domingo, 3 de mayo de 2026

POESÍA: DÍA DE LA MADRE

 


Hoy denuncio

a los que condenan

a tantos niños

al hambre 

por haber secado

de forma miserable

el manantial de leche

que habría de brotar

desde los pezones oscuros

de sus madres.


PROSA POÉTICA: INVISIBLES


En cada ciudad, en cada pueblo, en cada rincón, los ciudadanos pueden encontrarse con pequeñas sorpresas. Sin que ellos se den cuenta, son observados por ojos invisibles que vigilan todos sus movimientos. De forma inconsciente, los ciudadanos notan su presencia pero no logran localizarlos. Silenciosos, omnipresentes, escondidos a plena vista, los ángeles neutrales son tan viejos como el universo, pero nadie sabe realmente de dónde vienen. Se les describe como las criaturas más solitarias del universo, ya que su reacción de encierro cuántico les impide socializar.


Escondidos bajo formas pétreas, estas criaturas nos vigilan. Su presencia nos reconforta, alivia los males de nuestro espíritu. Iglesias, parques, plazas, están en todas partes. Habitan entre nosotros sin que nadie les preste atención, más allá de una distraída mirada mientras caminamos a zancadas, inmersos en las pequeñeces de nuestras vidas. Piensa en una estatua de las que hay en cualquiera de los parques o plazas del lugar donde vives. Imagina que pudiera moverse siempre y cuando no estés mirando. Desde sus pedestales otean a los humanos que respiran a su sombra. Si algún día paseas por una plaza, sin nadie más a tu alrededor, no pierdas de vista la estatua que preside el lugar. Y si alguna vez, al cerrar los ojos, sientes a tu lado una presencia que no puedes explicar, ya sabes la razón. No estás solo porque el espíritu de los seres pétreos también te hace compañía.

sábado, 2 de mayo de 2026

POESÍA: DESALIENTO


JIM MORRISON, 3 de julio 1971.

JIMI HENDRIX, 18 de septiembre 1971.

JANIS JOPLIN, 3 de octubre de 197.


Hay canciones 

que son como un galope.

Dibujan trastornados

jeroglíficos

sobre un hilo de aire 

que abandona la amable 

hospedería del encaje.

Canciones que son cactus

columpiándose en los desiertos.

Canciones como esponjas 

traídas en alguna

expedición remota

que acarician la piel 

adolescente.

Canciones que son nanas 

para adultos renacidos

y que casi no hablan, 

sólo besan.

Canciones que se posan 

en las zarzas de octubre

y son único pasto 

para ancianos gorriones

que han perdido su vuelo.

Canciones que se abren 

y son frutos de higuera,

canciones que, incrustándose

en la cansada urdimbre 

del algodón usado,

nos entibian las camas 

cuando no somos niños.

Sé que hay otras canciones

que son como tijeras

que empuñan 

los caballos desvalidos.

Son las que inyectan 

poco a poco el desaliento

y prefieren sonar 

en la mañana.

Y son losas, cuchillos, 

hojas finas para venas 

que ansían el descanso.

Son vómitos de hielo 

sobre el agua.

En su mejor momento,

son suicidios

que entregan su relevo

mientras se van callando

definitivamente


quienes las interpretan.

viernes, 1 de mayo de 2026

POESÍA: 1 DE MAYO


Veo en la pantalla

esas serias caras de fariseos

y siento ganas de vomitar

cuando guardan silencio

por sus muertos

mientras dejan

que los cuerpos de los niños

(que no son suyos,

que no merecen su palabra

ni su silencio)

sean desgarrados 

por las bombas cada día,

allá lejos,

donde enviaron 

barcos, aviones y tanques

a plantar semilllas de libertad.

Eso decían,

eso siguen diciendo.

Y no se les cae la pétrea 

cara de vergüenza

porque la tienen cosida

con las venas

de los que han asesinado.



Y la sangre ya no se les va

de las manos

por mucho que las laven:

puedo verla

manchando los impolutos 

trajes de demócratas.

