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martes, 22 de junio de 2021

VIOLENCIA MACHISTA

Los egacionistas de la violencia machista han vuelto a insistir en su receta habitual de aumentar las penas. Creen firmemente en la cultura del castigo y jamás en la de la prevención. En los casos en que no recurren al suicidio, estos asesinos ven cumplida su misión vengativa. Lo que deberíamos combatir es su interpretación psicópata del amor, por desgracia demasiado extendida entre nosotros. Todo crimen ofrece una posibilidad de trabajar en su prevención, pero los crímenes de género aún más. Requieren por tanto un esfuerzo de pensamiento, medios y tratamiento. Más allá del obvio castigo debemos atajar también las motivaciones en las que se ampara. Pese a las políticas de protección de la mujer, tan necesarias, la violencia contra ellas por parte de exparejas o personas cercanas persiste. Y lo hace porque a menudo nos olvidamos de que la desactivación comienza en los medios, la escuela y en el interior de las familias. Es imprescindible que el coro de allegados que protege a los maltratadores por una mal entendida lealtad personal se combata con ahínco. Los rasgos del acoso a la expareja son bastante evidentes y tendrían que activar una mayor implicación del entorno familiar, laboral y social de la víctima y del verdugo. Lamentar el delito y echarse las manos a la cabeza cuando el daño se desencadena evita que reparemos sobre unos valores sociales podridos que se imparten desde demasiados púlpitos, salones y mentalidades. Al día de hoy, basta fijarse de manera somera en el tratamiento de las mal llamadas noticias del corazón para entender cómo se tiende a considerar la separación una traición y el final del amor como un atentado al otro. El error estriba en empujar sutilmente a quienes aspiran a recuperar su autoestima herida a hacerlo con una reacción de autoridad de cara a los demás, esos espectadores que en los programas de cotilleo son un público distante y cruel, pero que en el entorno social y familiar son demasiado habitualmente también jueces de parte, condicionados por una cercanía malsana que legitima al criminal para actuar de manera tan salvaje. La violencia machista sacude a los hijos porque el origen mismo de muchas relaciones sentimentales se asienta sobre la posesión, la sumisión y el desprecio a la autonomía de la mujer.

domingo, 5 de julio de 2015

LEY MORDAZA





La aprobación de la nueva Ley de Seguridad Ciudadana en España es un duro golpe para gran parte de la sociedad que sale a la calle a reclamar lo que considera justo. Con esta nueva medida el Gobierno ataca de lleno los derechos y fundamentales de reunión y manifestación recogidos en la Constitución.

Lo cierto es que esta ley es una respuesta directa y desproporcionada contra las diversas formas de protesta civil pacífica a las que tiene derecho la ciudadanía. Ante la profunda crisis socioeconómica, frente a los escándalos de corrupción política y a las estafas de bancos y grandes empresas, la sociedad española se ha levantado para aunar fuerzas e intentar frenar las injusticias que día a día se suceden. Pero ahora, con la conocida como Ley Mordaza, estos esfuerzos pueden ser en vano porque deja a los que se movilizan indefensos ante la represión indiscriminada al no estar tutelados por un juez.

Siempre han existido leyes injustas. Ante tal situación se nos plantea un dilema moral: Optar entre estar contentos de cumplirlas, trabajar para enmendarlas y obedecerlas hasta cuando lo hayamos logrado, o incumplirlas desde el principio.

Antes que ciudadanos somos seres humanos. Así que lo deseable no es cultivar el respeto por la ley, sino por la justicia. La única obligación que tenemos derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que creamos justo. Ya lo dijo Henry David Thoreau: ‘Bajo un gobierno que encarcela injustamente a cualquiera, el hogar de un hombre honrado es la cárcel’.



viernes, 5 de junio de 2015

HUMILDAD





Se supone que a lo largo de nuestro proceso evolutivo, en un determinado momento los humanos asumimos nuestra responsabilidad en la historia. Pero la luz de la razón igual nos terminó deslumbrando demasiado y nos ha dado por medirlo todo: los cráneos, los orgasmos, las ideas... Pensando que en el misterio de la relación del yo con los otros, cuando surge el amor o el odio también podría calcularse. Y claro, si sólo los números, las fórmulas y los conceptos nos hablan de la verdad, de nada sirven el arte y la ética. Así pasaron guerras, hasta hoy, donde una disciplina tan poderosa como la economía -neoliberal-, destinada a facilitarnos la gestión de los recursos, reprocha que sobra una variable: nosotros, sus creadores, sus dioses.

Como a los mercados financieros, la soberbia bajo control nos refina, pero si no le ponemos restricciones acaba por devorarnos. Por un lado, uno puede creerse el centro del universo e intentar aplastar con su molde al resto de iguales. Por otro, ser esclavo de la ambición con la exigencia constante de parecer más y mejor, una proyección insatisfecha, por irreal e inalcanzable.


Dijo un pontífice ya desaparecido (siento la herejía, me obliga la congruencia textual) que la vanidad es el comienzo de todos los pecados. Desconozco sus argumentos, aunque como conclusión encaja al completo con los míos. A la humanidad y a los particulares que la componen nos bastaría con querernos tal y como somos, ahora bien, con humildad para prosperar en aquellas parcelas de nuestra existencia acordes a las necesidades que nuestra condición animal y social exige. ¿Parece fácil? Pues entonces, ¿Por qué demonios no lo hacemos?





jueves, 14 de mayo de 2015

LA PENÚLTIMA OFENSA A LOS DESAPARECIDOS





Es una realidad evidente que no somos todos iguales ante la vida, pero tampoco lo somos en la muerte. Ni por cómo se ha producido, ni por el trato que reciben después nuestros restos. Lo fundamental una vez que somos huesos, es que los que aquí quedan, los que nos han amado o desean recordarnos por la razón que sea sepan dónde reunirse con nosotros, que haya un espacio físico de encuentro para dar rienda en ese lugar a que puedan liberarse los sentimientos.

En España quedan aún miles de muertos por recuperar, los que formaron parte de un plan fríamente planeado y ejecutado después de la guerra por la dictadura asesina del general Franco. Algunos pretenden manipular la historia con el argumento de que esas muertes formaron parte del terrible catálogo de víctimas de la Guerra Civil, pero no es verdad. De lo que estamos hablando es de los asesinados en la posguerra, fusilados por razones tan peregrinas y terribles, que incluyen desde cuestiones políticas, hasta inquinas personales y rapiña de bienes en beneficio de los asesinos. El engranaje que sostuvo a la dictadura fue el miedo y a fe mía que fue impuesto a sangre y fuego.

Precisamente de la posguerra se habló hace poco en Nueva York, en el acto de entrega del premio Alba-Puffin que conceden dos fundaciones estadounidenses relacionadas con los derechos humanos a la Asociación Española para la Recuperación de la Memoria Histórica. Se trata de un premio dotado con 100.000 dólares que le permitirá mantener abierto dos años más el laboratorio de identificación de los restos que va sacando de las cunetas y de las fosas comunes. Y es que, tras la derogación de hecho de la ley aprobada por el Gobierno anterior para, entre otras cuestiones, ayudar a los españoles a buscar a sus familiares desaparecidos en el franquismo, la asociación que fundara un nieto de aquellos y que lleva ya abiertas más de un centenar de fosas se mantenía con las cuotas de sus colaboradores y con el trabajo desinteresado de los voluntarios. Muy poco que ver con la acusación del portavoz del Partido Popular en el Congreso, ese repugnante tipejo que cada vez que abre la boca es para insultar, de que los familiares de los desaparecidos no se acordaron de ellos hasta que vieron la posibilidad de cobrar una subvención.


Mientras tanto, sus compañeros en el Ayuntamiento de Madrid, que, como él, acusan de revanchismo a los familiares de los desaparecidos por querer sacarlos de donde están, llevan gastado medio millón de euros en buscar los restos de Cervantes en la cripta en que fue enterrado en un convento de la capital. “Algo de Cervantes hay”, dijeron, exultantes, en la multitudinaria rueda de prensa que convocaron para dar cuenta de los trabajos de búsqueda ante la mezcolanza de huesos que se encontraron. ¿Cómo extrañarse, a la vista de ello, de que el acto de entrega del premio Alba-Puffin a una asociación española tuviera lugar en el Centro Japonés de Nueva York y no en el instituto que lleva el nombre del autor del Quijote, por cuyos huesos suspiramos tanto? Hasta ese extremo han llegado esos personajes inmundos que ahora se desviven pidiéndonos el voto mientras hacen todo lo posible por seguir echando sal en la herida de los que tanto han sufrido. Por lo visto les parece que ha sido poco y se desviven por añadir nuevas ofensas a nuestros desaparecidos.




lunes, 4 de mayo de 2015

ESCRIBIR COMO UN ARMA





Hay una reflexión magistral en el Principito: “Si tú me domesticas, entonces te necesitaré”. El colmo del cinismo es que el sistema pretende que comulguemos con sus ideas y de no ser así, que permanezcamos en silencio. ¿Qué nos queda entonces? No estar de acuerdo equivale a quedarse fuera y a ser considerado un elemento marginal extremista. Ellos creen a pies juntillas en su ideología, un conjunto de ideas y de políticas muy convenientes  pues les garantiza riquezas personales y un poder cada día mayor...
El resto, los que no formamos parte, debemos limitarnos a callar, consumir y a permanecer alienados frente al televisor. ¿Dónde están la cantidad insufrible de personas de las que nadie con un cargo de responsabilidad se ha preocupado nunca? ¿Cómo podemos permitir que esa gente que consideramos nuestros líderes sea capaz de estigmatizar la pobreza? ¿Es posible que molesten los vagabundos, pero no las circunstancias que les ha conducido a la exclusión social? ¿Es esta la sensibilidad intrínseca del poder?
La casta que lo conforma es un como un camaleón astuto, que evoluciona y se adapta según sus necesidades. Y, sin embargo,  si una cosa distingue al actual de sus encarnaciones anteriores, es el triunfalismo. Antaño los poderosos afrontaban amenazas importantes que los mantenían a raya. Sin embargo, da la impresión de que sus oponentes han dejado de existir de forma significativa desde que el comunismo dejó de ser una amenaza. Parece que hemos perdido la batalla. Y de ahí viene nuestra consternación y surge la pregunta: ¿Es el dinero la recompensa destinada a la falta de calidad humana?
Los “aparatos ideológicos del Estado”, son muy peligrosos y utilizan toda una panoplia de recursos para troquelar la mentalidad de los ciudadanos. Las ideas de nación y patria han funcionado de manera muy eficaz para movilizar a las masas y llevarlas a defender intereses que no son los suyos, sino los de las clases dominantes. ¿De qué sirven la patria y las banderas cuando tienes que cruzar el Mediterráneo sobre una barcaza con maderas no aptas para la navegación? ¿De qué sirve cuando llevas años sin encontrar trabajo? ¿De qué sirve cuando es capaz de desahuciar a una anciana con una hija discapacitada o dejar morir a enfermos por no invertir dinero público en el medicamento que los salvaría?
Para comprender la magnitud de esta desgracia, es necesario contar con dosis de bondad, empatía y sensibilidad. Y haber compartido la vida, la soledad y el destino con los verdaderos héroes de la historia para ser como ellos y jamás colaborar con os que los oprimen. Resulta aleccionador formar parte de la multitud anónima que a nadie importa, y compartir junto a ella el dolor, la risa y la indignación. Por desgracia, no parece ser ese el sentir de la mayoría, pues una y otra vez lo demuestra con su voto. Una especie de Síndrome de Estocolmo recorre el país cada vez que se convocan elecciones en los que los resultados hablan de un cambio en el que el verdadero significado es que todo seguirá igual.
En el Bhagavad- Gita hay una frase que llama la atención porque el paso de los siglos no le ha quitado ni una pizca de actualidad: “Escogimos la libertad al mismo tiempo que la justicia y, en realidad, en adelante ya no podemos escoger a una sin escoger a la otra. Si alguien os niega el pan aniquila al mismo tiempo vuestra libertad”.

En eso estamos, así que hagamos que el amor, el arte y la belleza sean también un arma de denuncia, que nos recuerde siempre este estado de cosas donde estamos instalados. Para eso fundamentalmente escribo.






domingo, 5 de abril de 2015

WEIMAR Y BUCHENWALD





Weimar es una pequeña ciudad alemana, llena de historia por los cuatro costados y con no más de 60.000 habitantes. Para empezar hay que destacar que se trata de uno de los lugares que más han influido en la modernidad cultural europea, ciudad natal de Goethe y Schiller, lo que la convierte en un referente literario y de la filosofía en todo el mundo. Pero además la nómina de intelectuales de todo tipo que han tenido relación con la localidad es ingente: Nietzsche, Fürnberg, Liszt, Bach, Cornelius, Gropius, Feininger, Klee, Itten... Pasear por Weimar supone también dejarse sorprender por rincones donde la belleza reluce en calles, casas, plazas y parques que son visitados continuamente por alemanes en búsqueda de paz y sosiego...

Pero no hay que dejarse engañar por todas estas circunstancias, pues los visitantes extranjeros tienen además otro poderoso motivo para acercarse, y tiene que ver con los límites del horror y la crueldad humanos. Hay una terrible historia detrás, al haberse también convertido en los años treinta en uno de los primeros bastiones del nacionalsocialismo. Desde los balcones del que es hoy el hotel más lujoso de Weimar, aún resuenan los ecos de las arengas de Hitler a sabiendas del creciente poder que el nazismo iba acumulando en Alemania. Quizás como homenaje, los nazis la eligieron para edificar a escasa distancia de su centro histórico el campo de concentración de Buchenwald. Allí, entre 1937 y 1945 fueron retenidas 250.000 personas provenientes de 35 países diferentes y sufriendo crueldades que no es necesario explicar, pues todos las conocemos. En contraste con la historia cultural de Weimar, Buchenwald acogió una gran nómina de escritores, entre ellos Jorge Semprún, que describió magistralmente las atrocidades que se vivieron.


Una línea de autobús conecta cada hora la estación de trenes con el lager, situado en un hermosísimo bosque de hayas. Realizar ese recorrido después de haberse sumergido en la tranquila y hermosa normalidad de la ciudad supone vivir dos experiencias completamente opuestas que conectan la muerte con la vida, la alegría con el espanto. El pasajero de ese autobús se ve impelido a hacer otro viaje además del geográfico, en este caso interior, que le lleva a conocer la parte más oscura de nosotros mismos. Significa traspasar la frontera exacta, la más íntima, la última que tiene dentro de sí cada ser humano: La de su capacidad para el bien y el mal.




lunes, 18 de agosto de 2014

LA TERRIBLE INFANCIA PALESTINA




Cuando la operación militar se acaba, Palestina es de nuevo abandonada a su suerte por los medios de comunicación porque consideran que ya no es noticia lo que allí pasa y la muerte y el dolor continúan su devenir, pero sumidos en un silencio cómplice que siembra de sufrimiento y humillación, de silencio y escarnio la vida de los palestinos supervivientes al ataque de Israel mientras esperan el siguiente...


