Reconozco que por mis palabras campan la rabia, la extrañeza, la soledad, las miradas y ausencias... Y muchas veces, el pesimismo. Lo siento, pero no pienso pedir disculpas por la falta de compasión: Si la ocasión lo merece, también se desbordan las mejores emociones.
¿Es la lluvia lo que sientes, o son los dioses que lloran de rabia y frustración?. Quizás caen del cielo pedazos húmedos de abismo, mientras se desdibujan en la niebla las siluetas de seres queridos, perdidos entre las sombras del destino. Murmullos, latidos, desesperanzas... Ejemplo de vida golpeada, y que a ciegas se ha perdido entre los muros de la desdicha, ansiando con desánimo un aura falsa que se pose sobre tu herida desde el fondo de una botella. Vida que se desliza por la vertiente de la fragilidad, esclavizada por un dolor que los fuertes nunca entenderán. Noches que se hunden entre lágrimas de alcohol para ahogar las penas y escapar hasta encontrarte con el olvido y la muerte.
Imagen: 'Caminando hacia la luz', fotografía de Jorge Ugalde
Caminaré hacia la luz,
recorriendo espacios vacíos que me llevarán al final del túnel. Allí me esperarán mis fracasos mostrando silenciosamente una última mueca de desprecio: Verán como llego derrotado tras la postrera batalla, como siempre ha sido, pero con la interesante novedad de que esta vez será la definitiva. Y un puñal sin memoria me atravesará generoso los ojos tras el frío oscuro de la muerte, para acabar definitivamente con este doloroso destino que por fin será historia. En ese instante postrero brotará de lo más hondo de mis ojos una irónica sonrisa, pues antes de cerrarlos para siempre seré consciente de estarme liberando de tanta mierda acumulada con el paso de los años. En cuanto al Epitafio, no estaría mal un corte de mangas, y espero que me hagan el favor de olvidarme pronto: Al fin y al cabo, estarán cumpliendo el último deseo.
Imagen: Foto de guerrilleros españoles en el Valle de Arán, veteranos combatientes de la 2ª Guerra Mundial en las filas de las Fuerzas Francesas del Interior, donde la mayoría habían sido condecorados por sus acciones en combate.
La cosa va de mal en peor, y ya pocos de nosotros tenemos alguna esperanza. Hace meses que vagamos como alimañas acosadas por el monte. Parecemos almas en pena, el cerco al que nos tienen sometidos se estrecha cada vez más y en ningún pueblo de la comarca quieren saber de nosotros. Mucho menos se atreven a ayudarnos, por miedo a las terribles represalias que ello les pudiese acarrear... La represión ha sido tan despiadada que ha conseguido su propósito. Los encuentros con guardias civiles y falangistas ya son pan de cada día, y las emboscadas moneda frecuente que nos causan continuas bajas. La lucha ha perdido sentido, ya no tiene un fondo político, hace meses que no hemos recibido ninguna consigna desde el exterior y nos limitamos al esfuerzo sobrehumano por sobrevivir. Además El Jaro ha muerto. El Jaro no era nuestro jefe oficialmente porque nadie lo había elegido para semejante puesto. Sabemos que así ocurría en otros grupos, pero estando el Jaro con nosotros no hubo necesidad de elegir a nadie. Todo el mundo aceptó su liderazgo de manera natural, porque sus decisiones estaban llenas de sentido común, conocía el monte como la palma de su mano, y era el primero en arriesgarse a la hora del combate. Siempre que se deliberaba sobre algo, cada uno de nosotros iba dando su opinión mientras él permanecía callado. Luego, cuando tomaba la palabra, las dudas desaparecían como por ensalmo, pues las resolvía con inteligencia. Pero con su muerte, acaecida hace cuatro meses, empezaron las tensiones entre nosotros y los continuos reveses. Han muerto tantos buenos compañeros... No podemos continuar así, y hemos resuelto que cada uno ha de sentirse libre para tomar una decisión al respecto. Estamos seguros de que nadie osará pedirnos cuentas. Sabemos desde hace tiempo que el maquis ha fracasado, y somos los últimos que quedamos en la zona. Mi hermano y yo hemos tomado una resolución, aunque no sé si los demás estarán de acuerdo y nos van a seguir. No creemos que dejarse matar en estas condiciones tenga nada de revolucionario, así que hemos decidido volver de nuevo a Francia. Allí descansaremos, retomaremos fuerzas. La lucha contra el fascismo no ha terminado, y tiene toda la pinta de ser larga y dura. Pero antes queremos dejar nuestro sello de despedida: Mi hermano dice que su Máuser le quiere dar un beso cálido a Don Gonzalo. Por mi parte no sé si es mi pistola o la indignación que me corroe por dentro las que tiemblan, cuando pienso en el mal que ese mal bicho ha causado a tanta gente inocente desde que se puso el uniforme falangista y decidió que hacer el saludo fascista era muy conveniente para sus intereses... No pensamos irnos sin hacerle una visita de despedida. Aunque nos vaya la vida en ello. Porque habrá valido la pena caer en esta última misión si logramos con ello erradicar de este mundo a semejante alimaña.
Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos; quien no cambia de marca, no arriesga a vestir un color nuevo y no habla a quien no conoce.
Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.
Muere lentamente quien evita una pasión; quien prefiere el negro sobre el blanco y los puntos sobre las ‘ies’ a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.
Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo,; quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño; quien no se permite, por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en si mismo.
Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.
Muere lentamente quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.
Muere lentamente quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce, o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.
Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de existir.
Se mueven las ramas de los árboles y componen la música que llena de aromas las nubes. Asoma el horizonte, y su piel es el deseo del sol. Y en este amanecer en que despierto a tu lado, verte aún dormida con las mil tonalidades de la felicidad en tu cara, es mi mejor alimento. Te mueves buscando la posición exacta desde tu lado de la cama, como sabiendo que espío tu sonrisa... Y cuando los abras, el día serán tus ojos.
