Creo que los besos
domingo, 27 de septiembre de 2026
POESÍA: BESOS
Creo que los besos
OPINIÓN: CARRERA HACIA EL FASCISMO
Los tiempos están en regresión y vuelve a invocarse lo antipatriótico, como si no hubiera formas de ser de un país a gusto de cada cual. El precedente más cercano ha sido la dictadura de Nicaragua, donde la pareja en el poder expulsó y convirtió en apátridas a los más nobles representantes del pensamiento crítico. Algunos de ellos han encontrado refugio en España, algo que honra a nuestro país. También El Salvador encarcela sin garantías a los nacionales y Donald Trump, un presidente dañino a más no poder, juega con la idea de cerrar universidades, expulsar alumnos, vetar medios e impedir el voto electoral si no piensan como él.
Hace apenas una semana, tras la buena acogida y los premios a su película NAZA en el Festival de Venecia, los dos directores israelíes autores de la cinta se despertaron con la amenaza gubernativa de retirarles la nacionalidad. Benjamin Netanyahu y su corte no soportaron que el documental recogiera los testimonios de servidores públicos que se avergüenzan de lo que han sido obligados a hacer en la persecución contra los palestinos. Al tildar a la pieza de antipatriótica, el gabinete abre la puerta a segar las cabezas de los ciudadanos que no son de su agrado. Es quizá la humillación final de esa democracia. Por ahora, tan sólo resiste la presión una minoría de israelíes que se enfrentan a su Gobierno con enorme valentía y tratan de salvar la dignidad del país. En medio de toda esta faramalla y con la crisis humanitaria de Ceuta dando carta blanca a algunas expresiones de racismo abominables, asoma esta deriva en una oposición que tiene tanta prisa por llegar al poder que a veces se atropella a sí misma. Ayudada por su rama judicial, afincada en el Supremo, lograron congelar los derechos de voto de miles de españoles reconocidos por la llamada ley de nietos. Una decisión controvertida que hasta su resolución definitiva no permite convocar elecciones, pues se estarían cercenando los derechos constitucionales de casi medio millón de españoles.
Por si faltaba un clavo para cerrar este ataúd de la inteligencia moral, reaparece la iniciativa de retirarle la nacionalidad a quien comete delitos graves. Como si las cadenas perpetuas se les quedaran pequeñas en su afán por vender autoridad y mano dura y postularse como sheriff con puño de hierro siempre contra los débiles. Esto es algo que en temporada de falta de amor por las libertades civiles tiene siempre éxito electoral. Ojalá se frene esta carrera con destino al fascismo. La gracia de la nacionalidad estriba en la convivencia de personas distintas, con distintos intereses, estilos, formas de comportarse y personalidades. La uniformización es peligrosamente reaccionaria. La catástrofe de empobrecer tu país para que se ajuste a tu zapato la conocemos por ejemplos históricos bien tristes.
sábado, 26 de septiembre de 2026
POESÍA: ORACIÓN
Por todos aquellos
viernes, 25 de septiembre de 2026
POESÍA: EL DESAHUCIO DE MARICARMEN
¿Cuando abandonas la casa,
Una reflexión al respecto:
A Maricarmen la sacaron ayer de su casa en ambulancia como víctima de guerra. Pero todos los días se ejecutan otros desahucios en barrios menos fotogénicos, sin famosos solidarios protestando, ni medios retransmitiéndolo y no se nos mueve una ceja. Algún día sabremos cuántos suicidios y muertos en vida cuesta esta sangría de la que, unos más que otros, todos somos cómplices. Ojalá Maricarmen se convierta en símbolo y haya un antes y un después de su drama. Lo que es seguro es que, anoche, sus caseros de Urbagestión, que tuvieron la vileza de rechazar cualquier acuerdo, dijeron: “Hasta luego, Maricarmen” y puede que hasta durmieran a pierna suelta. Ya tienen su piso listo para vaciarlo, reformarlo, decorarlo en tonos neutros y sangrar al siguiente.
jueves, 24 de septiembre de 2026
POESÍA: UN TIPO COMÚN
No se lo digan a nadie.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
POESÍA: DIFERENCIA
Que enorme
diferencia
en tan corto
espacio,
en una línea
diminuta:
Los extremos
de la curva
son lo único
que permanece,
en la comisura
de los labios
al pasar del llanto
a la sonrisa.
