Apenas uno de cada cinco del medio millón de soldados que partieron hacia Rusia comandados por Napoleón Bonaparte regresaron a su hogar. El resto fallecieron abatidos o capturados por el ejército ruso, murieron de hambre, de frío o, según indicaban los libros de historia, sucumbieron al tifus.
“La retirada de Napoleón de Moscú” es una célebre pintura al óleo de 1851 creada por el artista alemán Adolph Northen. Esta obra icónica refleja el trágico colapso de la Grande Armée durante la desastrosa invasión de Rusia en 1812.
La pintura inmortaliza la agonía de las tropas francesas en el invierno de ese año. Tras ocupar un Moscú incendiado y desierto, Napoleón se vio obligado a retirarse ante la falta de suministros, el hostigamiento constante de los partisanos rusos y la táctica de tierra quemada. La posterior caótica retirada se convirtió en una catástrofe humanitaria y militar, en gran parte debido a las temperaturas bajo cero, el agotamiento extremo y enfermedades como el tifus y la fiebre recurrente.
Muestra a un exhausto y desmoralizado Napoleón Bonaparte montado a caballo, rodeado por los restos derrotados y demacrados de su ejército cubiertos por la nieve y el frío extremo. Northen retrata magistralmente el contraste entre la habitual grandeza imperial de Napoleón y la cruda realidad de sus tropas, diezmadas por el hambre, el frío extremo y el constante hostigamiento de los cosacos y el ejército ruso.
Esta retirada marcó el principio del fin del imperio napoleónico, ya que de los más de 500.000 hombres que invadieron Rusia, apenas decenas de miles lograron cruzar con vida de regreso a su territorio.

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