lunes, 23 de marzo de 2026

POESÍA: PRIORIDADES


Cómo saber

si es más importante

tener una habitación propia 

o una tumba propia

o una casa a la que volver

o un poema donde 

poder refugiarse

de la tormenta en que la vida

se puede llegar a convertir. 


Alguien dice 

que somos los humanos 

más raros de la historia,

extrañas criaturas 

que escarban sus neuronas, 

sus fetiches,

porque no nos bastan 

los inviernos para aprender

las declinaciones del frío.


No, los jardines que amamos 

no se marchitan nunca.

Ni las anémonas azules 

y dioramas en la levadura 

de los deseos.

En el estanque de los sueños

deberíamos aprender a cultivar 

jardines de medusas

y nubes digitales,

y piedras sin gravedad 

que respiran despacio

felices en el silencio. 

domingo, 22 de marzo de 2026

POESÍA: CELEBRACIÓN


Celebra la llegada 

de la estación 

de las amapolas

aunque el tiempo nos deje

los árboles desnudos,

las esperanzas secas, 

las llagas en un puño

y los paisajes llenos 

de ruinas temblorosas.


No te declares cautivo 

de un alma acartonada,

de un corazón rendido, 

de un cuerpo desgastado.

No creas que los brindis 

son cosas del pasado

ni que nuestros esfuerzos 

se resuelven en nada.


Bajo la tierra avanzan, 

feraces, las raíces,

más recias, más profundas, 

cuanto más tiempo pasa,

destilando su savia 

de risas y dolores.


Abre tus ventanas 

a las horas felices

sin importar las grietas 

que amenacen la casa:

nunca serás más libre, 

nunca darás más flores.

PINTURA: JOHN ATKINSON GRIMSHAW


En sus cuadros, John Atkinson Grimshaw pretende representar el mundo moderno nacido de la industrialización, pero soslayando la deprimente y sucia realidad de las ciudades industriales.

Las composiciones en las que representa los puertos de la Gran Bretaña victoriana son hermosas evocaciones líricas de la era industrial. Grimshaw plasmó la niebla y la bruma con tanta precisión que se diría que ha captado el frío del aire húmedo y el vaho que cala las gruesas ropas de los escasos personajes que pueblan las primeras horas de una mañana brumosa.

Grimshaw recoge en sus obras las diferentes fuentes de luz, utilizando la luna, las lámparas de gas del interior de los comercios, los faroles y los faros de los vehículos para representar una variedad de reflejos en las aceras y las calles empapadas de agua de lluvia. En Barcos en el río Clyde el chisporroteo de los puntos luminosos procede de una pequeña hoguera encendida a un lado de la calzada, junto a la cual se calientan dos trabajadores de los muelles

La prosperidad comercial de Glasgow data del siglo XVII, cuando el puerto del río Clyde empezó a importar tabaco, azúcar, algodón y otros productos. Glasgow, situada al oeste del país, tenía un emplazamiento idóneo para luego volver a exportar una gran proporción de estas mercancías a Francia, Alemania, Italia, Noruega, las Indias Occidentales y Norteamérica. Pero esa prosperidad también suponía un alto precio a pagar por la clase trabajadora y el pueblo llano en general con la falta de derechos y una vida donde la miseria era la gran protagonista. 


sábado, 21 de marzo de 2026

POESÍA: PRIMAVERA


Pronto ha de llegar 

la primavera.

Como siempre, 

porque no tengo noticias

hasta la fecha,

de que alguna vez

no se haya 

terminado un invierno.


Lo que no sé

es si nos permitirán, 

tal y como va el mundo, 

dejar de tener frío,

miedo, angustia o vacío.


Si llegará el calor 

a derretir

toda la pobredumbre 

acumulada

tras las pestañas,

bajo las uñas,

sepultando latidos.


Si podremos, al fin, 

cerrar los ojos al sol

y respirar tranquilos. 

viernes, 20 de marzo de 2026

REFLEXIÓN: DIGNIDAD


Sean Penn no acudió a la ceremonia de los Oscar. Estaba en Ucrania, a donde ya viajó en 2022 para darle uno de sus premios de la Academia al presidente Volodimir Zelenski. Corina Machado, por el contrario, se lo regaló en su visita a la Casa Blanca a Trump en enero pasado. El gesto de Penn hace cuatro años en camiseta resultaba de una dignidad emocionante. El de María Corina, vestida con un traje de chaqueta y pantalón, resultó una de las humillaciones más tenebrosas como gesto en el panorama de la política global de nuestros días.