Muchos sabemos ya

que están desnudos.

Pero siguen tapando 

con pueriles mentiras

la evidencia que los condena,

mientras consuelan 

a los que pierden

a sus hermanos, hijos y amados

en la pira que sólo 

ellos encendieron.

Aún veo la ceniza 

cubriendo sus caras,

manchando la pantalla,

rebosando como pus,

extendiéndose 

por el suelo de la sala,

llenando mi nariz

con el insoportable olor

de aquellos que murieron

por sus acciones criminales.

Por eso este 1 de Mayo,

como todos y cada uno

de los días 

que me queden por vivir,

seguiré elevando la voz

para gritar ¡No a la Guerra!

PINTURA: KÄTHE KOLLWITZ

 


Una de las artistas que representa mejor el espíritu de lo que significa el 1 de mayo es la grabadora alemana Käthe Kollwitz. Su obra “La Marcha de los Tejedores en Berlín” (1897) se erige como un faro de la expresión social y política a través del arte en un periodo marcado por tensiones laborales y la lucha de clases. Kollwitz, una de las artistas más influyentes del movimiento expresionista alemán, utiliza esta pintura para reflejar un momento crucial en la historia de la clase trabajadora, en específico, la huelga de los tejedores que tuvo lugar en Berlín en el siglo XIX. A través de su potente representación, la artista no solo documenta un evento, sino que también evoca una respuesta emocional ante la injusticia social.

La composición de la obra reúne a un grupo de tejedores en una compleja trama de figuras que transitan en un movimiento aparente, casi coreográfico. Los cuerpos, en su mayoría masculinos, son representados con una fuerza física que sugiere tanto resistencia como determinación. La disposición de las figuras dentro del cuadro crea una línea diagonal que guía la mirada del espectador, enfatizando la marcha hacia adelante, un símbolo de la lucha y el avance en la búsqueda de derechos laborales. Cada figura es individualizada, con expresiones que van desde la determinación y la solidaridad hasta el cansancio y la desesperación, indicando las diversas respuestas a su difícil situación compartida.

En la agitación política posterior a la Primera Guerra Mundial, muchos artistas optaron por la impresión en lugar de la pintura. La posibilidad de producir múltiples copias de la misma imagen convirtió el grabado en un medio ideal para difundir declaraciones políticas. La artista alemana Käthe Kollwitz trabajó casi exclusivamente en este medio y se hizo famosa por sus grabados que celebraban la difícil situación de la clase trabajadora.


Revuelta (A las Puertas de un Parque) (1897) representa una multitud, con rostros marcados por la desesperación y la determinación, se agolpa contra unas puertas de hierro forjado de diseño ornamentado. Los intrincados detalles de la vestimenta de los individuos, los elementos arquitectónicos y la fisicalidad de sus movimientos transmiten una poderosa sensación de emoción y tensión. El uso del grabado por parte de Käthe Kollwitz ha permitido líneas finas y marcados contrastes, realzando la intensidad dramática de la escena.


Monumento a Karl Liebknecht
(1919), se erige como un profundo homenaje a la figura de Liebknecht, un destacado político alemán y uno de los líderes de la Revolución Espontánea de 1918-1919. Esta pintura no solo se inscribe en la historia de la representación del realismo social, sino que también refleja la preocupación de Kollwitz por las injusticias sociales y el sufrimiento humano.

Varios artistas de la época crearon obras conmemorativas para Liebknecht y Luxemburgo. Las más conocidas (junto con la obra de Kollwitz) son “El martirio” de Max Beckmann, de su portafolio ” El infierno de 1919″ (arriba), y ” La gente sobre el mundo” de Conrad Felixmüller , de ese mismo año. A diferencia de estas obras, ” In Memoriam Karl Liebknecht” de Kollwitz no se centra en el hombre en sí, sino en los trabajadores que depositaron su fe en él. El enfoque en los afectados en general, en lugar de en los protagonistas, es un tema constante en la obra de la artista, reflejado en sus obras más famosas del ciclo de la Guerra , que no representan a los soldados ni los combates, sino el sufrimiento de las mujeres y los niños abandonados y hambrientos.



