La noche del 24 de julio de 1797 se presenta oscura y ventosa en Santa Cruz de Tenerife. Los isleños presienten que algo está a punto de ocurrir, la mayoría de los defensores no son soldados profesionales, pertenecen a las milicias. Pero la ciudad se había preparado a fondo para hacer frente al ataque inglés. La Armada británica, compuesta por los navíos Theseus, Culloden, Zealous y Leander, las fragatas Seahorse, Emerald y Terpsícore, además del cúter Fox y la bombarda Rayo, capturada a los españoles, fondea en la bahía de la ciudad. El Almirante Nelson lleva ya dos días intentando hacer realidad su idea de conquistar la isla y prepara el desembarco definitivo. El Puerto de Santa Cruz era un lugar clave en el comercio con América y para la conquista de Canarias. Escribe a su Comandante en Jefe: “Esta noche, yo, humilde como soy, tomaré el mando de todas las fuerzas destinadas a desembarcar, bajo el fuego de las baterías de la ciudad, y mañana probablemente será coronada mi cabeza o con laureles o con cipreses”. Es la última vez que el contralmirante británico utilizará su brazo derecho para escribir.
El ataque
Hacia las once de la noche, las embarcaciones inglesas, con unos mil hombres, se acercan sigilosamente al muelle. Pero son descubiertas. Todos los castillos y baterías abren fuego. El fuerte viento rompe la formación y hace que el grueso de las lanchas derive hacia el sur. Solo unos pocos consiguen desembarcar en el muelle, entre ellos los capitanes Thompson, Freemantle y Bowen. Cuando Nelson se dispone a poner el pie en tierra, su codo derecho es destrozado por un disparo de cañón. Al regresar al su barco, el Theseus, un cirujano francés le amputa el brazo.
Continúan los desastres para las fuerzas inglesas. Los que logran desembarcar se abren paso luchando cuerpo a cuerpo, pero son cogidos entre dos fuegos. Casi simultáneamente, otra nave, el Fox, es hundida por un cañonazo. El intento de adueñarse del castillo de San Cristóbal fracasa. Las restantes lanchas, dispersadas por las corrientes, desembarcan hacia el sur, un grupo en las playas de La Caleta y La Aduana y otro en el barranco de Santos o de Las Carnicerías. Ambos, a las órdenes de los capitanes Troubridge y Hood, se reúnen en la plaza del convento de Santo Domingo, y ante el acoso de los milicianos tinerfeños, ocupan el monasterio. Previamente, se había enviado un mensaje a Antonio Gutiérrez, el Comandante General de Canarias que estaba al mando de las defensas, exigiendo la rendición. El general se negó.
La capitulación
Los ingleses esperaban la llegada de tropas de refuerzo. Al no llegar éstas, y ante la escasez de municiones y víveres, deciden parlamentar. Por tres veces, intentan forzar la rendición de Gutiérrez, sin conseguirlo. Finalmente, los británicos, por medio de Hood, aceptan su condición de vencidos. Se inician los trámites de la capitulación, en la que Gutiérrez se mostró sumamente generoso. La ceremonia tuvo lugar a las nueve de la mañana en la plaza de la Pila. Las tropas inglesas se comprometen por escrito a no vilver a atacar la isla y desfilan derrotadas hacia el muelle, entre el júbilo de los tinerfeños.
Nelson sufría su primera y única derrota y Santa Cruz de Tenerife obtenía su tercera victoria sobre los ingleses, hecho que sería plasmado con tres cabezas de león en su escudo.











