sábado, 28 de febrero de 2009

MÁRGENES


El viaje más apasionante de su vida fue cuando decidió partir en busca de los márgenes... Sabía que estaban ahí, en algún sitio que es un no-lugar lejos de los discursos oficiales, de las cosas que se consideran importantes y la frialdad de los balances y los sistemas. Como fantasmas que pasan desapercibidos para los ojos que viven el no-ver y los corazones que laten un no-sentir. No fue fácil. Nunca lo es cuando se trata de tomar una dirección diferente a la del sentido común dominante. No pudo encontrarlos hasta que entendió que no se hallaban en ninguna parte, y al mismo tiempo están en todas... Porque resulta que es verdad que hay otros mundos, otras dimensiones... Pero siempre, de eso no hay ninguna duda, están entre nosotros.

viernes, 27 de febrero de 2009

AMASANDO UN POEMA


Hoy quiero regalarte
unas palabras sencillas y buenas
dando forma a un cálido poema
con olor a pan recién hecho.
Versos que recuerden
a unas manos temblorosas
amasando harina,
dando forma a un sentimiento
que se hará realidad
en el gran fuego del horno
donde se me cuece la ternura.
Quiero que sepas
que mi pan está hecho
para ser consumido juntos:
Mis manos lo amasaron
con el mismo amor con que te sueñan,
desde aquél día
en que sembramos nuestros cuerpos
con el primer grano.

jueves, 26 de febrero de 2009

AROMAS


Hueles a entraña viva,
a mar en celo que me cubre
de brillos y sensaciones.
Disfruto palpando el aroma
de tu piel sensitiva y leve
porque transpiras hermosura,
vida en plenitud que se desborda
en olores a tormenta por los ojos,
en arena húmeda tras la espalda,
como jardín en flor por los cabellos,
y campo fértil sobre el vientre...
La boca te huele a volcán
cuando tu lengua enciende la mía,
a dunas tibias los pechos
si poso en ellos mis manos,
y huele tu pubis a tierra preparada
para recibir las semillas de mis besos,
a empaparse del placer y la alegría
del que siembra entusiasmado
hasta acabar siendo semilla y abono:
El fruto lo recojo entre tus muslos,
envuelto en una transparente
y copiosa capa de humedad.
Por todo eso, en tu olor reconozco
el placer de estar contigo
labrando horas de caricias,
y ofreciéndole a la vida
un absorbente y bello secreto seminal
.

miércoles, 25 de febrero de 2009

EN LA DIGNIDAD DE LA MUERTE


Ya ha pasado un tiempo del hecho. Me lo he tomado con tranquilidad, esperando a que las aguas se calmasen para aportar mi visión sobre el tema siendo consciente de su complicidad, y de la dificultad para encontrar puntos de encuentro entre las diferentes opciones en una cuestión tan delicada. Hablo de Eluana, la muchacha italiana a la que sus padres, después de años en coma, decidieron desconectar de los aparatos que la mantenían enchufada a una idea de vida realmente estremecedora. No voy a hablar del caso en si, sino tomarlo como punto de partida para plantear una reflexión sobre el derecho a morir, o lo que viene a ser lo mismo desde otro punto de vista: la obligación de vivir a toda costa.
Es este un debate viciado desde el principio, pues viene condicionado por la religión. Y nos vemos metidos de lleno en un contrasentido, porque la ciencia desarrolla constantemente mecanismos que pueden llegar a mantener a un paciente en el mismo límite que separa una idea razonable de la vida y el concepto tradicional de la muerte. Así que estamos obligados a evolucionar en nuestro pensamiento al mismo tiempo que lo hace la medicina porque alargando esta dualidad podemos caer en el efecto contrario al ideal médico que, a saber, es el de prevenir los males que puedan afectarnos y, en su caso, poner en marcha los mecanismos para la curación... La pregunta es hasta qué punto resulta lícito prolongar una lucha perdida cuando se sabe positivamente que no existe cura posible y esto no proporciona mas que sufrimiento añadido al paciente o a su familia. Más aún en el caso extremo de tratarse de un coma irreversible.
Centrémonos primero en el concepto religioso. La obligación de vivir a toda costa resulta un contrasentido con la idea de la existencia de un 'Dios bueno'. Es un debate planteado dentro de la Iglesia incluso desde la misma Edad Media, que declaró herejes a los grupos que proponían la idea de que el mundo no es la cárcel del espíritu, y Dios no puede condenarnos a la tortura de encerrarnos en la prisión de la carne. En consecuencia, tendríamos derecho a escapar cuando la conjunción carne-espíritu se convierta en un tormento. El problema es que la tendencia mayoritaria dentro del cristianismo siempre ha sido la necesidad de sufrir para que nuestra alma acumule méritos de cara a ese juicio que tendrá que pasar más tarde o más temprano. Si esa es la prioridad, mal vamos.
Pero afortunadamente, vivimos en una sociedad civil. El aspecto religioso es un añadido más, pero no cuenta cuando hablamos de leyes. Lo que está en juego en este caso es una visión del mundo, cuando menos perturbadora. Se trata de dilucidar si nacemos con la obligación de vivir sea como sea, y si alguien tiene el derecho a decidir por nosotros, en el caso de que nos inclinemos por una opción diferente. La cuestión es dónde pone el colectivo el límite a la libertad individual en cuestiones que afectan a nuestra vida o nuestra muerte, y por qué otros se arrogan un derecho para decidir por nosotros, que sin embargo les niegan a los que las circunstancias les han llevado a verse directamente implicados en una cuestión tan grave como esa.
He leído al respecto que nadie puede condenar a una persona a ser enterrada en vida en la tumba que es el coma. Aunque la frase no es mía, la suscribo totalmente. Se puede decir más alto, pero no más claro. A pesar de lo que planteen los obispos y la movida que monten algunos impresentables como el señor Berlusconi, tengo muy claro mi derecho a morir dignamente. Debería estar incluso por encima del poder que otorga la representación popular: Sufrir hasta límites insoportables no conduce nada más que a eso. El que piense diferente está en su derecho a soportar esa carga, pero no a imponérsela a los demás.

