domingo, 12 de julio de 2026

POESÍA: EL JUEGO DE LA SILLA


Lo llamamos 

el juego de la silla.

Los jugadores 

se sientan en círculo, 

cada uno en una silla:

tan pronto como suena 

la música se levantan

y giran velozmente 

hasta que ésta se detiene;

entonces 

se sientan de nuevo,

pero una silla ha sido retirada.

Para cuántos, quizá 

la mayoría de nosotros,

es una imagen 

perfecta de la vida:

una oportunidad fallida,

algo que debió ser, 

pero no fue consumado,

el pájaro invisible 

que nos rozó con sus alas.

Aquella pareja 

que abandonamos,

aquella carrera 

que no estudiamos,

aquel trabajo 

que no osamos solicitar,

aquella ciudad 

en que no nos decidimos 

a residir,

aquellos amigos 

que no nos atrevimos a tratar.

Y sin embargo 

era lo que nos gustaba,

hubiéramos sido genios 

o hubiéramos sido felices.

En cambio ahora somos

menos que nada,

porque pudimos serlo 

y no lo fuimos,

no por necesidad 

ni por imposición

de algo o de alguien,

sino por rutina 

o comodidad o simple cobardía.

No dimos el golpe de timón

cuando nuestra barca 

era arrastrada por la corriente,

no nos arrojamos al agua

cuando vimos la perla 

desde encima del puente,

la sonrisa de la desconocida

se extinguió después

de cruzarse con nosotros

sin que fuésemos capaces 

de dirigirle la palabra.

Un segundo 

para equivocarnos 

y todo el resto del tiempo

para lamentarlo.

OPINIÓN: UN FALSO DEBATE


Como bien sabía el quisquilloso de Freud, nos damos a conocer más en los descuidos que en las palabras meditadas. Muy meditadas no han sido nunca las palabras del asesor de la presidenta de Madrid Miguel Ángel Rodríguez, y no merecerá el labrado en mármol el tuit que esputó tras el anuncio de la ley madrileña del concebido no nacido: “Esto significa que, según termina de fecundar, antes de ducharse, lo que tiene la mujer en su vientre es una persona con derechos”. Más allá de la brutalidad tabernaria, llamó mi atención ese “antes de ducharse”. La urgencia de una ducha tras un polvo puede indicar que este no ha sido un rato placentero. Frente a los amantes retozones, que se fuman un pitillo si son fumadores, o que se amodorran entre perezas, charlan y disfrutan de la paz tibia de los cuerpos desnudos, el asesor nos presenta a una mujer que salta a la ducha apenas acaba el coito, quizá avergonzada y arrepentida, con ansia por borrar cualquier resto ignominioso.

La frase deja entrever un desconocimiento tan atroz de las artes de amar y de vivir que no es extraño que su partido haya decidido dejar de legislar sobre las personas y empezar a hacerlo sobre los embriones, organismos más comprensibles desde su experiencia del mundo. Los seres humanos somos paradójicos, inconsecuentes, temerarios y nos dejamos llevar demasiado a menudo por el deseo o la gula, atentando contra nuestro cuerpo a cambio de un poco de placer. Pensamos una cosa y decimos otra, y exigimos a los demás una rectitud moral que no nos aplicamos a nosotros. Pero los concebidos no nacidos son seres perfectos sin voluntad ni asomo de conciencia. Son pureza divina, suspiritos del Espíritu Santo.

El único problema intelectual de estas leyes con las que buscan agitar un debate sobre el aborto que no existe en la sociedad española y solo interesa a una minoría de fanáticos religiosos es que requieren saber un poco de latín. Términos como nasciturus y concepturus se confunden fácilmente con nosferatu, y si estiramos la idea de persona antes de su fecha de nacimiento, ¿por qué no abrazar la idea vampírica del no-muerto y prohibir los enterramientos? Las leyes sonarán así a un conjuro de Harry Potter. Si uno abandona la escueta y límpida línea del Código Civil, que dice que una persona lo es desde que nace y deja de serlo cuando muere, y se adentra en la teología latinista en busca de almas y conciencias, corre el riesgo de invocar a muchos demonios que hoy duermen profundamente. Lo peor es que lo saben. Yo lo supongo corriendo a pegarse una ducha, cada vez que utilizar algunos de sus argumentos. Eso sí, de los niños ya un poco creciditos no dicen nada. Ni de la falta de pediatras, ni de la escasez de maestros en la enseñanza pública, ni de la inexistencia de sistemas de refrigeración en los colegios, ni de los que se quedan en la puñetera calle porque su familia es desahuciada... Una vez que ya han nacido, que se busquen la vida.

sábado, 11 de julio de 2026

POESÍA: HOMENAJE A SOROLLA


Amanecer, playa de Valencia
( Sorolla, 1907) es un cuadro de playa diferente a los que solía realizar su autor porque en él no está presente el sol. Está pintado justo antes del amanecer. Si bien la obra se centra en el mar y no aparece la línea del horizonte, en el rompiente de las olas se adivina que ya clarea. La calidad de luz de esta obra y la delicadeza del ambiente que la rodea dan a la composición una sensación de paz, serenidad y también de cierta melancolía poco común en sus obras de mar. Por otro lado, contiene muchos interrogantes sobre las figuras humanas protagonistas. ¿Qué hacen ahí en esa temprana hora? ¡Por qué parecen ensimismados, cada uno en sus pensamientos? ¿Cual será la razón por la que comparten esa barca,  pero a la vez parecen estar distanciados? Son preguntas que pueden convertirse en la causa del nacimiento de un poema: 


Ya están peinando las olas

los cabellos de la orilla;

la playa está bostezando

y la barca ya respira.