Solidaridad (1932), realizada en una paleta monocromática, representa a cuatro personas muy cerca, con los brazos entrelazados en un gesto de solidaridad y apoyo. Las figuras, caracterizadas por sus líneas gruesas y expresivas y rasgos robustos, parecen transmitir una sensación de resiliencia decidida ante una adversidad invisible. La mirada intensa y la expresión sombría de sus rostros capturan la carga emocional de sus luchas compartidas. La simplicidad y la crudeza de la composición resaltan la cruda emoción humana y la fuerza colectiva de los individuos retratados. Esta obra es una conmovedora representación de la capacidad del espíritu humano para la unidad frente a los desafíos y la adversidad.

jueves, 30 de abril de 2026

POESÍA: TRILOGÍA GATOS (DOS)


No obedecen porque 

no reconocen jerarquías,

ni pretenden imponerlas 

sobre los demás.

Ninguna voz los somete,

ningun mandato 

les sirve de brújula.

Obedecer, para ellos, 

sería una rendición sin motivo,

una renuncia al alma 

que los nombra.

Rechazan con firmeza 

la caricia no pedida,

la orden disfrazada de halago.

No temen el aislamiento, 

no lloran si no los buscan:

conviven con la soledad 

como quien comparte el lecho

con una hermana que nunca hiere.

Para ellos, el aislamiento 

no es castigo,

sino refugio donde 

la identidad respira intacta.

He descubierto en su distancia 

una forma distinta de cercanía,

un vínculo que no necesita

proximidad constante

para ser profundo.

La soledad no es vacío, 

sino presencia sin testigo.

Y testigos de sí mismos, 

sin público ni aplauso,

nos enseñan que hay libertad

en no necesitar la mirada

del otro para ser real.

La lealtad de los gatos 

no es servidumbre,

es elección silenciosa 

que cambia de forma,

pero no de fondo.

No vienen cuando los llaman

y sin embargo llegan 

cuando más los necesitamos.

No porque se les ordene, 

sino porque ellos deciden.

Y en ese acto 

—ínfimo, grave, perfecto—

la obediencia 

se vuelve irrelevante,

y la soledad, 

una dignidad intacta.

miércoles, 29 de abril de 2026

POESÍA: TRILOGÍA GATOS (UNO)



No suplican alimento, 

lo exigen con la dignidad

de quien jamás ha aceptado 

sobras con sonrisa.

Se sientan frente al cuenco 

con la certeza

de que no están pidiendo: 

están recordando que existen.

Y comen sin premura, 

sin los modales del vencido,

con esa lentitud 

que no teme interrupciones.

Yo veo en sus gestos la pureza 

de una necesidad sin culpa.

Cazan sin odio, 

matan sin odio, 

muerden sin odio.

No hay guerra en su acecho, 

solo oficio.

No hay crueldad en sus dientes, 

solo técnica.

Y aun así, el mundo les teme 

como a lo que no necesita

adornar su violencia 

con discursos de justicia.

Yo, que he sangrado 

por causas que no eran mías,

los miro con envidia: 

ellos no se confunden de enemigo.

Su combate no es masacre, 

su victoria no es desfile.

Una vez vi como un gato

atrapaba un gorrión

y luego lo soltaba, no por piedad,

sino porque ese día 

no necesitaba matar para vivir.

Y entendí que la necesidad 

es mas limpia que el deseo.

Ellos no matan por arte, 

ni por fama, ni por venganza.

Solo porque el cuerpo 

lo pide con la precisión

con que el invierno pide 

abrigo y no discurso.

Yo, que he deseado 

venganza con el hambre

de quien fue traicionado

por confiar,

aprendo de su olfato 

a distinguir el instinto del rencor.

No se manchan con lo innecesario.

El mundo no necesita sentido,

solo orden.

Y en sus rutinas

de depredadores medidos,

ordenan el caos 

sin violencia gratuita.

