jueves, 5 de febrero de 2026

POESÍA: EL VIEJO CINE


En aquella pantalla 

desahuciada del viejo cine

con los asientos de madera

nos enrolábamos en las legiones 

de la Roma invicta

o en batallones perdidos 

en las costas del Pacífico,

y confortados por la promesa

de una corneta lejana, 

éramos húsares, 

dragones o jinetes

del séptimo de caballería 

(por supuesto),

y emergíamos, victoriosos,

confundidos con el polvo 

de la batalla

o gloriosamente heridos

y moríamos la muerte de los otros

como solo saben morir los héroes:

serenos, la mirada al infinito, 

la voz templada,

sin un aspaviento, 

despidiéndonos,

enamorados hasta 

el aliento último

de algún amor lejano

a cuyos brazos 

nunca volveríamos.


Y cuando la pantalla 

se apagaba

y nos marchábamos

y todo era un silencio 

de penumbra y sueños,

los fantasmas de los caídos

(leales camaradas 

o enemigos atroces)

salían a buscarnos, 

perdidos y confusos,

con aquella soledad 

que rompe el alma

a quien no entiende

en qué batalla cayó, 

por qué cayó en la batalla. 

miércoles, 4 de febrero de 2026

POESÍA: SIN CASA


Escucho y abrazo

casi todos los días,

historias de personas 

que no tienen

posibilidad alguna

de acceder a una casa. 

Es imposible incluso

teniendo un trabajo.

Para una gran parte

de la población, 

este es su mundo:

Gente sin casa.

Casas sin gente.

Gente sin cuerpo.

Cuerpos sin gente.

Cuerpos sin casa.

Casas,

sin cuerpo

y sin gente.


martes, 3 de febrero de 2026

POESÍA: APRENDEREMOS


No sabemos nada.

Morimos de abandono

y nos alimentan

con bulos e incertidumbre.


No sabemos nada. 

Nos venden retazos 

de realidad que, 

para colmo, tenemos 

que pagar a plazos.


Nos envuelven 

en verdades de plastilina 

mientras cocinan

un mañana envenenado 

con palabras vacías.


No sabemos nada.

Por no saber, 

no sabemos ni quiénes son. 

Quién se esconde 

tras sus marionetas. 

Quién dirige realmente 

este teatrillo tan cutre. 

Quién sujeta ese telón 

que se destiñe 

con cada nueva mentira.


No sabemos nada. 

No quieren que sepamos.


Pero a pesar de todo, 

sepan que no podrán matar 

nuestra pregunta.

Sepan que solo 

el interrogante

nos hará libres.

Sepan que aprenderemos 

a saber aunque 

nos bombardeen 

cada vez más intensamente

con sus mentiras.

OPINIÓN: MELANIA Y SU DOCUMENTAL


Lo que son las cosas. En España la mujer del presidente afronta una especie de proceso fantasma, un partido de pimpón entre el instructor y el tribunal que le va corrigiendo hasta que veamos dónde cae la pelota. En Francia, la primera dama tuvo que llevar a juicio a los creadores del bulo de su transexualidad. Y en EE UU, el país cuya democracia parece que llegamos a admirar algún día, tenemos a Melania Trump en plena promoción de su documental de autobombo. Los mundos paralelos en los que transcurre nuestro presente siguen multiplicándose más rápido de lo que podemos asimilar.

El documental Melania es “beautiful”, ha dicho la esposa del presidente de EE UU, igual que la “gran y preciosa” ley fiscal que su marido impulsó para deportar, recortar el servicio sanitario y dejar sin empleo a unos cuantos. “Es precioso, emocional, cinemático, a la moda y estoy orgullosa”. Atentos, usuarios de Amazon: esta empresa está despidiendo a miles de trabajadores en el mundo ante el impulso de la IA mientras financia con 40 millones de dólares el documental de la primera dama. ¿Esperábamos algo más de Jeff Bezos? Lo esperábamos. ¿Deberíamos pensarnos lo de seguir comprando en Amazon? Deberíamos. Yo ya no lo hago.

