sábado, 4 de julio de 2026

POESÍA: FRUSTRACIÓN


Vinieron las palabras 

hasta mi presencia

y me hablaron:


Estamos fatigadas,

dijeron.

Danos la muerte 

o bien absuélvenos.


Decidí entonces 

concederles

la libertad, 

manumitirlas.


Y ahora veo

constantemente

como en algunos 

ambientes 

se destrozan entre sí.

viernes, 3 de julio de 2026

OPINIÓN: MONUMENTO A FRANCO


En Santa Cruz de Tenerife hay todavía en pie un enorme monumento a Franco. Un vergonzoso homenaje a un dictador que ahí sigue después de años de democracia. Y vuelven otra vez el alcalde, su partido Coalición Canaria y sus socios del PP a mostrarse disconformes con la decisión de desmontarlo. Los argumentos que se están utilizando para defender la estatua vienen a resumirse en que para algunos tiene cierta calidad artística y que ya que está ahí mejor mantenerlo resignificandolo que quitarlo para poner otra cosa. A favor de este argumento he oído al alcalde declarar que igual que el campo de exterminio de Auschwitz se mantiene en pie como símbolo se podría mantener la estatua, para que la gente tuviera memoria de lo que pasó. También los hay que dicen que si nos ponemos a tirar monumentos que representan algo negativo habría que hacerlo con infinidad de construcciones egipcias, árabes, romanas y de otras muchas culturas y tiempos históricos por el daño que hicieron.

Pero no se puede ni se debe resignificar una obra que es claramente una exaltación del caudillo y de su victoria en el golpe de Estado antidemocrático que tantas muertes y sufrimiento provocó. ¿Como lo resignificas para que se entienda otra cosa?

Luego está lo de compararlo con el campo de exterminio nazi que sigue en pie como símbolo del horror, y el argumento se desmonta solo porque no es lo mismo un monumento de exaltación que otro de condena o recuerdo del horror. Por ejemplo, si me hablan de la Sima de Jinámar en Gran Canaria, donde se arrojaron vivas a numerosas personas para que allí murieran, yo diría que habría que hacer excursiones semanales desde los institutos y colegios de Canarias para que todo el mundo sepa lo que pasó. Y es que la diferencia es abismal: no es lo mismo recordar la victoria de un dictador sanguinario que recordar las barbaridades y crueldades que cometió.

Y a los que dicen que si nos ponemos a tirar monumentos igual no acabamos nunca, creo que hay una diferencia importante entre monumentos de los que nos separan cientos o miles de años y un abismo en evolución y cultura, y los que representan y ensalzan una historia reciente con mucha gente viva y sus descendientes que han sufrido sus consecuencias. Esto último es casualmente justo lo que pasa con el franquismo. Y aquí el problema es lo de siempre, que la gente no llama a las cosas por su verdadero nombre, algunos por cobardía y otros por desvergüenza.

Cobardía, porque de lo que se trata en el fondo es de no molestar a los herederos del franquismo que andan todavía muy vivos y con mucho poder en España, no vaya a ser que se enfaden. Ahí está el apoyo social, político y mediático que tienen Vox o el PP, cuando uno es un partido abiertamente franquista y el otro fue fundado por un ministro de Franco, en un país donde no hubo por cierto una transición real a la democracia, solo la transición que los franquistas quisieron que hubiera, manteniendo la mayoría de resortes y espacios de poder que tuvieron durante la dictadura, ahora camuflados. 

Y esto es lo que hay. Así las cosas, si los de Coalición Canaria tuvieran un poco de dignidad, de decencia y de amor por Canarias, no tardarían en ordenar tirar todos los vestigios en honor a Franco, pues no podemos olvidar que en las islas no hubo guerra, aquí nadie se enfrentó a Franco, salvo una pequeña resistencia en La Palma, y sin embargo el franquismo causó estragos y mató a todo el que le dio la gana en Canarias. 

La postura de Coalición Canaria de no significarse es la reacción cobarde y cómoda de un partido que no quiere molestar a PP y Vox como herederos del franquismo que son con los que pacta habitualmente, es así de sencillo, y así de repugnante.

Y esta cobardía interesada que se ve en su señorías de Coalición Canaria está también latente en la ciudadanía aparentemente tolerante y buenista que prefiere no tirar la estatua para evitar conflictos. Lo que late en el fondo es que a toda esa gente les importa un pimiento las víctimas de la dictadura mientras se les llena la boca hablando de sus derechos democráticos.

jueves, 2 de julio de 2026

POESÍA: FÚTBOL


Literalmente, este fútbol 

sí se juega con los pies.

Ha empezado el partido,

el delantero y el defensa

que se marcan mutuamente

nunca se dan patadas

porque podrían

romperse algún hueso:

nadie tiene calzado,

así que no les queda otra

que practicar el juego limpio.


