viernes, 11 de septiembre de 2026

HISTORIA: EL OTRO 11 DE SEPTIEMBRE

 


LOS SUCESOS

Aquél 11 de septiembre, la oscuridad se llevó a un país para luego expandirse por una Latinoamérica de sueños, ideales y conquistas. La sangre corrió por las calles, y la miseria levantó la mano para que los genocidas siguieran el mandato del terrorismo del norte.

Porque en Chile a la esperanza había que taparla, a la dignidad la tenían que aniquilar, y todo aquel que soñara era una amenaza. Porque tres años atrás Allende comenzó a hacer historia desde el momento en que ganaba las elecciones la Unidad Popular. Y fue en la Moneda que comenzó el genocidio que luego seguiría con el plan sistemático de aniquilamiento a lo que estos cobardes llamaban subversión.


Desde temprano en la mañana de ese día, Allende había recibido noticias de movimientos militares sospechosos. A las 6:15 a.m., le informaron sobre la sublevación de la Marina en Valparaíso, y a las 7:20 a.m., salió de su casa hacia el Palacio de La Moneda, con la esperanza de que el Ejército lo apoyara. Aproximadamente a las 9:10 a.m., Allende pronunció su último discurso a través de Radio Magallanes, la única estación que aún no había sido tomada por los golpistas. En este discurso, él reafirmó su compromiso con Chile y declaró que pagaría con su vida la lealtad al pueblo, subrayando su amor por el país y su visión de un futuro mejor. Este mensaje fue transmitido mientras el bombardeo y los disparos se intensificaban alrededor de La Moneda. El palacio presidencial fue atacado por tierra y aire. Los tanques y la infantería abrieron fuego contra La Moneda a partir de las 10:30 a.m., y los aviones Hawk y Hunter bombardearon el edificio. Allende, consciente de que no podría mantener su posición, rechazó una oferta de exilio seguro y decidió quedarse en el palacio. Las versiones oficiales y las testimoniales coinciden en que Allende decidió quitarse la vida para no caer en manos de los golpistas. A las 2:00 p.m., después de un ultimátum dado por la Junta Militar para que abandonara el palacio, Allende se suicidó en el Salón Independencia de La Moneda con un fusil AK-47, regalo del líder cubano Fidel Castro. La versión más aceptada es que se disparó un tiro bajo la barbilla, aunque inicialmente hubo controversias y especulaciones sobre si fue asesinado. Su muerte fue confirmada por testigos cercanos como el doctor Patricio Guijón, quien relató haber visto a Allende muerto inmediatamente después del disparo, con la cabeza destrozada. El cadáver de Allende fue retirado de La Moneda alrededor de las 5:00 p.m., envuelto en una manta y custodiado por soldados. Estos momentos marcaron el final de la presidencia de Allende y el inicio de una dictadura militar que duraría 17 años.


EL DISCURSO

Seguramente, ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las antenas de Radio Magallanes. Mis palabras no tienen amargura sino decepción. Que sean ellas un castigo moral para quienes han traicionado su juramento: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡No voy a renunciar!

Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeño su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción crearon el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, victimas del mismo sector social que hoy estará esperando con mano ajena, reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.


Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder.

Estaban comprometidos. La historia los juzgará. Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse. Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!


Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

Santiago de Chile, 11 de septiembre de 1973


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Toda la razón, hay muchos 11S de sangre , en la historia de la humanidad, que se deben de olvidar. ( kaina...)

Anónimo dijo...

Quice decir que no se deben olvidar...