martes, 24 de febrero de 2009

INOCENCIA PERDIDA


Infancia extraviada
en los recovecos del tiempo,
que regresa a buscarnos
para traer consigo
la inocencia perdida.
Infancia que vuelve
en cada esperanza,
nutriendo con sangre nueva
esos otros sueños
que son ahora y futuro.
Infancia que nos retrae
al ansia de ser libre,
a los juegos y las risas,
a la nunca comprendida
realidad de los adultos.
Infancia en la nostalgia
de otra forma de entender
la necesidad de ser feliz,
y que presta un nuevo vigor
al fatigado cariz de los fracasos.
Infancia...
Quizás después de reencontrarte
en el viejo álbum
de una niñez en blanco y negro,
brote otra vez la semilla,
y el azul brille de nuevo
bajo la luz del presente.

lunes, 23 de febrero de 2009

70 AÑOS DE LA MUERTE DE D. ANTONIO MACHADO


En mi caso particular, descubrir a Antonio Machado fue descubrir la poesía. Hace ya muchos años, un estupendo profesor de literatura llegó a clase un día con el disco recién estrenado que Joan Manuel Serrat editó poniendo música a algunos de sus poemas. Fue uno de los descubrimientos que marcó mi vida para siempre. Con el paso del tiempo, mi admiración por el poeta de las cosas sencillas no ha cesado de crecer, y nunca ha dejado de dolerme en lo más hondo la manera en que se produjo su fallecimiento, en la desesperación del exilio, con una pulmonía acaecida por las pésimas condiciones en que vivía, en un invierno que llenaba de frío los huesos y con una tristeza tan grande que helaba el corazón. Pero sobre todo, sabiendo que su tumba sería edificada en tierra extraña, algo tan desolador y mortífero como la propia enfermedad que acabó por llevárselo.
Ayer se cumplieron setenta años de su muerte, y en el pueblo francés de Colliure donde está enterrado hubo un sentido homenaje en su recuerdo. Flores y versos fueron depositados en la sencilla tumba que le acoge, un lugar que siempre he querido visitar, pero que al mismo tiempo me produce temor y una cierta sensación de rechazo. Es fácil adivinar que los restos del poeta resulta imposible que descansen allí en paz: Él no eligió morir en esa tierra extraña. Cuentan que se ha convertido en lugar de peregrinación para los españoles, que siempre hay flores y pequeños exvotos que la gente deja como recuerdo de su paso. Es un privilegio de D. Antonio, que recibe las visitas de los grandes nombres de la cultura y los homenajes oficiales, pero también las más humildes ofrendas anónimas.
Hoy he querido que la fecha no pase desapercibida en este blog que tanto le debe a su poesía. Quiero ofrecerle otra tumba, esta vez en tierra amiga, para que descanse en paz entre poemas que intentan ser emocionantes y cálidos como los versos que él nos ha legado. De sobra sé que estoy muy lejos de conseguirlo, pero el cariño y el respeto que me merece el maestro lo compensan todo. De eso pueden estar seguros.

PRINCIPIO Y FINAL


Historias que comienzan,
historias que terminan.
Todo forma parte del conjunto: principio, final.
En lo fundamental, ninguna diferencia.
Porque aunque después
se impusiera el silencio
de una soledad nueva,
mi mano aún se desliza por tu superficie.
Y mis ojos cerrados acompañan
el movimiento de los dedos
mientras se ocupan de hacer que cierres
también los tuyos.
Es el estertor de una caricia,
desnudando el alma en una confesión
a la que no le importa
adivinar si es la última.
Por el camino he dejado
demasiados jirones de vida,
así que valoro que contigo
lleves aromas de mi esencia,
mi arrogancia, alguna que otra verdad...
Y también haber logrado arañarme
con las espinas de tus rosas,
la verdad infinita de tu germen
y la belleza de la estirpe
que engalana tu presencia.
Durante fugaces instantes fuiste mía
aún sin haberlo sido nunca:
Fui el alimento que te llegaba a las venas
mientras caía feliz en la red que me tendiste.
Hubo momentos, que pudieron ser eternos,
en que te convertías en el reflejo de mi imagen.
Por eso te confieso
que tengo la secreta esperanza
de no desvanecerme del todo
del mapa de tus sueños.
Mi ruta quedó marcada
cuando un día se cruzaron nuestras miradas.
Se inició allí un emocionante viaje,
que me llevó a explorarte:
Conocí los humedales
donde guardas tus anhelos más secretos,
te sentí estremecer bajo mis vendavales,
absorbí tu aliento mientras rodaban lágrimas
por los atardeceres amargos,
y lancé al aire de la noche
la sonrisa contenta del enamorado.
Ha valido la pena el dolor
y algún tropezón de tristeza y decepción.
Valió la pena, porque forma parte del conjunto,
de los ciclos que nunca sabemos
cuando pueden cerrarse,
al igual que nos sorprenden al comenzar
con cada fuego, cada grano de sol, cada camino...
Estoy seguro de ello:
Siempre habrán paisajes que pintar,
espacios donde encontrarnos
para convertir los finales en principios.
No hay ninguna diferencia,
si nos negamos a que existan las despedidas,
haya un rincón donde encontrarnos
y se mantenga en pié la ilusión de hacerlo,
como quizás ya ocurrió en otra vida,
como puede que suceda en el futuro...