La luz se acerca a dos novios

ansiosos del gran diamante;

el rubí se asoma leve

y no quiere despertarse.

Hay reflejos que saludan

al barbero de los mares,

y en su nácar la muchacha

se sienta para abrazarles.

El chico esconde su rostro

conversando con la arena;

dentro de nada el barbero

le dará una cara nueva.

¡Qué finura la navaja

de tan bello despertar!

No hay soles que se comparen

al que nace en este mar.

Mecida en aguas de nana

la barca despertará,

y los amantes, discretos,

se darán besos de sal;

esa sal que los endulza

en su media oscuridad;

ese dulce que amanece

y no quieren evitar.

La alborada más sagrada

en las manos de un pintor,

y se emociona la playa;

y además, igual nace el amor.

viernes, 10 de julio de 2026

POESÍA: MADRE ISLA


Todo se acaba en ti,

isla madre de mi alma,

pero tú no te acabas

en el universo

de tu geografía:

te adensas muy adentro,

te haces silencio y soledad, 

colmena

de abejas quietas.

Hueles aún

a raíces antiguas, 

a tierra de volcán, 

a salitre de orilla

entre sábanas blancas 

y sigilos del alisio.

Todo se acaba en ti,

tus senderos,

tus bosques y barrancos,

tu cansancio

de erosión constante

y endemismos.

Cómo empezar 

de nuevo con la luz. 

Con las horas,

con la carne tan triste

que te han dejado

los que solo piensan

en el dinero fácil

y te faltan al respeto.

Prometo cuidarte

con esmero. 

acostarte con cuidado,

como si cada noche

fuese la última del mundo, 

y para que tu cabeza

deje un hoyo muy quieto 

en la almohada

de nuestra conciencia

de pueblo que te ama.

REFLEXIÓN: PUNTOS DE VISTA


No respetaban la opinión del otro, no eran capaces de esforzarse por entenderla, no intercambiaban puntos de vista, su única intención era imponer una verdad. No dialogaban sobre la realidad, sino que discutían sobre la visión que tenían sobre la misma, tratando de imponer la de cada cual.

Y como no había manera de llegar a un acuerdo sobre si la botella estaba medio vacía o medio llena, ambos se murieron de sed.

jueves, 9 de julio de 2026

POESÍA: ORILLAS


Lo llamamos orilla. 

Es ese sitio

donde desiste el mar 

por un instante

de ser y se proclama 

la victoria efímera, 

en espumas, de la arena

―o viceversa―, 

margen fugitivo,

exacto y a la vez

incierto porque nunca

se repite.


Orilla lo llamamos 

y en el atlas

una línea sin línea 

es lo que divide

el azul de los verdes 

o los ocres,

el invariable estático

contorno de las islas

y de los continentes

―quien dibuja 

en los mapas las orillas

no ha debido de ver

jamás el mar―.


Lo llamamos orilla, 

pero es solo

algo más que no existe 

y tiene nombre,

―lo mismo que el pasado

o la esperanza

o dios o el horizonte―. 

O el amor,

porque también 

es el amor orilla

―ahora mar― de dos seres 

―ahora tierra―

que exploran 

su imprecisa finitud.


No hubo jamás

dos orillas iguales

y nunca ha sido igual 

la misma orilla.

No intentes caminar 

sobre el perímetro

imposible del mar

de tu pasado.

Vivir es aprender a dibujar

sobre el mapa del alma, 

que es de arena,

las espumas 

del tiempo que vendrá.

miércoles, 8 de julio de 2026

HISTORIAS MÍNIMAS: EL LOBO Y YO


Una vez hablé con un lobo y nos entendimos bien. Llegamos a estar a un metro de distancia, ambos sentados y mirándonos a los ojos, pero la magia se disolvió cuando sospeché que quería robarme la comida que llevaba en la mochila. Me puse en pie, cogí un palo y el lobo retrocedió. El miedo se interpuso entre el hombre y el animal; nunca sabré si aquel diálogo incipiente podría haberse convertido en una amistad duradera. Tal vez, sin esa mente primitiva que me puso en guardia las cosas hubieran sido diferentes. Recuerdo su mirada y me invade la tristeza. Eran los ojos de un amigo frustrado. El lobo se introdujo en la espesura y desde entonces, cada vez que disparan a uno de los suyos, siento un vacío en el corazón. Alguna vez me gustaría ser lobo, la mayoría de las veces me avergüenza ser persona.

martes, 7 de julio de 2026

POESÍA: HACIA ADELANTE


Con la delicadeza 

de lo humilde,

con la máxima 

incertidumbre,

contemplar.


Cerrar el viejo 

atlas de las horas,

desoír la voces 

de la nostalgia,

no buscarse.


Alejarse 

de lo que aún se es

y avivar sin rubor 

la resistencia.

Hacer de ello

un motivo, un aliento.


No hay nada más,

lo propicio a la vida

es la templanza:

que arda en la pira

quien la encienda.


Crear los instantes

de paz

desde la calma.

Mirar hacia adelante.