Ernesto Guevara. Querido Che: Tu ejemplo generoso está en la historia. Y tu figura, que no necesitamos que sea perfecta, inmaculada e irreprochable, está en la leyenda. Pero algunos te seguirán odiando a muerte hasta el fin de los días, y harán lo imposible por expulsarte del imaginario popular. Nunca he creído en mitos, y casi todos los ídolos que he conocido han tenido los pies de barro. Pero precisamente por eso no tengo problemas en aceptar las contradicciones de la gente que admiro, como me sucede contigo... Te cuento esto porque hiervo de indignación. Sabía que en la ofensiva que la derecha más reaccionaria de Europa está llevando a cabo en esta cosa tan absurda e irracional que llaman España, acabaría por suceder que serías punto de mira de la basura que sale por sus bocas y plasman en sus mensajes mediáticos. Pero no pensé que se atreverían a tanto. Esperanza Aguirre, la presidenta de la Comunidad de Madrid, dirigiéndose a los asistentes a un Congreso de las Nuevas Generaciones del Partido Popular, no ha tenido empacho alguno en asignarte el calificativo de ‘canalla’. No te preocupes, compañero. Dado que su ideología oscila entre el cristianofascismo y el esperpento; y que además se ha embarcado en una cruzada para superar en radicalidad a su admirado Aznar, tendremos que entender que cualquier veneno vale con tal de contentar al espectro más rancio y arcaico de este país. Que le vamos a hacer. Pero se me ocurre al respecto rememorar aquél célebre refrán que dice: ‘Piensa el ladrón...’
No hay lugar a dudas: El western es el género cinematográfico por excelencia, y desde luego mi preferido. Lástima que lleve tanto tiempo agonizante y las nuevas generaciones lo hayan dado por muerto. Ya casi no se estrenan películas del Oeste, pero afortunadamente la fórmula no está completamente agotada y de vez en cuando llegan a las carteleras ejemplos significativos de que no ha desaparecido del todo el amor por el género. Un magnífico ejemplo es Appaloosa, la película recién estrenada en nuestras pantallas y que significa el debut en la dirección del gran Ed Harris. Narra la amistad entre dos hombres que se dedican al peligroso oficio de hacer respetar la Ley, poniendo el servicio de tal empresa su habilidad con las armas. Narrada con una contención que se agradece, llena de diálogos brillantes y contundentes, con personajes imprevisibles que nunca son de una pieza y situaciones llenas de tensión... Es un western raro y seco, construido con un enorme amor al género que representa. Una historia que queda prendada en la retina y la memoria del espectador hasta mucho después de salir de la sala. Y en lo referente al elenco de intérpretes, poco hay que decir, pues sus nombres hablan por si solos: Ed Harris, Viggo Mortensen, Jeremy Irons, René Zellweger, que llenan la pantalla de minutos inolvidables. Sólo incidir en la aparición de nuestra Ariadna Gil, en un papel secundario pero magníficamente aprovechado. Otro paso más en su cada vez más imparable carrera internacional.
Era un hombre que amaba amar. Le enamoraron las montañas, los valles, los bosques, los desiertos, la nieve, los diferentes colores de los campos, el verdor de la primavera y el ocre del otoño. Después se enamoró de los amaneceres tranquilos, de la serena oscuridad de la noche y el frescor de la mañana. En una tarde gris de invierno, hizo el amor de mil maneras tras el marco inigualable del arco iris, y acompañado de la banda sonora que componían los relámpagos. Amó también la paz, el sol golpeando la arena de una playa, la lluvia suave, el canto de los pájaros, la risa de los niños y la belleza de las flores. Quiso con toda su alma a la brisa con sabor a mar, a la luna llena, la espuma sonora de las olas y la solidaridad entre los hombres. Besó con pasión el tronco recio de los árboles, la fría hermosura de las piedras, los senderos y las verdades errantes. De esa manera siguió amando las cosas febrilmente, con el pecho inflamado de sentimientos positivos. Hasta que un día pretendió enamorar a una serpiente que se atravesó en su camino. El hermoso reptil, luego de inculcarle su veneno, dejó que falleciera lentamente, sin prisas, con la imperturbabilidad de la que nunca conoció el significado de la palabra amor.
A veces, las mejores sonrisas
se estrellan contra el suelo
para romperse en mil pedazos,
y marchitarse en la impotencia.
¿Qué se hizo de la tuya, mujer?
¿En qué recóndito lugar acabó hecha añicos?
¿Cómo no maldecir la brutalidad machista
que causó su quebranto?
Te arrebató fríamente con sus prácticas
el principal don de nuestras pequeñas vidas,
ese que llenaba de olores tu cama
cuando dormías sueños que envidiaban las flores,
al no poder compararse con el frescor de tu carne.
Se desvanecieron los gestos alegres
y la esperanza en el amor,
entre tanta crueldad y tal número de quebrantos,
su luz sangrando como estrellas moribundas
tras las amnesias negras del cielo.
Aún llevas el resultado en la mirada,
en ese temor casi ancestral a ser feliz,
pero también se te intuye el afán
por dejar de ser la imagen del desaliento
y alzarte hacia lo más alto, erguida y floreciente
hasta abrazar el aire, tornar a las emociones,
acabar definitivamente con la cruz de tu moneda,
y cortar uno a uno los vacíos del tiempo.
No te reconocía, Libertad, antes de sentirme preso en mi necesidad de esa mujer. A su lado la vida deja de ser mezquina y la verdad del amor se yergue sobre todas las miserias habituales: Me importa la ambición de quererla, el poder de amarla, la cotización al alza de su sonrisa, las armas de mis caricias tomando por asalto su cuerpo y su espíritu. Va en serio: Desde mi libertad me entrego feliz para que guíe mis pasos desde lo que antes era hasta el manantial de sus labios. Nada se compara a esa fiesta de caminos encadenados, porque no hay libertad más hermosa que la compartida con ella.
