viernes, 13 de marzo de 2026

POESÍA: PREGUNTA


Cuando los niños de aquí 

juegan a la guerra

bastan cuatro almohadas

sobre la cama

para construir una trinchera. 

Todos tienen pistolas 

o fusiles de plástico

algunos incluso 

bombas de gomaespuma... 


Así que me pregunto 

si los niños palestinos 

o de cualquier otro país

convertido en escenario

de un conflicto armado

juegan a la paz

y cómo lo consiguen

porque no habrá 

casas jardines ilusiones

de plástico

y morir fingiendo es fácil

pero fingir vivir no se puede. 

PINTURA: LASAR SEGALL


Lasar Segall es uno de los exponentes más importantes del modernismo en Brasil, aunque nació en Vilna (Lituania) que en aquél año de 1891 aún firmaba parte del Imperio ruso. En 1912 marchó a Sao Paulo, donde vivían tres de sus hermanos y, aunque pronto se trasladó a la ciudad alemana de Dresde, esa experiencia brasileña quedaría ya para siempre reflejada en su obra. Finalmente se nacionalizó brasileño en 1927 y está considerado como el introductor en ese país del movimiento expresionista. 

Cuando empezó a pintar “El barco de los emigrantes” en 1939, estallaba la Segunda Guerra Mundial en Europa. La imagen nis hace pensar en la experiencia de los miles de refugiados que abordaron estos barcos para sobrevivir. Y, aún hoy, la relevancia de este trabajo es evidente cuando vemos tantos desplazamientos ocurridos debido a guerras, conflictos y crisis que continúan en el mundo contemporáneo.

Lasar Segall tardó dos años en pintar el cuadro, que se completó en 1941. Antes, sin embargo, ya había realizado varios dibujos de anotaciones del mar, barcos, gaviotas y marineros, elaborados a partir de su propia experiencia viajando en barcos; tanto cuando se trasladó a Brasil como en otros viajes que realizó. Mário de Andrade (del que llegó a pintar un retrato) dijo una vez que “Navio de emigrantes” es un cuadro “muy reflexivo”. Muestra su preocupación por la condición humana y con todo el rigor y cuidado estético.

jueves, 12 de marzo de 2026

OPINIÓN: LA VERDAD DE ESTA GUERRA


La mañana del sábado 28 de febrero, cuando EE UU e Israel comenzaron su ataque contra Irán, una diputada conservadora de nuestro Parlamento escribió en redes: “hoy es un gran día para el feminismo”. Bendito entusiasmo, aumentado al saberse que el ayatolá Jameneí había sido ejecutado en un ataque junto a otros miembros de la cúpula dirigente de la dictadura iraní. Sin embargo, inmediatamente después conocimos que otro de los lugares machacados había sido una escuela infantil y que había decenas de niñas muertas por una de las dos operaciones bélicas en curso. La israelí se llama Rugido del león y la estadounidense Furia épica. Los dos títulos suenan a película taquillera, machirula y mala, pero sobre todo confirman la delirante infantilización en que vivimos. Esta supuesta operación conjunta con dos cabezas ha forzado al presidente Trump y a sus hormonados jefes de filas a improvisar justificaciones cada rato más erráticas en las que suman finalidades estratégicas como quien sale de paseo en bici y duda entre si está participando en el Tour de Francia o dándose un garbeo hasta la hora de comer.

