lunes, 30 de marzo de 2026

OPINIÓN: DISCRIMINACIÓN OLÍMPICA


En la Grecia Antigua, las mujeres tenían vetada la asistencia a las olimpíadas. Veintiocho siglos después, bajo el mandato de Kirsty Conventry, la primera mujer que ocupa la presidencia del Comité Olímpico Internacional, las mujeres tienen vetada de nuevo su participación en los Juegos Olímpicos, al menos hasta que alguien en su nombre acredite que son realmente mujeres. Mejor aún, mujeres biológicamente puras. El Comité Ejecutivo del COI, bajo la dirección y guía de la presidenta Coventry acaba de aprobar las nuevas reglas de elegibilidad para las competiciones femeninas que regirán en los Juegos Olímpicos de verano e invierno y cualquier otra competición olímpica. La decisión, supuestamente basada en evidencias científicas que sorprendentemente el COI mantiene ocultas, al igual que la identidad de su autoría y de las personas que conforman el grupo de trabajo para “la protección de la categoría femenina”, tiene como finalidad excluir a las mujeres biológicamente impuras de las competiciones olímpicas. A partir de ahora, sostiene la nueva política de elegibilidad del COI, tan sólo se admiten mujeres con acreditación de pedigree en sus competiciones. 

La pureza biológica es ciertamente un concepto pseudocientífico de amargo recuerdo. Nos retrotrae a procesos de cribaje genético que creíamos desaparecidos, al menos desde que dimos por definitivamente muerto el proyecto eugenésico promovido por Heinrich Himmler en pleno apogeo de la política racial del Tercer Reich. Pero el COI resucita ahora los cribados genéticos y, con ellos, la selección biológica, al vetar la participación en las competiciones olímpicas a todas aquellas mujeres que posean el gen SRY. El problema es que esta supuesta prueba del algodón que adopta el IOC, como antes hicieron otras federaciones internacionales, como la World Athletics (atletismo) o World Rugby, ni es concluyente ni eficaz. El propio Andrew Sinclair, el científico que descubrió el gen SRY en 1990, se ha pronunciado públicamente en contra de su uso como criterio de discriminación. En palabras del propio Sinclair, “la identificación del gen SRY acredita únicamente su presencia en el cuerpo de una persona. En ningún caso sirve para acreditar el desarrollo testicular, el aumento de la producción de testosterona, ni explica, por sí solo, el aprovechamiento fisiológico que cada cuerpo haga de ella”. En definitiva, la presencia del gen SRY, por si sola, no constituye una prueba de que las mujeres que lo posean disfruten de ventaja competitiva alguna.

Sería lamentable que el COI adopte apresuradamente una decisión tan controvertida para conformarse a los dictados ideológicos del Presidente Trump, quien ha anunciado, sin ápice de rubor pero también sin criterio legal o ético conocido, que vetará la entrada en Estados Unidos a cualquier deportista transexual. Quizá con ello el COI pretenda salvar los muebles (o si se prefiere, los intereses económicos de este macro evento deportivo con un presupuesto actual que ronda los 7000 millones de dólares) de los Juegos Olímpicos de 2028, que se prevén problemáticos. De ser así, resultaría patético que la ideología y preferencias personales de un personaje tan ignorante en biología como en olimpismo, pueda condicionar las decisiones del COI, guardián del espíritu y los valores olímpicos que promueven el bienestar humano, la solidaridad y mutua comprensión. 

El problema es que con la aplicación de esta nueva política no solo se prohíbe la participación a las mujeres trans, que está aún por demostrar que verdaderamente disfruten de una ventaja competitiva genérica. También prohíbe la participación de todas las mujeres portadoras del gen SRY, sin importar su herencia genética, la diversidad biológica presente en las diferentes regiones del mundo de las que provienen y, por supuesto, sin saber si todo ello tiene incidencia alguna en el rendimiento deportivo. ¿Quién pedirá disculpas a estas mujeres por obligarlas durante años a someterse a tratamientos de dopaje inverso para reducir sus niveles de testosterona en sangre para poder cumplir con su sueño olímpico a costa de su deterioro físico y mental?