Siempre he tenido la íntima convicción de que nadie debería ser considerado un héroe a causa una acción aislada, sino por el ejemplo que nos puede ofrecer con su vida. También creo que en la mayoría de las ocasiones son personas anónimas, que nunca llegarán a los titulares de las noticias, ni ocuparán un lugar en los libros de historia. En general son gente sencilla y anónima, que viven su excepcional categoría humana con la mayor de las naturalidades. Me tengo por afortunado al haber conocido en mi juventud a alguien así, que llegó a darme en un momento importante de mi formación como persona, lecciones impagables sobre la vida. Los que me conocen desde hace tiempo ya saben a quién me refiero, pues en más de una ocasión me he referido a él. Hoy vuelve a ser protagonista después de tantos años desaparecido. La casualidad o el destino han hecho que conociera recientemente a uno de sus nietos. Y han retornado los recuerdos con la fuerza del cariño que le profesé, y la convicción de que se convirtió durante el escaso tiempo en que disfruté de su amistad, en una de las personas que más han influido en mi forma de pensar y de sentir. Lo conocí como Don José, y así lo he llamado siempre. Apareció en mi vida allá por el lejano año de 1977, época de grandes cambios en nuestra más reciente historia, cuando se desmoronaban los restos del andamiaje de la dictadura y la libertad intentaba abrirse paso en España. Con el vigor y la ingenuidad de mis veinte años, yo era un impulsivo militante de un grupúsculo de extrema izquierda y me sentía como un genuino héroe revolucionario, capaz de cambiar la Historia y salvar al mundo de sus iniquidades. Su aparición acabaría por poner las cosas en su sitio, sobre todo al enterarme de que había retornado del exilio y poseía una historia a sus espaldas que transformaba en verdad eso que dicen sobre que a veces la realidad supera cualquier ficción. Mi amigo destacaba por el aire de serenidad que transmitía, su espléndida melena blanca a lo Rafael Alberti, y una amplitud de conocimientos sobre los movimientos sociales, la filosofía y la historia del siglo XX que me abrumaban. Daba la impresión de estar en posesión de toda la sabiduría que un ser humano es capaz de albergar. De inmediato, y a pesar de nuestra diferencia de edad, congeniamos. Fue como si me tomase bajo su protección, y yo me lo tomé como una ocasión única para madurar. Disfrutábamos dando largos paseos y charlando sobre lo divino y lo humano. Descubrí pronto que vejez no es sinónimo de conservadurismo, y que la edad avanzada no significa apagar la mente o las ganas de transformar la sociedad. También contribuyó a limar las aristas de mi carácter: Asumí que se ha de ser firme en las convicciones respetando el derecho de los demás a discrepar; así como a aceptar que el error humano está en su naturaleza, por lo que es inevitable aprender a perdonar. Pero todo eso no convierte a D. José en un héroe, sólo en mentor de un joven al que ayudó a encauzar sus energías en un momento decisivo de su existencia. Lo realmente asombroso de D. José era su vida, que me fue llegando a retazos, como un puzzle que tomase cuerpo a medida que pasaba el tiempo. Todo comenzó el día en que apareció orgulloso con una pegatina del Partido Comunista en la solapa de su chaqueta y me comentó que iba a asistir a un mitin en el que participaba un dirigente nacional en campaña de cara a les elecciones. Le pedí que me dejase acompañarlo, y no salí de mi asombro al comprobar que todo el mundo parecía conocerlo y le saludaban con cariño y respeto. Su historia comenzó a ver la luz ante mis asombrados ojos, poco a poco. Con el paso del tiempo me fui enterando de la esperanza que supuso la proclamación de la República para un adolescente que comenzaba a entender las causas de las injusticias; de lo que significó el Golpe Militar y el horror salvaje de la represión falangista; la Prisión y las levas nocturnas de compañeros de los que nunca más se supo; la huida a la costa africana y el posterior traslado a la Península donde logró incorporarse al frente de Aragón; la guerra fraticida; el amargo sabor de la derrota y la huida masiva a Francia; el campo de internamiento francés donde morían a centenares por el frío, las enfermedades y la mala alimentación; de una nueva evasión y el vagar por el país hasta incorporarse a la Resistencia contra el invasor alemán; la captura a manos de los nazis y el traslado a Mauthausen, el Campo de Exterminio donde perecieron más de 10.000 exiliados españoles, el único liberado por los propios presos antes de la llegada de las fuerzas aliadas. Y, por último, su marcha a Venezuela para comenzar de nuevo con la necesidad de olvidar, de conseguir un poco de tranquilidad, convencido de que nunca podría volver a pisar su tierra isleña, y que el exilio era su destino final..., hasta la noticia de la muerte del dictador y el deseo irrefrenable de volver tras la legalización del Partido. Me resultaba imposible entender que no hubiese rencor en su alma. Nunca se vanagloriaba del pasado, porque su razón de ser era el futuro. No tenía dudas ideológicas, a pesar de ser enormemente crítico con lo que se ha venido en llamar el socialismo real. Decía que nadie tiene derecho a asesinar las Utopías, porque sin ellas acabaríamos pudriéndonos por dentro. Lo que son las cosas: Después de un montón de vicisitudes en mi vida, he acabado pensando lo mismo. Igual es el mejor homenaje que puedo hacerle. Porque en estos días en que el azar me ha acercado a uno de sus nietos, mi viejo amigo desaparecido ha vuelto a emocionarme profundamente. Según me cuentan, en una cansada caja de zapatos ahora finalmente extraviada, guardaba sus pertenencias más queridas. Y entre ellas figuraba una foto en blanco y negro de un veinteañero con vaqueros, barba y melena descuidada. Alguien a quién, al parecer, él también llamaba amigo... Les aseguro que nunca me he sentido más honrado.
La Amistad puede aparecer por sorpresa tras la esquina más insospechada, o llegarte desde lugares remotos para darle sentido a un bello vocablo. Así va surgiendo la figura amiga que se significa desde lo sincero y construye un sentimiento auténtico de camaradería y afecto. Porque sé que es ese tu caso, hoy quiero pagarte la confianza que me brindas con un conjunto de palabras sencillas que borren los problemas y cansancios y contribuyan a dibujar una sonrisa. Me gustaría que en tu vida respirases nubes silenciosas, caminos de tranquilidad y paz, recodos donde el mal no se atreva a rozarte, horizontes en los que la soledad no tenga permitida la entrada. Quisiera impulsarte a ser fuerte cuando los avatares de la vida lo requieran, pero sin perder jamás la inocencia que aún llevas prendida en la mirada. Y recuerda que si la oscuridad acecha, habrá una luz con tu nombre en mis silencios para acallar los miedos que te acosen, y ejerzas el derecho que te asiste a ser feliz.