El documental en sí es un hito de estos tiempos: mientras las milicias del ICE encajan diez tiros a un manifestante en el suelo; mientras atrapan a niños de cinco años, penetran en comunidades para secuestrar trabajadores que tuvieron la desgracia de nacer lejos, la exmodelo nos enseña la mansión de Mar-a-Lago y su modelito de toma de posesión, aquel que incluía esa especie de sombrero de castidad para frenar los besos de su marido (lo cual podemos entender). En las vías paralelas que no se cruzarán jamás con la que habita esa peligrosa pareja hay guiones más interesantes que el de ese documental: Trump no ha cambiado, pero la población está demostrando que resistir sirve. La protesta convocada tiene banda sonora de Bruce Springsteen, que se ha apresurado a apoyar a Minneapolis con un blues energizante y que nos gusta mucho más que Bezos, Elon Musk y otros secuaces.

La democracia está muriendo en EE UU porque alguien la está matando, incluidos esos millonarios plegados al poder. Si logra sobrevivir será gracias a esos ciudadanos enfurecidos y, no lo olvidemos, a muchos inversores que están vendiendo bonos del Tesoro norteamericano y que ya no apuestan por el dólar, único lenguaje que parece entender Trump. La alfombra roja no será entonces para Melania, sino para la memoria de Alex Pretti y Renee Good. Estamos ya deseando ver su documental. Y no en Amazon Prime.


lunes, 2 de febrero de 2026

POESÍA: ADMIRACIÓN


Admiro a quienes aman 

y saben o tal vez 

tienen el valor de vivir

como desean,

e hicieron ‒o hacen‒ 

de cada día una celebración,

un arte, a pesar 

de saber que la vida,

eso que llamamos 

con enfermiza insistencia

o con tenacidad 

de visionarios, vida,

es las más de las veces 

algo mediocre,

triste, sucio, 

gastado y violento.

Admiro a quienes eligen 

como divisa de sus días

«El corazón me manda», 

destierran la indiferencia

y no desdeñan otra cosa 

que las pasiones tristes:

el menoscabo de sus vidas.

Y en una época tan sombría

como la que atravesamos, 

ponen pasión en el pasar 

de cada jornada.

domingo, 1 de febrero de 2026

POESÍA: DOS CARAS


Me enseñaron 

un dios todopoderoso,

pero nunca

me identifiqué con él, 

tuve claro que se puede

ser espiritual

y muy terrenal a la vez. 

Me ofrecieron 

la esperanza matemática,

la incógnita resuelta

pero siempre fui 

ciencia errónea

y un cero de izquierdas.

La única eternidad

llega de mano de la parca, 

una rotunda certeza

que no precisa de fe, 

ni existe misterio alguno 

a su alrededor:

Es tan simple

como que existes hasta 

que la hora te llega

y dejas de existir. 

Estamos abocados al reto 

de la incertidumbre

y de la muerte, 

siempre ha resultado

tentador encontrarle

un sentido a esa evidencia, 

pero no lo tiene:


es tan absurdo como eso. 


PINTURA: RUDOLF VON ALT


Rudolf Ritter von Alt (1812-1905) fue un paisajista y pintor arquitectural austriaco. Alt demostró un notable talento para expresar ciertas peculiaridades en la naturaleza. La logró pintar con autenticidad centrando la atención en las diferentes tonalidades del cielo, el tono de color del aire y la vegetación. Sus obras más tarde se acercaron al Impresionismo.

