viernes, 13 de febrero de 2026

OPINIÓN: MENORES EN REDES SOCIALES


Aquellos que no participan en las actividades de las redes sociales padecen el espejismo de una cierta exclusión. La presión es tal para adherirse al negocio de unos pocos, muy pocos, que no es raro que te hagan sentir marginal y apartado tan solo por negarte a formar parte de algo que es a ratos cierto y a ratos una fantasía, pero que, sobre todo, debería ser siempre voluntario. Es precisamente la voluntad de los menores lo que está en entredicho, pues en una edad en la que debería primarse la afectividad y la diversión se les ha conducido obligatoriamente a la sobreexposición y a la pérdida de la inocencia. Liberar a los menores de este experimento social fallido que ha machacado ya a un par de generaciones de jóvenes es una prioridad muy necesaria para la próxima década. La actividad básica de las redes sociales para adultos acaba por ser la autopromoción, un ejercicio grotesco, pero en los jóvenes está bordeando los límites de la autolesión. Hasta ahora, los medios han pasado de puntillas por el grado de culpabilidad de un sistema de tratamiento del tráfico forzado en las redes que en ocasiones ha llevado a jóvenes directamente al abismo. Suicidio, dependencia, adicción no son derivadas que toleraríamos en otras industrias; sin embargo, en la hipercomunicación nos han rendido a la pasividad gracias a las presiones desregulatorias que defienden los tecnocaciques armados con sus grandes fortunas.

El presidente Sánchez decidió hace tiempo que si los enemigos te surgen como setas, lo que más te conviene es seleccionar con alta precisión a quién eliges tú como enemigo. Es una estrategia defensiva como otra cualquiera. Al involucrarse en el conflicto de los jóvenes y las redes sociales, ha vuelto a poner en marcha su sistema selectivo de enemigos. Los tecnocaciques han salido en tromba contra él, pues ya se han acostumbrado a poner y quitar gobiernos, volcados como están en la financiación de partidos que lleven en el programa no regular nada que afecte a sus lucrativos negocios. A raíz del anuncio de la posibilidad de sumarnos a Australia en el veto de las redes sociales para menores de 16 años, los falsos libertarios de Silicon Valley han tronado con furia. Los cuatro jinetes que cabalgan este apocalipsis son desafiantes, pero mal haría el presidente Sánchez en querer enfrentarse a ellos como una especie de superhéroe. Es precisamente la cultura individualista del superhéroe la que ha nutrido la formación de estos oligarcas. Su incultura enciclopédica suele venir compensada por una enorme habilidad en el manejo de las sabidurías prácticas, en especial del algoritmo para la manipulación social. Esta disciplina no estaba en el currículum de ningún sabio antiguo, pero define la potencia interventora de los caciques modernos.

Si queremos proteger a las futuras generaciones, es conveniente hacerlo con un batallón de aliados. Los psiquiatras infantiles están empezando a catalogar el desastre que la temprana exposición al móvil, y las conclusiones analíticas delatan mecanismos adictivos, conductismo autoritario y fabricación de desamparos precoces. Pero no corramos a prohibir sin reflexionar antes, porque todos los problemas de nuestra sociedad nacen del mismo lugar: la decadencia educativa al asumir unos valores que priman el dinero fácil, la fama inmediata y una tosca idea del éxito por encima de toda aspiración noble. El fracaso emocional que ha arrastrado consigo esta nueva vinculación al vacío como si fuera la plenitud es dramático. Como en los antiguos cortijos, el interés de los señoritos pisotea cada día la dignidad de los santos inocentes.

jueves, 12 de febrero de 2026

POESÍA: UMBILICAL

 


A veces, en medio 

de una meditación,

vuelvo a despertar 

ahogándome.

No en agua, 

sino en una melancolía

de rostros 

que estuvieron conmigo, 

voces que he dejado

de escuchar,

porque mi corazón 

se ofreció a sí mismo

como jaula 

para cosas aladas.


De ahí vengo. 

Y si tengo que irme 

otra vez,

me iré desde ahí, 

partiéndome en pleno aire,

sangrando 

otra nueva llegada,

conteniendo el aliento 

bajo el silencio de todo.

Esto es lo que me tira 

de vuelta: 

una niña abriendo regalos, 

una confidencia infantil, 

un abrazo, 

aunque sea moribundo. 


Y un cabrestante enrollado 

como un cordón umbilical

arrastrándome hacia la orilla 

—atado de nuevo,

o atestado, recordando 

el empuje del engranaje

como una forma de nacer.

miércoles, 11 de febrero de 2026

POESÍA: ARROGANCIA


Nos preguntamos

y seguramente otros, 

en innumerables universos 

paralelos y sucesivos,

se preguntarán también

por qué existe algo 

y no la nada,

por qué de lo que sea 

nace la luz

y esas palabras que le aluden 

y desvela tal condición

excéntrica y fecunda,

eternidad en curso 

en vez de la nada.


Y también la sorpresa 

de que exista la vida

y nosotros con ella,

y que este sea 

el único propósito,

todo el significado 

que atañe a la existencia,

criaturas de un planeta 

de una galaxia 

de un universo

innominado

sin más fin ni propuesta 

que esta eventual 

tarea de vivirse.


Pero cuidado:

Adaptamos el discurso

para darnos importancia, 

cuando solo somos simios 

inteligentes y arrogantes

en marcha hacia un lugar

donde posiblemente

perdamos todo lo ganado. 


martes, 10 de febrero de 2026

POESÍA: UNA VIEJA AMIGA


Hay quien me reprocha

hablar demasiado

de la muerte 

y que olvido lo bella 

que es la vida, 

como si fueran

cuestiones contradictorias.