domingo, 22 de febrero de 2009

'EL CORAZÓN HELADO', de Almudena Grandes


Hoy he acabado de leer un libro. Aparentemente eso no significa novedad alguna, porque afortunadamente me acompaña el vicio de leer desde hace muchísimo tiempo. Pero 'El corazón helado', de Almudena Grandes es algo especial. Hacía mucho tiempo que una historia no me tocaba los sentimientos más íntimos con tanta fuerza. La historia me enganchó desde la primera línea, y me ha dejado agotado emocionalmente. Tengo que darle las gracias a mi admirada Almudena. Porque ha puesto voz a una generación, la que perdió la guerra civil, que ha sido demasiado olvidada, demasiado apartada a un rincón de nuestra historia. Trata de lo que pocos saben porque hemos querido mirar hacia otro lado, olvidar ese negro pozo donde se sumió este país al acabar la guerra y eliminar de la memoria colectiva la represión planificada, el miedo, la miseria y las tremendas injusticias que hubieron de pasar los que estaban del lado de las ideas, la libertad y el compromiso social. Hubo demasiados errores en ese bando, es verdad. Pero nada puede ser comparable a lo que los fascistas hicieron cuando conquistaron el poder: La paz de los campos de internamiento, los muertos en las cunetas, las desapariciones, los fusilamientos al amanecer de cualquier día y el tratar de arrebatarles todo indicio de dignidad a los vencidos .
De ese clima supieron aprovecharse muy bien algunos, que hicieron negocios a la vera del poder, y obtuvieron pingües beneficios a partir del sufrimiento ajeno. Esa y no otra es la auténtica verdad de lo ocurrido, y de eso trata el libro. Pero es mucho más: Es el triunfo del amor, que logra elevarse por encima de cualquier obstáculo y logra salvar de todas sus derrotas a los protagonistas. Es sacar a la luz los secretos mejor guardados de una familia, sus terribles vergüenzas y ver la manera en que cada uno le hace frente. Es el debate sobre el significado de lo que puedan ser la venganza o el perdón. Es la dignidad frente a la iniquidad más descarnada.
Una novela absolutamente magistral que no puede dejar indiferente a nadie y no da respiro emocional. El título hace referencia a los versos de Machado: 'Una de las dos Españas ha de helarte el corazón'. Es cierto, y no creo que a estas alturas haya que especificar a cual se refiere. Ahora que tanto se habla de memoria histórica, léela y aprende de dónde venimos. Nunca está de más entre tanto revisionismo vergonzante que nos rodea.

DONDE QUIERA QUE ESTÉS


Acabamos de celebrar ese día inventado en nombre de un concepto del amor verdaderamente horrible, como si un regalo hecho a mayor gloria del capitalismo pudiese compensar todo lo que no hemos sabido dar el resto del año a nuestras parejas. Por eso me he decidido a escribirte esta carta, aunque ahora mismo no sepa quién puedes ser ni donde estás. Pero por si acaso estamos al borde de conocernos, o tus dudas impiden que des el paso que pueda cambiar nuestra existencia para siempre, o lo que dure ese siempre en este supuesto caso, aquí están mis reflexiones sobre lo que tú y yo podemos llegar a ser.
A estas alturas de la historia han pasado algunas mujeres por mi vida. A todas las he querido de verdad (o he creído quererlas que en el fondo viene a ser lo mismo). No puedo quejarme. He sido un hombre afortunado y me han amado mucho más allá de mis propios merecimientos. Por eso es necesario explicar lo que necesito de ti, porque para serte sincero no quiero que seas mi amiga, ni mi novia, ni mi compañera, ni mi amante, ni una aventura fugaz. Ya he recorrido esos caminos: Por favor, sé mi hogar. Ese sitio cálido al que se regresa cada día buscando olvidar los cansancios del mundo. Donde refugiarse de sus decepciones y curarse de sus zarpazos. En el que quitarle llagas a la risa, en el que caer rendido después de la batalla. Ese lugar donde haya frescura y calor, seguridad y afecto siempre que se necesite. La alacena donde se conserve el alimento de las ilusiones y podamos recuperar con ellas las esperanzas perdidas.
Estoy dispuesto a apostar a que lo conseguimos sin pedir a cambio créditos de alto interés que se eternicen en el tiempo, ni avales, ni seguros. Nada de eso sirve en cuestiones como el amor. Tampoco palabras que entrañen promesas, ni ceremonias que lleven consigo un determinado compromiso. Nada habrá que celebrar, excepto la alegría del encuentro si tu y yo nos convertimos en nosotros, en el lugar del que nos podremos ir tranquilos sabiendo que está ahí, a prueba de catástrofes, porque la única que me afectaría de verdad sería tu ausencia. Me enternece sólo de pensar en ello, en el hogar en que te convertirías, que recordaría cuando me fuese de viaje, que echaría de menos de repente, estando en el trabajo o de juerga con los amigos. Te aseguro que no pido que seas mi orgullo ni mi verdad. Tampoco una razón para vivir, porque tengo otras muchas que me valen. No has de ser respuesta a ninguna pregunta, sino el lugar donde dejar que se explayen los sentidos y encontrar el paraíso, renegar de la maldad o contar los milagros que hagas estallar ante mis ojos.
No será fácil, lo sé de sobra. Habrá que mimar ese concepto y la realidad que entrañe para que podamos conservarlo, someterlo a limpieza general cuando se acumule el polvo de la rutina. Por cierto, que nadie ha dicho que no hayas de tener defectos. Estaría bueno, estando yo al otro lado de la balanza. Pero puede que encontremos la manera de compensar nuestras diferencias, los cambios de humor, la mala leche, la desconfianza, los olvidos, la indiferencias que asomen a veces . Hasta puede que los convirtamos en virtudes, aunque no soy tan tonto como para llegar a tanto. Pero un hogar ha de tener su su polvo y sus manchas. Ya buscaremos tiempo y formas para limpiarlo.
Inventar nuestra manera de convivir. Se trata de eso, porque no hay recetas. Edificar un lugar donde colgar los cuadros abstractos que pinte la vida y encauzar el oxígeno de los sueños. Ese rincón donde dejar volar las mariposas del deseo y la ternura. Ni siquiera sería preciso que ocupases mis días con tu tiempo, ni que mi nombre figurase el primero en tu agenda. En absoluto. Sólo bastaría con una veredita que condujera al centro neurálgico de tu ser, aunque tampoco tengo intención de marcarla con las huellas de mis pies, porque tengo muy claro que has de seguir siendo tú, en eso no quiero entrometerme. Tu en tu casa, yo en la mía y el sexo en la que compartamos cuando lo deseemos. No me hace falta conocer tus secretos, y me gustaría conservar los míos.
Resulta curioso que ande buscando un hogar de ese tipo, cuando me he pasado años huyendo de ellos. Es diferente, antes me esforzaba por construirme uno dentro de mí. Uno tan sólido y grato, que no necesitaba los anhelos ni los miedos de nadie para combatir los míos. Ese hogar interior ya lo tengo, se conserva intacto para poder huir cuando me agobia lo que me rodea. Pero he aprendido que eso no significa escapar corriendo de las puertas que me abran otros. Te lo he dicho antes, hubo mujeres que me abrieron algunas en el pasado, pero siempre veía sombras que amenazaban con atraparme en una idea del futuro que no era la mía. Así que esperé a que fuese la hora y el lugar indicados para dar forma a una esperanza.
Así que cuando quieras, estoy dispuesto a abrir esa puerta. Abrámosla juntos. Juguemos a ser lo que queramos ser, seamos valientes e imaginativos, saboreemos los platos del placer que nos aguarda, sin que seamos cada uno el destino del otro. Basta con vivir. Con ser la compañía que complemente la vida, e incluso la muerte. Acaso tengamos suerte y nunca nos arrepintamos de ello. ¿Por qué habría de ser de otra manera? Donde quiera que estés, te reto a que arriesgues lo mismo que yo estoy dispuesto a arriesgar en esa apuesta.

