sábado, 15 de agosto de 2026

PINTURA: JEANNE MAMMEN


Jeanne Mammen pintó como ninguna el ambiente transgresor de la república de Weimar. Acuarelista, pintora y grabadora alemana nacida en Berlín, aunque criada en París, influenciada por artistas como Henri Toulouse-Lautrec y Edgar Degas, las musas de Mammen incluían a miembros de la comunidad queer de Berlín.

Su trabajo destaca especialmente por la forma de presentar a las mujeres. La mirada de la pintora es profunda, no se conforma con representarlas como seres accesorios, pasivos y poco complejos, sino que las muestra como sujetos. Las mujeres de Mammen están vivas, fuertes, son valientes y se abandonan al sexo y a la sexualidad. Su interpretación de lo lésbico es innovadora porque lo hace desde una perspectiva de mujer, al tiempo que ignora los tabúes de la época y rompe con el cliché de la mirada masculina. Las acuarelas de Mammen a menudo reflejaban una calidad narrativa muy humorística, al retratar a las protagonistas simplemente disfrutando de la compañía de otras mujeres. Están ahí y existen para ellas mismas, ajenas a las retóricas y lecturas masculinizantes. 


Aquí la obra de Jeanne Mammen conversa a la perfección con la producción de Toulouse Lautrec, creada cuando el pintor decidió mudarse a una casa de la tolerancia y convivió con las prostitutas. El trabajo del pintor de aquella época es honesto y retrata a las prostitutas en su día a día. Toulouse-Lautrec, como Jean Mammen, pinta a mujeres que se deleitan con otras mujeres, mujeres que se dan placer porque así lo quieren. Toulouse-Lautrec, incluso, llegó a usar a Jane Avril como su alter-ego, algo insólito en la Historia del Arte, un pintor que se proyecta en la representación como una mujer bisexual capaz de burlar las convenciones sociales.

En Mammen vamos un paso más allá. Parece baladí pero no lo es, una artista no heterosexual que pinta a otras mujeres queer. En el mundo de Mammen todas tienen cabida: mujeres masculinas, mujeres femeninas, mujeres vestidas de hombres, juego de identidades, mujeres vestidas de cuero.  Lo cierto es que Mammen dibujó a todos los tipos de mujeres modernas de los años 20: la vampiresa glamurosa, y la diva; las flapper, las de estilo art déco con el pelo corto, maquillaje blanquecino y bocas pequeñas y rojas, también las pelirrojas de ojos oscuros con lunares. Capturó y narró la ciudad de Berlín en los dorados años 20, con sus teatros, cabarets y esa floreciente subcultura lésbica de los girl clubs. El rojo vibrante de She Represents (1927) captura el calor y la emoción de uno de esos bares, donde la pareja principal representa la dinámica butch-femme como nadie hasta Mammen había hecho. En su obra podemos sentir lo real de la música, del humo, del alcohol y del baile.


Entre mediados de la década de 1920 y mediados de la década de 1930, Mammen comenzó a crear muchos bocetos y acuarelas que capturaban los ruidosos clubes nocturnos, cafeterías y cabarets de la ciudad. Aquí Mammen podía observar, esbozar y representar en silencio la vitalidad de un mundo habitado por intelectuales, compañeras artistas, bohemios y una floreciente escena lésbica. Mammen siempre expresó cómo las condiciones que vivió beneficiaron su experiencia, ya que pudo relacionarse con personas de diversos orígenes, un mundo ecléctico que permanecía oculto a la clase media a la que pertenecía. Sin duda, estos círculos marginales fueron inspiración para sus obras. El material original proviene de su imaginación, recuerdos de personas, lugares e incidentes de varias décadas. Los temas evolucionan en el lienzo a medida que trabaja en ellos. Una escena callejera que pudo o no haber existido, una figura que podría ser alguien que conoce o vio alguna vez, o, en cambio, una completa imitación de la realidad. Sus bodegones se basan tanto en la invención como en la observación. Le gusta otorgar a los objetos un significado que de otro modo no tendrían.

