Con la crisis económica de la Gran Depresión, muchos artistas estadounidenses vieron en el socialismo y el comunismo una alternativa atractiva al sistema capitalista, que había fallado al “ciudadano de a pie”.
Ben Shahn y otros artistas de izquierdas como Lucienne Bloch, Lou Block, Stuart Davis, Stephen Dimitroff, Hugo Gellert, Boris Gorelick, William Gropper, Max Spivak y Moses Soyer, se afiliaron al Partido Comunista de los Estado Unidos (CPUSA) o se convirtieron en simpatizantes, es decir, estaban de acuerdo con los objetivos del partido, pero no pertenecían oficialmente a la formación. Shahn utilizó su arte como arma en la lucha de clases y, siguiendo el ejemplo de su compañera Bernarda Bryson, entre 1933 y 1934 se unió al Artists’ Union, trabajó como editor y diseñador para Art Front, la revista del sindicato, y colaboró brevemente con el CPUSA (aunque no tardó en renegar del dogmatismo y las luchas internas que encontró en los círculos comunistas, y el idilio con Rusia terminó para muchos izquierdistas después de los Juicios de Moscú instigados por Iósif Stalin). En busca de una estética documental y de detalles “auténticos” que definieran sus pinturas de “perspectiva social”, Shahn empezó a sacar fotografías callejeras espontáneas. Con su cámara Leica de 35 mm y un visor de ángulo recto que le permitía fotografiar a sus personajes inadvertidamente, retrató a neoyorquinos de diversas etnias y razas, a jóvenes detenidos en las cárceles de Nueva York y a los artistas activistas que se manifestaban para conseguir subvenciones, exigir la creación de una galería de arte municipal o manifestar su solidaridad con el resto de los trabajadores en los desfiles del 1º de Mayo.
A mediados de la década de 1930, Shahn ya se había convertido en un acérrimo defensor del New Deal y se trasladó a Washington D. C. Como muchos otros radicales, se unió a otros liberales más moderados en las coaliciones del Frente Popular para protestar contra el fascismo extranjero. Respaldó al presidente del New Deal, Franklin Delano Roosevelt, quien, gracias a unos programas sociales sin precedentes, había conseguido que millones de estadounidenses volvieran a trabajar. Aunque los críticos de derechas condenaban el New Deal por considerarla una política socialista, lo cierto es que contribuyó a mantener la economía capitalista, apuntalándola con garantías sociales.
Shahn consiguió importantes encargos para la realización de murales, tanto a través de sus propias propuestas como de concursos públicos. Había aprendido la écnica de Diego de Rivera. El primero que consiguió terminar, entre 1936 y 1938, es una escena que representa la inmigración de los judíos de la Europa central y del este a Estados Unidos, un desplazamiento que se ha descrito como un éxodo moderno y profano de la persecución del Viejo Mundo a las promesas del Nuevo Mundo.
El mural más logrado y prestigioso de Shahn, The Meaning of Social Security [El significado de la seguridad social, 1940-1942], fue un encargo de la Section of Fine Arts [Sección de Bellas Artes] del U. S. Treasury [Departamento del Tesoro de Estados Unidos] para el edificio que en aquel entonces era la sede de la Seguridad Social en Washington, D. C. Shahn incluyó en la composición a todas las personas a las que iba a socorrer la Ley de Seguridad Social del New Deal: desempleados, ancianos y personas discapacitadas. Sin embargo, haciendo gala de cierta rebeldía, también representó a los que la legislación había dejado fuera: los agricultores y un personaje que podría ser una trabajadora doméstica. A pesar de las industriosas cuadrillas de obreros de la construcción que aparecen en la composición trabajando en proyectos públicos, el mural evita tanto la glorificación de los obreros característica del realismo socialista soviético como la celebración simplista del “estilo de vida americano”.