(Y lo del frío es por el lugar desde donde vienes, no por ti)
Imagen: Viñeta de 'El Roto' publicada en 'el país'
Es tarde de fiesta y las gradas rugen satisfechas. En la arena, un animal vestido de luto tiñe de rojo el espectáculo, se desploma dando fin a la agonía, llenando el aire de aromas de muerte. Cientos de manos enfervorizadas
aplauden el triunfo letal disfrazado de grana y oro, mientras se pierde un último halo de vida y mi alma desea volar hasta el caído para acariciar su postrero aliento, que ya sólo espera ansioso la piedad de la muerte. Después del rito homicida se apagarán las voces, acabarán por imponerse los rumores del silencio y volverán a casa satisfechos los adoradores de la parca,
calificando como Arte
lo que es prepotencia exterminadora. Infamia nacional,
que ha dejado esparcidas por la historia las huellas de tantas tardes parecidas: Eco salvaje de egocentrismo humano que gobierna el mundo despreciando la dignidad animal. Resonancia salvaje que aún pervive, y debería ser relegada para siempre, a la historia negra de la ignominia...
Los hay que te llamarían Pecado, pero yo te reconozco como el Hechizo Tentador y Sugestivo que acompaña algunos de mis días y la totalidad de mis sueños, que envuelve alegrías y nostalgias en un manto de sensualidad y deseo. Juntos hemos recorrido los espacios de cada verbo para reencarnarlos en tu carne. En tales ceremonias me has tatuado tu sabor en la boca y en la piel te cincelaste las esencias de mis versos. Eres una condición de mujer surgida de un magma profundo, hembra que conquista con el poder de su mirada ansiosa y cargada de sensualismo. Tu cuerpo sabe agitarse como la memoria viva del erotismo remedando danzas ancestrales que convocan a los dioses del amor. En ti la seducción se despoja de disfraces innecesarios, pues desnuda te vistes de belleza y al natural remueves torbellinos, que a ambos felizmente nos consumen en la pira del sexo y del amor.
¿Qué es lo que nos ocurre? ¿Por qué tantos silencios? Tendrías que decir algo... ¿Cuanto tiempo llevamos apagados, viviendo la sombra de lo que fue, consumiéndonos como una vela? ¿Por qué hemos traído este espacio de indiferencias? ¿De dónde nos ha llegado tanto resentimiento? ¿Por qué la callada por respuesta, cada uno detrás de sus murallas? No lo entiendo. ¿Cómo puede ser que a tu lado ahora duela tanto el alma? ¿Por qué esta cobardía incesante, que nos impide expresar lo que en verdad sentimos? ¿Se puede permanecer tanto tiempo en una mentira sistemática? ¿Qué pensarás realmente cuando tus labios dicen que me quieres? Y ahora tocará darte un beso, que es la hora de dormir el tiempo de las buenas noches: Es el único descanso que nos permite el engaño en que vivimos.
La crisis: Todo el mundo habla de ella, así que resultaba inevitable que aquí también apareciera alguna referencia. Pero como otros más preparados nos bombardean constantemente con sesudos análisis sobre sus causas y consecuencias (siempre a toro pasado, porque nadie nos avisó de lo que se nos venía encima), intentemos aportar algún punto de vista particular sobre el tema, que se aleja de las grandes cifras y nos acerca a la realidad de lo que está sucediendo en el día a día en las relaciones entre los colectivos de trabajadores y las empresas. No puedo dejar de albergar la sospecha de que al sistema en que vivimos le interesa muchísimo que se produzca una buena crisis de vez en cuando. Porque es el momento adecuado para reconducir las cosas en el terreno de los avances sociales y los derechos adquiridos por los trabajadores. Es por ello que este tipo de conflictos se desarrollan paralelamente en dos realidades: La económica y la sicológica. El primer efecto colateral del conflicto es el miedo y cómo las empresas se aprovechan de ese sentir que se instala en la conciencia y el alma de los trabajadores.
Si en épocas de bonanza económica hay que tragar muchos sapos y culebras para conservar el puesto de trabajo, ahora mismo produce consternación y rabia infinitas lo que sucede: Congelación se salarios; amenaza de despidos si no se aumenta la productividad; realización de tareas no acordes con la calificación laboral; retiros anticipados; expedientes de regulación de empleo que, como poco, originan numerosas dudas...
Se ha producido un significativo cambio en los comportamientos de la clase trabajadora, e incluso los más concienciados se ven obligados a bajar la cabeza bajo la amenaza constante de la Espada de Damocles del despido. No deberíamos olvidar que nuestro puesto de trabajo no es un regalo que nos hace la empresa, porque igual que nosotros lo necesitamos para llevar un sueldo a casa, le somos imprescindibles para producir. Es una verdad de Perogrullo, que algunos olvidan demasiado a menudo. Pero no debería caer en el saco del olvido que los avances sociales también son un signo de modernidad y se han conseguido con el sacrificio de muchos de los que nos han precedido. Tampoco permitirse que determinados empresarios aprovechen la coyuntura para hacer tabla rasa y volver a épocas felizmente superadas. La crisis tiene también otro efecto perverso entre la población en general: Por un lado se congelan los salarios con el pretexto de controlar el IPC (Índice de Precios al Consumo) lo que trae como consecuencia inmediata la caída en barrena de nuestro poder adquisitivo. Pero al mismo tiempo se nos bombardea con el amenazador mensaje de que es necesario consumir, porque de no hacerlo, el sistema acabará por derrumbarse. Es una contradicción tan perversa que, por un lado nos advierten contra el excesivo endeudamiento del personal, y por otro nos arrojan a la cara los despidos masivos que se están produciendo al no poder las grandes marcas vender los nuevos productos que necesitan lanzar al mercado para no colapsarse. Resulta ser la mayor de las contradicciones de este maldito sistema en que nos vemos en la obligación de sobrevivir. Y por último, no puede uno dejar de preguntarse a dónde habrán ido a parar los altísimos beneficios que durante la bonanza económica de los últimos años han llenado los bolsillos de algunos. ¿No resulta raro que se pase de puntillas por la cuestión sangrante de los Paraísos Fiscales? Quizás sea porque hay intereses muy poderosos que presionan para que correr un tupido velo. Pero es que uno es muy mal pensado, que quieren que les diga...