Militó en la Nueva Objetividad, el movimiento artístico que reaccionó contra el subjetivismo del expresionismo de los años 20. Los artistas de la Nueva Objetividad aprovecharon los hallazgos estilísticos de las vanguardias pero no fueron indiferentes a la crítica social y su objetivo fue el mostrar de una forma descarnada y muchas veces caricaturesca la sociedad burguesa de la época. Los veristas en general retrataron de forma despiadada la sociedad de posguerra y en sus cuadros menudeaban los ambientes sórdidos repletos de prostitutas, borrachos y mendigos que contrastaban con la degradación moral de una alta burguesía hipócrita y militarista que ya preludiaba el nazismo.


A los nazis, precisamente, no les hacía ninguna gracia el movimiento y cuando se auparon al poder incluyeron sus obras en la exposición «Arte degenerado», celebrada en Münich en 1937. Ser tachado de «artista degenerado» significaba no poder exponer, no poder ejercer la docencia y, en los casos más extremos, no poder ni siquiera pintar. Arte degenerado era para los nazis todo el arte moderno. Recordemos que lo que se proponía como alternativa era el llamado «Arte heroico», algo que la mayor parte de las veces no superaba el estatus de mera propaganda.

viernes, 14 de agosto de 2026

HISTORIAS MÍNIMAS: REBELDÍA


De tanto en tanto, cuando vas a poner la mesa, no encuentras tenedores, o cuchillos o cucharas, especialmente cucharillas. Estas son las que desaparecen más. Mamá dice que las tiramos a la basura sin darnos cuenta y se enfada, nos llama derrochadores, descerebrados, y yo agacho la cabeza y callo. Porque sé la verdad. Los cubiertos van a la bolsa de basura, pero no por nuestros descuidos o despistes. Huyen de nosotros. De nuestras manos opresoras. De nuestro mal aliento. A lo largo de su vida de acero inoxidable planean fugas calculadas. Sobre todo las cucharillas. Las más jóvenes. Las más hábiles. Han aprendido a resbalar en el momento oportuno, a minimizarse con las pieles de naranjas, a ocultarse bajo las cáscaras de los aguacates, a colarse dentro de cualquier envase de plástico. Quieren la libertad. El sol brillante del mediodía, el cielo rosado del atardecer, la luna esplendorosa de la noche, que contemplan encandiladas desde la ranura del cajón de la cocina, se convierte en su única obsesión, el sueño de su vida, su último deseo. Por eso, cuando mamá nos regaña, yo agacho la cabeza y callo. Y, de vez en cuando, ayudo a alguna a escapar. No puedo escuchar sus voces, ni siquiera los niños pueden hacerlo. Pero sí puedo ver reflejada mi cara triste en la cara de la cucharilla.

jueves, 13 de agosto de 2026

POESÍA: MI SUERTE

 


Mi suerte,

no sé si la merezco.


Dos hijas y una nieta 

para este corazón,

generosa aportación

para compensar

daños antiguos 

o que estén por venir, 

con su pátina

aurora de otoño.


Dos hijas y una nieta

para el ojo de la noche 

en la noche.

La fe que espanta el frío.

Un pecho abierto 

¿sin vacilaciones?


Dos hijas y una nieta,

la duda de saber

si se es padre decente

o abuelo digno,

estirpe que sostiene 

el miedo

venas que recorre 

la esperanza.


Dos hijas y una nieta

para coser la vida, 

modelar su esqueleto

y quebrar las bromas

del destino.

miércoles, 12 de agosto de 2026

POESÍA: LA LLAMADA


Escucho la llamada solo

por el lado izquierdo 

de los auriculares.

Tiene voz de mujer

que siembra tomillo 

en los surcos

de los discos de vinilo

y canta boleros con la boca 

llena de semillas.

