domingo, 23 de agosto de 2026

PINTURA: DARