Da igual que sea
en un bar
o al abrigo del fuego
al principio del tiempo
de los hombres.
Siempre ha habido
un murmullo
envolviéndolo todo:
Las voces de la tribu
ocupando la cueva,
el clamor de guerreros
tras la caza,
el estruendo incendiado
en las revueltas,
el grito enardecido
en un estadio,
aplausos y ovaciones
en la televisión,
las risas de los niños
que juegan en los parques.
Un zumbido presente
todo el tiempo,
como un motor en marcha
que nunca se detiene.
Ni siquiera
en las noches se detiene,
temblor de luz eléctrica
y de vértigo.
Son frases inconexas
que abrazan la cadencia
de las ondas acuáticas
si se lanza una piedra
en el centro de un lago.
Alguien cree que hay
silencio justo antes
del disparo de gracia
en un fusilamiento,
pero el eco devuelve
repetidas
las últimas plegarias
de los ejecutados.
Siempre ha habido
un murmullo
envolviéndolo todo,
un ruido permanente.
Pero no le temo
al silencio,
tengo más miedo a sentir
las cosas que se dicen
en voz baja.

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