Ante este desconcierto es fácil concluir que quienes sí tenían un plan anticipado y previsto eran las fuerzas israelíes. No así los norteamericanos que parecen haberse sumado por si las consecuencias del ataque les resultaban favorables. Nada mejor que propiciar un cambio de régimen, que derribar una dictadura cruel y sanguinaria para lucir la medalla de mérito ante una población tan poco informada como ingenua. El hecho de no haber advertido a las naciones colindantes, de no haber permitido el regreso de turistas y transeúntes, no haber coordinado las acciones con las empresas energéticas, no haber buscado el menor atisbo de acuerdo internacional podría haber desencadenado una tragedia colectiva mucho mayor que la que estamos viendo. Era evidente que Rusia iba a dejar tirado al socio iraní que le había surtido de drones durante su guerra particular en Ucrania, pero resultaba menos fácil de predecir el grado de respuesta desesperada que Irán iba a poner en marcha. Incluso contra sus propios ciudadanos, muchos de ellos valientemente enfrentados a la cúpula clerical en favor de libertades y reformas y cuyo destino en las cárceles es ahora más incierto que nunca.

Igual de terrible es considerar que las niñas sin nombre asesinadas en aras de la liberación de la mujer iraní son meramente un daño colateral. No, son exactamente el producto habitual de la guerra. El ejemplo de Afganistán tras 20 años de invasión estéril es elocuente. Allá han quedado las mujeres humilladas, sometidas y despreciadas. Ni liberación ni progreso. La dictadura religiosa de Irán, situada en un entorno en el que el sometimiento de la mujer es mandato divino, podrá reciclarse tras aceptar que su país pase de patrocinar gran parte del terrorismo internacional a convertirse en otro Estado reducido a escombros y surtidor de petróleo para las grandes corporaciones. Toda nación bajo las bombas tiende a la unidad patriótica o a desmembrarse en una guerra civil. Cualquiera de esas dos soluciones no ayudará a la liberación de la mujer iraní. No, nada apunta a que estemos viviendo un gran momento para el feminismo en la región. Ya nos gustaría. Pero basta ver a Trump ungido por las manos de pastores religiosos en su despacho oval, a Netanyahu citando los textos sagrados y al hijo de Jameneí ser nombrado sucesor de su criminal padre para intuir que la liberación de la mujer no es una prioridad en este conflicto.

miércoles, 11 de marzo de 2026

POESÍA: CONDICIONALES

 


Si los sueños bajaran

como estrellas

a beber del día.

Si la verdad más profunda 

se encontrase

en la ausencia de certeza.

Si siempre la luz dejara

su secreto sobre las cosas.

Si arrullase la noche 

aún más dentro

la ternura del volcán.

Si alguien me mirara 

en silencio y el mundo

dejara de dar vueltas.

Si se abriese la lluvia

en unos labios.

Si de la nube me derrotara

su belleza.

Si el amor nos levantase

sobre la ceniza.

Si las verdades derrotasen

al cúmulo de mentiras

que nos acosan... 

Todo sería más bello

y más sencillo en esta vida. 


martes, 10 de marzo de 2026

PINTURA: VASILI POLENOV


De las decenas de pinturas que realizó Vasily Polenov, muy pocas no son fuente de luz y alegría. Esta pintura es una de ellas, titulada simplemente «El paciente». A veces se la conoce aún más simplemente como  «Enfermo». Vasily tardó trece años en terminarla, retomándola una y otra vez a medida que se acumulaban las muertes de seres queridos en su vida.

Durante su estancia en Roma, el artista se unió a un pequeño grupo de jóvenes estudiantes de arte. Elizaveta Boguslavskaya era una de ellas, que conoció a Vasily poco tiempo antes de contraer tuberculosis y fallecer. Una versión sobre el origen de esta pintura cuenta que la joven permitió a Vasily pintar en su habitación mientras agonizaba. Poco después, Marusya Obolenskaya, a quien Vasily conoció y de quien se enamoró, murió durante el primer año de su relación. Estas dos muertes lo marcaron profundamente. Su dolor se expresa en esta imagen. Aquí, entramos en una habitación de enfermo, muy oscura, casi negra. La muerte de una persona joven resulta particularmente trágica. Además, mientras trabajaba en este cuadro, la hermana gemela de Vasily, Vera, falleció. Sentimos una inmensa pérdida al contemplar esta obra. Somos impotentes ante la muerte y su inevitabilidad.