Tiene competidores María Corina en ranking de líderes babosos, herederos de Chamberlain ante Hitler, que se arrastran hoy ante Trump. Del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, a Ursula von der Leyen o el canciller alemán Merz, son demasiados quienes se desgañitan en méritos para no sulfurar a la bestia. Su propio temor a ser humillados les hace confundir el hecho de que con su actitud les sobra para caer en lo más bajo. Se autoinfligen un desprecio que de paso sufren aquellos a quienes representan. Lo pagarán. No entienden que el atropello ejercido desde el poder en base al escarnio público para quienes consideran vasallos supone el propio castigo: un error evidente como un abuso de poder ante los ciudadanos que lo contemplan.

Además, no sabemos bien qué pretendía Machado respecto a un cambio de actitudes en el comportamiento de Trump. El presidente entendió de manera tan particular y motivadora el gesto simbólico -ni más ni menos que tener en sus manos el Nobel de la Paz- que dos meses después bombardeó Irán junto a su amigo Netanyahu. María Corina fracasó estrepitosamente, por tanto. Y humilló con su gesto no solo a buena parte del pueblo venezolano que incluso la apoyaba antes, también a los demócratas en cualquier parte que la pudieran ver con buenos ojos como una opción de futuro en su país, algo que personalmente nunca me he creído. 

El gesto de Penn nos habla justo de lo contrario. Se plantó entonces la estrella del cine ante Zelenski, el único líder que en la Casa Blanca ha sabido mantener bien alta la dignidad de su pueblo precisamente al verse atacado por unas fieras que se la querían arrebatar, lo sacó de una mochila como quien saca un bocata y se lo entregó: “Esta cosa es una chorrada simbólica”, le dice el actor, “pero sabiendo que se queda aquí, me siento mejor mientras dure la lucha”. Poco más. Aquello bastó. A mí me bastó. El tiempo que nos ha tocado vivir se ha convertido en todo un cruce paradigmático sobre el tena de la dignidad en un escenario donde esa escasa virtud resalta como un destello radical de esperanza cuando salta ante nuestros ojos. Si Zelenski aguantó los embates de los aliados de Putin en la Casa Blanca aquella tarde y en otras muchas ocasiones como muy pocos han hecho, Machado representó todo lo contrario: una clamorosa ausencia de dignidad que la descalificó rotundamente.

Consciente de lo que significa esa palabra e incluso de dónde salir a buscarla, Sean Penn eligió a conciencia no acudir a la ceremonia de entrega donde era candidato a un gran premio y volvió a Ucrania. Cambió el hecho de ser reconocido con un momento de gloria ante el mundo para multiplicar ese efecto en Kiev, donde realmente debemos poner el foco. Esta vez recibió un Oscar de metal que le habían hecho con material de trenes bombardeados por los rusos. Prefiere todavía plantarse allá en camiseta al glamur de los cócteles. En todo caso, algún bombón de bienvenida en la mesa para endulzar el momento junto a unos hombres que luchan por mantener los principios básicos de la democracia. Aquellos que durante un periodo ínfimo de la Historia lograron un mundo mejor, ese mundo que hoy vuelve a estar amenazado por los nuevos tiranos que nos aplastan.

jueves, 19 de marzo de 2026

POESÍA: MÉRITO


No soy, ni he sido

experto en nada, 

lo único que me ha sacudido

como un rayo, 

ha sido la curiosidad. 

Solo ahí está el mérito, 

si es que lo tengo, 

he permitido

que invadiera mi casa

y me dejé llevar. 

Me gusta analizar

las teorías

de los primeros filósofos

y me abandono a la belleza

de cualquier tipo de arte. 

Siento

-y quizás no sea yo

quien lo siente, sino

un alma que ya ha muerto

y que me sueña-

que leerles me revela

los restos perdidos

de los primeros murmullos

de la conciencia humana, 

el don del pensamiento

donde todavía estaban

aprendiendo a nombrarse

cultura y filosofía. 


Ahora que me siento más

como una declaración

que como un lobo estepario, 

no me queda más remedio

que permitirle al humano

liberar los dones y tragedias

del humanismo, 

que sea devorado

por la pasión creativa, 

que siga cumpliendo

su propósito mientras yo, 

como buen esclavo, 

me pierdo en los abismos. 

Puede que caiga hasta el fondo

de un espejo que ha guardado

mi imagen desde el principio

de los tiempos. 

Por eso me atrevo

a enviarte este mensaje, 

aún sin ser experto en nada:

que te sumerjas en la vida

y en sus propias contradicciones. 

Que seas drástico

en tus juicios

pero respetando el juicio ajeno, 

drásticos contigo mismo, 

pero sin permitir que te dañen

las sentencias de los demás. 

No hay nada malo

en confrontarse, 

en presentar batalla si fueses

impelido a ella

por la voz de tu conciencia. 