Imagen: 'Las lágrimas del poeta', fotografía de Antonio López
Habrá que quitarles las espoletas a las bombas, enterrar las pistolas, destruir los tanques y echar abajo los muros de la incomprensión.
Solamente con palabras, para construir un mundo sin metralla, ni sangre inútilmente derramada, y sin rencores que eclipsen la bondad de las miradas.
Únicamente palabras con las que levantar ilusiones que los traidores no conviertan en banderas y cruzadas, que quiebren la armonía de las almas.
La palabra protagonista, dialogando sin odios, cimentando puntos de encuentro, sin el llanto o la muerte abriéndose paso tras el horizonte.
En la paz de las palabras, sin la tétrica voz de los cañones disparando ojo por ojo para cargar de cruces muertas los gallos del amanecer.
Necesitamos a las palabras como protagonistas: Que se vayan los generales y los expertos en seleccionar enemigos: Que tomen de una vez por todas el relevo los poetas.
Desde la primera vez que llegó a mis oidos me enamoré de esta canción, una de las más tristes que he escuchado nunca. Construida desde una profunda sensación de soledad, de una pérdida irremediable a consecuencia de nuestros propios errores, el final no deja resquicio a la esperanza. La imagen del protagonista, como un fantasma finalmente abatido y sin consuelo posible en ese sucio vagón de metro es tan poderosa que no nos abandona en mucho tiempo...
-Maestro: ¿Recuerdas lo que me dijiste cuando llegué aquí, hace tantos años?
-Perfectamente, Hijo. Mis primeras palabras fueron para comunicarte que con nosotros aprenderías cuestiones muy importantes para afrontar la vida con sabiduría, pero que el consejo principal te sería dado cuando ya estuvieras listo para volver a enfrentarte al mundo. -¿Y entonces? -Entonces... Ha llegado el momento. Dentro de unos minutos nos dejarás para siempre, en la búsqueda de un lugar donde te convertirás en maestro, para dejar tu legado a discípulos que han de continuar esta cadena que nos llega desde la profundidad de los tiempos. -¿Y cual es ese consejo, Maestro? - Es muy simple: No rechazar lo bueno que te ofrezcan. Parece sencillo, ¿verdad? Pues no lo es. En cada tiempo y en cada lugar encontrarás a gentes que te impondrán lo malo, o te lo harán llegar por la fuerza de los hechos consumados. Siempre ha sido así, está escrito en el destino de los hombres y poco podemos hacer frente a ello, excepto rebelarnos. Pero tenemos en nuestra mano, y es una obligación ineludible, la posibilidad de nivelar la balanza y no caer en la desesperación, o permitir que nuestra existencia derive hacia el infortunio. Así que recuerda, hijo mío: Acepta lo bueno, porque aunque esté oscuro, te sientas perdido, o te asalten las dudas, en tu interior sabrás reconocerlo.
Será este otoño extraño, que me entra por los ojos del alma a veces como prólogo del invierno, y otras como extensión del verano. Serán las primeras lluvias,
que han calado con parsimonia y me han dejado dentro un rastro de humedad
y su dolor de silencios.
Siento un ramalazo de ausencias,
como las que dejan los pájaros
al abandonar sus nidos,
la que queda en el Puerto
cuando los barcos han partido, o la que deja en la mirada la frustración de una cita que ha quedado aplazada sine die.
...Y una angustia inexplicable vaga por los salones del ánimo
Hoy quiero alejarme de las tinieblas de la soledad,
sentir la fuerza de tu luz y cerrar los ojos mientras me guías hasta acabar con las dudas y el miedo.
Hace tanto tiempo que no miro de frente a la esperanza... He vivido demasiado tiempo en el convencimiento del fracaso. Hoy deposito en ti mi confianza, para que seas la roca firme que me devuelva la seguridad en mi propio yo y en el mundo, que ya está bien de inmovilidades, de temores que me paralizan, de la huida cobarde a los rincones más alejados del fluir de la vida, de tirar vergonzosamente la toalla. Ven, dame tu mano, que necesito dejarme llevar mientras se unen nuestras siluetas en el instante de una caricia y volamos juntos hacia el futuro...
lunes, 10 de noviembre de 2008
Cuando de mí no quede sino un árbol y mis huesos se hayan convertido en alimento de la tierra; cuando tú seas una rosa surgida de lo que ahora eres y hayan brotado mil brisas de los besos que hoy bebemos; Cuando nuestros nombres sean sonidos extraviados entre los ecos de la historia y moren cual fantasmas en los pasillos del olvido… Ojalá que para ese entonces hayamos sido cómplices en las legítimas demandas de los desfavorecidos, que perduremos juntos en la savia profunda de la humanidad, y ya formemos parte de la risa de los niños, la paz entre los hombres, los amores sin lágrimas, los amaneceres solidarios... Estoy convencido de que no podremos ser nosotros si no nos damos al mundo para formar parte del conjunto. Por eso te reclamo con el fin de entregarle nuestros corazones al futuro, porque estremece pensar lo que aún falta por hacer.
No deberíamos haber nacido para dolernos, ni para abrazar la melancolía de las hojas que caen a nuestros pies como dudas en las tardes otoñales. No estamos aquí para dejar que duelan las noches a causa de nuestros besos, por culpa de la ternura que se despierta cuando nos bebemos. No quiero ramalazos de dolor mientras se apagan las luces de mis ojos, y tú caminas triste por una tumba de estrellas mientras todo se desploma y el viento se suma a un silencio de silencios.
El abuelo, con la sonrisa comprensiva que permite la sabiduría de la edad, escucha con paciencia las palabras atropelladas del joven. Su nieto le comunica la desesperación que siente al no saber muy bien cómo declararle a la bellísima compañera que se ha incorporado este curso a la clase lo enamorado que está de ella... El viejo, después de unos instantes de meditación, y suspirando profundamente sentencia:
-Si esperas demasiado a que ocurra lo que estás deseando sin haber hecho nada, sólo lograrás que se te pasen las oportunidades, y en último término, la vida.
