Aún recuerdo como si fuera ayer la primera vez que fui al cine. Fue hace muchos años en un antiguo local en Santa Cruz de Tenerife, que ya ha desaparecido: asientos de madera y películas de sesión contínua, por lo que se permitía la entrada en cualquier momento. Proyectaban "El día más largo". Yo era un chiquillo, de 9 o 10 años y me llevó mi padre al que le encantaban las películas de guerra. Creo que ninguno de los dos sabíamos de su larga duración, sea como sea, cuando llegamos la sesión estaba al descanso. Nos dio igual, así que para empezar la historia vimos la segunda parte. Nos gustó tanto que al acabar decidimos quedarnos y verla de nuevo al completo.
Lo que cuenta es de sobra conocido: el desembarco aliado en las playas de Normandía y lo que significó para el desarrollo de la guerra. Luego supe que el título no fue una ocurrencia de ningún guionista de Hollywood, se trata de una frase que pronunció Rommel, el célebre Mariscal alemán que en aquellos momentos era el responsable de la defensa del llamado Muro Atlántico, para impedir que ese temido desembarco de produjese. Al enterarse del mismo, supo de la terrible batalla que se avecinaba.
Esa película supongo que marcó dos de las cuestiones que más me han interesado a lo largo de mi vida: por un lado el cine y por otro la Segunda Guerra Mundial, con sus causas y consecuencias. Y pasados tantos años le sigo teniendo un cariño muy especial: con ella descubrí la magia del séptimo arte, pero también lo que la guerra significa.