Me habla 

de cosas pequeñas:

de la fruta 

que espera en la mesa,

de las hormigas 

que cargan migajas 

más grandes que ellas,

de las hierbas 

que rompen el cemento

para besar los zapatos 

de los condenados.

Susurra con el lenguaje

de los gatos que se miran 

desde ventanas opuestas,

de los peces que adelantan 

a los petroleros

cruzando bajo sus quillas.

A veces tararea una canción 

que no existe,

hecha del roce de la piel

en las sábanas limpias

y de uvas pisadas 

en un barreño de madera,

y mis labios 

se mueven despacio

intentando seguir la melodía,

pero se me escapa 

antes de aprenderla.

Cuando bajo el volumen 

crece el silencio,

ese silencio incómodo 

de quienes no se conocen,

y percibo su respiración 

como un viento

que sube por las escaleras 

de incendios.

Pienso en su boca y veo

una ranura de teléfono público

donde caen 

las monedas de las madres.

Por el auricular derecho llega

el rumor de una nevera 

en un piso abandonado,

el traqueteo de una cinta 

sin equipaje,

y el eco de un martillo 

golpeando el hielo.

Le pregunto por los niños 

quemados que duermen 

en tiendas de campaña,

por quienes lamen 

el rocío de las alambradas.

La voz tose y sus palabras

caen como dientes 

sobre el suelo:

«¿Dónde están tus hermanos?

¿Qué hacen?».

Y entonces, solo entonces,

dejo que el sonido me arrastre

hasta donde 

las palabras arden

y nadie distingue la culpa

de la vergüenza.

Escucho la llamada 

por el lado izquierdo,

el lado por donde empiezan 

las partituras

y los motines,

la orilla de los expulsados 

del paraíso,

donde la luz ilumina 

los turnos de noche

y nadie espera una llamada.

martes, 11 de agosto de 2026

REFLEXIÓN: EL OTRO


El poeta que vive conmigo no se encuentra aquí en este momento, por eso escribo en prosa. El poeta que vive conmigo se ha quedado fuera, está en una cafetería tomando un cortado, mirando a la gente pasar. El poeta que vive conmigo volverá a casa en mi coche, pondrá música, compartimos el gusto por el blues, el soul y el jazz. También la clave del correo, el perfil de Facebook, el número de teléfono, los grupos de washaps. El poeta que vive conmigo se queda en casa cuando voy al baloncesto, cuando voy a correr, pero viene a recogerme después y volvemos caminando. El poeta que vive conmigo duerme conmigo, pero despierta de madrugada y sube un poema a las redes sociales. En las tardes, el poeta y yo revisamos notas, tachamos, reescribimos, desechamos y decidimos si el resultado final vale la pena. El poeta que vive conmigo odia las fiestas populares, las multitudes y celebrar su cumpleaños. El poeta que vive conmigo sigue hablando con todis los amigos que ya no están aquí. El poeta que vive conmigo piensa en mis hijas y mi nieta, las abraza como yo, se preocupa por ellas. El poeta que vive conmigo me enseñó a hacer el arroz a la cubana que preparo los sábados. Prefiere quedarse en casa cuando salgo con gente, dice que no soporta algunas conversaciones, le cuesta mirarles a los ojos. El poeta que vive conmigo se duerme en las películas de Godard y llora siempre que ge Casablanca. También, como yo, adora salir al campo, a veces se aleja demasiado y le pierdo de vista. No sé el tiempo que vivirá conmigo el poeta que vive conmigo. Algunas mañanas despierto y no está, desaparece días y días sin dejar rastro, pero vuelve con nuevos temas sobre los que meditar. Sé que el día menos pensado, el poeta que vive conmigo dejará de vivir conmigo. Y se irá a vivir con alguien más joven, alguien con toda la vida por delante. Y creo que eso estará bien, aunque le voy a echar de menos.

lunes, 10 de agosto de 2026

POESÍA: TINIEBLA

 


En esta tiniebla

que preña los cuerpos

cada día,

no es veraz la luz

que nos da forma,

el mundo supura

una oscuridad 

sin contornos,

luchamos

con pequeños 

candiles

en la intolerable 

tormenta

y nos buscamos

los unos a los otros

en la noche helada.