sábado, 21 de febrero de 2009

VENCEDOR EN TODAS LAS DERROTAS

Imagen: Monumento a los españoles fallecidos en el Campo de Mauthausen
Pedro Valladares se había propuesto convertir su corazón en roca. Estaba convencido de que la salvación se encontraría en el grado de dureza interior que lograse alcanzar. El esfuerzo de no dejarse llevar por la marea de desesperación que se respiraba en el campo de internamiento era agotador dadas las circunstancias, pero lo mantenía vivo. También ayudaba el sentimiento de odio hacia sus captores de camisas azules, banderas al viento, e himnos entonados con acento histriónico y chulesco; así como la rabia contenida contra los dirigentes que no dudaron en dejarles abandonados a su suerte mientras ponían sus cobardes traseros a buen resguardo en el extranjero cuando todo se desmoronó como un castillo de naipes. Hubiera dado lo que fuera por sentir la añoranza del exiliado. Cualquier cosa sería preferible a formar parte del contingente de los que aunque se movieran, respiraran y dejasen caer alguna otra lágrima furtiva, sabían que ya estaban muertos. Todos y cada uno de los que se encontraban en aquella prisión improvisada se reconocían viviendo de prestado, porque más tarde o más temprano les llegaría la hora de enfrentarse a un destino que ya estaba escrito por los bárbaros a los que se les llenaba la boca con la religión, pero que desconocían por completo cualquier sentimiento que se semejase a misericordia o clemencia.
Pedro Valladares había sido un hombre cultivado, lleno de inquietudes culturales y sociales. Ahora ya no deseaba nada que no fuese el ansia de satisfacer las necesidades más primarias a la menor oportunidad: Comer un chusco de pan, beber un par de tragos de agua, encontrar el hueco donde tumbarse a dormir entre tantos cuerpos amontonados. Pequeños triunfos cotidianos que celebraba con furia primitiva, casi animal. Era así de simple, porque lo demás quedó muy lejos, detrás de las vallas que eran el mejor ejemplo del final de una idea de civilización derrotada en la guerra.
Llevaba impregnada en la piel la sensación que sintió al traspasar por vez primera la frontera del infierno. Resultaba imposible quitársela de encima, porque la mayor iniquidad podía concretarse en cualquier momento. Era como rodar cada vez más deprisa hacia un abismo que parecía no tener fin. Los días se hacían interminables, insoportables las humillaciones que en cada jornada inventaban los sádicos de azul para divertirse y destrozarles la moral a los reos. Pero el verdadero terror llegaba con la noche, cuando en un juego macabro, unos cuantos de aquellos malnacidos se deslizaban como sombras de muerte entre los aterrados
hombres que fingían dormir, eligiendo al azar sus víctimas, formando el grupo que abandonaría en silencio el centro con las primeras luces del día para no regresar jamás. Los demás suspiraban aliviados y llenos de vergüenza por haber conseguido otras 24 horas de desesperanza, mientras se preguntaban cual sería el destino de los elegidos para el paseo matinal del que nunca se volvía.
Instalado en esa rutina de locura, Pedro Valladares ni siquiera era consciente del grado de barbarie hacia el que se estaba deslizando. Hasta que hizo su aparición el profesor Delgado. Lo vio pasar como uno más entre una riada de presos que esa mañana llegaron al campo, unidos por una cadena que hacía de cordón umbilical tan siniestro como significativo... Delgado había sido decisivo en su vida cuando se decidió a estudiar Derecho, el mentor que le acercó a una visión de la existencia y la libertad profundamente comprometida, que él hizo suya con verdadera pasión: Le abrió el mundo de los libros, de los análisis desapasionados, el compromiso social, el amor por la cultura y las maravillas del arte. Le enseñó la manera en que la filosofía podría arrancar de la tierra las raíces profundas de aquello que impedía que la sociedad avanzase. Un viejo entrañable que le había empujado en suma, a analizar y decidir por su cuenta. A optar por una manera de vivir, de pensar, de sentir, de enamorarse, de entender lo que le rodeaba y valorar un ideal, porque sin eso los hombres no son nada.
Con todas sus imperfecciones, que sabía de sobra que fueron demasiadas, en la década de los años treinta y en España, la República encarnaba ese ideal. Por eso, al producirse el levantamiento militar no dudó sobre dónde estaba obligado a posicionarse. El primer y gran sacrificio, fue separarse de la mujer de su vida, sólo tres meses después de haberse casado. Pero en Tenerife, su isla natal, prácticamente no hubo oposición al levantamiento, y desde el primer día comenzaron las represalias. Con un pequeño grupo de amigos y compañeros, idearon un plan para huir al continente que ellos mismos consideraban una auténtica locura, pero que asombrosamente dio resultado: En un pequeño velero, ocho hombres se hicieron una noche a la mar en dirección a la costa africana. Consiguieron burlar el bloqueo de la flota fascista y llegar a Marruecos, desde donde los comités de apoyo a la República los trasladaron a la Península. Su destino final fue el frente aragonés. El resto de la guerra transcurrió en primera línea, ascendiendo en el escalafón pues resultó que tenía un instinto natural para las cuestiones militares, y los hombres se fiaban de su instinto. Muchos habían sido los momentos duros, con pérdidas irreparables y unas cuantas decepciones en lo referente a la cúpula del poder. Nunca entendió las luchas intestinas entre las diferentes facciones, que lo único que conseguían era fortalecer al verdadero enemigo. Luego llegó la derrota, algo parecido a la paz, que en lugar de establecer las bases para la reconciliación entre hermanos, estaba llenando de víctimas los cementerios.
Le costó reconocer al maestro en aquel cuerpo desmadejado y esquelético modelado por el hambre y los malos tratos. Pero sus ojos y la llama que ardía en ellos eran inconfundibles: Aún no habían logrado apagarlos. Supo al instante que el Profesor también la había reconocido, y le sorprendió captar un levísimo movimiento negativo con la cabeza. Una señal de aviso para que no se acercase, un mudo mensaje pidiendo fingir que no se conocían, en previsión de futuros acontecimientos:
-'Intenta salvarte tú, que para mí ya es imposible'- decía su mirada afectuosa, que cayó sobre la conciencia de Pedro como una descarga de corriente eléctrica, y sirvió para despertarle de su letargo. Sintió vergüenza de sí mismo y de la manera en que se estaba comportando. A partir de ese momento, las cosas en lo personal comenzaron a cambiar.
La noticia corrió como un reguero de pólvora por las calles polvorientas y los míseros barracones: Se preparaba una ejecución en masa, que los fascistas pretendían fuese el ejemplo definitivo para los pocos que aún no se habían doblegado a la amarga idea de la derrota: Los recién llegados venían de un consejo de guerra sumarísimo que les condenó a la muerte por fusilamiento.
Esa noche fue distinta para los presos, porque sabían que también sería diferente el amanecer. Y en las horas amargas en que la oscuridad hizo acto de presencia en los corazones, por vez primera desde que fue capturado, Pedro Valladares lloró como sólo recordaba haber llorado de niño. Cerró los puños hasta hacerse daño, se mordió los labios y lloró por el viejo profesor y los compañeros desaparecidos, por la mujer que esperaba su regreso y el hijo que nunca tuvieron oportunidad de engendrar. Derramó lágrimas por un país sin suerte, que cambió de la noche a la mañana la razón, la justicia y la libertad por un concepto donde sólo cabían Dios, el orden y el miedo. Eso era lo que suponía el desenlace de la guerra: la paz de la cárcel, las fosas comunes y las cunetas en las carreteras; así como la desaparición de una generación de poetas, cineastas y pintores, pero también de educadores, científicos e investigadores. Un salto atrás en el tiempo del que iba a costar décadas recuperarse. Lloró también por el concepto de ser humano que estuvo a punto de permitir que le secuestraran entre los muros de la prisión...