Pero siempre teniendo claro

que la paz es el camino

y al mismo tiempo la meta. 

miércoles, 18 de marzo de 2026

PINTURA: HALFDAN EGEDIUS


Aunque su vida fue breve, Halfdan Egedius dejó una impresión duradera en el arte noruego. Su talento artístico fue descubierto desde el principio y comenzó su formación en la escuela de pintura de Bergslien cuando tenía nueve años. Durante su formación en Kristiania, entre sus profesores también se encontraban pintores de renombre como Erik Werenskiold y Harriet Backer.

El arte de Egedius representa una ruptura con el realismo hacia un estilo más atmosférico, como se ve en sus formas simplificadas, colores tenues y pinceladas onduladas. Pero, sobre todo, las pinturas de Egedius muestran su personal interpretación de paisajes y entornos.

El cuadro El soñador continúa la revitalización en la década de 1880 del retrato del artista como género. El compañero pintor de Egedius, Torleiv Stadskleiv, doce años mayor que él, está retratado en una granja en el pueblo de Bø en Telemark, donde Egedius pasó el verano de 1895. El retrato es majestuosamente simple e informal. Mirando hacia la luz que se filtra, la figura se sumerge profundamente en sus propios pensamientos. Está situado un poco a un lado en el plano pictórico, con la mancha de sol en el suelo como contrapunto. La pintura está organizada cromáticamente alrededor de una sección media en blanco y negro, rodeada por el esquema complementario de rojo, amarillo y verde, con los calcetines rojo brillante del hombre y la silla de troncos como elementos llamativos.

La pose alude a un motivo popular en la historia del arte: el pensador melancólico. Este motivo fue apropiado y rearticulado en el fin de siglo del siglo XIX por artistas como Auguste Rodin y Edvard Munch. En la pintura de Egedius, el tema se formula de una manera más realista y mundana.

OPINIÓN: DECEPCIÓN EN LOS OSCAR


Me encanta el cine, pero salvo con honrosas excepciones, cuanto más películas veo, más tentación tengo de refugiarme definitivamente en el cine clásico. Desde luego, lo que ya no soporto son las galas donde los miembros de ese mundo se reúnen para entregarse premios. Se me han vuelto insoportables. Me atreví a ver algo de los Oscar de este año y ha sido asombroso comprobar cómo Hollywood ha decidido vivir al margen de la realidad. El mundo en llamas por capricho de su presidente y ellos haciendo bromas sobre la que había liado Timotheé Chalamet con el ballet. No se trataba de montar una asamblea política, pero la ignorancia deliberada de Hollywood a las consecuencias de las acciones de su país ha llegado a niveles tan escandalosos como para que tuvieran que ser los extranjeros de la fiesta los que señalaran, tímidamente, el elefante en la habitación. Fueron los aliens, por adoptar la jerga legal y deshumanizadora que ha popularizado Donald Trump sobre los migrantes, los que evidenciaron la marcianada de ignorar el dolor de los demás. “No a la guerra y Palestina Libre”, verbalizó escuetamente Javier Bardem al entregar el Oscar a Valor sentimental como mejor película internacional. “Todos los adultos son responsables de todos los niños. No votemos a políticos que no se lo tomen muy en serio”, dijo el director noruego de la película premiada, Joachim Trier, que ha explorado la estrecha relación entre el racismo y la homofobia de su país. Se podría decir que esos fueron los dos ¿grandes? alegatos políticos de una fiesta empeñada en rascarse la espalda, ajena a lo que estaba sucediendo fuera.

“Vivimos tiempos muy caóticos y aterradores. Es precisamente en momentos como estos cuando los Óscar cobran mayor relevancia”, aventuró Conan O’Brien, el presentador de la ceremonia, al inicio de la gala, advirtiendo de que en la noche podría “hablarse de política”. Se equivocaba. Ni Trump ni Netanyahu fueron citados. Nadie recordó a las niñas que murieron en el bombardeo de escuela de primaria Shajarah Tayyebeh de Irán. “No sé si va a ser una gala reivindicativa”, pronosticó acertadamente Javier Bardem al micrófono de Cristina Teva, reportera que lleva dos décadas informando desde la alfombra roja. “De lo que sí tengo muchas ganas es de que la gente no tenga miedo y hable y diga lo que tenga que decir. Se puede pertenecer a este circo y al mismo tiempo ser ciudadano. Se puede o se debería poder hacer las dos cosas”, añadió. Ganó el circo. Y si algo quedó claro es que ya no se pueden hacer esas dos cosas a la vez. También el mundo ha cambiado en esa cuestión y, como no podía ser de otra manera, para peor.