Y entre ellos están los niños con los que las cifran resultan estremecedoras: Casi 500 han muerto en la última operación, esa con un nombre salpicado de cruel sarcasmo israelí: Margen Protector. Ha sido otro más de los ejercicios de autodefensa israelí que destroza casas, calles, barrios enteros, escuelas y hospitales, destruye la red eléctrica y las reservas y canalizaciones de agua. Y que mata a miles de hombres y mujeres inocentes, centenares de niños y niñas en algunos pocos días. La escena se repite siempre con una mórbida obstinación, como si fuera la rutina necesaria de un horror al que ya nos hemos acostumbrado: Israel ataca a Palestina y a los palestinos, mientras el mundo mira indiferente o indignado, tanto da porque nada cambia. La escena se repite una y otra vez mientras Palestina se reduce a un interminable repertorio de destrozos y la sangre corre por sus calles. 



Con ello se impide, se anula y aniquila la posibilidad de que ambos países construyan un futuro basado en el derecho a vivir en paz, a criar a sus hijos sin peligro y a imaginar un futuro de tranquilidad y prosperidad basado en el derecho que los dos pueblos tienen a una nación edificada sobre los principios de la autodeterminación, la dignidad y el bien común. Y resulta obvio que el crimen humanitario ejercido por el terrorismo del estado de Israel se perpetra con la colaboración de Hamás, el grupo terrorista que dice defender a su pueblo cuando lo único que consigue con su alucinante  fantasía de arrojar a los judíos al mar es servir en bandeja el pretexto que el estado militarista israelí necesita para justificar una nueva matanza.
¿Pero qué pasa con la infancia palestina cuando las bombas cesan, el ejército ocupante se retira y el mundo mira hacia otra parte?



Ocurre que hay niños y niñas que son objeto de todo tipo de violaciones de los derechos humanos, en el ejercicio diario de abuso de poder que sufre la población de Gaza y Cisjordania: crecen rodeados del muro de la vergüenza que los circunda y centenares de ellos son detenidos ilegal y arbitrariamente (se dan casos de aulas enteras de una escuela) y mantenidos en prisiones militares que violan todas las leyes internacionales, sin proceso ni condena. Hay cifras al respecto, las ponen sobre la mesa Defense for Children International y Amnistía Internacional: En 2014 y antes del último ataque fueron internados en prisiones militares israelíes 1247 niños y niñas palestinos. En las últimas semanas y aprovechando las matanzas de Margen Protector, la cifra se ha quintuplicado. Si se critica con razón a Estados Unidos por la monstruosidad jurídica de la existencia del centro de detención de Guantánamo, qué decir de estas cárceles donde se mantiene a estos niños incomunicados, amarrados, vendados, sometidos a castigos físicos, no se les permite asistencia legal y se les obliga a firmar declaraciones en hebreo, lengua que evidentemente desconocen.



Lo más monstruoso es que existe una razón para hacerlo, aunque parezca una locura digna de una mente capaz de las peores atrocidades. Se trata de una agresión en toda regla contra los niños de un pueblo al que se le envía un claro mensaje de negación de futuro, es la demolición del principal horizonte de esperanza sobre el que podría aferrarse el destino de una nación a la que se diezma su identidad y a la que se humilla ferozmente de una manera tal que sólo puede calificarse de fascismo genocida. No podemos permitir que algo así se realice en silencio, estamos obligados a difundirlo, haciendo de esta historia y del presente y el futuro de la infancia palestina la causa de todos los que apuestan por un mundo mejor y no consintiendo que nos conviertan en cómplices del genocidio las campañas del sionismo internacional, acusando de antisemitismo a los que critican a Israel cuando haríamos lo mismo si ellos fueran los agredidos en lugar de los agresores.



miércoles, 16 de julio de 2014

ALERGIAS DE PAZ







Hoy es día de alergias. Desde hace unas horas  un coro de estornudos me acompaña a todas partes y los ojos no se cansan de llorar. Y en medio de los lloriqueos me asalta una pregunta que puede otorgarle una razón a lo que me ocurre... ¿Cuántas lágrimas valen las muertes de los niños palestinos que caen tiroteados sin descanso, con los vientres reventados, las extremidades diseminadas, los corazones agonizantes, su pena grande, su sed muy honda, su infancia galopando entre el miedo y los sables?
A estas alturas he dejado de creer en muchas cosas, pero sobre todo en que Israel rectifique su política genocida sobre el pueblo palestino. Pocas son ya las palabras que quedan para condenar lo que ocurre, están gastadas de tanto usarse. Pocas las conciencias de los líderes internacionales a los que recurrir, pocas las esperanzas de que algún día esta dinámica de fuego y destrucción cambie. No creo ya en una solución para Oriente Medio sin que antes haya cambiado eso que llaman el Orden Internacional que hoy existe como una maldición sobre los pueblos oprimidos...
Y no me entiendan mal... Aún creo en cambiar este sistema, en que es posible despertarse un día con el pan sobre todas las mesas, con la paz sobre todas las banderas, con la vida derramándose, tibia, sobre cada infancia y cada jornada. Igual lo que hoy me pasa es una simple alergia, o la desesperación del momento y resulta que aún me quedan muchas cosas en las que creer. Y quizá porque son muchas y tan simples, tan comunes, vivo el desasosiego de no verlas cumplidas, la incertidumbre de saber que voy a morirme y quizá no haya visto el principio de ni una sola de mis utopías.
Pero es jodidamente trágico que hoy todavía  la historia esté fabricando el jabón con el que limpiará mañana en sus libros toda la sangre derramada, que no llegue nunca ese momento, que no aprendamos, que la sangre que se vertió sobre el cáliz de la violencia más bruta contra los judíos, la del estiércol más inhumano, la sinrazón más tétrica y el primitivismo más brutal los haya convertido en ejecutores de políticas parecidas. Los pueblos cansados han de defenderse de las cadenas, de los cementerios donde reina la sumisión, de las tumbas donde caen pateados los muertos del fascismo. Pero jamás convertirse en celebrantes de idénticas orgías en loor del sufrimiento y la muerte.

Me tengo por poeta y como tal no puedo enfermar de ceguera, no puedo fugarme a lugares donde sólo haya primaveras y debo quedarme aquí, en esta tierra, en estos ciclos de fanatismo, con estas vicisitudes espantosas de las que igual otros pueden evadirse. Y creo, con la urgencia de quien apenas puede hoy deletrear estas palabras con ojos encharcados, en los que se levantan para decir basta aunque todo lo tengan en contra, aunque les ignoren los ilustres del mundo, aunque sea su lucha silenciada y lejana. Creo en ellos y desprecio a los que les dan la espalda. Hoy más que nunca, sumergido en estos síntomas acuosos que no me dejan descansar en paz... Paz, qué magníficamente hermosa es esta palabra...



jueves, 26 de junio de 2014

PROSPECCIONES



Hoy este pequeño rincón se salta su rutina literaria habitual porque aunque su autor tenga un alma internacionalista, ama profundamente el lugar donde tiene sus raíces. Proviene de un pequeño y hermosísimo archipiélago perdido en la inmensidad del Atlántico que siempre tiene sus puertas abiertas a todo el que decida venir a visitarlo. El orgullo de sus habitantes y el asombro de los que por aquí pasan está en la variedad de sus paisajes y ecosistemas, una joya que convierte esta zona del mundo en una de las más protegidas ecológicamente hablando. Canarias es también una fuente inagotable de energías alternativas: El sol, el viento, las olas, las mareas...

