viernes, 11 de septiembre de 2026

POESÍA: LA SIESTA



Morfeo le susurra
con dulce acento,
que es súplica y balido:
duerme, duerme.

El calor se desliza
entre los muslos
de la tarde.
Ella espanta de los ojos
ese blanco turbión 
de mieles y de espumas.

El murciélago 
bate sus alas 
membranosas
como hojas de parra.
No hay guardián 
que defienda los fosos,
está franco el castillo.
Debería huir,
pero, ¿cómo hacerlo
si la temperatura agobia
y la somnolencia aprieta?

Morfeo se detiene
a la distancia justa 
de su cuello.
Ni siquiera recuerda 
su ínfima mordida:
es la hora de la siesta
y no está para nadie.

No hay comentarios: