Era la última noche del crucero de lujo en el que se había embarcado. La fiesta de despedida del capitán se estaba desarrollando maravillosamente bien, y se movía como pez en el agua entre los círculos de elegantes damas, que lucían sus exclusivos modelos de alta costura y casi doblaban sus cuellos con el peso de las valiosísimas joyas que destellaban bajo la luz que iluminaba el salón. Procuraba cumplir su papel de niña bien, adoptando la sonrisa que tantas veces había ensayado y asintiendo a los comentarios intrascendentes, perfectamente integrada en un entorno que despreciaba profundamente. La noche transcurría bien, hasta que él apareció en escena. Lo descubrió por primera vez contemplándola con insistencia desde la barra del bar, mientras apoyaba indolentemente una mano en la cintura de una rubia platino que lo miraba encandilada mientras él sonreía...
Procuró tranquilizarse y se integró de nuevo a su grupo, pero más de una vez pudo comprobar con el rabillo del ojo que aquél tipo tan atractivo y seguro de si mismo seguía pendiente de sus movimientos, lo que estaba empezando a resultar algo molesto...
Decidió que a la primera oportunidad, lo atravesaría con la mirada. Era una manera eficaz de solucionar estas pequeñas molestias. Pero cuando sus ojos se encontraron, comprobó indignada que los del hombre se reían. Por lo visto, se estaba divirtiendo mucho a su costa, y eso la puso de muy mal humor...
-Se va a enterar este capullo- pensó
Pero cuando se dirigía hacia él, lo vio hacer un gesto inequívoco con las manos, como invitándola a seguirle y emprendió con naturalidad el camino de salida. En parte sorprendida, y en parte por curiosidad, echó a caminar, guardando una prudente distancia hasta la cubierta superior, donde se encontraron. Allí el hombre buscó su mano y depositó en sus labios un beso suave y fugaz.
Después, con una risa franca y abierta, comentó:
-Ahora entiendo que este viaje no haya sido tan productivo: Claro. La competencia...-
Metió las manos en sus bolsillos y sacó una pulsera de diamantes, un broche de rubíes, un reloj de oro de 18 quilates, un anillo con esmeraldas…
Ella no pudo evitar una sonrisa, e hizo otro tanto con el bolso. De allí surgió también el fruto de la recolección de aquella noche. Y con íntima satisfacción profesional comprobó que había sido más productiva.
-En fin- le comentó- Ya que estamos, podríamos asociarnos para lo que queda de noche.
El la besó de nuevo. Esta vez mucho más intensamente...
-Trabajo y placer. Que maravillosa combinación... Y quién sabe, puede que si todo sale bien, podamos formar un buen equipo y nos queden otras tantas noches por delante: De trabajo y placer, evidentemente...-
Procuró tranquilizarse y se integró de nuevo a su grupo, pero más de una vez pudo comprobar con el rabillo del ojo que aquél tipo tan atractivo y seguro de si mismo seguía pendiente de sus movimientos, lo que estaba empezando a resultar algo molesto...
Decidió que a la primera oportunidad, lo atravesaría con la mirada. Era una manera eficaz de solucionar estas pequeñas molestias. Pero cuando sus ojos se encontraron, comprobó indignada que los del hombre se reían. Por lo visto, se estaba divirtiendo mucho a su costa, y eso la puso de muy mal humor...
-Se va a enterar este capullo- pensó
Pero cuando se dirigía hacia él, lo vio hacer un gesto inequívoco con las manos, como invitándola a seguirle y emprendió con naturalidad el camino de salida. En parte sorprendida, y en parte por curiosidad, echó a caminar, guardando una prudente distancia hasta la cubierta superior, donde se encontraron. Allí el hombre buscó su mano y depositó en sus labios un beso suave y fugaz.
Después, con una risa franca y abierta, comentó:
-Ahora entiendo que este viaje no haya sido tan productivo: Claro. La competencia...-
Metió las manos en sus bolsillos y sacó una pulsera de diamantes, un broche de rubíes, un reloj de oro de 18 quilates, un anillo con esmeraldas…
Ella no pudo evitar una sonrisa, e hizo otro tanto con el bolso. De allí surgió también el fruto de la recolección de aquella noche. Y con íntima satisfacción profesional comprobó que había sido más productiva.
-En fin- le comentó- Ya que estamos, podríamos asociarnos para lo que queda de noche.
El la besó de nuevo. Esta vez mucho más intensamente...
-Trabajo y placer. Que maravillosa combinación... Y quién sabe, puede que si todo sale bien, podamos formar un buen equipo y nos queden otras tantas noches por delante: De trabajo y placer, evidentemente...-