Desde 1886, Rudolf von Alt había estado veraneando en Gastein, en la provincia de Salzburgo. Tenía 87 años cuando creó The Old Spruce en Bad Gastein. El árbol se representa en todo su esplendor frente a un paisaje montañoso cubierto de bosque y se extiende por toda la altura de la imagen. La pequeña figura de una mujer trabajando en el huerto de coles en primer plano hace que el abeto parezca aún más majestuoso, lo que también expresa los profundos sentimientos del artista hacia la naturaleza. El acuarelista utiliza pequeños puntos y pinceladas finas para construir sus elementos pictóricos. La naturaleza parece brillar con la luz del sol. La disolución de las superficies en el aire y la luz refleja el interés que sentía ya por el impresionismo.

sábado, 31 de enero de 2026

REFLEXIÓN: LA BARBARIE


“En 1930 ya era evidente que el poder presidencial estaba en manos de un hombre que no creía en las instituciones democráticas y no tenía ninguna intención de protegerlas de sus enemigos”, escribe Richard J. Evans en el primer volumen de su famosa trilogía sobre el Tercer Reich. Habla de Paul von Hindenburg, el presidente que desmanteló la democracia parlamentaria de la República de Weimar, preparando el terreno para el régimen de 1933. Usando inadecuadamente el artículo 48 de la Constitución, estableció un estado de emergencia permanente con una serie de “gobiernos presidenciales” que mandaron por decreto, sin apoyo parlamentario, recortando derechos y salarios para complacer a los tecnoligarcas de la época. Eran gigantes del acero como Krupp, Thyssen, y Hoesch AG; de la química como IG Farben (un conglomerado que incluía a BASF, Bayer y Hoechst); eléctricas como AEG y Siemens y la cuenca minera del Ruhr. Cuando Hitler fue nombrado canciller en 1933, la democracia alemana ya estaba rota. Los asesinatos empezaron antes de que llegara al poder.

La primera víctima realmente famosa fue Konrad Pietrzuch, un minero polaco y sindicalista de Potempa, ciudad que volvió a Polonia después de la Seguna Guerra Mundial. Una noche de agosto de 1932, cinco miembros de las SA, las tropas de asalto originales del partido nazi, entraron en su casa con sus camisas pardas y lo mataron a golpes delante de su familia. Habían salido a cazar comunistas, sus archienemigos parlamentarios, “enemigos del Reich”. Los Cinco de Potempa, que fue como los llamó la prensa durante el sonado juicio, fueron sentenciados a muerte bajo una ley antiterrorista recién estrenada. Hitler los llamó camaradas y los liberó en cuanto llegó al poder, con una amnistía para todos los que habían cometido crímenes “por el bien del Reich”. En marzo de 1933, habían cometido docenas de asesinatos similares en todo el país.

Al principio, los muertos fueron calificados de terroristas domésticos por el Gobierno, personas violentas que habían ofrecido resistencia durante un arresto, marxistas armados abatidos en supuestos actos de autodefensa por parte de las fuerzas de seguridad. Hay suficiente documentación que contradice la versión oficial: las víctimas eran pacifistas, no llevaban armas y ningún miembro de los camisas pardas resultó herido en ninguna ocasión. Después los nazis dejaron de hacerlo. Hermann Göring los autorizó para arrestar y disparar a su criterio. Con Heinrich Himmler, asumieron el control de la Gestapo y la policía criminal, y emprendieron la tarea oficial de limpiar el Tercer Reich de “enemigos del Estado”: comunistas, opositores políticos, disidentes, judíos, homosexuales y testigos de Jehová.

Cuenta Evans que, si alguien pudiera viajar en el tiempo desde 1945 a la Europa inmediatamente anterior a la Primera Guerra Mundial, ni un contemporáneo inteligente y bien informado creería que, en apenas 30 años, Alemania intentaría asesinar de forma sistemática a todos los judíos de Europa y lograría exterminar a casi seis millones. Quizá en Francia, sacudida por una ola de antisemitismo virulento tras el caso Dreyfus. O en Rusia, donde las Centurias Negras zaristas organizaban violentos pogromos contra la población judía después del fracaso de la Revolución de 1905. Pero algo así no podía ocurrir en Alemania, un país culto y moderno, con universidades de prestigio, numerosos premios Nobel, un sólido Estado de derecho y una industria principal. Ahora sabemos que la barbarie no llega en una ola de inmigrantes, sino que crece en el corazón mismo de nuestra civilización.