En ese preciso momento, una mujer mayor se acerca moviéndose con dificultad. En sus manos trae una bandeja cargada con unas tazas de té y pastas.
-Es para hacer boca mientras hablamos- Les dice, mientras le hace un guiño cariñoso al nieto.
Y según pone la merienda en la mesa, sus ojos se posan en el viejo, que la mira a su vez tiernamente mientras los relojes parecen detenerse durante unos mágicos instantes... Como cuando eran jóvenes, como siempre fue desde aquellos lejanos años en que se conocieron, como siempre será hasta que la muerte se los lleve. Es entonces cuando el muchacho entiende. Y también sonríe agradecido, pues tiene ya muy claro lo que ha de hacer y cómo hacerlo...
a hacer lo que sentimos, a decir lo que pensamos, a hacer realidad lo que nunca fuimos...
Alégrate por mí
por ti, por todos,
porque podemos ser
lo que un día aspiramos,
aquí y ahora, porque aún es tiempo de crear lo que soñamos. Alégrate por mí, por ti, por ellos, porque podemos demostrar que las viejas utopías no murieron con las alas rotas de los que han caído en las garras del desengaño.
Alégrate, porque hoy es el momento, o tal vez mañana... Pero hemos de subirnos al carro del futuro, o perderemos para siempre la esencia de lo que fuimos.
Disculpen si a veces no me reconocen, pero es que no me gusta resultar monocromático, transparente pero insustancial, o agarrar la regla y hacerme cuadriculado. Necesito evolucionar, reinventarme para ser diferente a partir de mi mismo y complementar lo que he sido, volverme más minimalista, un poco menos de lo que sea, o simplemente inclasificable. Me niego a ser esclavo de opiniones inmutables, de las convicciones que guiaron alguna etapa de mi vida, o las cicatrices que han dejado antiguas experiencias. Aunque procure respirar una cierta racionalidad no me siento cautivo de mi cerebro, y procuro hacerle caso al corazón cuando emite señales de aviso. Por eso me lanzo de cabeza a disfrutar las contradicciones del ahora si creo que vale la pena, que ya vendrá el mañana a pedirme cuentas de lo que hice y lo que no.
Han sido los dos mensajes más repetidos en el discurso de Barack Obama para celebrar su elección: Cambio y esperanza. No está mal para empezar. Siendo realistas es mucho, si nos paramos a meditar sobre lo que hemos tenido que soportar estos últimos ocho años. Y antes de poner las cosas en su sitio y no dejarnos llevar por la euforia, hay que ser justos y reconocer que durante muchos años nunca creímos en la posibilidad de que un negro llegase a la Presidencia de Estados Unidos. Recordemos que hace sólo cuarenta años Martin Luther King y Malcom X fueron asesinados a causa de su lucha por la integración racial. Ya llegará el momento de plantearse si primará la decepción, será inevitable que ocurra, pero esta mañana se despierta abierta a la esperanza de la que ha hablado el presidente electo. Y es el mejormomento para recordar uno de los discursos políticos más emocionantes que heleído nunca: Aquél que en la marcha sobre Washington pr el Trabajo y la Libertad pronunció Luther King desde las escalinatas del Monumento a Lincoln, el 28 de agosto de 1963, uno de los momentos culminantes de la lucha por los derechos civiles: "Hoy tengo un sueño...".
He aquí el texto completo:
"Estoy feliz de unirme a ustedes hoy en lo que quedará en la historia como la mayor demostración por la libertad en la historia de nuestra nación. Hace años, un gran americano, bajo cuya sombra simbólica nos paramos, firmó la Proclama de Emancipación. Este importante decreto se convirtió en un gran faro de esperanza para millones de esclavos negros que fueron cocinados en las llamas de la injusticia. Llegó como un amanecer de alegría para terminar la larga noche del cautiverio. Pero 100 años después, debemos enfrentar el hecho trágico de que el negro todavía no es libre. Cien años después, la vida del negro es todavía minada por los grilletes de la discriminación. Cien años después, el negro vive en una solitaria isla de pobreza en medio de un vasto océano de prosperidad material. Cien años después el negro todavía languidece en los rincones de la sociedad estadounidense y se encuentra a sí mismo exiliado en su propia tierra.
Y así hemos venido aquí hoy para dramatizar una condición extrema. En un sentido llegamos a la capital de nuestra nación para cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y la Declaratoria de la Independencia, firmaban una promisoria nota de la que todo estadounidense sería el heredero. Esta nota era una promesa de que todos los hombres tendrían garantizados los derechos inalienables de "Vida, Libertad y la búsqueda de la Felicidad". Es obvio hoy que Estados Unidos ha fallado en su promesa en lo que respecta a sus ciudadanos de color. En vez de honrar su obligación sagrada, Estados Unidos dio al negro un cheque sin valor que fue devuelto marcado "fondos insuficientes". Pero nos rehusamos a creer que el banco de la justicia está quebrado. Nos rehusamos a creer que no hay fondos en los grandes depósitos de oportunidad en esta nación. Entonces hemos venido a cobrar este cheque, un cheque que nos dará las riquezas de la libertad y la seguridad de la justicia.
También vinimos a este punto para recordarle de Estados Unidos de la feroz urgencia del ahora. Este no es tiempo para entrar en el lujo del enfriamiento o para tomar la droga tranquilizadora del gradualismo. Ahora es el tiempo de elevarnos del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el iluminado camino de la justicia racial. Ahora es el tiempo de elevar nuestra nación de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la sólida roca de la hermandad. Ahora es el tiempo de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Sería fatal para la nación el no percatar la urgencia del momento. Este sofocante verano del legítimo descontento del negro no terminará hasta que venga un otoño revitalizador de libertad e igualdad. 1963 no es un fin, sino un principio. Aquellos que piensan que el negro sólo necesita evacuar frustración y que ahora permanecerá contento, tendrán un rudo despertar si la nación regresa a su rutina habitual. No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que el negro tenga garantizados sus derechos de ciudadano. Los remolinos de la revuelta continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que emerja el esplendoroso día de la justicia. Pero hay algo que debo decir a mi gente, que aguarda en el cálido umbral que lleva al palacio de la justicia: en el proceso de ganar nuestro justo lugar no deberemos ser culpables de hechos erróneos. No saciemos nuestra sed de libertad tomando de la copa de la amargura y el odio. Siempre debemos conducir nuestra lucha en el elevado plano de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en la violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas de la resistencia a la fuerza física con la fuerza del alma. Esta nueva militancia maravillosa que ha abrazado a la comunidad negra no debe conducir a la desconfianza de los blancos, ya que muchos de nuestros hermanos blancos, como lo demuestra su presencia aquí hoy, se han dado cuenta de que su destino está atado a nuestro destino. Se han dado cuenta de que su libertad está ligada inextricablemente a nuestra libertad. No podemos caminar solos. Y a medida que caminemos, debemos hacernos la promesa de que marcharemos hacia el frente. No podemos volver atrás.