Cuando llegó la mañana, un grito emocionado y rebelde de 'Viva la Libertad' se transmitió por el aire en la voz de su querido maestro, segundos antes de que los disparos anunciaran otra nueva riada de sangre. En aquél preciso momento se hizo la firme promesa de no sucumbir a la barbarie: Mientras le llegaba el eco de los tiros de gracia, se juramentó a que esa y no otra sería la verdadera batalla que habría de ganarse en los largos y siniestros días que quedaban por delante. Porque en algún momento tendrían que parar, no podrían asesinarlos a todos, algunos sobrevivirían aunque sólo fuese por la necesidad de disponer de mano de obra barata para reconstruir una nación arrasada, y alguien se daría cuenta de que sería más productivo matarlos a trabajar que gastar munición en cadáveres andantes.
Su obligación era prepararse por si estaba entre los afortunados que lograsen el indulto, la conmutación de la pena, o encontraba la oportunidad y la suerte de escapar. El deber de cara al futuro era que los fusilamientos, las torturas, el régimen de terror impuesto a sangre y fuego, no acabasen con los sueños de justicia. Esa guerra no pensaba perderla de ninguna manera: Se lo debía a los que murieron pronunciando palabras hermosas en el último suspiro, y también a las nuevas generaciones, que merecían un futuro mejor que el que se estaba forjando bajo el paraguas del fascismo...
También tenía un tesoro incalculable, el sentimiento que resurgía dentro de su pecho y le consumía hasta el límite de sus escasas fuerzas: Una mujer le esperaba, seguramente pagando su propio precio por haber concebido el verdadero valor de las cosas importantes. Y él la necesitaba con todo lo que era, con todo lo que tenía, e incluso hasta en el borde de la desesperación y la muerte la amaba más que a la vida.
Quedaba mucho por lo que valía la pena luchar, porque aunque algunas heridas del alma no cicatrizarían fácilmente, tras la negrura de la noche existe la seguridad de que más tarde o más temprano volverá a salir el sol. Es hermosa la voluntad de estar dispuesto a morir por una causa que se considera justa, pero la nómina de muertos estaba cubierta de sobra. Fue la última lección del Profesor Delgado: De lo que se trataba ahora era de sobrevivir y no perder la perspectiva de que tenemos derecho a una vida más justa, más libre y más feliz. Tendría que haber gente que se ocupase de esos asuntos cuando la tormenta escampase...
Lo que he contado se refiere a unos determinados hechos, pero imagino que para los que no los vivieron, ahora mismo describe una historia tan lejana e irreal que parece haber transcurrido en una época y un mundo que no son los nuestros. Quizás lo de adscribirlo a otra época sea una manera efectiva de definirlo, aunque no hayan pasado tantos años como pareciera. Pero eso que puede resultarnos tan increíble ocurrió aquí, en este país que llamamos España, y siempre he pensado que es necesario saber de nuestro pasado más inmediato para estar alertas, pues la línea que separa lo que conocemos como normalidad democrática de la pérdida de nuestra condición de ciudadanos, es delgada, frágil y quebradiza.
La historia de Pedro Valladares se unió a la mía por casualidad, 40 años después de los hechos narrados anteriormente. Porque hubo de esperar a que pasara todo ese tiempo para que el dictador desapareciera y el amanecer que tanto había añorado comenzase a aflorar. Logró sobrevivir, escapar de aquél centro de destrucción y muerte y reunirse con su amada en el exilio. Un triunfo increíble que no se quedó ahí, pues su lucha personal contra el fascismo continuó en el escenario europeo, y no acabó hasta que los nazis fueron derrotados. Luego logró recuperar la normalidad hasta lo que es posible recuperar en un país que no es el tuyo. Formó una familia, trabajó, tuvo hijos, nietos, y pudo celebrar en una pequeña plaza de París junto a otros compañeros, la muerte del odiado general.
A finales de los setenta yo era un veinteañero con ínfulas de progresista y revolucionario. Vivía los nuevos tiempos con la fuerza y la entrega que da la juventud, y le había puesto edad al conservadurismo sin saber de la misa la mitad. En mi ardor adolescente, pensaba que la rebeldía era patrimonio de la juventud, y los viejos estaban bajo sospecha porque serían refractarios a los cambios. Pronto tuve ocasión de comprobar lo equivocado que estaba. D. Pedro, que así fue como lo conocí y lo llamé mientras se me concedió la honra de tratarlo, se convirtió en un vecino llegado al barrio con un curioso acento francés y que despertó el interés de los demás por su seriedad, la pulcritud con que se vestía, y el aire señorial que despedía una melena blanca que le daba un cierto parecido con Rafael Alberti. Resultó asombrosa la amistad surgida entre dos seres que representaban generaciones tan diferentes, aunque quizás fuera debido a que el más joven necesitaba alguien que encauzara la pasión libertaria que le consumía, y el veterano de tantas batallas consiguió un discípulo en quién depositar el pasado que deseaba proyectar hacia el futuro. Poco a poco, en interminables charlas que manteníamos mientras dábamos largos paseos en las horas posteriores al almuerzo, se fue concretando una vida que ejemplarizaba todo lo que llegue a admirar. Alguna vez he leído que hay muy pocos héroes a los que respetar. No estoy de acuerdo: Lo que ocurre es que los verdaderos héroes no ven nunca reflejados sus nombres en los libros de historia, son gente anónima que logra construir una normalidad extraordinaria, y salen indemnes de situaciones que destrozarían la personalidad de cualquiera.
La vida me llevó luego por derroteros en los que nuestros contactos se fueron espaciando, pero jamás dejé de buscar su consejo cuando creía necesitarlo. Hasta que me trasladaron la noticia de su fallecimiento. El dolor por la pérdida fue tan grande, que me cogió por sorpresa. Entonces fue cuando me di cuenta de que siempre sería un referente en mi vida. Pero aún me esperaba su último regalo: Una emoción difícil de describir me embargó cuando después del duelo su mujer se me acercó con una estropeada fotografía de color sepia en las manos. Por detrás, habían escrito una dedicatoria. La leí con lágrimas en los ojos y el corazón encogido:
-Confío en ti. Por el futuro. Y para que ayudes a construirlo-
La imagen era inolvidable y me estremeció profundamente: En primer plano aparecía la figura de un hombre joven, mal vestido, flaco y maltrecho, que sin embargo sonreía y levantaba el puño con determinación. Detrás podía contemplarse un desolador paisaje de miseria y abandono que no tuve problemas en identificar como el campo de internamiento del que tanto me había hablado. No me pregunten cómo pudo obtenerse ya que desconozco el dato, pero esa milagrosa foto se convirtió en uno de mis tesoros más queridos, pues el protagonista era un auténtico y genuino héroe. Un personaje extraordinario que desde su sencilla condición de anonimato, había conseguido salir victorioso de todas las derrotas con que la vida quiso castigarle. Ahora que el paso del tiempo me ha colocado en mi lugar es cuando más admiro el valor de unos hombres y mujeres que nunca recibieron el reconocimiento que merecen por lo enorme de su sacrificio. Al menos deberíamos acordarnos de ellos cada vez que tengamos la oportunidad de ejercer nuestro derecho al voto. Enriquecieron el significado de la palabra democracia sin ni siquiera ser conscientes de ello. Nosotros, sus herederos, sí que estamos obligados a hacerlo. Se lo debemos.