REFLEXIÓN: EL OTOÑO
Como era de esperar, salvo para los negacionistas, este también ha sido un verano de una crueldad extrema con olas encadenadas de calor asfixiante. Las playas abarrotadas de carne humana puesta a asar y las sucesivas oleadas de las masas turísticas que han invadido los espacios como en una huida ciega hacia ninguna parte han producido una sensación apocalíptica. Esperemos que el otoño venga al rescate, aunque dicen que también será más caluroso de lo normal. La verdad es que hay muchos síntomas de que la normalidad ha desaparecido de nuestras vidas. Pero en cuestiones climáticas, espero que pronto comiencen a alargarse las sombras, que el mosto de la vendimia brote en los lagares y el humus fermentado ablande nuestros pasos por el bosque envuelto en brumas. Si eso ocurre, el otoño llegará para salvarnos con los delicados matices de su luz de moscatel; los amarillos, rojos, morados, violetas que llenarán el paisaje serán los mismos que se posaron en la paleta de Klimt, de Van Gogh, de Monet, de Renoir cuyos colores se instalarán como uno de sus cuadros en la ventana. Y sin darnos cuenta se adelantará la llegada de la noche noche y escucharemos la lluvia fina, persistente en los cristales, que dará paso a unas mañanas doradas por un sol muchísimo más amable.
martes, 22 de septiembre de 2026
PINTURA: ÉPOCA DE VENDIMIA
La vendimia es uno de los momentos más esperados por los viticultores. Durante unas semanas los viñedos se llenan de gente, de cantos, de júbilo y alegría tras casi un año de duro trabajo, y que ven recompensado su esfuerzo con la recogida de la uva que les permitirá elaborar el vino. Este trabajo lo realizaban en los años 80 tanto hombres como mujeres, aunque cada uno tenía una labor bien definida. Generalmente, las mujeres se encargaban de cortar la uva de las cepas, la negra y la blanca, con unas herramientas denominadas hocillos o también con las navajas, y de depositarlas en una especie de cestos de mimbre denominados conachos, talegas, covanillos o canastos. Los hombres, además de cortar los racimos, se encargaban de cargar con estos cestos repletos de uva y depositarlos en el carro para trasladarlos a la bodega.
Estos aspectos se observan en Vendimia en la Ribera del Duero (1979), de José Vela Zanetti, donde los vendimiadores y las vendimiadoras son los protagonistas de la composición. Se encuentran ataviados con la indumentaria característica como eran las faldas, los delantales y los pañuelos o sombreros de paja para las mujeres, y pantalones, chalecos, fajas y sombreros o boinas en el caso de los hombres.
Al final del cuadro, y como un elemento secundario, se vislumbra de nuevo la figura del relieve castellano, las lomas y cuestas de los páramos, en colores más amarillentos, más secos tras la siega del cereal que ha tenido lugar unos meses antes y que han provocado su desnudez, situación que se repetirá una vez que finalice la vendimia cuando los viñedos, poco a poco, vayan quedando desprotegidos de las hojas que cubren su cuerpo y se encuentren sin ninguna defensa ante el frío y largo invierno castellano.
En esta obra se incluye un nuevo elemento, el carro, una pieza clave en el paisaje rural de mediados del siglo XX y que ha sido representada en otras composiciones de carácter agrario. Se observa como los hombres están subiendo los grandes cestos de uva que trasladarán a la bodega para elaborar el vino, un sistema de transporte que ha quedado completamente abandonado a favor de los modernos tractores con sus remolques, por lo que se puede ver un nuevo cambio que ha tenido lugar en este tipo de paisaje.
Frente a la obra de Zanetti donde los rasgos de los personajes se encuentran bien definidos está la obra de José María Castilviejo titulada Vendimia en Vega Sicilia (1987) con unas facciones de los protagonistas menos marcadas y menos claras, ya que no interesa ver su expresión, sino lo que pretende es que el espectador se centre en la obra en su conjunto, en una escena de la vendimia donde vuelven a repetirse los elementos anteriores, es decir, las mujeres cortando la uva ataviadas con los pañuelos y los sombreros de paja, y el hombre con el conacho de mimbre repleto de racimos de uva recién cortados cargado en su hombro y que trasladará hasta el carro para depositarlo con el resto.
El colorido adquiere mucho valor en esta obra, sobre todo los rojos, naranjas y amarillos que se combinan para escenificar los viñedos de esta emblemática bodega vallisoletana en Valbuena de Duero en uno de los periodos con mayor explosión cromática que poseen los campos castellanos, el comienzo del otoño. Visión que logra Castilviejo con pinceladas sueltas sobre el lienzo a la hora de representar las hojas de las cepas.
Como elementos secundarios que terminan de configurar el paisaje se distinguen la casa que se encuentra inmersa en los viñedos, el conjunto de pinos propios de este sector de la región y unos cerros que dan la sensación de encontrarse en una zona más elevada de lo que en realidad es como consecuencia de la escala empleada, ya que el cuadro se encuentra ambientado en las terrazas centrales del río Duero con formas del relieve más suaves.










