sábado, 22 de agosto de 2026

POESÍA: SINRAZÓN


Por qué te ocultas 

en ese silencio oceánico,

en ese abismo conjurado 

y metafísico de los horóscopos,

saboreando las manzanas 

que heredamos de un festín.

Todos saben que la vida 

es una doctrina del sueño,

un nombre sangriento 

en los ojos de las madres,

una parábola

en la noche muerta,

un arduo y espléndido 

monumento de uno mismo,

de gente naufragando 

en el desierto 

de las aguas muertas,

como sonámbulos 

de recuerdos encarcelados 

en el devenir de la existencia.

Se escuchan gritos dolientes

en los arrecifes de la madrugada

que buscan una razón

para la esperanza 

en las plazas y los templos,

por el dialecto de las sombras 

que reflejan los mares

donde se llora eternamente.

No debería venir la vida

cargada de razones 

para el lamento

de un conjuro del sueño sin fin,

el infierno del suicida 

frente al espejo de su historia,

hombres que se pudren 

en el reino de la cruz,

callando, soñando, póstumos,

muriendo en los archivos 

de la memoria desnuda y sola.

Son quienes buscan 

en los ojos de los reptiles

y en las pieles de las bestias

asesinar el dolor 

de tanta ausencia,

el dolor de labios sangrando 

en cuerpos amados,

como ángeles 

que se revelaron a su signo.

No sé si pueda 

arrancarme los ojos

y no ver nunca más

todo ese ritual 

de sufrimiento que me rodea,

de víctimas bendiciendo 

los hechos 

de una especie maldita.

Cuando muera quiero ir

adonde estén los poetas,

esos brujos cansados 

de levantar su canto

a los mares que nos recorren,

en la miseria de los días.

Cada cual con su linaje

de crear belleza y emoción

a partir de la escritura.

Y mientras tanto mírame aquí,

despreciando profundamente

a la esfinge de la sinrazón,

intentando que mi voz 

llegue hasta donde 

no alcanzan los ojos.

Cómo arrancar de mi alma 

ese tatuaje cabalístico,

esa rosa amarga en que suelen

convertirse los mejores ideales.

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