Pero todo este precioso tesoro no cuenta cuando lo prioritario son los negocios y el enriquecimiento de unos pocos a costa del bienestar de la mayoría. El gobierno de España ha decidido apostar por la búsqueda de petróleo a gran profundidad en aguas cercanas a las islas, otorgando una concesión a la multinacional Repsol y haciendo oídos sordos al rechazo frontal de la población y las distintas instituciones políticas, científicas y educativas canarias, así como la totalidad de grupos ecologistas locales y foráneos. La posibilidad de un vertido masivo de petróleo sería un atentado ecológico de magnitudes insospechadas que afectaría a nuestra principal fuente económica, el turismo y a la actividad pesquera. E incluso a nuestra principal fuente de agua, que se realiza mediante potabilizadoras que transforman el agua marina en potable. La iniquidad llega a tal punto, que incluso se impide que los canarios podamos decidir en referéndum sobre algo tan grave, dando una estocada casi mortal al concepto tradicional de democracia sustituido por otro donde los representados no tienen posibilidad de hablar, salvo cuando lo permiten los que en teoría han de estar a su servicio.

Y para mostrar el rechazo que esta sinrazón nos produce, nada mejor que acudir a uno de los más grandes poetas canarios, un maestro bajo cuya sombra este humilde escribidor se acoge. D. Pedro García Cabrera, en su libro de 1977, ‘Ojos que no ven’, publicó este poema titulado Polución. Hoy seguro que se está revolviendo de ira en su tumba:


Ahora sí que estamos en capilla. 
Ningún juez ha firmado la sentencia 
para dejar de ver el rostro de los días, 
los cabellos del aire, 
los pies de las montañas. 
Las fábricas se salen con las suyas: 
inmolan 
lo que aún nos quedaba en el haber. 
Y la muerte produce dividendos 
en esta sociedad a tumba abierta 
que llaman de consumo. 
Hasta a la mar le duele el horizonte, 
la soledad de nuestra compañía. 
Está perdiendo el aire los pulmones, 
la mar sus esperanzas 
y los ríos sus muslos sin regazo. 
Y no digamos nada de las penas 
de quienes van la noche trabajando 
para dar con el alba. 
Haced un plebiscito. 
Y que voten los árboles 
con sus nidos vacíos, 
las aguas con sus peces flotando a la deriva, 
las desprovistas madrigueras. 
Y que voten también los desiertos, 
las islas, las arenas, 
los cestos de basura de las calles, 
el beso de los novios y los cines. 
Sí, votemos por el sueño de la vida 
los que estamos al borde de la muerte. 






sábado, 5 de abril de 2014

POESÍA



Ojalá que no existiera palabra que la defina, porque llamarla Poesía  puede convertirla en objeto de cambio y especulación, un pretexto para despreciar a los que se quedaron fuera del coto cerrado formado por las élites culturales y los círculos de iniciados. Lo que denominan Poesía resplandece como el amor y la pasión, como un vino milenario o una noche donde todo se conjuga para obtener respuestas, que nace como una flor entre bosques perdidos, en una tierra fronteriza que sólo existe como símbolo para nombrarla, para aproximarse a su sentido, y es capaz de sobrevivir entre lo baldío como una rosa en el desierto sin importarle el exilio y la persecución de la belleza. Lo que llamaron Poesía rompe los silencios, es una voz que nos nombra y nos mira, el lugar donde encontrar otro destino al que jamás llegaremos de otra manera, en un lenguaje que no dice lo habitual y sabido en este baile entre tinieblas.

Créeme, es amor y rebeldía, por ello si te preguntan cómo definirla, mejor explicar que alguien enamorado de la vida decide desde el respeto jugar con sus formas, con sus colores, con sus palabras, con sus sonidos y sus sentidos, pero también con sus dudas, tibiezas e injusticias hasta tender los puentes que nos llevan y nos devuelven a nosotros mismos, a nuestros derechos más inalienables porque desnuda la realidad para mostrar su armazón fabricado por las multinacionales y los intereses creados por los poderosos. Devuelve a las palabras su sentido perdido haciéndoles el boca a boca sin vocación de dogma, es el espejo donde nos miramos sin reconocernos, el dolor y lo terrible desde donde ha de nacer de nuevo la esperanza, desdeñada desde una pulsión ciega de dominio ejecutada desde el Poder.

Resulta que alguien sencillamente se ha enamorado de la vida, la ama por encima de todas las cosas, la ve como una posibilidad que tiene más que ver con el ser que es lo contrario de la cosa, de lo dado y lo muerto. Un salto en el vacío, un sujeto para el que están hechos los verbos como embarcaciones en la inmensidad del océano y hay que partir en una aventura única al encuentro de otras vidas entre continentes oscuros. Un libro blanco y mudo que espera el rastro de nuestras palabras únicas e irrepetibles, que dejen en sus páginas las sombras de su vuelo. Sombras y más sombras, chinescas, oscuras y ciertas, capaces de resonar en nosotros y abrir las puertas reales con llaves imaginarias, una religión laica que exige mucho a sus acólitos sobre emoción, belleza y compromiso. Por eso se le teme y posterga tanto desde ciertas alturas, quizás sea esa la razón de que en el emocionante mundo de la literatura siempre haya estado en una posición minoritaria.





sábado, 29 de marzo de 2014

KING KONG Y LOS SACRIFICIOS



Los monstruos clásicos de la literatura no producen terror, más bien nos despiertan un sentimiento de lástima. Pero hay seres humanos que, de manera voluntaria o inconscientemente, se convierten en monstruos de insensibilidad  e indiferencia: A esos son a los que de verdad hay que temer. Según nos ilustra la cinematografía, a King Kong se le sacrificaban doncellas para aplacar no tanto su lujuria -que quedaba descartada por una simple cuestión volumétrica- sino su furia injustificada, ya que nadie tenía la culpa de que hubiese nacido gorila y además un gigante obligado a la soltería a pesar de sus inclinaciones románticas, más propias de un oso panda que de un bicho que al fin y al cabo se comía crudas a las vírgenes después de juguetear un poco con ellas. Hubiera sido interesante conocer el diagnóstico de Sigmund Freud sobre los mecanismos mentales de la bestia.

Nuestros gobernantes, aun sin tener más parentesco con King Kong que el que explicó en su momento Darwin, también nos piden sacrificios, pero con la particularidad de que lo hacen una vez que nos los han impuesto, lo que le otorga un agradable matiz de  retórica ornamental. Puede pensarse que un gobierno que defiende las virtudes del capitalismo lo que menos debe hacer es pedir a la gente que se sacrifique, ya que lo suyo se sustenta en el afán de guiar al pueblo elegido al paraíso terrenal del libre consumo, la libre especulación, la libre desigualdad y el despido libre. El sistema en que vivimos es así, a saber la razón por la que algunos se quejan de falta de libertades... Se entiende que el gobierno cubano, por ejemplo, lleve más de medio siglo imponiendo sacrificios a sus gobernados en aras de una utopía un tanto postergada y cada día más imprecisa, pero es que las utopías presentan ese inconveniente: que aparte de no alcanzarse nunca, acaban teniendo más importancia que la realidad, considerada a fin de cuentas como un mero trámite para llegar al fin último de la sociedad utópica. 