viernes, 20 de febrero de 2009

DE VUELTA

Ha habido que esperar un poco más de lo deseable, pero ya estamos de regreso. Las culpas, a los líos que a veces montan las compañías de telefonía con las altas, pero demos por bueno lo que bien termina. Mientras tanto no hemos estado con los brazos cruzados. Como ejemplo, el relato sobre lo relativo que pueden ser las victorias y las derrrotas, que ha sido escrito con un enorme cariño, pensando en una generación realmente admirable. Esperamos que alguuien se acuerde aún de nosotros. Un saludo.

jueves, 5 de febrero de 2009

DIGAMOS QUE... UNAS BREVES VACACIONES

Saludos, amigos y camaradas, gentes del buen sentir y (al menos eso espero por su bien) del mal vivir... Me llaman 'Escrito con Sentido', y soy el verdadero espíritu de este blog que visitan. Hoy me ocupo yo de dejarles unas palabras, porque mi Alter Ego, ese que algunos conocen por Paco, y que cuando se le suben los humos de la poesía a la cabeza se hace llamar Pacogor, anda muy ocupado en otras cosas, un tanto alejadas de la lírica y bastante más prosaicas: Se está mudando de casa. Como lo conozco un poco y sé lo despistado que puede llegar a ser, quería avisarles de estos días de descanso que por fin voy a tener por delante.
Resulta que aún no dispondremos de línea telefónica, así que está descartada la conexión a internet. Pero advierto que se librarán de nosotros durante poco tiempo: ya está pedida y a lo largo de la próxima semana la instalarán. Mientras tanto, el amigo Paco andará atareado haciendo agujeros en las paredes y moviendo cosas de un lado para otro, esforzándose para conseguir que adquiera la categoría de hogar lo que por ahora es solamente un pequeño piso sin personalidad definida: Nuestro hogar, por cierto... ¿A que suena bien?
Cuídense, no se olviden de escandalizar a las mentes bienpensantes, dar quebraderos de cabeza a los que dirigen el cotarro y, lo más importante, leer todo lo que caiga en sus manos. . . Nos vemos pronto.