Lástima que toda una campeona olímpica, como la presidenta Coventry, se haya apresurado a colgarse la medalla de la pureza genética revistiéndola de integridad deportiva. Rompe con ello el tímido proceso de inclusión y respeto por los derechos humanos en el seno del olimpismo, al tiempo que promueve una afrenta reaccionaria contra la legalidad internacional que pone en entredicho los valores olímpicos de amistad y respeto mutuo.

domingo, 29 de marzo de 2026

PINTURA: MONET


Durante los veranos de 1896 y 1897, Monet instalaba su caballete a las tres y media de la mañana en un barco amarrado junto a la orilla del río, cerca de su casa en Giverny. Allí se sentaba y pintaba la serie de veintiún lienzos a la que pertenece este. Los efectos de grisalla de la niebla matutina, los árboles apenas visibles a la luz del amanecer y los reflejos tenues en el agua hacen de esta serie, posiblemente, la más sutil que jamás pintó.

Mañana en el Sena, cerca de Giverny (1897) es una serie de óleos impresionistas de Claude Monet que retratan el río Sena al amanecer con una atmósfera brumosa y colores suaves. Pintadas en Giverny, estas obras se destacan por sus tonos azulados y violetas, capturando la luz cambiante y el reflejo del agua.


Las pinturas representan escenas matutinas serenas en el río Sena. El estilo impresionista característico de Monet es evidente en las pinceladas sueltas y el énfasis en capturar los efectos fugaces de la luz y la atmósfera. El artista captura magistralmente la luz suave y difusa del amanecer, que baña toda la composición con un brillo tranquilo y etéreo. El agua refleja el cielo y los árboles, creando una sensación de profundidad y tranquilidad. El uso de colores tenues y pinceladas sueltas contribuye a la calidad onírica de las escenas.


Al observarlas, nos encontramos con unas composiciones que destilan calma y belleza, paz y tranquilidad. Los lienzos están inundados de suaves tonalidades azules y verdes que representan el agua y la vegetación, intercaladas con toques cálidos de amarillo y blanco que sugieren el calor de la mañana. La paleta de colores es, de hecho, uno de los aspectos más fascinantes de las obras; Monet emplea técnicas de pinceladas sueltas y rápidas, creando una atmósfera vibrante en la que el sol parece deslizarse entre las olas del Sena, generando reflejos que dan vida a la superficie del agua.

REFLEXIÓN Y POEMA: DESCANSA EN PAZ


No dejo de pensar en cómo puede ser el mundo interior de esas personas hartas de dolor físico o moral, incapaces de aguantar más, a quiénes solo anhelan dormir y sienten intolerable angustia al abrir los ojos, que anhelan que se les facilite el sueño eterno, el final del sufrimiento, la huida de una existencia que no les amó. ¿Con qué derecho podemos señalarlos  por ir un paso más allá y obligarnos a hacerle frente a nuestro mayor tabú, porque hemos decidido vivir de espaldas a la muerte, como si fuera lo contrario de la vida en lugar de su complemento? 

Desde que era pequeño escuché ladinas mentiras como que quitarse la vida solo lo hacían los cobardes, que la existencia y la muerte únicamente dependían de algo llamado Dios. Durante infinito tiempo estuvo prohibido enterrar a los desesperados en los cementerios cristianos. No los dejaban de joder y de anatemizar ni después de muertos. Y no debe de ser fácil suicidarse. Incluso por razones prácticas. ¿Cuántos cortes hay que darles a las venas? ¿Cómo se ahorca uno para no fallar? O, ¿qué pastillas y cuántas hay que tomar para encontrar el final de la desolación? ¿Y si se lanzan al vacío y aterrizan sobre los inocentes viandantes? Y, de acuerdo, todos nos quedamos hechos polvo cuando alguien muy cercano ha tomado esa solución sin retorno. Pero, ¿podemos imaginarnos la oscuridad, el dolor, la soledad y el desamparo de los que deciden acabar con su infierno? 

Descansa en paz, Noelia. De todo corazón te lo deseo: Descansa en paz. 



Se fue después

de años de sufrimiento

y el campo estaba 

bañado con la hermosa 

luz de la primavera. 

Se fue y ojalá

donde quiera que haya ido

yo la pudiera estar esperando

para darle el consuelo

y el cariño que merece. 

La imagino alejándose 

por el bosque,

subiendo lentamente 

la montaña

con la mirada fija

en sus pensamientos

sin ver nada afuera, 

sin oír ningún ruido

que enturbie la paz

que ahora siente,

extasiada con el oro

de la tarde que cae, 

y me embarga

una extraña mezcla

de tristeza y alegría. 

Y escribo este poema

para hacer con él

un collar de brezo en flor

y colgarlo en su cuello

cuando llegue 

a cualquiera que sea 

el destino elegido

para gozar 

de su merecida libertad. 


sábado, 28 de marzo de 2026

POESÍA: MARZO


Marzo de 2026:

Ya no hay santos, 

profetas, sibilas, 

videntes. 