Supongo que estarán de acuerdo conmigo en que elevar el capitalismo a rango de utopía sería pecar por elevación, ya que al capitalismo le vienen grandes los futuros: le sirve cualquier presente para afianzarse, incluido, por supuesto, los presentes más críticos, los más míseros, los que se parecen muchísimo al pasado. ‘Sacrifíquense ahora, que dentro de poco vendrá lo bueno’, vienen a decirnos nuestros gobernantes, promotores de la vía ascética para alcanzar el éxtasis capitalista, que imagina uno que consistirá en pasar de la cola del paro a la posesión de una SICAV. ‘Ya hemos salvado la prima de riesgo. Ahora toca salvar a las personas’, nos consolaba hace poco el nunca decepcionante González Pons. Y eso ya casi puede considerarse magia: la salvación de una entelequia a costa de una inmolación aproximadamente colectiva.


Por lo demás, King Kong cometió el error de enamorarse de la rubia exótica, acostumbrado como estaba a las indígenas de piel cobriza y aquello acabó costándole la vida, pero esa sería otra historia. En la que concierne a los temas sociales, los errores por ahora pueden ser corregidos... Otra cosa es que la Bestia que ha crecido tanto en los últimos años pueda ser derrotada porque va a costar mucho devolverla a ese lugar desde donde nunca debía haber salido. Eso denlo por descontado.




martes, 4 de marzo de 2014

EL OFENDIDO PUEBLO ESPAÑOL


Resulta que los españoles están ofendidos porque el gobierno les ha mentido, no cumpliendo lo que el Partido Popular había recogido en su oferta electoral y porque ha acabado haciendo la mar de las veces exactamente lo contrario de lo que se había prometido... Y yo me pregunto qué era lo que esperaba el pueblo español cuando le otorgó a la derecha un poder nunca visto en nuestra joven democracia, abriéndole las puertas para que hicieran en nuestra casa lo que les apeteciera, prácticamente se les otorgó carta blanca para cambiar el país de arriba a abajo: Mayoría absoluta en el parlamento nacional y la capacidad de gobernar en casi todas las demás instituciones, llámese Comunidades Autónomas o Ayuntamientos.

Pero el Partido Popular no surgió por generación espontánea hace un par de años, tiene una trayectoria detrás que está llena de manipulaciones, populismo barato, mentiras y menosprecio a los ciudadanos tanto en sus etapas de gobierno como en la oposición. Había sido el partido de la guerra de Iraq, el desastre ecológico del Prestige, el ultraje a los soldados españoles muertos en el accidente del Yak-42 o la desvergüenza manipuladora sobre las causas del mayor atentado terrorista perpetrado en suelo español, insistiendo en ello aún cuando la justicia dictaminó exactamente lo contrario de lo que plantearon... En cuanto a actitudes, nadie podía llamarse a engaño: Por sus nombres teníamos que haberlos reconocido, gente con suficiente trayectoria detrás como para que ahora vengamos a hacernos los sorprendidos.

La cuestión es que nos dejamos convencer de que habíamos entrado en el selecto club de los países ricos y comenzamos a ‘actuar en consecuencia’. Despreciamos a los sindicatos porque ya no hacían falta y a los que seguían hablando de la importancia de mantener en alto la bandera de una ideología por utópicos, nos persuadimos de que la izquierda y la derecha ya eran lo mismo, que daba igual quién gobernase porque al fin y al cabo la cultura de la tarjeta de crédito nos daba un poder económico infinito. Creímos haber dejado atrás cualquier peligro de involución social, como si los derechos adquiridos fueran para toda la vida independientemente de quién gobernase. Olvidamos el pasado y nos sumimos alegremente a la  campaña brutal de desprestigio hacia Zapatero en su etapa final... Y cuando llegó la hora de votar un cambio, la derecha lo hizo en masa y los electores progresistas se quedaron en casa rumiando su decepción, aceptando sin más la trampa del mal llamado voto útil que ahora sería de castigo, sin hacer caso de otras opciones ideológicas que ya planteaban la necesidad imperiosa de una renovación democrática.


Por supuesto que el partido en el poder nos ha engañado, pero los ciudadanos españoles no son en absoluto inocentes en esta Gran Mentira que nos ha traído hasta los lodos donde hoy nos ahogamos. Quizás hasta era necesario que algo así pasara para que de una vez nos demos cuenta que cuestiones como la libertad, los derechos sociales, la democracia y el amparo a los que menos tienen han de ser defendidas en todo momento, independientemente del dinero que acumulemos en la cuenta corriente o en el bolsillo. Vaya por delante que el que esto suscribe no alberga demasiadas esperanzas de que así sea... Porque de temas como el egoísmo y la insolidaridad también sabemos muchísimo. Que se lo digan si no a los inmigrantes. Lo siendo, pero no siento yo demasiada lástima por el ofendido pueblo español. Cada uno tiene lo que se ha buscado.



sábado, 1 de marzo de 2014

LA CONFIANZA



Lo prioritario es la confianza, sin ese ingrediente la receta social no sirve. Toda nuestra existencia gira en torno a los sentimientos de confianza o desconfianza en los demás... Y en nosotros mismos. La solidez de la pareja, de la relación comercial, del grupo de amigos, del equipo de trabajo, de las asociaciones y organizaciones, del partido político y del conjunto de la sociedad se basa, en gran medida, en la confianza que existe entre sus miembros. En el éxito de un grupo juega un papel fundamental la fuerza de la unión de sus componentes, y esta unión es, sobre todo, producto de la confianza.

Para sobrevivir como especie, el ser humano tuvo que aprender a confiar en el otro. Cuando el homínido dejó el árbol y se adentró en un medio desconocido y lleno de peligros encontró en el grupo la forma de no perecer. El vínculo social explica nuestro desarrollo, y esa unión se fundamenta en la mutua confianza. Confiamos en los amigos, que sabemos que están ahí para las duras y las maduras. Si se trata de una relación amorosa, el acuerdo sentimental implica la mutua entrega. El enamorado repite frases llenas de generosidad: ‘todo lo tuyo es mío’, ‘somos uno’, ‘te doy mi corazón’. Por eso, la infidelidad, el engaño en general, suele doler tanto, porque se ha faltado en lo más profundo. Y volver a restablecer el vínculo de la confianza es difícil: hay roto algo que se suele considerar fundamental. Las relaciones comerciales también se basan en una confianza no defraudada. El buen comerciante lo sabe: un cliente descontento es un cliente perdido y además difundirá su malestar. A medio y largo plazo el engaño significa fracaso, la fidelidad del cliente llega cuando se satisfacen sus necesidades. Si se mantiene su confianza el negocio está asegurado. En la ventita de toda la vida se fiaba al vecino porque se sabía que en cuanto pudiese saldaría su deuda. La palabra era sagrada, era el mayor compromiso, el prestigio social del individuo estaba comprometido. En la actualidad la única opción que el sistema admite es el préstamo y este se apoya en un aval (en una nómina, en unas propiedades o en el respaldo del capital). Además, la entidad financiera siempre cobra unos intereses; nada se fía, no hay confianza, el préstamo cuesta.

Por otro lado, cuando una población no confía en sus instituciones y en sus políticos, la Democracia se tambalea. El sistema entra también en crisis profunda cuando los ciudadanos asumen que la justicia no es igual para todos, cuando consideran que no todos tienen igualdad de oportunidades y, además perciben que los dirigentes se preocupan de sus intereses particulares y de partido y no de procurar el bienestar general. La desconfianza en el pueblo vecino provoca que los países se armen, y cuanto más se arma un ejército más se arma el contrario. Además junto a la carrera por acumular más armas que el otro, se incrementa el miedo y el odio. Ejemplos hay a montones a lo largo de la historia.