FINAL FELIZ

Imagen: 'Paisaje romántico', de Vasili Kandinsky (1911)
Después de conocerla, algunas cosas cambiaron en su vida: Enterró la certeza de que era un hombre sin suerte, empezó a creer en el futuro, se hizo un fervoroso practicante del paso a paso como la mejor posibilidad para avanzar, y acabó convencido de que los sueños pueden hacerse realidad. Así que en aquella historia de amor sí que hubo un final feliz, aunque no fuese exactamente el que marcan los cánones románticos...

miércoles, 4 de febrero de 2009

QUE QUIERES QUE TE DIGA

Imagen: Ilusión, fotografía de Haleh Bryan
Que quieres que te diga,
si esto no es premeditado:
No sé lo que tú ves
cuando estamos juntos,
pero yo te miro a los labios
y no sé dejar de hacerlo
porque me supera...
Y es que tu boca
ha envenenado mi cuerpo,
y cuando me rozas
la piel y el pulso me delatan:
Sentirte es incompatible con pensar,
desearte es sinónimo de amar.
Tienes un don que me atrae
como un imán,
es algo que no para y me puede.
Imaginar tu abrazo es desearte,
y que mis manos se muevan
aportando emociones a la vida,
dibujando sensaciones en tus pechos,
alterando el pulso de la tarde.
Cuando te muestras
en tu esplendor de mujer deseada,
te haces llama
y me cubres de pasión y ternura.
Mas tarde dormiré
con un sabor inigualable en la boca
y el recuerdo de un manto de lujuria
acariciándote el vientre,
alojándose donde se pose mi mirada,
celebrando una ceremonia
para descubrir todas las posibilidades
que la inmoralidad nos permite.
Que quieres que te diga,
si no encuentro explicación
para todo esto que me sucede:
En todo caso, que me gustas,
y que si tengo hambre de ti,
es porque desatas
un deseo siempre insatisfecho
.

lunes, 2 de febrero de 2009

PADRE Y ORGULLO


El coche sigue ascendiendo,
los pinos quedan atrás
y algo se siente en el aire
al asomar la fachada
de un paisaje tan amado.
El corazón late con fuerza
por la inminencia de una belleza
primitiva y única.
el Padre siempre vigilante,
el Símbolo surgido
de las profundidades del mar,
descansa orgulloso y erguido,
presidiendo un trozo de tierra
donde las piedras de oscurecen
y la naturaleza se transforma...
Quiero creer
que ese volcán es llama
de una paz que nos abraza
con un sentimiento de emoción y alegría,
creando para sus hijos
instantes de inmovilidad misteriosa.
La pureza se nos hace posible,
el aire nos limpia por dentro
mientras el horizonte nos ofrece
la fantasía de un artista atormentado,
que se eleva hacia los cielos
desde un paisaje que es mezcla
de surrealismo y dolor.

domingo, 1 de febrero de 2009

CANARIOS EN MAUTHAUSEN

Imagen: Foto del día de la liberación, en la que los presos saludan a las tropas aliadas (véase la pancarta en español)
Una de mis preocupaciones de siempre, ha sido el desconocimiento que los canarios tenemos generalmente sobre nuestra propia historia. Altamente significativo resulta que la Historia de Canarias haya sido en los últimos tiempos sólo una asignatura optativa en nuestros centros de enseñanza, pero la situación ha empeorado desde el último año, en que los responsables de Educación la han reducido a un mero apéndice de la Historia de España. Como consecuencia, se impartirán generalidades (cuando se haga, porque ya sabemos que no siempre da tiempo a impartir todos los temarios). Consecuentemente se da la paradoja de que un gobierno de coalición en el que el presidente se define como nacionalista será directamente responsable de que nuestros niños y jóvenes terminen sus estudios obligatorios siendo casi analfabetos en el conocimiento de nuestra historia.
Afortunadamente hay entidades privadas y personas a nivel individual que intentan regar ese desierto, aunque sean gotas en un erial. En un diario de hoy se ha dado uno de estos casos. Confieso que tenía informaciones muy escasas sobre el tema, por lo que personalmente agradezco al autor de la información su preocupación por darlo a conocer: Hablo de uno de los episodios más vergonzosos de la historia de la humanidad: Los campos de exterminio nazis. Conocía muy bien que los republicanos españoles que abandonaron el país con el triunfo de las huestes de Franco en la Guerra Civil, fueron especialmente perseguidos por la policía política alemana en los duros años de la Guerra Mundial. La Gestapo sabía que esta gente se incorporó desde el primer momento a la lucha contra el nazismo, y se les persiguió con especial saña. Miles de ellos terminaron en el Campo de Mauthausen, y la mayoría murió allí, víctima del frío, el hambre y los malos tratos.
Lo que la población de estas islas no sabe es que también hubo canarios que murieron en ese campo: Daniel Millet lo da a conocer hoy en La Opinión de Tenerife. Se podría pensar que el número resulta insignificante entre los millones de fallecidos en los Campos de la Muerte, pero aunque hubiese sido uno, eso da igual. El caso es que hubo 45 canarios presos en Mauthausen, de los que murieron 28 y 17 lograron sobrevivir. Todos sus datos se encuentran en una sección especial de la web del ministerio de Cultura, junto al del resto de españoles que sufrieron tal ignominia. La lista se ha conocido tras una investigación a tal efecto realizada por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, que estima en 8.964 el total de víctimas españolas.
La mayoría de los presos canarios procedía del aproximadamente un centenar que eludieron la represión franquista en el Archipiélago y se unieron a la lucha contra el ejercito fascista por diversos medios, unos a través de las colonias francesas en África (Mauritania, Senegal y Marruecos), otros por Marsella, algunos incluso tras desertar del bando nacional en los mismos frentes de la Guerra y, los menos, tras ser canjeados por personas afines al alzamiento militar. La lista completa puede consultarse en la siguiente dirección:
http://pares.mcu.es/Deportados/servlets/ServletController
¿Que ha sido de los sobrevivientes? ¿Alguno de ellos sigue vivo? ¿Alguien les ha dedicado un homenaje en Canarias? ¿Existe algún monumento que recuerde a la posteridad su valentía y sufrimiento? ¿Cómo es posible que hayamos sido tan miserablemente indiferentes ante su gesta? Demasiadas preguntas y, me temo, ninguna respuesta positiva. Ahora que la palabra crisis está en boca de todos, sobrecoge pensar en la magnitud del mal ante el que se enfrentaron. Da igual el grado de valentía, las dudas y miedos, y las pequeñas miserias a las que seguramente tuvieron que recurrir para seguir vivos un día más en el infierno: Son nuestros héroes, y así deberían ser tratados. Desde estas humildes letras, vaya por delante mi admiración más sincera y el orgullo que siento al pensar en ellos. Ahora que he conocido sus nombres, prometo no olvidarlos nunca.
He aquí la relación completa:

