viernes, 20 de febrero de 2026

POESÍA: DÓNDE ESTÁN


Dónde están mis guerreros, 

eternos perdedores 

de guerras arbitrarias

y paces leoninas. 


Dónde están los castillos 

que crispaban sus almenas

ante los peligros

reales o imaginarios.


Dónde el enemigo retirado 

antes de tiempo,

sin haber completado sus infamias

porque ya las cometían

nuestros propios dirigentes.


Dónde las vistosas 

misiones que llevaban

por comarcas insólitas

la civilización como símbolo

y una realidad de ambición y muerte.


Dónde los planos del tesoro 

que auguraban la expedición, 

las sangres intermedias

derramadas a mansalva.


Dónde los indolentes, 

espaciosos días,

sus noches dilatadas

de sueños imposibles.


Dónde el baile final 

de Zorba el griego,

su mística celebración 

de la derrota, más grande 

que cualquier derrota.


Dónde estamos, compañeros, 

cómo hemos podido llegar

—única magia auténtica—​​ 

hasta el aquí y el ahora. 

jueves, 19 de febrero de 2026

POESÍA: ABANDONAR


Estoy aprendiendo 

a abandonar el mundo

antes de que él pueda 

abandonarme a mí.

Ya he renunciado al reclamo

del poder y el dinero, 

a ser el que otro

quiere que sea

o embarcarme en proyectos

que solo conducen

a la melancolía. 

Y el mundo se ha llevado

a familiares, 

a algunos de mis amigos.

He renunciado a las aristas, 

prefiero las líneas curvas

de las colinas 

y del carácter de la gente

que suele acompañarme. 

Y cada noche renuncio 

a mi cuerpo

miembro a miembro 

en sentido ascendente

a través de mis huesos

hacia el corazón.

Pero llega la mañana, 

con breves aplazamientos 

en la forma de un cortado, 

el canto de los pájaros

y una conversación

desde donde brote

de vez en cuando la sonrisa.

Al otro lado 

de la ventana un árbol

que hasta hace unos instantes 

no era más que una sombra

recupera sus ramas hoja a hoja.

Y mientras 

yo recupero mi cuerpo, 

el sol apoya su cálido 

hocico en mi regazo

como para enmendar 

el daño ocasionado.

En momentos así

cierro los ojos y me siento

en paz conmigo mismo. 

PINTURA: OTTO DIX


En el invierno de 1923, Otto Dix viajó a Italia y visitó las famosas Catacumbas de los Capuchinos en Palermo. Durante su estancia, realizó once bocetos. Poco después, transformó varios de ellos en una serie de acuarelas. En algunas de estas pinturas, Dix representó figuras mutiladas, la mayoría de las cuales son difícilmente reconocibles como formas humanas. Sin embargo, en esta acuarela en particular, eligió representar un cadáver sentado erguido, vestido con el sencillo hábito marrón de los monjes capuchinos, muchos de los cuales fueron embalsamados en las catacumbas de Palermo. Dix se centra en el rostro momificado del monje muerto, un primer plano impactantemente grotesco compuesto por una boca abierta y contorsionada, cuencas oculares hundidas y una piel correosa que apenas mantiene unido el cráneo; el musgo verde ha reemplazado el cabello del cadáver. Una nube o aura pintada de azul, un color que desde hace mucho tiempo se cree que representa la pureza y la espiritualidad, flota en incertidumbre detrás del monje momificado.

La obra retrata la imagen sombría y evocadora de una figura en descomposición, representada con un realismo inquietante. Los restos disecados, presumiblemente procedentes de las catacumbas, exhiben un rostro con cuencas oculares hundidas y la boca abierta, aparentemente congelado en un momento de silenciosa angustia o contemplación. El fondo, de tonos tenues y deslavados, complementa al sujeto sombrío, casi macabro. El uso de acuarela y tinta presenta una paleta sombría dominada por marrones y azules, que realza la atmósfera desolada y misteriosa del retrato. La técnica de Otto Dix captura la esencia de la mortalidad y la decadencia humanas, una profunda reflexión sobre la transitoriedad de la vida, característica del movimiento expresionista.

miércoles, 18 de febrero de 2026

PINTURA: MICHAEL CHEVAL


Michael Cheval nació en Kotelnikovo, Rusia, en 1966. Sintió su pasión por el arte desde que era muy niño. En 1980, se trasladó junto a su familia a Alemania, donde se sintió impresionado por el arte europeo occidental y estudió pintura en Tukmenistán. Pronto comenzó su carrera profesional y desarrolló un estilo lleno de fantasía, un surrealismo mágico que nos transforma a un mundo lleno de fantasía. 


Las pinturas de Cheval son realistas como fotografías, pero la imagen familiar es invadida y desplazada por lo irreal. Inviables esferas flotan bajo los arcos de las catedrales góticas, un violín se desliza por las tuberías, un sinnúmero de máscaras, que cambian continuamente y muestran a sus personajes en diferentes roles y tal vez también diferentes para cada uno de los espectadores que se encuentran entre el público. En las obras podemos notar su poder, su técnica brillante y sutil, y la grandeza y originalidad de sus conceptos. Compara sus pinturas con rompecabezas, cuya resolución depende del espectador.