Si los ves matar, no los acuses:

obsérvate a ti mismo, 

comiendo con las manos limpias

tras haber pedido a otros 

que hagan por ti la matanza.

Ellos, al menos, asumen 

el precio de su carne.

martes, 28 de abril de 2026

OPINIÓN: DOLORES VÁZQUEZ


Un día, cuando te hayan castigado lo suficiente, te darán una medalla. Harán discursitos y habrá cóctel. Te darán una palmada en la espalda y te dirán que todo está perdonado. Recuerda: no será para ti. Será para ellos.

(René Girard)

Acción y efecto de reparar algo roto o estropeado. Desagravio, satisfacción completa de una ofensa o injuria. Como tantos otros, cuando las palabras no terminan de corresponderse con la realidad a la que creo que aluden, recurro de manera instintiva al diccionario. Lo hago con una fe infantil, como si de alguna de las acepciones del vocablo “reparación” pudiera entresacar un rasgo distintivo, un matiz definitivo que moldee la palabra a la medida de la realidad para paliar la disonancia cognitiva que me provoca que se le quede pequeña. O más bien demasiado grande. El acto de reparación a Dolores Vázquez, que anunció el Gobierno hace semanas y que se celebra hoy, es justo y necesario en primer lugar porque ella lo reclamó. “En mi corazón, necesito que el Gobierno me pida perdón”, declaró el año pasado durante la entrega de un premio que se le concedió, en Betanzos, su localidad natal y de residencia. “Este es mi pueblo y no es lo mismo, es mi gente, la que lleva siete años conviviendo conmigo y me conoce. Lo de hoy es especial y sé que no voy a tener otra oportunidad así, pero no es suficiente”. 

Me pregunto si será suficiente para ella el acto del Ministerio de Igualdad, que contará con la presencia de la ministra Ana Redondo y del ministro Fernando Grande-Marlaska. Si la entrega de la Medalla a la Promoción de los Valores de Igualdad conseguirá que Dolores Vázquez se sienta resarcida del enorme daño que se le infligió. Si una distinción gubernamental convalida una disculpa nacional. Y si en tal caso, la disculpa nacional que merece una mujer que pasó 519 días en la cárcel, condenada injustamente, dentro y fuera de los tribunales, en un juicio que tuvo más de ordalía mediática que de proceso con garantías, le podría, de algún modo, bastar. Si cuanto más nos empeñamos en ensalzar a una víctima es porque menos dispuestos estamos a agachar la mirada frente a ella y rogarle un perdón que nos queda tan grande como a esta coyuntura el significado profundo de la palabra reparación. Me pregunto si a este perdón simbólico, de mano del Gobierno, le acompañarán o han precedido otros perdones concretos. Si en algún momento los miembros del jurado popular que la declaró culpable han tenido el valor de disculparse con ella. O el juez instructor del caso. Si ha hecho lo propio, por ejemplo, Juan Manuel de Prada, que escribió una repugnante columna en ABC titulada El amor estéril, el que, según él, sienten por defecto las mujeres enamoradas de otras, como hipótesis sobre el móvil del crimen. 

Él y otros tantos, que, en la prensa y en las televisiones, echaron leña al fuego del mito de la lesbiana perversa... ¿Se acuerdan de lo que le hicieron? ¿De lo que contribuyeron a hacerle? La disculpa hoy será gubernamental, y podrá ser un primer paso, pero la responsabilidad múltiple de lo ocurrido no debería difuminarla. Tiene nombres y apellidos. Del mismo modo, Dolores Vázquez es mucho más que el emblema de un gravísimo error del sistema, cimentado en un terrible prejuicio compartido, a quien ahora se intenta reconocer con un acto simbólico. Le baste a ella o no, es una persona y no fue tratada como tal, ni siquiera ha recibido una indemnización por el tiempo que estuvo encarcelada. Lo peor de todo es que en cualquier momento puede aparecer otra Dolores Vázquez, podría ser cualquiera y el circo mediático se volvería a repetir. De eso no tengo la más mínima duda, los buitres humanos nunca defraudan a quiénes siguen su ejemplo.