martes, 17 de febrero de 2026

POESÍA: DÍAS MALDITOS


Hay días 

en que todo dice no.

Pides pan a la tierra 

y te lo niega.

Pides tregua al dolor 

y te da largas.

Solicitas permiso

para salir a respirar 

y el aire, enloquecido,

no te hace caso 

y se retira.

Son los días malditos, 

los que nunca

están de paso.

Son los días

que no tienen prisa,

los que desde el principio 

dejan claro

que se sienten a gusto, 

que te aprecian,

que les resulta 

confortable tu casa

y que han hecho en ella

una reserva abierta, 

sin fecha de salida.

REFLEXIÓN: JUEGOS OLÍMPICOS DE INVIERNO


Ser de Tenerife implica que para tocar hielo o nieve tienes que abrir el congelador de la nevera, ponerle unos cubitos a la bebida correspondiente o añadirte a la cola de miles de personas que suben con sus vehículos a las Cañadas del Teide cuando cae la nevada de cada año. Lo de practicar deportes de invierno queda muy lejos, a no ser que se considere como tal el ir a correr a la playa alguna mañana que aquí consideramos heladora, en que el termómetro haya alcanzado los 16 grados antes de que el sol salga. 

Teniendo en cuenta esas premisas, es natural que los deportes que se practican en los Juegos Olímpicos de Invierno, el que esto suscribe los vea como algo extraño que proviene casi desde otra galaxia, un mundo ajeno al devenir de nuestros días isleños donde con 12 grados de temperatura, la gente sale a la calle vestida como si estuviera en el Polo Norte. 

Aún así me reconozco seguidor del Patinaje Artístico, que procuro ver siempre que puedo y que en esta olimpiada estoy disfrutando mucho, pues el nivel está siendo muy alto. El resto de modalidades deportivas las conozco casi de pasada y si alguna vez me paro a verlas es más por curiosidad que por otra cosa, pues desconozco hasta las reglas por las que se rigen. Y agradezco el esfuerzo de los comentaristas televisivos por explicar esas normas, que ayudan a entender mínimamente lo que está pasando. 

Ya llevamos unos cuantos días de competición y me han sorprendido algunas polémicas que están salpicando el normal desarrollo de los juegos, pues parece que el afán de protagonismo de algunos y la estúpida rigidez de ciertas normativas es un mal de nuestro tiempo que termina por pudrirlo todo. Ahí están desde el esquiador que tras ganar una prueba pide perdón llorando frente a  las cámaras de televisión a su pareja por haberle sido infiel, hasta el deportista ucranio de skeleton (otro deporte raro en el que se lanzan boca abajo en un minúsculo trineo por una estrecha pista) al que han descalificado por llevar un casco con imágenes de 24 deportistas ucranios muertos en la guerra tras la invasión de Rusia. Y pasando por el escándalo de las imágenes en dibujos animados de la cabecera de las retransmisiones de la RAI, que empiezan con la imagen del Hombre de Vitruvio, el famoso dibujo de Leonardo da Vinci realizado sobre 1490, y que para esta ocasión le han le han eliminado sus atributos varoniles. ¿Por qué? Pues no se sabe, aún se está investigando. Como se investiga también para averiguar si los saltadores de esquí se han agrandado el pene con ácido hialurónico para alterar el tamaño permitido del mono que utilizan. De esta manera pueden volar más: el área del traje influye en la sustentación y milímetros de tela que pueden traducirse en metros de salto. En fin, que nunca se sabe para qué queremos según qué cosas.