Existen aquellos que preguntan a quienes apoyan la lucha por derechos civiles: "¿Cuándo quedarán satisfechos?" Nunca estaremos satisfechos en tanto el negro sea víctima de los inimaginables horrores de la brutalidad policial. Nunca estaremos satisfechos en tanto nuestros cuerpos, pesados con la fatiga del viaje, no puedan acceder a alojamiento en los moteles de las carreteras y los hoteles de las ciudades. No estaremos satisfechos en tanto la movilidad básica del negro sea de un gueto pequeño a uno más grande. Nunca estaremos satisfechos en tanto a nuestros hijos les sea arrancado su ser y robada su dignidad por carteles que rezan: "Solamente para blancos". No podemos estar satisfechos y no estaremos satisfechos en tanto un negro de Mississippi no pueda votar y un negro en Nueva York crea que no tiene nada por qué votar. No, no estamos satisfechos, y no estaremos satisfechos hasta que la justicia nos caiga como una catarata y el bien como un torrente. No olvido que muchos de ustedes están aquí tras pasar por grandes pruebas y tribulaciones. Algunos de ustedes apenas salieron de celdas angostas. Algunos de ustedes llegaron desde zonas donde su búsqueda de libertad los ha dejado golpeados por las tormentas de la persecución y sacudidos por los vientos de la brutalidad policial. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen su trabajo con la fe de que el sufrimiento sin recompensa asegura la redención. Vuelvan a Mississippi, vuelvan a Alabama, regresen a Georgia, a Louisiana, a las zonas pobres y guetos de las ciudades norteñas, con la sabiduría de que de alguna forma esta situación puede ser y será cambiada. No nos deleitemos en el valle de la desesperación. Les digo a ustedes hoy, mis amigos, que pese a todas las dificultades y frustraciones del momento, yo todavía tengo un sueño. Es un sueño arraigado profundamente en el sueño americano.
El sueño:
Yo tengo un sueño que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo, creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales. Yo tengo un sueño que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad. Yo tengo un sueño que un día incluso el estado de Mississippi, un estado desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia. Yo tengo un sueño que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter. ¡Yo tengo un sueño hoy!
Yo tengo un sueño que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será bajada, los sitios escarpados serán aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, y que la gloria del Señor será revelada, y toda la carne la verá al unísono. Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la que regresaré al sur. Con esta fe seremos capaces de esculpir de la montaña de la desesperación una piedra de esperanza. Con esta fe seremos capaces de transformar las discordancias de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a prisión juntos, de luchar por nuestra libertad juntos, con la certeza de que un día seremos libres. Este será el día, este será el día en que todos los niños de Dios serán capaces de cantar con un nuevo significado: "Mi país, dulce tierra de libertad, sobre ti canto. Tierra donde mis padres murieron, tierra del orgullo del peregrino, desde cada ladera, dejen resonar la libertad". Y si Estados Unidos va a convertirse en una gran nación, esto debe convertirse en realidad. Entonces dejen resonar la libertad desde las prodigiosas cumbres de Nueva Hampshire. Dejen resonar la libertad desde las grandes montañas de Nueva York. Dejen resonar la libertad desde los Alleghenies de Pennsylvania! Dejen resonar la libertad desde los picos nevados de Colorado. Dejen resonar la libertad desde los curvados picos de California. Dejen resonar la libertad desde las montañas de piedra de Georgia. Dejen resonar la libertad de la montaña Lookout de Tennessee. Dejen resonar la libertad desde cada colina y cada topera de Mississippi, desde cada ladera, dejen resonar la libertad! Y cuando esto ocurra, cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar desde cada pueblo y cada caserío, desde cada estado y cada ciudad, seremos capaces de apresurar la llegada de ese día cuando todos los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y cantar las palabras de un viejo spiritual negro: "¡Por fin somos libres! ¡Por fin somos libres! Gracias a Dios todopoderoso, ¡por fin somos libres!"
Primer viernes de noviembre: Hoy es el día. Se celebran elecciones en el Imperio, los ciudadanos estadounidenses eligen Presidente, lo que no sería demasiado significativo si la suerte del mundo en los próximos años no dependiese del resultado. Y en cuanto a eso... Ojalá se cumplan las previsiones y por una vez acierten las encuestas. Esperemos que gane Obama porque representa una esperanza de cambio en los contenidos y las actitudes, pero sobre todo para dar carpetazo a una presidencia, la de Bush, que ha resultado nefasta para la suerte de la Comunidad Internacional. Se va dejándonos con una asfixiante crisis económica; con la guerra de Irak convertida en un conflicto salvaje y sin aparente solución; con el concepto de libertad individual y colectiva destrozado en aras de una ficticia sensación de seguridad; y con la sensación de que todo vale en lo público con tal de conseguir objetivos que beneficien a unos pocos en lo privado. Sólo con saber que este infausto personaje desaparecerá de la escena, ya debería valernos para festejar la llegada de este día... Y si el vencedor es Obama, doble motivo para la celebración, por lo que representa. Luego ya llegará la hora del desencanto, porque en una sociedad como la norteamericana y con la importancia que tienen los grupos de presión, resultará inevitable. Pero por ahora basta con un cambio en las formas y en algunos contenidos. Partimos de una base tan desastrosa que con eso me conformo.
lunes, 3 de noviembre de 2008
Ismael Serrano se ha convertido en los ultimos años en un cantautor de referencia para una generación de este país. Sus letras comprometidas y llenas de sensibilidad son un monumento a la poesía. En estos momentos en que hay tantos que parlotean sin tener nada que decir, resulta reconfortante saber que quedan algunos que cuando hablan o cantan, dignifican las palabras. He aquí un pequeño ejemplo, en una canción quizás de las menos conocidas, pero que me parece un monumento al amor y la convivencia entre dos personas:
‘Pequeña criatura’
Voy a buscarte a la salida del trabajo,
a Madrid le faltan caricias y abrazos.