Además, nuestra biografía nos condiciona. Las experiencias anteriores hacen que estemos confiados o que, por el contrario, seamos recelosos. Cuando iniciamos una relación interpersonal no partimos de cero, el pasado nos influye. El que ha sido engañado anteriormente se acercará al otro con temor, quien ha vivido la honestidad establecerá relaciones más generosas... La confianza se gana poco a poco y se pierde con rapidez, y cuando se ha roto es difícil que todo vuelva a ser igual. La falta de lealtad y el individualismo egoísta deterioran las relaciones humanas y consiguen que la vida en sociedad se vuelva más triste y dura. Sería deseable que no se convierta en un signo de estos tiempos.



sábado, 22 de febrero de 2014

LAS CARAS DEL FASCISMO



Por mucho que se empeñen en vender una idea, si no comulga con nuestro concepto de justicia, jamás deberíamos aceptar ser incluidos en el lote. Nunca comulgaré con ruedas de molino porque un determinado régimen político en un principio se autocalifique con un concepto de sociedad cercano a mis postulados. Las palabras pueden ser armas cargadas de mentiras, los hechos no. Por lo tanto, hace mucho tiempo ya que tomé la decisión de no permitirle a nadie controlar ni lo que pienso ni lo que soy capaz de decir o hacer. No soy una marca a disposición de los mercados financieros y el infausto sistema que sostienen, pero aunque alguno ya esté pensando en calificarme como traidor, no soy domable y critico por igual las barbaridades cometidas por una izquierda que ni siquiera sabe reconocerse a sí misma, perdido el rumbo al alcanzar el puesto de mando en la nave de un país. No me vale un régimen que habla del pueblo, pero actúa como si los ciudadanos no existieran o se ha olvidado de lo que significan los derechos humanos, los únicos pilares donde puede sostenerse un régimen político decente. La razón es bien sencilla: los dueños de las formas políticas nada pueden con las potencias espirituales y el individuo mantiene su derecho inalienable a la libertad por mucho que se la mermen por una cuestión que incluso llega ser definida como estratégica. El individuo aislado es más importante que un partido, que un ejército, que cualquier usura impuesta por un gobernante. No vale inventar enemigos poderosos para justificar nada que no sea justificable por sí mismo.

La democracia es la manera en que tiene un pueblo de no ser esclavizado y éste tiene todo el derecho a defender esa bandera en las instituciones y en la calle, más aún si lo hace de forma pacífica. La democracia se ha interpretado de muy diversas maneras, pero en último término se simboliza en el pensamiento y el acto libre de cada ser humano. Un determinado sistema político no tiene ningún derecho a colocarse frente a nadie con la excusa de defenderle y mucho menos cuando se dedica a vender humo para que exista una élite que se reitere a sí misma en los discursos mientras la represión es el único pan que brota del horno ideológico que lo sostiene... Las ideas están al servicio de la gente, no pueden colocarse por encima, ni mucho menos en contra.


El poder, sea del signo que sea, se vuelve putrefacción cuando los que lo ejercen dejan de pensar como ciudadanos del común para, en aras de una supuesta avanzadilla ideológica, poner en práctica en la realidad del día a día la funesta justificación de que el fin justifica los medios. Los medios son un fin en sí mismos, lo que se pudre durante el camino no llega a meta alguna. Todos los que caen con la palabra libertad grabada a fuego en el corazón son nuestros, los verdaderamente nuestros, los que no han admitido ser comprados. Son anónimos, es cierto. Pero se mueven en ese silencio que jamás podrá ser controlado… Más poderoso que un partido, que un ejército o que cualquier usura impuesta por unos traidores. Se califiquen a sí mismos como de izquierdas o de derechas, los fascistas pueden vestirse de una amplia gama de colores y utilizar una gran variedad de máscaras. Ya sea en Venezuela, en Uganda, en España, en Ucrania o en Palestina: Las víctimas siempre acaban por ser las mismas. Son las mías, en ellas me reconozco...




jueves, 13 de febrero de 2014

CANARIAS: EL REFERENDUM Y LA CONSTITUCIÓN



Algunas reacciones a la propuesta de referéndum del presidente del gobierno canario están resultando un poco surrealistas. Lo que la mayoría de la izquierda isleña encuentra mal del anuncio de Paulino Rivero, es que no se aplique a otras cosas.  Cada uno muestra su particular receta: Un referéndum sobre el puerto industrial de Granadilla, la reforma electoral, el Régimen Económico y Fiscal... A partir de ahí la lista puede volverse interminable. Prodigioso descubrimiento: el referéndum como chute vitamínico al deteriorado sistema democrático: la varita mágica a todos nuestros problemas. El referéndum como alfa y omega de una verdadera democracia participativa. Y empiezan a resultar sospechosos aquellos que no lo admitan como un método ya no intachable, sino inmejorable para la toma de decisiones políticas democráticas. A la izquierda que padecemos, esa que abomina del régimen electoral pero se relame pensando en los diputados, senadores y concejales que les prometen las encuestas, al parecer le traer sin cuidado que esta sea una operación política del presidente Rivero legalmente inviable y de la que solo puede extraerse réditos propagandísticos. Compañeros, explotemos las contradicciones del sistema, como rezaban las viejas jergas de hace cincuenta años, por otra parte tan parecidas a las nuevas.

Sinceramente, un referéndum no tiene por qué ser el mejor mecanismo de toma de decisiones. Los muy civilizados suizos acaban de manifestarse impresentablemente en una consulta para limitar con severidad xenofóbica la entrada de emigrantes en la Confederación Helvética. Como técnica de participación política los referéndums tienen ventajas, pero también costes: ofrecen soluciones en blanco o negro para problemas complejos, limitan la autonomía de los representantes públicos y restan incentivos al debate y el acuerdo, sin contar con sus problemas operativos. Supongamos que en este caso se pudiera hacer una consulta jurídicamente vinculante sobre las prospecciones de Repsol: Lanzarote y Fuerteventura votan mayoritariamente en contra, pero gana en el conjunto regional el voto a favor por un estrecho margen: Tendríamos un resultado a todas luces inviable. Aún así lo primordial es que sobran razones para oponerse por cualquier medio y con perfecta legitimidad democrática, a una amenaza ecológica y medioambiental de primer orden, dadas las inalterables posturas de Repsol y el Ministerio de Industria, que no atienden a razones ni ecológicas ni científicas. Con todas las suspicacias que ocasione en el fondo y la forma, y lo convoque Rivero o Pepito el de los Palotes, bienvenido sea al menos el debate sobre la posibilidad del referéndum para que cada canario tome conciencia de lo que la lamentable propuesta de prospecciones petrolíferas significa para el medioambiente y la economía canarias y nuestro derecho a decidir sobre lo que verdaderamente nos concierne.


Y si existe una Constitución que les sirve a algunos de pretexto para negarnos ese derecho y atentar contra el archipiélago, tal Carta Magna ha perdido su razón de ser, porque en su día se redactó para que sirviese de marco legal democrático, en contraposición a las leyes que sustentaron la dictadura. Si ahora se esgrime como corsé, una parte esencial de su espíritu renovador se ha perdido por el camino. Y de paso, El Contrato Social que nos une al resto del estado empieza a resquebrajarse. Así de simple es la cosa.



lunes, 10 de febrero de 2014

LA ÚLTIMA AHOGADA



Con calculada suavidad depositó el cuerpo yacente sobre la arena dorada de la playa. En las noticias había creído escuchar que fueron catorce los ahogados, ahora habría que sumar una más. Se detuvo un momento mientras retrocedía para contemplar por última vez la oscura piel, los cabellos negros y fuertes como crines de caballo, el cuerpo que ya empezaba a sufrir los embates de un tiempo sin vida. Sintió ganas de gritar de pura impotencia  y unas gotas de llanto se le atropellaron en la garganta. ¿De qué había valido su acción si sólo se trataba de un cadáver? ¿A quién le importaría que hubiese una víctima más en la tragedia? Le estremeció pensar que la abandonaba a su suerte, aunque en un último gesto de ternura, le cubrió la cara y parte del cuerpo con la toalla. No le apetecía dar explicaciones de lo sucedido en una tarde que pretendía ser de solitario sosiego playero y en la que acabó siento partícipe de la maldición mortal que acechaba a los inmigrantes ilegales que intentaban llegar a un supuesto Paraíso...  Suspiró profundamente y echó a andar hacia el coche donde su futuro le aguardaba marcado para siempre por el suceso y la terrible verdad que había comprendido: Todos éramos culpables por lo sucedido.