Las influencias de Cheval están en los artistas del renacimiento italiano y los holandeses del siglo XVII y XVIII, en especial Vermeer y Gerard ter Borch... Pero sobre todo vino de la mano de dos maestros del surrealismo del siglo XX, Salvador Dalí y René Magritte, aunque él cree que su estilo está más cerca de lo absurdo y de la literatura de Beckett e Ionesco.

martes, 17 de febrero de 2026

POESÍA: DÍAS MALDITOS


Hay días 

en que todo dice no.

Pides pan a la tierra 

y te lo niega.

Pides tregua al dolor 

y te da largas.

Solicitas permiso

para salir a respirar 

y el aire, enloquecido,

no te hace caso 

y se retira.

Son los días malditos, 

los que nunca

están de paso.

Son los días

que no tienen prisa,

los que desde el principio 

dejan claro

que se sienten a gusto, 

que te aprecian,

que les resulta 

confortable tu casa

y que han hecho en ella

una reserva abierta, 

sin fecha de salida.

REFLEXIÓN: JUEGOS OLÍMPICOS DE INVIERNO


Ser de Tenerife implica que para tocar hielo o nieve tienes que abrir el congelador de la nevera, ponerle unos cubitos a la bebida correspondiente o añadirte a la cola de miles de personas que suben con sus vehículos a las Cañadas del Teide cuando cae la nevada de cada año. Lo de practicar deportes de invierno queda muy lejos, a no ser que se considere como tal el ir a correr a la playa alguna mañana que aquí consideramos heladora, en que el termómetro haya alcanzado los 16 grados antes de que el sol salga. 

Teniendo en cuenta esas premisas, es natural que los deportes que se practican en los Juegos Olímpicos de Invierno, el que esto suscribe los vea como algo extraño que proviene casi desde otra galaxia, un mundo ajeno al devenir de nuestros días isleños donde con 12 grados de temperatura, la gente sale a la calle vestida como si estuviera en el Polo Norte. 

Aún así me reconozco seguidor del Patinaje Artístico, que procuro ver siempre que puedo y que en esta olimpiada estoy disfrutando mucho, pues el nivel está siendo muy alto. El resto de modalidades deportivas las conozco casi de pasada y si alguna vez me paro a verlas es más por curiosidad que por otra cosa, pues desconozco hasta las reglas por las que se rigen. Y agradezco el esfuerzo de los comentaristas televisivos por explicar esas normas, que ayudan a entender mínimamente lo que está pasando. 

Ya llevamos unos cuantos días de competición y me han sorprendido algunas polémicas que están salpicando el normal desarrollo de los juegos, pues parece que el afán de protagonismo de algunos y la estúpida rigidez de ciertas normativas es un mal de nuestro tiempo que termina por pudrirlo todo. Ahí están desde el esquiador que tras ganar una prueba pide perdón llorando frente a  las cámaras de televisión a su pareja por haberle sido infiel, hasta el deportista ucranio de skeleton (otro deporte raro en el que se lanzan boca abajo en un minúsculo trineo por una estrecha pista) al que han descalificado por llevar un casco con imágenes de 24 deportistas ucranios muertos en la guerra tras la invasión de Rusia. Y pasando por el escándalo de las imágenes en dibujos animados de la cabecera de las retransmisiones de la RAI, que empiezan con la imagen del Hombre de Vitruvio, el famoso dibujo de Leonardo da Vinci realizado sobre 1490, y que para esta ocasión le han le han eliminado sus atributos varoniles. ¿Por qué? Pues no se sabe, aún se está investigando. Como se investiga también para averiguar si los saltadores de esquí se han agrandado el pene con ácido hialurónico para alterar el tamaño permitido del mono que utilizan. De esta manera pueden volar más: el área del traje influye en la sustentación y milímetros de tela que pueden traducirse en metros de salto. En fin, que nunca se sabe para qué queremos según qué cosas.

Pero para escándalo, y esta vez lo digo muy en serio por lo desagradable y negativo del asunto está la figura de la biatleta francesa (deporte que combina la marcha nórdica con el tiro de precisión) Julia Simón, a la que se la ve en una imagen mandando callar a los espectadores, tras alcanzar el primer puesto en la meta en la prueba individual femenina de 15 kilómetros y ganar la medalla de oro. “Anoche leí un artículo muy malo sobre mí y quería exigir el respeto que merezco”, justificó tras la conclusión la flamante campeona olímpica. “Quien quiera chisme, que se vaya a buscarlo a otro lado”. ¿Y de qué iba lo que ella calificaba como chisme, se preguntará usted? Pues que el 24 de octubre de 2025, un Tribunal de Albertville la declaró culpable de hurto y fraude, delito que, según diversas fuentes, habría cometido en fechas coincidentes con concentraciones de la selección francesa en Suecia, Noruega y Francia entre diciembre de 2021 y septiembre de 2022. El delito de la angelita fue hacerse con las contraseñas bancarias de una compañera de selección y de un técnico del combinado galo. Durante meses, la biatleta sacó partido de la situación para efectuar compras con las tarjetas de crédito de ambos. La condena le supuso tres meses de prisión condicional (esto es, solo iría a la cárcel en caso de reincidir) y una multa de 15.000 euros. La criatura está muy molesta con las contínuas preguntas que se le hacen sobre el caso, porque al tratarse de una olimpiada, entiende que deberían centrarse en el tema deportivo. 