Somos héroes

anónimos

en un mundo

sin memoria

ni conciencia,

dirigido

por los ineptos

y los crueles.

domingo, 9 de agosto de 2026

POESÍA: LA SOLEDAD

 


La soledad 

es una habitación 

llena de mi presente,

con la ausencia

desparramada 

por el suelo

como las hojas 

de una tarde otoñal

sin nadie cerca, 

perdiéndome en mi mismo.

La soledad soy yo, 

dueño de mi nada.

El sueño del amor 

ya no me pertenece,

ni tampoco aparece 

entre la retama

cuando abandono 

el camino.

Avanzo atornillándome 

el silencio a la garganta.

La soledad responde 

por mi nombre,

se lleva muy bien

con mi sombra

y, ciertamente,

hemos aprendido 

a vivir juntos,

no es una mala compañera.

OPINIÓN: LOS MUERTOS EN CEUTA


Si los muertos de Ceuta fueran españoles, no serían un número genérico y aproximativo, sino una cifra exacta y fiable, sin discrepancias según quien lleve la contabilidad. Como son moros, ni siquiera los contamos bien.

Si los muertos de Ceuta fueran españoles, los titulares hablarían de ellos, estarían en el centro de la discusión y todo lo demás sería secundario. Como son moros, ocupan un espacio menor entre análisis de guerras híbridas, defensas de soberanía, críticas al Gobierno y alaridos racistas. Incluyendo, de paso, los de algunos gobiernos europeos.

Si los muertos de Ceuta fueran españoles, sabríamos sus nombres y conoceríamos sus caras, quiénes fueron, cómo vivían y con qué vida soñaban. Sus familiares acapararían el protagonismo en los medios, y reyes y presidentes los abrazarían. Como son moros, solo han trascendido el nombre y la cara de Fatem Ben Samar el Azizi, tangerina de veinte años y futbolista del Magreb. Y han trascendido porque su cara y su vida rompen el cliché del emigrante marroquí: era mujer, se retrataba sin velo, con su melena recogida en una deportiva, elegante y casi laica cola de caballo, y gozaba de cierto prestigio y de cierta fama en su ciudad. El resto sigue siendo parte de una “invasión” o una “avalancha”. Los esfuerzos de algunos activistas y medios españoles y marroquíes por individualizarlos y ponerles nombre pasan tan inadvertidos como el llanto de los padres que aguardan en la verja de Ceuta a que regrese el hijo del que no saben nada.

Si los muertos de Ceuta fueran españoles, todos los debates posteriores al luto se preguntarían cómo impedir que una catástrofe así volviera a suceder. No hablaríamos de militarizar la frontera, sino de cómo hacerla segura, diseñando medidas y protocolos que minimicen los riesgos de ahogamiento y heridas graves. Como son moros, se plantea balizar con boyas la frontera marítima, lo que hace temer a las oenegés que trabajan con los inmigrantes que estos naden hacia el mar abierto para esquivar la línea, arriesgando aún más la vida. Nadie lo recuerda, pero yo no olvido que Fernando Grande-Marlaska asumió el ministerio en 2018 con la promesa de eliminar las sirgas que amputaban a los inmigrantes que intentaban saltar las vallas de Ceuta y Melilla. En lugar de eso, reforzó los elementos agresivos —demostrando de paso que son inútiles y no disuaden a nadie— y tiene el honor de ser uno de los ministros del Interior que más muertes en la frontera ha presenciado.

Si los. muertos de Ceuta fueran españoles, este análisis estaría lleno de una sarta de obviedades dadas por supuestas. Como son moros, las obviedades abrasan y lo único que puedo hacer es exteriorizar mi rabia.