  A los inmigrantes fallecidos en Ceuta...

sábado, 8 de febrero de 2014

PENSAR



Aumenta el paro y por ende, la infelicidad se hace partícipe en millones de hogares porque la terapia ocupacional que pretende el gobierno es el peor de los males para ahogar los corazones de la gente. Hace tiempo se decía que el trabajo nos hacía libres, ahora algunos dan por hecho que sólo sirve para curar los males de la crisis, aunque sin entrar en detalles sobre los contratos temporales, el recorte de derechos laborales y la miseria de los salarios. Es la terapia ocupacional de D. Mariano y su gente, con la que la que están volviendo locos a los parados para aplicársela en tiempo y forma. El caso es que, desde esa óptica todo el que nos procura ocupación, aunque sea de la manera más miserable, ha de ser considerado un bienhechor. ¡Tenemos que estar agradecidos a nuestras empresas pues significan la huida del aburrimiento! En Oriente la sabiduría se acomoda al tedio, hazaña que los occidentales consideramos una extravagancia.

Uno puede estar ocupado en o por algo. En la Grecia antigua se excluía del foro a los profesionales y artistas, a los artesanos y en general a los que parecían muy ocupados en cualquier cosa, costumbre que se explica perfectamente porque no creían que tuvieran ‘tiempo’ para pensar en otra cosa que no fuera ellos mismos. ¿A qué convocarles entonces a pensar en la ciudad? Es posible que de ahí venga la costumbre extendida en la que nuestros políticos de ahora se dedican en exclusividad a las labores propias de sus cargos, otra cosa es que de ahí deduzcamos que la mayoría tenga ideas aprovechables en la cabeza...

¿Vivir para trabajar o trabajar para vivir? En mi caso no hay dilema. Los que se decantan firmemente por la primera opción pretenden para sus hijos que tengan una multitud de deberes en casa y actividades extraescolares, que existan los trabajos forzados para los presos, una educación superior cuasi obligatoria para los jóvenes... Y en cuanto a los locos y los jubilados, la terapia ocupacional que los mantenga activos. Consideran que el primer problema del país no es el paro sino la desocupación, gente que vive sin pegar ni golpe. No les molesta que no tengan un salario digno, un puesto de trabajo asegurado, sino que estén sin hacer nada.

Si el pensar subraya nuestra diferencia dentro de la colectividad, para cultivar nuestro cerebro hay que saber parar en nuestras ocupaciones y desarrollar esa capacidad que nos impele a distinguir lo bueno de lo malo, lo bello de lo feo, lo que nos gusta y lo que no. Hay que tener tiempo para informarse, para leer y sacar conclusiones de la información recibida. Los extremistas de todo tipo se han mostrado históricamente enemigos de los libros. Los que destruyeron la Biblioteca de Alejandría actuaron desde esa idea con una lógica aplastante: Para la verdad ya existía el Corán, y si hay libros que lo contradicen hay que utilizar las hogueras. Lo mismo hicieron los católicos tiempo después con los que ponían en duda ciertos dogmas, idéntica actitud tomaron los nazis y los fascismos. Mucho más sutil era aquel general visigodo que salvó las bibliotecas griegas de ser quemadas, diciendo que convenía dejarlas a los enemigos como cosa idónea para apartarlos de los ejercicios militares y entregarlos a ocupaciones sedentarias y ociosas.

Necesitamos estar ocupados en algo. E incluso ocupar algo: una casa, un puesto de trabajo, un coche. Otros, como los niños, los pobres, los enfermos, los viejos, los locos... quisieran que alguien se ocupara de ellos, de estar desocupados están también hartos a su manera. Decía Pascal que todas las desgracias del hombre provienen de una sola cosa: no saber estar solo en una habitación para reflexionar sobre lo que pasa. Ya que estamos en esta tesitura, resulta obligado recordar que la principal actividad de los filósofos es pensar, quizás por eso la filosofía como asignatura ha quedado arrinconada en el desván de los trastos viejos. Hemos asumido con total naturalidad que meditar es no hacer nada de provecho.



martes, 14 de enero de 2014

ASÍ ESTÁN LAS COSAS



El gobierno de España se ha emperrado tanto en la atracción del mal que los ciudadanos han acabado por mirarse en él como si fuesen quienes lo atraen, como si cada hombre o mujer llevase consigo una porción de la tempestad que les azota. Al final queda la sensación de que las responsabilidades se reparten como panes y peces regurgitados del infierno.

La negligencia del gobierno de España sobrepasa con mucho las dimensiones de lo despótico, pues amparado en su mayoría absoluta manosea a su antojo la democracia y la justicia hasta conseguir que funcionen a su imagen y semejanza. Con su manipulación y sus mentiras pone ante los ojos de los que considera sus súbditos el espejo del fracaso y estos parecen aceptarlo; incluso puede asegurarse que lo hacen suyo. No hay perversidad mayor que la de arrancarle el alma a un pueblo y robotizarlo. Los españoles sudan y se lamentan desde su propia substancia. Y al hacerlo se agotan, pierden el futuro lo mismo que un tren y se sienten abandonados en la estación sin saber qué hacer.

El quebranto de la inmensa mayoría es el dividendo de unos pocos elegidos. Para ellos trabaja el gobierno de España. Y aceptamos este hecho con morbosa naturalidad: la letanía del ‘es lo que hay, así están las cosas, en realidad todos son iguales’, se repite por las esquinas, es un eco perversamente acentuado por la labor de zapa ejecutada desde ciertas  medios de desinformación especialistas en todo tipo de manipulaciones mediáticas a cambio de subvenciones, tratos de favor y campañas de publicidad institucionales.


La atracción que el gobierno de España hace del mal ha devuelto a los mercaderes al templo; es más, los ha instalado en todos los corazones. Los españoles están espiritualmente rotos. Sus perfiles se han acusado y les acusan. Si un pintor con alma los retratase, veríamos en el lienzo a seres tan extraños como grotescos: El retrato de Dorian Gray cobra existencia desde la corrupción de las mentes. Los monstruos de la resignación deforman las vidas propias y las que se están conformando para el futuro. El porvenir aúlla punzadas de angustia a cada uno de los afectados y no lo escuchan. Prevalece aún la fe en la mentira que identifica la prosperidad de los amos del dinero con la de los cada vez menos dueños de su trabajo. El día que la masa pierda esa fe, estallará el polvorín, da la impresión que empiezan a verse algunos síntomas, pero puede también que sean sólo fuegos de artificio. Mientras tanto, hablarán los expertos, que siempre se equivocan, sobre el próspero mundo al que nos dirigimos como reses al matadero. Esta euforia sin motivos se contagia con tan poco decoro, que a uno le dan ganas de hacer lo que Martin Heidegger le escribía a Ernst Jünger en junio de 1965: lo mejor es quedarse en la propia habitación y ni siquiera mirar por la ventana. El problema es que esa actitud significa la derrota definitiva.



martes, 31 de diciembre de 2013

FELIZ AÑO




Con la desazón inherente a tener que soportar la herencia maldita que están construyendo sobre la Patria a la que pertenecen, un conglomerado de impresentables formado por el Consejo de Ministros y los que suscriben sus decisiones, el arzobispo Rouco y sus ultramontanos secuaces de la sotana reaccionaria, los cargos públicos del nepotismo y la corrupción, los medios informativos vendidos al peor de los postores y las élites económicas especializadas en excluir a la mayoría de la población de una vida digna...