Es más fácil imaginar

el fin del mundo

que el fin de lo que quiera

que sea esto que hemos

construido. 

Y entonces

llega la primavera

para agarrarnos 

desde dentro

como a guiñoles

con una mano metida

por salva sea la parte. 

La tierra se arrebola, 

semillas brotan

de entre los huesos, 

el cuerpo nos habla

con una lengua impúdica. 

Durante unas semanas

somos adoradores

de una diosa antigua

que nos obliga a florecer. 

Así que... 

¿Por qué no? 

No hay mucho que perder. 

Aspira fuerte, 

sucumbe al arrebato

y absorbe del otro lado

la visión de un mundo nuevo. 


viernes, 27 de marzo de 2026

POESÍA: PUNTEO


En la plaza dormida 

del tiempo,

una guitarra 

despierta el ayer.

El verso camina 

con pasos lentos,

la canción canta 

lo que no se ve.

—¿Y si el alma tuviera 

estaciones? —

susurra el verso, 

mirando el olivo.

—Sería septiembre 

su renacer —

responde la canción, 

con tono vivo.

El eco se recoge 

en silencio,

y se convierte

en palabra nueva:

donde hubo ausencia, 

hay presencia,

donde hubo sombra, 

hay una estrella.

El verso asiente, 

con ojos de niño,

la canción puntea 

un acorde lento.

Y algo invisible, 

como un suspiro,

les enseña 

el arte del tiempo.

Así, entre dos, 

nace el poema:

ni solo canto, 

ni solo papel.

Es memoria 

que danza serena,

y se convierte 

en liturgia fiel. 

jueves, 26 de marzo de 2026

ESCULTURA: CLAUDIA FONTES


En las aguas del Río de la Plata, a metros del Parque de la Memoria, se alza una obra que trasciende los límites del arte para convertirse en un emblema de la lucha por los derechos humanos en Argentina. La escultura de Pablo Míguez, creada por la artista Claudia Fontes, no solo recuerda a un adolescente desaparecido durante la última dictadura cívico-militar, sino que también interpela al espectador sobre la fragilidad de la memoria y la persistencia de la búsqueda de justicia.

Pablo Míguez fue secuestrado junto a su madre en 1977, cuando tenía apenas 15 años. Su destino, como el de miles de desaparecidos, quedó marcado por el horror de un régimen que utilizó el Río de la Plata como tumba para sus víctimas. Fontes, consciente de esta carga simbólica, diseñó la escultura en acero inoxidable pulido a espejo, un material que refleja las aguas y la luz, generando un efecto visual que oscila entre la presencia y la ausencia. “Por momentos está y por momentos no”, explicó la artista, quien buscó representar la condición del desaparecido: alguien que está presente en la memoria colectiva, pero cuya existencia física ha sido negada.

La escultura de Pablo Míguez no es solo un homenaje a una víctima del terrorismo de Estado, sino también un recordatorio de la importancia de mantener viva la memoria histórica. En un país donde la búsqueda de verdad y justicia sigue siendo una lucha cotidiana, obras como esta se convierten en herramientas fundamentales para confrontar el pasado y evitar que se repitan los horrores del pasado.

El Parque de la Memoria, donde se encuentra la escultura, es un espacio dedicado a recordar a las víctimas de la dictadura. Allí, los nombres de los desaparecidos están grabados en un muro que se extiende frente al río, un testimonio silencioso de las vidas truncadas. La figura de Pablo, flotando en las aguas que fueron testigos de tantos crímenes, se suma a este paisaje como un llamado a la reflexión y al compromiso con los derechos humanos.

La obra de Claudia Fontes no solo conmueve por su carga simbólica, sino también por su capacidad de generar preguntas en quienes la contemplan. ¿Qué significa recordar? ¿Cómo se construye la memoria colectiva? ¿Qué papel juega el arte en la búsqueda de justicia? Estas son algunas de las interrogantes que surgen al observar la figura de Pablo Míguez, un joven que, a pesar de haber sido arrebatado por la dictadura, sigue presente en la lucha por un país más justo. Y en estos tiempos, en que el sufrimiento y la muerte han convertido en una pesadilla la existencia de millones de personas, nos recuerda la transcendencia del más básico de los derechos humanos: El derecho a la vida. 

PINTURA: ANTONIO BERNI

 


“Al amanecer, una prisionera, atada a la mesa con correas, tumbada boca arriba, con los pechos salpicados de sangre, es interrogada en el fondo de un sótano. Los torturadores fuman cigarrillos. Uno es un chico de veinte años; el otro tiene sesenta. Tienen las camisas sudadas, las mangas arremangadas y las espadas y los electrodos están usados”.