En fin, que como ven, los juegos de invierno están muy calentitos. 


lunes, 16 de febrero de 2026

FOTOGRAFÍA: DINA GOLDSTEIN


De la sonrisa de Mona Lisa de Leonardo Da Vinci al hombro descubierto de Madame X pintada por John Singer Sargent que le valió, a la retratada, ser ridiculizada por los críticos de la época por lo que consideraron una actitud vulgar y promiscua. A lo largo de la historia, los hombres han convertido a las mujeres en sus musas y han usado sus cuerpos y sus rostros para expresar sobre el lienzo sus visiones del mundo y también sus deseos. Las mujeres no eran individuos autónomos, sino un canal que conectaba al artista con el público o, incluso, al artista con su propio inconsciente.


“Mientras que algunos artistas masculinos celebraron la figura femenina con reverencia o empatía, otros la objetivaron o fetichizaron, contribuyendo a los debates actuales sobre género, dinámicas de poder y la representación de la mujer en el arte”, explica la fotógrafa Dina Goldstein, que ha decidido cambiar la narrativa con su serie Mistresspieces. En sus imágenes, esas figuras femeninas icónicas, esas percepciones masculinas de la feminidad que han marcado la historia del arte, reclaman un lugar en el mundo actual, uno en el que ya no están sometidas a la mirada de los hombres pero sí al devenir de un mundo inundado de plástico, inteligencias no humanas y paquetería de pedidos online.


Con su enfoque cautivador, Goldstein exhorta a ver más allá de la superficie de las imágenes y a reflexionar sobre temas complejos que conciernen a nuestra sociedad. Cada fotografía es una invitación a explorar no solo la belleza, sino también los desafíos cotidianos a los que cada uno de nosotros nos enfrentamos.


Estamos ante una verdadera artista visionaria, capaz de transformar la percepción común de la realidad en una obra de arte. Su trabajo ha sido reconocido con importantes premios, entre ellos el premio especial Arte Laguna en 2012 y el gran premio del Prix Virginia en 2014.






domingo, 15 de febrero de 2026

REFLEXIÓN: YO SÍ TE CREO


Cada vez que veo, escucho o leo a la actriz Elisa Mouliaá hablar desde pantallas, radios o redes, me debato entre dos prontos. El de darle un abrazo de los largos y el de llevármela aparte y decirle cuatro cosas. Como no soy su padre ni su amigo ni su colega ni me toca nada, no he hecho ni una cosa ni otra. Pero como, en el fondo, me toca todo como persona, como hombre y como ciudadano de un país donde todavía se insulta a las denunciantes de acoso sexual desde la mismísima sede de un partido político, me tomo la libertad de ponerme al teclado y dedicarle mi particular bagatela Para Elisa. Mouliaá, hermana, yo sí te creo. Creo que te sentiste acosada, invadida y violentada sexualmente por el político Íñigo Errejón aquella noche de fiesta. Estoy seguro de que guardaste dolorosamente aquella violencia sentida en tu conciencia como gusano atrapado en ámbar y que seguiste con tu vida como mejor has podido. No dudo de que, apelada en lo más hondo cuando trascendieron otros presuntos abusos de Errejón y él mismo no los negó y dimitió de todos sus cargos, decidieras, valientemente, dar un paso al frente y denunciarlo, por ti y por todas tus compañeras. De verdad que me creo todo eso y, a la vez, también creo que tus erráticas idas y venidas en este proceso no le hacen bien a ninguna víctima. La primera, a ti misma.

Las víctimas no tienen por qué ser buenas ni mucho menos ejemplares, por supuesto. Una víctima puede ser incoherente, inestable, imprevisible, volver locos a abogados y a amigos, perder los nervios y los papeles sin tener necesariamente por ello que perder la razón en su denuncia. Se puede ser víctima y terraplanista, antivacunas, negacionista del cambio climático y, sí, también maltratar a otras personas a ratos o a impulsos. Desde fuera, Mouliaá parece ser, a su pesar, la perfecta mala víctima, y puedo entenderla. Debe de ser durísimo coger una bandera y que nadie se sume a tu lucha, pero tampoco se puede coaccionar a nadie a hacerlo. Claro que me creo tu sentimiento. Que la conducta de quien lo provocó sea un delito con su consiguiente pena lo tiene que decidir un juzgado. Mientras tanto, es evidente que Elisa está sola. Muy sola. Y no debiera estarlo. Por eso, sin ser yo su padre ni su amigo ni su colega y sin que me toque nada, pero tocándome todo y con todo mi respeto, vaya desde aquí ese abrazo que nunca le he dado.