad), por lo visto es una cosa bastante intolerable.

Al menos si se fía uno de las reacciones en las redes sociales, donde le han respondido tajantemente: “Conformarse es el veneno más peligroso. Que tus amigos vivan a media hora puede estar bien un rato, pero no puede condicionar tu vida. Oyarzabal se desperdicia como Neymar. En su caso hipoteca el talento por no salir de la burbuja, de esa vida kilómetro cero, de esa trampa”, le espetó uno de esos directores de sucursal de la verdad absoluta. Y aquí otra obviedad: hasta las formas más baratas de provocación —como esta, que cosechó la cantidad de reacciones buscada— llevan grapada una perversidad muy retorcida.

No va de goles con una u otra camiseta. Va de que la felicidad chiquita, doméstica, esa de poder tomarse una cerveza entre semana, de observar como te crecen los geranios o de visitar a quien quieres sin necesitar un astrolabio, es cosa de pobres. Para nosotros está bien lo de gozar de un esparcimiento inofensivo, de piel con piel, tener (o reclamar) jornadas laborales que nos dejen criar hijos o gatos, hacer tiramisús o pasear sin reloj. El “kilómetro cero” se diseñó para los mediocres que nos conformamos porque no hay otra, no para los que han sido ungidos con virtudes casi divinas. Esos, los Oyarzabal, ni deben ni pueden ser felices así “hipotecando” su talento, nos lo deben. Podrán acumular billetes, propiedades y qué se yo, dinosaurios, pero a cambio han de cumplir con el pacto faústico y renunciar nada más que a una cosa: elegir ellos su ambición. Tienen que llegar a la cima, no hay más. Es su responsabilidad, por privilegiados. Y que lloren en sus descapotables si allá arriba se sienten solos.

A santo de qué cometemos la osadía de decirle a nadie, pelotee o no un balón, que ahí no es. Que su felicidad es una trampa. Como si esa felicidad chiquita, sin grandes fanfarrias ni yates ni alharacas no fuera en sí misma un privilegio. Nadie triunfa en ambición ajena, en definitiva. Y la trampa no es conformarse, ni renunciar, ni siquiera elegir. Es la de considerar que nada es suficiente. Tampoco la felicidad, especialmente la felicidad. Cave usted, esfuércese que aún hay más, una olla de oro al final del arcoiris, quedarse ahí es facilón. O en palabras del mismo usuario de antes: “Ser una estrella de tu código postal es la manera más fácil de ser una estrella”. Pero sucede que quiénes fueron hasta allá y cruzaron el arco multicolor descubrieron algo: La recompensa por cavar las mejores zanjas es que te dan una pala más grande. Y, prolongando la cadena hasta el infinito, nunca se encuentra la felicidad porque siempre has de tener más para conseguirla.

viernes, 17 de julio de 2026

REFLEXIÓN: EL ABECEDARIO


Si lo piensas, resulta asombroso que con tan solo las 27 letras del abecedario se pueda escribir El Quijote. O el manual de usuario del microondas. O el Código de Tráfico y Seguridad Vial. O la Biblia en verso. Todo el lenguaje está cimentado sobre esa materia prima tan escasa, aunque capaz de combinarse de un modo insospechado. Las letras, por sí solas, no son apenas nada. Pero cuando se juntan, se repiten y ordenan de distintas maneras, el número de posibilidades crece de un modo que desafía a la razón. No todas las combinaciones acaban convirtiéndose en palabras, claro. El idioma condena, selecciona, canoniza, glorifica. Aún así, el resultado es un diccionario de unas 100.000 entradas o, lo que es lo mismo, 100.000 pequeñas unidades de sentido, cada una con su peso, su historia, su carácter. Pero es en el salto de las palabras a la frase donde se abre el precipicio. Si tomamos esas 100.000 palabras y las mezclamos en oraciones de tan solo diez términos, el número de proposiciones posible superaría quizá a la cantidad de átomos que hay en el universo observable. La gramática, lejos de limitar ese potencial, lo organiza y lo hace habitable: nos dice qué combinaciones tienen sentido y, al hacerlo, nos hace libres para explorar todo ese territorio, incluso para transgredirlo.

Y luego está el significado, que es donde las matemáticas se rinden. Porque una misma frase puede ser una descripción, una ironía, una declaración de odio o el primer verso de la Divina Comedia, dependiendo de quién la diga, a quién, y en qué momento. El contexto altera o multiplica el significado de las palabras de un modo que ninguna fórmula es capaz de capturar del todo. Noam Chomsky llamó a esta capacidad de generar expresiones ilimitadas a partir de medios finitos la infinitud discreta. Veintisiete letras y un número infinito de posibilidades. Por eso resulta tan frustrante no dar a veces con la palabra justa. Y por eso, a mi en particular, me enfadan tanto esos programas de televisión en los que supuestos tertulianos hablan a gritos y pisándose unos a otros, con lo que resulta imposible entender lo que dicen. No es solo una gravísima falta de educación, sino una enorme falta de respeto al lenguaje, que surgió para entendernos. Lo dicen hasta los llamados libros sagrados: Al principio fue el verbo.