Pero para escándalo, y esta vez lo digo muy en serio por lo desagradable y negativo del asunto está la figura de la biatleta francesa (deporte que combina la marcha nórdica con el tiro de precisión) Julia Simón, a la que se la ve en una imagen mandando callar a los espectadores, tras alcanzar el primer puesto en la meta en la prueba individual femenina de 15 kilómetros y ganar la medalla de oro. “Anoche leí un artículo muy malo sobre mí y quería exigir el respeto que merezco”, justificó tras la conclusión la flamante campeona olímpica. “Quien quiera chisme, que se vaya a buscarlo a otro lado”. ¿Y de qué iba lo que ella calificaba como chisme, se preguntará usted? Pues que el 24 de octubre de 2025, un Tribunal de Albertville la declaró culpable de hurto y fraude, delito que, según diversas fuentes, habría cometido en fechas coincidentes con concentraciones de la selección francesa en Suecia, Noruega y Francia entre diciembre de 2021 y septiembre de 2022. El delito de la angelita fue hacerse con las contraseñas bancarias de una compañera de selección y de un técnico del combinado galo. Durante meses, la biatleta sacó partido de la situación para efectuar compras con las tarjetas de crédito de ambos. La condena le supuso tres meses de prisión condicional (esto es, solo iría a la cárcel en caso de reincidir) y una multa de 15.000 euros. La criatura está muy molesta con las contínuas preguntas que se le hacen sobre el caso, porque al tratarse de una olimpiada, entiende que deberían centrarse en el tema deportivo. 

En fin, que como ven, los juegos de invierno están muy calentitos. 


lunes, 16 de febrero de 2026

FOTOGRAFÍA: DINA GOLDSTEIN


De la sonrisa de Mona Lisa de Leonardo Da Vinci al hombro descubierto de Madame X pintada por John Singer Sargent que le valió, a la retratada, ser ridiculizada por los críticos de la época por lo que consideraron una actitud vulgar y promiscua. A lo largo de la historia, los hombres han convertido a las mujeres en sus musas y han usado sus cuerpos y sus rostros para expresar sobre el lienzo sus visiones del mundo y también sus deseos. Las mujeres no eran individuos autónomos, sino un canal que conectaba al artista con el público o, incluso, al artista con su propio inconsciente.


“Mientras que algunos artistas masculinos celebraron la figura femenina con reverencia o empatía, otros la objetivaron o fetichizaron, contribuyendo a los debates actuales sobre género, dinámicas de poder y la representación de la mujer en el arte”, explica la fotógrafa Dina Goldstein, que ha decidido cambiar la narrativa con su serie Mistresspieces. En sus imágenes, esas figuras femeninas icónicas, esas percepciones masculinas de la feminidad que han marcado la historia del arte, reclaman un lugar en el mundo actual, uno en el que ya no están sometidas a la mirada de los hombres pero sí al devenir de un mundo inundado de plástico, inteligencias no humanas y paquetería de pedidos online.


Con su enfoque cautivador, Goldstein exhorta a ver más allá de la superficie de las imágenes y a reflexionar sobre temas complejos que conciernen a nuestra sociedad. Cada fotografía es una invitación a explorar no solo la belleza, sino también los desafíos cotidianos a los que cada uno de nosotros nos enfrentamos.


Estamos ante una verdadera artista visionaria, capaz de transformar la percepción común de la realidad en una obra de arte. Su trabajo ha sido reconocido con importantes premios, entre ellos el premio especial Arte Laguna en 2012 y el gran premio del Prix Virginia en 2014.






domingo, 15 de febrero de 2026

REFLEXIÓN: YO SÍ TE CREO


Cada vez que veo, escucho o leo a la actriz Elisa Mouliaá hablar desde pantallas, radios o redes, me debato entre dos prontos. El de darle un abrazo de los largos y el de llevármela aparte y decirle cuatro cosas. Como no soy su padre ni su amigo ni su colega ni me toca nada, no he hecho ni una cosa ni otra. Pero como, en el fondo, me toca todo como persona, como hombre y como ciudadano de un país donde todavía se insulta a las denunciantes de acoso sexual desde la mismísima sede de un partido político, me tomo la libertad de ponerme al teclado y dedicarle mi particular bagatela Para Elisa. Mouliaá, hermana, yo sí te creo. Creo que te sentiste acosada, invadida y violentada sexualmente por el político Íñigo Errejón aquella noche de fiesta. Estoy seguro de que guardaste dolorosamente aquella violencia sentida en tu conciencia como gusano atrapado en ámbar y que seguiste con tu vida como mejor has podido. No dudo de que, apelada en lo más hondo cuando trascendieron otros presuntos abusos de Errejón y él mismo no los negó y dimitió de todos sus cargos, decidieras, valientemente, dar un paso al frente y denunciarlo, por ti y por todas tus compañeras. De verdad que me creo todo eso y, a la vez, también creo que tus erráticas idas y venidas en este proceso no le hacen bien a ninguna víctima. La primera, a ti misma.