Se los daremos ahora.
-¿Cómo ha ido todo?
¿Me has echado de menos?
¿Sabes? Anoche apareciste en mis sueños,
llevabas menos ropa.
-Hoy he encontrado en el Segunda Mano
un piso modesto, céntrico, barato,
en el paraíso, apenas a unos minutos,
si vamos en Metro, del resto del mundo.
Sueño con ello mientras mi calor te espera.
Impaciente, inexperto, quemo la cena.
Llegas tarde a casa...
-¿Dónde te has metido? Te creía perdida...
Me besas y aguantas mis bellas mentiras.
Traes por fin la calma.
-Un día de estos te doy un susto y te pido,
seria y formalmente, que te cases conmigo.
-Ay, mi vida, un día el susto te lo doy yo a ti,
y si me preguntas, te respondo que sí.
-Pequeña criatura, la esencia más pura
va en frasco pequeño.
-Amor mío, ya lo sé, el mismo recipiente
también encierra veneno.
Asumo el riesgo, te miro y planeo
una vida contigo cargada de sueños.
Y si no se cumplen cuando despertemos,
con la luz del día ya veremos lo que hacemos.
-Pequeña criatura, la esencia más pura
va en frasco pequeño.
-Amor mío, ya lo sé, el mismo recipiente
también encierra veneno.
Asumo el riesgo, te miro y planeo:
Si te falta una almohada, yo te presto mi pecho.
Y si no te amoldas a sus recovecos,
con la luz del día ya veremos que hacemos. De su disco ‘La memoria de los peces’ Marzo de 1996 Letra y música: Ismael Serrano
1. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa. 2. Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito.
por la muerte que les causan tus pisadas? Que bien, ¿verdad? La vida puede ser tan simple mirando al frente con los ojos del fanatismo, haciendo resonar las implacables botas, aplastando, encharcando de rojo la tierra al ritmo que marcan las órdenes de los que piensan por ti. Pero no pasa nada, es la obediencia debida, aunque en las suelas llevarás por el mundo los lamentos eternos de los insectos que conociendo la vida, piden que la paz no sea una cuestión
Se avanza. A veces tan lentamente que resulta desesperante, pero por fin se dan pasos en la buena dirección. ¿Será posible que pueda comprobar con mis propios ojos cómo este país deja de comportarse como la madrastra mala del cuento con la generación que perdió la Guerra Civil? Sí, hablo de esos hombres y mujeres que sufrieron persecución y muerte, represalias infinitas y crueldades sin nombre a causa de sus ideas democráticas, las mismas con las que ahora nos llenamos la boca desde nuestra confortable y aburguesada vida. Les confieso que en un tema como este no puedo ni quiero ser parcial, porque les profeso una admiración que no tiene límites: Lucharon contra el fascismo en España, y a pesar de las traiciones de las llamadas democracias europeas de aquellos años, lo siguieron haciendo cuando el mismo mal que se apoderó de su país amenazó con extenderse como una epidemia por todo el continente. Republicanos españoles tuvieron cargos importantísimos al frente de la Resistencia francesa, se integraron en el ejército francés luchando siempre en vanguardia (fueron los primeros en entrar en el París liberado por los aliados), se organizaron en el Campo de Exterminio de Mauthausen hasta conseguir que fuese el único que liberaron los propios presos, y muchos de ellos volvieron a su patria para formar parte de los maquis (una lucha desesperada y estéril a causa de la indiferencia y el terror de la población, y la incompetencia de unos mandos ajenos a la realidad de lo que realmente sucedía en España). Pero tampoco hay que olvidar a los que emigraron al Nuevo Continente, donde contribuyeron eficazmente al florecimiento cultural de los países que generosamente les acogieron. Nadie pensó que la dictadura durase tanto tiempo. Muchos de los que sobrevivieron a esos años frenéticos acabaron definitivamente en el exilio y un manto de silencio se extendió sobre ellos. Luego, con la llegada de la democracia llegó la esperanza, algunos decidieron volver. Pero nadie se ocupó de ellos. La España que tan injustamente les trató volvió a dar otra vuelta de tuerca a la injusticia, en aras de una reconciliación entre españoles que nunca podrá ser efectiva si se basa en el olvido. No ha habido ninguna petición de perdón por lo que les hicieron, se nos están muriendo poco a poco sin que les sea reparado de alguna manera tanto sufrimiento... Para muchos ya será tarde, pero quedan algunos. Y están sus hijos, sus nietos, que lo necesitan para encontrar una paz en la que no han podido vivir desde que nacieron. Comenzamos a ver la luz al final del túnel. Están las medidas tomadas recientemente por el juez Garzón, con el fin de descubrir qué se hizo con las víctimas de la represión. Y ayer aprobó el gobierno una disposición que casi está pasando desapercibida, pero que puede calificarse de histórica: Los hijos y nietos de los españoles que, por razones políticas o económicas, se exiliaron entre el 18 de julio de 1936 (fecha de inicio de la Guerra Civil) y el 31 de diciembre de 1955 (fecha en la que el Gobierno ha fijado el final de "la inmediata posguerra") tendrán al menos dos años de plazo para optar a la nacionalidad española que perdieron sus antepasados. La medida se calcula que afectará a medio millón de descendientes de españoles y supone la puesta en práctica de una de las disposiciones contenidas en la llamada Ley de la Memoria Histórica. Por qué se ha esperado tanto para llevar a la práctica algo tan razonable y coherente es un misterio, pero bienvenido sea. No pierdo la esperanza de que algún día podamos brindarle a esa generación magnífica el homenaje que se merece.