Con la pena de la ilusión secuestrada, de los sueños hechos añicos que fueron otrora alimentados con el esfuerzo de gente admirable que acabó condenada al ostracismo y el sufrimiento sin que se le haya reconocido oficialmente su esfuerzo y dedicación ejemplares...

Con la extrema realidad de la burbuja pinchada y la durísima caída que nos ha roto las esperanzas de conseguir por fin un país que llenase de orgullo a sus habitantes, aún a pesar de sus contradicciones...

De esta paradójica manera, maltrechos los ánimos y con rabia en la sangre, pero sin perder de vista el hilo que trama el guión de las cosas importantes como el amor, la solidaridad, la belleza en la naturaleza y el arte, la amistad, la risa, la pasión por aprender, la gloriosa manifestación de los sentidos cuando aprenden a gozar...

Y teniendo claro que todas esas cuestiones positivas han de ponerse al servicio de la inaplazable necesidad de limpiar el aire pútrido que respiramos proveniente de las cloacas por donde transita la inmundicia neoliberal y ultracatólica, empeñada en ahogar cualquier aspiración de vivir en un país decente, normalizado y libre...


Sólo desde esa perspectiva puede desearse, para el que esto suscribe y para todos los que lo lean, una alternativa en 2014 que tenga presente el derecho que nos asiste a ser felices. Si algo así fuese posible, lo demás vendría por añadidura.



lunes, 16 de diciembre de 2013

RECONCILIACIÓN


El fallecimiento de Nelson Mandela ha suscitado numerosos análisis sobre la grandeza de su figura, todo el mundo reconoce su papel en la reconciliación del pueblo sudafricano y su compromiso con la paz para evitar lo que se anunciaba como guerra civil cuando la población negra alcanzase el poder político en el país. Pero el término reconciliación suscita una duda fundamental al plantearlo, pues no puede haberla sin una conciliación previa. La grandeza de Mandela estuvo en su inteligencia, confianza y determinación, pero su ejemplo también debe ser tenido en cuenta como reflejo de una actitud y decisión habituales en quienes han sufrido el golpe de la injusticia y el impacto de la violencia de determinados regímenes y gobiernos, algo que se repite constantemente y también sucedió en España durante la transición. El esquema parece invariable, pues curiosamente son quienes han sufrido el daño, la violencia, el escarnio público, la ausencia como destino y la injusticia como condición, los que han de ‘reconciliarse’ con quienes han sido sus agresores, opresores y verdugos. El nivel de generosidad ante lo que se cede jamás ha sido el mismo para que sean quienes han generado al daño los que respondan de manera voluntaria por lo realizado, y así iniciar una nueva etapa de verdadera conciliación.

La reconciliación basada en la no exigencia de responsabilidad por parte de quien ha sufrido la violencia y opresión no permite la convivencia sobre lo común, pues no puede haber proyecto compartido entre quienes tienen unos valores que llevaron a ejercer la opresión y quienes defienden unos ideales que los hicieron ser sometidos. La aparente normalidad es tan sólo la escenificación de quienes no han tenido más remedio que aceptar el cese de una violencia manifiesta, para continuar con el control y el sometimiento a través de los diferentes mecanismos levantados sobre un poder que en ningún momento es desarticulado con esa falsa reconciliación representada. El ejemplo de España resulta significativo: La democracia se ha negado reiteradamente a reparar los daños más graves causados durante la dictadura. Quienes han ejercido la opresión desde el poder que da la injusticia no renuncian a él cuando cambian las circunstancias, tan sólo se adaptan a ellas, como han hecho a lo largo de la historia para mantenerlo. 

Ya saben: El poder es como la energía, que ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Forma parte de su verdadera esencia. De hecho necesita transformarse para la perpetuación, en esto también es evolutivo, en el sentido de cambiar las apariencias para que nada cambie. No son las personas con poder ni las instituciones con poder, estas pueden ser sustituidas por otras, en ocasiones completamente diferentes, es el propio poder el que permanece sobre la estructura que le da sentido y beneficios, por ello está más arraigado a determinadas ideologías y creencias históricamente instaladas sobre referencias de autoridad. El poder actual, con su capacidad adaptativa y su presencia invisible se sostiene en cuatro componentes esenciales: el técnico, con el que se controla un volumen de conocimiento e informaciones vetado al resto de la población;  el dispositivo que se refiere al control de los recursos que otros necesitan para conseguir sus objetivos y los hace dependientes y subordinables; el coercitivo, que representa la amenaza o la utilización de medios capaces de perjudicar de forma directa a otros en cualquiera de las esferas de su interés (económico, moral, afectivo, material…) y la manipulación,  que actúa, no ya directamente por medio de la subordinación, la información o el castigo, sino de forma indirecta al limitar la posibilidad de cuestionar al poder o al impedir que ni siquiera se establezca esa conciencia crítica.

Ocurre en cualquier rincón de nuestro planeta donde el poder arraigó sobre la injusticia y el abuso. Y es la explicación de lo que sucede en España hoy mismo, donde los poderes de antaño continúan condicionando la política y la realidad a través de toda una estructura que nadie desmontó y que aún en la actualidad sigue funcionando a pleno rendimiento. Mandela tuvo la virtud de evitar el enfrentamiento y sustituyó en su gente la emoción del odio por un sentimiento de esperanza, pero no pudo modificar los valores, las ideas ni las creencias de quienes se creen superiores y elegidos para dirigir el destino de un pueblo, que como tal debe ser sumiso y agradecido. Su mérito estuvo en esos primeros momentos, y la admiración que suscita nace de su ejemplaridad, pero una vez superada esa fase inicial los que asuman la continuidad de su obra deben construir un futuro común sobre la Justicia, la Igualdad, la Libertad, la Dignidad y el resto de Derechos Humanos, de lo contrario no habrá un proyecto compartido.

El olvido no tiene nada que ver con la justicia, ni la justicia puede olvidar. El perdón no significa aceptar ni tampoco ignorar, todo lo contrario, se basa en el reconocimiento de los hechos, no en su negación. Y desde el punto de vista social la conciliación debe contemplar la reparación de las víctimas y la garantía de no repetición. Y hoy, en Sudáfrica, en Latinoamérica surgida tras las dictaduras y en muchas otras regiones del planeta, incluida muchos países europeos, quienes antes fueron opresores ahora viven bajo una estructura de poder que no busca reparar a las víctimas de su injusticia y represión, y menos aún pretende garantizar que no se repita su abuso, simplemente continúan con él de otra forma y a buen seguro la historia volvería a repetirse si sintiesen el peligro en la nuca de sus bolsillos... El mejor homenaje a Nelson Mandela es continuar lo que inició, pero teniendo muy claro que hemos de buscar de manera pacífica la justicia social y la verdadera reconciliación de la que Madiba es símbolo de pleno derecho.