Mientras se enredan 

en su baile futbolero

sueñan con el número 

de la camiseta

que podría llevarlos

-sin necesidad de pateras-

a la otra orilla del mundo.


Allí donde también 

hay miseria

pero no se juega al fútbol 

a las afueras del pueblo

entreteniendo al ayuno 

sobre campos de tierra,

desafiando al calor

con un sueño imposible

de grandes estrellas

en campeonatos rutilantes

y los pies descalzos.

miércoles, 1 de julio de 2026

POEMA: SAHARAUIS


Parece polvo

lo que respiran

los refugiados saharauis,

partículas de arena 

suspendida

que se cuelan hasta 

el fondo de sus tiendas

y sus almas.


Parece polvo

pero si lo fuera

bastaría con sacudirlo 

de los techos de lona

para que no se acumulase

en capas sucesivas

de dolor y de vergüenza.


Parece arena dorada

flor del desierto

esa mentira arrastrada 

década a década

esa promesa incumplida

dormida

como los sueños

de los que nunca más

abrirán los ojos.


Parece polvo de arena

talismán de trashumancia

lo parece

pero si lo fuera

esos ojos seguirían 

abiertos, expectantes

dispuestos a mirar de frente

a los que solo 

guardan para ellos

balas de fuego

y de miedo

o a quienes una vez más

les traicionan incluso

llamándose a si mismos

gobierno progresista.

martes, 30 de junio de 2026

ESTADÍSTICAS DEL BLOG


Ya casi finalizado el mes de junio, hago públicas las estadísticas de visitas al blog durante los seis primeros meses de este año. Personalmente mantengo un contacto directo con un porcentaje minúsculo de esos lectores, así que inconscientemente pasan a formar parte de la imagen que como autor me termino haciendo de quienes guardan un poquito de su tiempo para echarle un vistazo a lo que aquí publico. Y esa imagen salta por los aires, queda hecha añicos con estos números. Sirven para darme un baño de realidad, para demostrar que la relación entre un autor y sus lectores es un misterio fascinante sobre el que el primero no tiene el más mínimo control y que siempre sorprenden. Sobre todo porque, al estar distribuidas por países y al usar el idioma español como vehículo de comunicación, das por hecho que serás leído mayoritariamente en lugares donde ese es el idioma comúnmente utilizado. Y, evidentemente, no es ese el caso. Se me queda cara de tonto cada vez que miro los números.

En fin, que todo esto viene a cuento porque sería casi un delito por mi parte no agradecerles a todos y cada uno de ustedes su contribución para que este pequeño lugar donde la poesía y el arte, pero también la crítica hacia temas de actualidad, son protagonistas. Mientras haya lectores, esto tendrá un sentido porque son ustedes quienes realmente se lo dan. Muchas gracias y seguimos...



 

PINTURA: DAVID HOCKNEY


Un síntoma del desconcierto en el mundo cultural se ha hecho evidente con la muerte del pintor David Hockney. El tratamiento escueto y rácano concedido en España a una de las figuras más importantes del arte contemporáneo nos retrata. Resulta impactante compararlo con la desaparición en su día de Picasso, de quien fue un continuador, y él sí icono popular. Puede que entonces los grandes pintores ocuparan las páginas culturales y hoy sea inhabitual. La ridiculez de nuestros tiempos necesita de una resistencia cabal en los detalles. Suerte que diarios como The Guardian o el francés Libération, que al día siguiente de su fallecimiento dedicó a Hockney la portada y cuatro páginas de apertura, señalan aún la pervivencia de cierta cordura. El nombre de Hockney sorprende que no hubiera quedado estampado, por ejemplo, entre los ganadores del Princesa de Asturias, pero al pintor de Yorkshire no le faltaron los reconocimientos, incluso los más llamativos, como cuando alcanzó el precio más alto pagado por la obra de un artista vivo en una de esas subastas que sí, eso sí, generó comentarios y alaridos. Hablar de arte a menudo nos condena a hablar de dinero, pues es esa la materia en torno a la que todo oscila, y si nos referimos a la creación contemporánea prima la notoriedad concedida a la exhibición de un plátano o una fregona en las salas de un museo más que al seguimiento de tantos buenos y esforzados artistas como existen sin apenas noticia.


David Hockney entró en la historia de la pintura desde bien joven, cuando a finales de la década de 1960 retrató piscinas de California y cuerpos masculinos en su desnudez rotunda antes de la implantación del concepto de californication como un estado de ánimo global. Su pintura supo entonces apostar por la reivindicación social sin caer en los sermones, porque el sermón y el buen arte siempre han estado reñidos, aunque no lo parezca en algunas temporadas. Hockney presumía de que cuando llegó a Los Ángeles se había dado cuenta de que a la ciudad le faltaba su Piranesi y se propuso serlo, pero en lugar de con los grabados de arquitectura romana con las piscinas, las colinas de Hollywood, el sol y la ingravidez. Se hizo amigo de los más valiosos escritores cineastas de ese exilio industrial, que le compraron sus obras cuando aún podían comprarse y a los que retrató en múltiples ocasiones.