Me lo dicen convencidos 

mientras ella está riendo 

al fondo de mi oído.

Mientras busco 

en mis músculos 

algún gesto indulgente

para tales consejos, 

ella mete su índice

en mi corazón y deja 

allí grabada la hora exacta.

La cuestión 

es que hemos desarrollado 

cierta complicidad 

en tales trances, 

somos viejos 

amigos de la infancia.

Nací con su dolor 

y bebí de sus pechos, 

me acompaña a su modo 

a todas horas

y procura no herirme

hasta que llegue el momento

en que haremos juntos

el último viaje. 

Creo que vive en mí, 

veo lo que ella ve,

escribo sus memorias.

No soy más que un biógrafo, 

es necesario y muy conveniente

normalizar su existencia. 


lunes, 9 de febrero de 2026

POESÍA: EL SUEÑO


Anoche soñé 

que estaba muerto. 

No fue una pesadilla, 

solo una experiencia

inmensamente triste. 

El hueco gris de la madera 

contenía mi cuerpo,

y aquel era mi rostro 

de los 20 años.

Sólo mis ojos

no eran mis ojos 

de espaldas, en la sala vacía,

una mujer que pudo

ser mi madre

cantaba en silencio 

esa canción de cuna

que nunca le escuché.

Mi rostro era el sendero

que hube de recorrer 

en la vida, 

un rostro que a los veinte años

no podía creer 

que la esperanza 

dejara tantas cicatrices.

¿Cómo ha podido pasar 

tan deprisa el tiempo? 

¿De verdad murió mi juventud 

y la estoy velando aquí, 

ya cercano a los setenta años? 


domingo, 8 de febrero de 2026

POESÍA: ARDIÓ TROYA


Helena se derrumba 

ante el espejo.

En su cabello rubio 

ya han brotado

las primeras 

serpientes de plata.

“Los treinta ahora 

son los nuevos veinte”,

trata de recordarse.

Pero encuentra 

sus manos huérfanas

de un cuerpo fiel 

que acariciar,

los labios apretados 

por la ausencia de besos,

tristes los ojos 

que una vez

reflejaron la luz 

de Troya en llamas.

Para qué tanta guerra, 

tanta sangre,

aquél “te adoraré hasta 

el fin de los días”,

si después 

de un caballo de madera

y de un príncipe 

herido de capricho,

solo queda la eternidad 

del calendario

y el abrazo leal 

de una crema antiarrugas.

PINTURA: JOHN SINGER SARGENT


Gaseados es una pintura al óleo de gran formato rematada en marzo de 1919 por John Singer Sargent. Describe las consecuencias de un ataque con gas mostaza durante la Primera Guerra Mundial, con una fila de soldados heridos andando hacia un hospital de campaña.

La composición incluye un grupo central de once soldados descritos casi a tamaño natural. Nueve soldados heridos caminan en fila, en grupos de tres, a lo largo de una pasarela de madera hacia el hospital de campaña, sugerido por las cuerdas de sujeción a la derecha del cuadro. Sus ojos están vendados, cegados por el efecto del gas, así que son asistidos por dos ordenanzas médicos. La hilera de soldados altos y rubios forma un friso alegórico naturalista, con connotaciones de una procesión religiosa. Muchos otros soldados muertos o heridos yacen alrededor del grupo central, y una fila similar de ocho heridos, con dos ordenanzas, avanza al fondo. Lejanos biplanos luchan arriba en el cielo del anochecer, ya que la luz del sol poniente crea una calima amarilla y bruñe los objetos con una luz dorada. En el fondo, la luna también se levanta, y hombres sin lesiones juegan al fútbol con camisas azules y rojas, aparentemente despreocupados del sufrimiento a su alrededor.

Gassed (Gaseados) es uno de los cuadros más venerados por los británicos. Deja atrás ese empeño de la pintura de guerra del siglo XIX en glorificar victorias y gestas de un imperio a punto de entrar en decadencia para mostrar el lado más humano del heroísmo. El sacrificio, la pérdida, el sufrimiento, la solidaridad y la esperanza de redención de unos hombres jóvenes que avanzan a ciegas por los rescoldos de un conflicto mundial absurdo.


El día en que John Singer Sargent se cruzó con un grupo de soldados víctimas del gas mostaza, cegados por las vendas que intentaban aliviar el insoportable dolor de sus ojos y apoyados sus brazos en el hombro del compañero de adelante en una ordenada fila de desolación, el pintor encontró un nuevo lenguaje para contar las guerras del siglo XX.

sábado, 7 de febrero de 2026

POESÍA: EL VIAJERO


Aguarda el viajero 

la anunciada llegada

de los barcos que regresan 

de lugares lejanos.

Inquiere noticias de la lluvia,

observa las bandadas 

de pájaros que le anuncian

otro invierno en un lugar 

que cada día

se le vuelve más extraño.

Recibiría gustoso 

un mensaje encerrado 

en una botella,

partiría también 

él hacia la aventura.

Cree poseer 

las cartas precisas.

Cree poseer tantas cosas.

Y no posee ni una 

sombra de alegría.

Ruedan para él las olas 

y los guijarros,

arrastrados en la orilla, 

chocan y chocan

con un ruido de pasos, 

con un ruido de tinieblas.