Me dices que es
absurdo el universo,
que la vida
carece de sentido.
Pero no es un sentido
lo que busco a estas alturas,
cualquier explicación
o una promesa,
sino el estar aquí y a la deriva:
una simple botella
que en la playa
aguarda la marea.
Sí, la palabra justa
es abandono,
una dulce renuncia
que me nombra
señor y dueño
al fin de mi camino.
Queden hoy para otros
los afanes del mundo,
y que mi mundo sea
la magia de un piso diminuto
tomado en su quietud
por la penumbra,
saber que nadie llegará
a interrumpir mi tarde,
que no habrá sobresaltos,
ni voces, ni horas fijas,
porque ahora es tan solo
transcurrir mi gran tarea.

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