jueves, 29 de octubre de 2026

POESÍA: ANTEPASADOS


Mis antepasados 
inventaron la Vía Láctea,
dieron a esa intemperie 
el nombre de la necesidad,
al hambre le llamaron 
muralla del hambre,
a la pobreza le pusieron
el nombre de todo 
lo que no es
extraño a la pobreza.

Poco es lo que podía
hacer un hombre 
con el pensamiento del hambre,
apenas dibujar un pez 
en el polvo de los caminos,
por el contrario
podía atravesar el mar 
en una cruz de madera
y sentirse un dios
que está por encima
del bien y el mal.

Mis antepasados 
no cruzaron el mar 
sobre una cruz de madera,
porque a los que lo hicieron
no los considero
mis antepasados,
los míos auténticos 
sufrieron las consecuencias
de aquellos que no 
pidieron audiencia
y se instalaron en los legajos
gloriosos de la historia
como los erizos y los lagartos 
se instalan por los senderos 
de las aldeas.

Y llegaron a los arenales,
donde la tierra era brillante 
como escamas de pez,
la vida allí solo tenía
días de bondades
y brisas atlánticas,
pero eran riquezas
lo que buscaban.

Poco es lo que puede 
valer moralmente un hombre 
que solo ha tenido 
ese tipo de ambiciones,
mas que provocar muertes
y terribles miserias,
dejar recostadas a sus víctimas 
en el pensamiento
de la esclavitud y el hambre
después de haber
enterrado a sus hijos.

Mis antepasados 
inventaron la Vía Láctea,
dieron a esa intemperie 
el nombre de la necesidad,
pero no atravesaron el mar 
sobre una cruz de madera.

Fueron los que pusieron 
nombre al hambre 
para que el amo del hambre
se llamara dueño y señor
de la casa del hambre
y vagaron por los caminos
como los erizos y los lagartos 
vagan por los senderos 
de las aldeas.

Poco es lo que podía hacer 
un hombre con las migas 
de la piedad,
comer pan mojado 
los días de lluvia 
a los que luego seguían
días de brisas marinas
y hablar de la vida antigua,
como se habla en las aldeas
de todas las cosas pequeñas 
que se pueden envolver 
con cuidado en un pañuelo.

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