(Nazim Hikmet)

“La torturada” (1976) es una pintura de Antonio Berni que estremece por sus grandes dimensiones y porque muestra en primer plano a una mujer atada a una especie de tabla de madera, con las medias de nylon bajas y zapatos de tacón, semidesnuda, con su poca ropa dañada y su rostro con una mueca de espanto, de terror. Detrás hay dos hombres con gestos que transmiten miedo y uno de ellos tiene en su mano el aparato eléctrico que se utilizaba para aplicar la tétrica picana. Claramente, vemos un retrato sobre una de las más antiguas tragedias universales y lo que supuso el golpe de estado que instauró la dictadura militar en Argentina hace ahora cincuenta años. 

Las medias de nylon bajas condensan la energía de ese cuerpo derrotado; los zapatos siguen ahí, aunque los pies ya no respondan, como las piernas. El torso vencido recuerda al de las marionetas debajo del escenario, pero el rostro guarda la mueca del espanto: ojos vacíos, dientes apretados. Como por si quedara alguna duda, en el cuadrante inferior de la obra el maestro Antonio Berni transcribió los versos del poeta turco Nazim Hikmet, perseguido y torturado por su militancia comunista y reproducido en el primer párrafo de este artículo. 

Más allá de su temática, y como era habitual en la obra del maestro caracterizada por su compromiso social y político que incomodaba a la sociedad de la época, los materiales que Berni utilizó hacen que el cuerpo de ella –hecho de harapos y goma espuma– siga supurando sufrimiento. Detrás, los hombres están en otro plano: no cobran relieve, han sido pintados. Después de haberse encargado de tan atroz tarea, las colillas de sus cigarrillos junto a sus rostros burocráticos recuerdan las ideas de Hannah Arendt sobre la cara más rutinaria y banal de la maldad.

miércoles, 25 de marzo de 2026

REFLEXIÓN: CUESTIÓN DE DICTADURAS


Quienes han nacido en democracias y aún viven en ellas frivolizan sobre la opresión y la libertad. Hay en España gente convencida de que vive en una tiranía y de que cualquier día los van a llevar al gulag por meterse con el Gobierno. Sus diatribas serían más creíbles si no las proclamasen con los dedos manchados de gambas en un restaurante con estrella Michelin, mientras piden una tercera botella de vino y celebran la publicación de su último libro, que ningún censor ha tocado y que sus lectores leen en la playa sin esconderlo. También los hay —aunque cada vez menos— convencidos de que el franquismo nunca desapareció, y lo dicen en prime time desde la televisión, sin que la emisión se interrumpa con marchas militares ni la brigada político-social se los lleve a la Puerta del Sol para interrogarlos.

A unos y a otros les vendría bien ver Mr. Nobody contra Putin, el documental que ha ganado el Oscar y que cuenta, desde la ingenuidad, la periferia, el compromiso democrático feroz y una valentía emocionante cómo se construye una tiranía. Si después de ver esta obra maestra siguen diciendo que viven en una tiranía comunista o franquista, propongo llevarles de viaje a Karabash, en el corazón industrial de los Urales, escenario de la película. No digo que los llevemos en penitencia, sino como viaje educativo, que vean cómo se vive en un experimento totalitario donde todas las opiniones, salvo la oficial, han sido proscritas.

Por desgracia, tendrán que visitar Karabash por su cuenta, pues su mejor guía, Pavel Talankin, exprofesor de instituto y coautor del documental, ha huido de Rusia. Tras ganar el Oscar y postularse como enemigo público destacado de Vladímir Putin (convirtiendo el título de la obra en profecía), se enfrenta a una vida incierta de clandestinidad y precariedad. No sé de qué vivirá este simpático y valiente ciudadano que no habla inglés y nunca había salido de su pueblo remotísimo, ni cómo escapará de las larguísimas zarpas del Kremlin. Su coraje y su compromiso solitario y lúdico con una idea elemental de la democracia son lenitivos contra las exageraciones cotidianas de quienes hablamos por hablar, a gritos y desde cualquier tribuna, sin miedo a que nos metan en una cárcel rusa, nos pegue cuatro tiros la policia nazi de Donald Trump o nos ahorquen en las calles de Irán por criticar al régimen. Por respeto a los héroes como Talankin, pero también por higiene del debate público, todos deberíamos ser más escrupulosos al hablar de tiranías y dictaduras. No vaya a ser que, de tanto invocarlas, acabemos sufriéndolas.