Las víctimas no tienen por qué ser buenas ni mucho menos ejemplares, por supuesto. Una víctima puede ser incoherente, inestable, imprevisible, volver locos a abogados y a amigos, perder los nervios y los papeles sin tener necesariamente por ello que perder la razón en su denuncia. Se puede ser víctima y terraplanista, antivacunas, negacionista del cambio climático y, sí, también maltratar a otras personas a ratos o a impulsos. Desde fuera, Mouliaá parece ser, a su pesar, la perfecta mala víctima, y puedo entenderla. Debe de ser durísimo coger una bandera y que nadie se sume a tu lucha, pero tampoco se puede coaccionar a nadie a hacerlo. Claro que me creo tu sentimiento. Que la conducta de quien lo provocó sea un delito con su consiguiente pena lo tiene que decidir un juzgado. Mientras tanto, es evidente que Elisa está sola. Muy sola. Y no debiera estarlo. Por eso, sin ser yo su padre ni su amigo ni su colega y sin que me toque nada, pero tocándome todo y con todo mi respeto, vaya desde aquí ese abrazo que nunca le he dado. 

POESÍA: INTERIOR

 


Lo que me figuro 

será un barranco

por donde la sangre

fluye dócilmente 

abriéndose paso 

entre palmeras.

Lo que arrastra 

son esquemas

que un día fueron

sustrato para alfombras,

alfileres precisos

que llevarse a la boca 

en la espesura.

Todo se lo han llevado

los años, la saliva,

bajarse recuerdos

lo que queda.

Cavo surcos por el día,

volverán los charcos

con su desorden

a las alcantarillas 

de mi cuerpo.

De la espalda de la tarde

brotarán tímidas ramas,

quizás nuevas ropas

para quitarme antes del mar.

En esta vida ya no seré

quien vuele de la mano

de alguien entre las nubes:

Prefiero volar solo. 

sábado, 14 de febrero de 2026

POESÍA: UNIDAD


Con mesura se abre 

lo inconsciente

y en lo infinito 

el mundo alza su vuelo.

Siento cómo el juicio 

se pronuncia;

con admiración 

sigo su curso.

Sostenido 

en un solo concepto

se erige vertical un edificio:

Y se une a miríadas 

de estrellas

que una divinidad 

lejana alumbra.

El Yo, por fuerza, 

ha de reconocer

que sólo contiene 

la verdad en la forma

y puede consumirse 

en una llama fría.

Pero aunque 

sean innumerables 

las manifestaciones 

de la forma,

nada puede separarlas 

de la unidad.

En la más profunda 

profundidad aparece, 

soleado, el mundo.

PINTURA: JOHN TARAHTEEFF


John Tarahteeff  es conocido por sus composiciones de factura clásica que desafían la percepción del espectador mediante juegos de escala, una iluminación inusual y la tensión psicológica subyacente entre la inocencia y el conocimiento. Desafía los límites de lo posible en la pintura figurativa con un uso magistral del acrílico sobre lienzo. Tarahteeff crea dramas escénicos que se desarrollan en las profundidades de la imaginación. En sus pinturas, el momento se define más por la multiplicidad de significados potenciales que por una narrativa plausible. Sus situaciones quedan sin resolver, suspendidas en plena acción.


Las pinturas de John Tarahteeff evocan el surrealismo con un toque neoclásico. Los ambientes nos adentran en la mente del artista, creando entornos surrealistas y, a la vez, sorprendentemente familiares. Las figuras recuerdan a las pinturas de los grandes maestros; son seductoras, atractivas e invitan al espectador a sumergirse en el cuadro. El artista demuestra una gran destreza técnica, así como un profundo conocimiento y aprecio por la historia del arte.