Aquí podemos apreciar la extrema debilidad de la joven al observar su mano derecha colgando del borde de la cama. Con ojos ansiosos, mira hacia la mesilla de noche. Mientras la vemos agonizar en penumbra, Vasily ha creado una asombrosa naturaleza muerta a su lado. Sobre la mesa, cubierta con un paño raído o con flecos, hay una lámpara de aceite con una pantalla verde inclinada. Proyecta una suave luz amarilla sobre las almohadas y una luz aún más tenue sobre la propia joven. Hay algunos libros gastados y apilados sobre la mesa. Quizás uno sea un libro de oraciones, otro, un libro de poemas. Hay una jarra con un líquido de color extraño y un vaso de agua con una cuchara. La paciente está tan débil que solo puede beber el agua que le acercan a los labios. Hay un trozo de papel doblado. ¿Habrá enviado alguien una nota? ¿Habrá escrito alguien sus últimas palabras? 


REFLEXIÓN: VERGÜENZA AJENA


Produce vergüenza ajena la reacción de algunos españoles “atrapados” en Dubái y presentados en algunos medios como una crisis humanitaria. Asomados al balcón de una calle de París de 1940, la víspera de su huida a Casablanca, Rick e Ilsa fueron conscientes de la paradoja que vivían y de lo inapropiada que era su felicidad mientras los nazis avanzaban. Por eso Ingrid-Ilsa dijo aquello de “el mundo se desmorona y nosotros nos enamoramos”. No hemos escuchado ninguna frase parecida desde los resorts y el aeropuerto de Dubái.

No hay poetas entre los españoles que viven el sueño arábigo. Solo gente enfurruñada, exigente, que culpa al gobierno de todas sus desgracias y reclama un tratamiento VIP mientras los misiles llueven. Menuda lata, que se nos ha estropeado la excursión, con las ganas que teníamos. Así va a ser muy difícil defender nuestro mundo como el menos malo de los mundos posibles. ¿Cómo no van a hablar las bombas? Los enemigos de Occidente han encontrado en Trump un adversario a su altura, un promotor inmobiliario que quiere construir hoteles Hilton sobre las ruinas, alguien que habla al fin un lenguaje que comprenden y no les intenta embaucar con discursos sobre imperativos kantianos y derechos humanos. Ofelia, la influencer que se nos ha hecho famosa gracias a esta guerra, nos representa: no solo es el tipo de ciudadana contra el que luchan los de fuera, sino el tipo de súbdita al que aspira el trumpismo españolizado que sufrimos dentro. 

lunes, 9 de marzo de 2026

POESÍA: NO SOY UN ROBOT


No soy un robot, 

estoy habitado por preguntas,

que presionan mis alveolos 

y mis meninges,

mis válvulas averiadas 

y mis células madre.

El laberinto de mis neuronas

esponjas y ventiscas

y alarmas encendidas 

hacia el abismo del ser,

buscando las salidas 

de emergencia

los oasis del cielo asaltado

y sus residuos tóxicos

y paisajes desoladas 

de piedra pómez.


Las dudas que, a veces, 

se hacen un nudo 

en la garganta

o se quedan clavadas

como estalactitas invisibles 

en el cielo de la boca,

en las cuerdas vocales 

donde quieren decirse

y apenas balbucean 

palabras para un sueño,

signos de más,

y pequeñas sinrazones

donde sobrevivir al asombro 

más allá de Babel.

domingo, 8 de marzo de 2026

POESÍA: SUPERPODERES

 


Ver los telediarios

     sin creer demasiado lo que dicen. 

Desaparecer cuando toca

     reunión de la comunidad de vecinos. 

Comer cítricos

     cuanto más ácidos posible. 

No permitir que los malos

      nos hagan dudar de los buenos. 

Llegar el primero

     y marchar cuanto antes. 

Encontrar el único

     aparcamiento libre del vecindario. 

Vivir haciendo preguntas

     morir sin obtener respuestas.