Pese a que evolucionó utilizando los materiales tecnológicos que se pusieron a su alcance, de la Pentax a la Polaroid o las tabletas digitales, nunca dejó de desentrañar preciosos paisajes vistos en Normandía o de vuelta en su Inglaterra natal. Nunca le faltó el ánimo para retratar los estallidos de la vida.


Repetía que un maestro chino definió con acierto que la pintura reposaba sobre tres vigas fundamentales: la mano, el corazón y el ojo. Explicaba que la fotografía no era suficiente porque no podía llegar nunca a ser real del todo, tan real y significativa como alcanzaba a ser la mano humana al dibujar. Esa falta de sumisión a una perspectiva ajena marcó su carrera. Decidió que su entierro fuera íntimo y con sólo dos allegados como testigos, pero su muerte hubiera merecido que los demás sacáramos las trompetas, porque su pincelada explicará el mundo como sucede con la de los grandes maestros. Billy Wilder dijo de él que si sólo podías tener un amigo en esta vida y ese amigo era David Hockney nunca te sentirías perdido.



lunes, 29 de junio de 2026

POESÍA: FRASCOS DERRAMADOS


Volverán a dibujarse 

las estelas

en el azul del tiempo.

Volverá la espuma 

a dividir el horizonte

entre lo que se quedó 

por vivir y lo vivido,

entre la caricia del sueño

y el abrazo del agua:

el mar

(estrecho

para las manos amigas

y prohibido

para los que no pueden 

rozarlo con los labios).


Volverá el viento 

que nos mece

y nos arrastra,

la luna

en cuarto menguante 

y retadora,

los dragones alados

el foso navegable

que nos protege 

de miedos antiguos,

la frontera

donde nos golpeó 

la visión de la miseria,

el laberinto

donde nunca nos perdimos

con su olor a especias

y a sherezades

que no vivieron 

las mil y una noches.


Volverán,

yo sé que volverán:

la memoria será generosa

como siempre

y guardará el perfume

de todos 

los frascos derramados.

CINE: MISIÓN DE AUDACES


Rodada por John Ford en el periodo que va de “Centauros del desierto” a “El hombre que mató a Liberty Valance”, dos de sus más reputadas obras maestras, “Misión de audaces”, ha sido injustamente tratada y aún hoy permanece desconocida para el gran público.

Abril de 1863; el coronel Marlowe recibe la orden de adentrarse 300 millas en territorio confederado, al mando de tres regimientos, con la misión de destruir el nudo ferroviario de la estación Newton, de vital importancia para el ejército sudista. Resulta inevitable que la misión le afecte directamente, porque en la vida civil se dedica a la construcción de vías férreas. Las tensas relaciones entre el coronel Marlowe y el mayor Kendall, médico del regimiento, y la presencia de una bella dama del sur, retenida como rehén, pondrán en peligro el éxito de tan arriesgada y suicida misión.

Con el trasfondo de la Guerra de Secesión; basada en un hecho real, “Mision de audaces” es el retorno de Ford a la temática de la caballería ya tratada en su famosa trilogía, malinterpretada por los que ven en ella una exaltación militarista. Aquí Ford se muestra contundente como nunca y articula un discurso inequívocamente antibelicista, demoledor alegato contra la guerra, donde los héroes han dejado paso a los antihéroes, donde la épica desaparece en medio del dolor, la desolación y la muerte, y donde el canto al honor, la integridad y la ética no contradice el mensaje último de un film complejo, en el que Ford no juzga, solo muestra, guardando una exquisita neutralidad respecto a los contendientes de esta cruel guerra fraticida.


Con una magistral dirección; un sólido guión muy fordiano, con esos pequeños toques de humor, tan propios del maestro, y una estilizada puesta en escena, “Misión de audaces” es un film deslumbrante, profundo sin dejar de ser entretenido, alternando espectaculares secuencias de acción -maravillosamente filmadas-, con secuencias intimistas de gran calado emocional.

En la historia de esos tres seres humanos, personajes esculpidos por Ford con mano maestra, atrapados en la barbarie de la guerra, el continúo enfrentamiento entre el taciturno coronel Marlowe -soberbio John Wayne-, ingeniero ferroviario obligado a destruir aquello que construye en la vida civil, marcado por el pasado, en el que prima el sentido del deber, y el escéptico mayor Kendall -excelente William Holden- el medico de principios profundamente humanistas, se verá alterado por los acontecimientos y por la irrupción en sus vidas de Hannah, la orgullosa rehén sureña, -una Constance Towers muy bien dirigida-, que verá cuestionado su mundo después de un duro viaje iniciático, donde tomará consciencia de su frágil vulnerabilidad. Al final todos ellos habrán cambiado, porque ya nada nunca podría ser igual.

Obra maestra imperecedera de inaplazable reivindicación.