Su obra puede interpretarse como narrativa y simbólica, incluso alegórica, pero renuncia a una finalidad didáctica. La ambigüedad expresiva de sus figuras —ya sean marineros descansando junto al mar y fumando o una niña corriendo por las dunas— se presta a la interpretación del observador. 

viernes, 13 de febrero de 2026

OPINIÓN: MENORES EN REDES SOCIALES


Aquellos que no participan en las actividades de las redes sociales padecen el espejismo de una cierta exclusión. La presión es tal para adherirse al negocio de unos pocos, muy pocos, que no es raro que te hagan sentir marginal y apartado tan solo por negarte a formar parte de algo que es a ratos cierto y a ratos una fantasía, pero que, sobre todo, debería ser siempre voluntario. Es precisamente la voluntad de los menores lo que está en entredicho, pues en una edad en la que debería primarse la afectividad y la diversión se les ha conducido obligatoriamente a la sobreexposición y a la pérdida de la inocencia. Liberar a los menores de este experimento social fallido que ha machacado ya a un par de generaciones de jóvenes es una prioridad muy necesaria para la próxima década. La actividad básica de las redes sociales para adultos acaba por ser la autopromoción, un ejercicio grotesco, pero en los jóvenes está bordeando los límites de la autolesión. Hasta ahora, los medios han pasado de puntillas por el grado de culpabilidad de un sistema de tratamiento del tráfico forzado en las redes que en ocasiones ha llevado a jóvenes directamente al abismo. Suicidio, dependencia, adicción no son derivadas que toleraríamos en otras industrias; sin embargo, en la hipercomunicación nos han rendido a la pasividad gracias a las presiones desregulatorias que defienden los tecnocaciques armados con sus grandes fortunas.

El presidente Sánchez decidió hace tiempo que si los enemigos te surgen como setas, lo que más te conviene es seleccionar con alta precisión a quién eliges tú como enemigo. Es una estrategia defensiva como otra cualquiera. Al involucrarse en el conflicto de los jóvenes y las redes sociales, ha vuelto a poner en marcha su sistema selectivo de enemigos. Los tecnocaciques han salido en tromba contra él, pues ya se han acostumbrado a poner y quitar gobiernos, volcados como están en la financiación de partidos que lleven en el programa no regular nada que afecte a sus lucrativos negocios. A raíz del anuncio de la posibilidad de sumarnos a Australia en el veto de las redes sociales para menores de 16 años, los falsos libertarios de Silicon Valley han tronado con furia. Los cuatro jinetes que cabalgan este apocalipsis son desafiantes, pero mal haría el presidente Sánchez en querer enfrentarse a ellos como una especie de superhéroe. Es precisamente la cultura individualista del superhéroe la que ha nutrido la formación de estos oligarcas. Su incultura enciclopédica suele venir compensada por una enorme habilidad en el manejo de las sabidurías prácticas, en especial del algoritmo para la manipulación social. Esta disciplina no estaba en el currículum de ningún sabio antiguo, pero define la potencia interventora de los caciques modernos.

Si queremos proteger a las futuras generaciones, es conveniente hacerlo con un batallón de aliados. Los psiquiatras infantiles están empezando a catalogar el desastre que la temprana exposición al móvil, y las conclusiones analíticas delatan mecanismos adictivos, conductismo autoritario y fabricación de desamparos precoces. Pero no corramos a prohibir sin reflexionar antes, porque todos los problemas de nuestra sociedad nacen del mismo lugar: la decadencia educativa al asumir unos valores que priman el dinero fácil, la fama inmediata y una tosca idea del éxito por encima de toda aspiración noble. El fracaso emocional que ha arrastrado consigo esta nueva vinculación al vacío como si fuera la plenitud es dramático. Como en los antiguos cortijos, el interés de los señoritos pisotea cada día la dignidad de los santos inocentes.