AFONSO GARCÍA, Francisco - Los Llanos de Aridane - Fallecido - 13/06/1942
DORTA DÍAZ, José - San Juan de la Rambla - Fallecido - 19/09/1941
DUQUE PÉREZ, Aniceto - Santa Cruz de la Palma - Fallecido – 24/03/1942
DUTHU, Lucien - La Orotava - Liberado - 11/04/1945
FUENTES NIETO, Manuel - S/C de Tenerife - Fallecido - 12/11/1942
GARCÍA MARTÍN, Román - Santa Úrsula - Liberado - 05/05/1945
GONZÁLEZ ABREU, Manuel - Los Silos - Fallecido - 07/11/1941
HENRÍQUEZ PÉREZ, Domingo - S/C de la Palma - Fallecido - 07/11/1941
HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, Nicolás - La Orotova - Fallecido - 09/11/1941
LORENZO RODRÍGUEZ, Fulgencio - Garafía - Fallecido - 16/08/1941
MATA RODRÍGUEZ, Gregorio Nacianceno - Garafía - Liberado - 05/05/1945
MATA RODRÍGUEZ, Orencio - Garafía - Fallecido - 27/07/1941
MEJÍAS ZAMORANO, Ángel - S/C de Tenerife - Liberado - 05/05/1945
MORALES, Ventura S/C de Tenerife Liberado -
MORENO GARCÍA, Alejandro - Hermigua - Fallecido - 23/09/1941
PERERA MARRERO, Sebastián - Los Llanos - Fallecido - 12/11/1941
PÉREZ REMEDIOS, Juan - Tazacorte - Liberado - 05/05/1945
REYES GONZÁLEZ, Emilio - S/C de Tenerife - Fallecido - 21/08/1944
REYES PÉREZ, Fidel - S/C de la Palma - Fallecido - 02/12/1941
RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, Eugenio - S/C de Tenerife - Liberado - 05/05/1945
RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ, José - Tijarafe - Fallecido - 24/02/1942
RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, Felipe - S/C de Tenerife - Fallecido - 16/11/1941
TABARES HERNÁNDEZ, Rubén - S/C de Tenerife - Fallecido - 05/05/1942
ARROCHA ELVIRA, Rafael - San Bartolomé - Liberado - 05/05/1945
BARRAMEDA PERAZA, Florencio - Las Palmas - Liberado - 05/05/1945
CABRERA ÁLVAREZ, Israel- Las Palmas Fallecido 17/02/1943
CEDRES ARROCHA, Domingo - Lanzarote - Fallecido - 18/11/1941
CRUZ BARRETO, José - Las Palmas - Liberado - 05/05/1945
DOMÍNGUEZ MORENO, Domingo - Las Palmas - Fallecido - 30/10/1941
DOMÍNGUEZ ROMERO, Ángel - Las Palmas - Liberado - 05/05/1945
FALERO GONZÁLEZ, Antonio - Las Palmas - Liberado - 05/05/1945
MARTÍN PÉREZ, Rafael - Las Palmas - Fallecido - 04/08/1942
MORALES DE LA HOZ, Casimiro - Las Palmas - Liberado - 05/05/1945
MORALES PERDOMO, Jacinto - Haría - Liberado - 05/05/1945
NODA DE LA CRUZ, Pedro - Arrecife - Fallecido - 06/05/1942
PADRÓN VALIENTE, Domingo - Arrecife - Liberado - 05/05/1945
RAMOS DÍAZ, Antonio - Las Palmas - Fallecido - 18/09/1942
RAMOS GARCÍA, Vicente - Las Palmas - Fallecido - 08/10/1941
RODRÍGUEZ NAVARRO, Juan - Las Palmas - Liberado - 05/05/1945
SALINAS LIZARRONDO, Juan - Mogán - Fallecido - 04/12/1941
SÁNCHEZ SANTANA, Matías - Las Palmas - Fallecido - 31/07/1941
SANTA ANA DOMÍNGUEZ, Pedro - Las Palmas - Fallecido - 20/08/1941
SANTANA MARTÍN, Miguel - Las Palmas - Fallecido - 28/01/1942
SANTANA PÉREZ, Francisco - Las Palmas - Fallecido - 26/09/1941
VEGA MEDINA, Bartolomé - Gáldar - Liberado - 05/05/1945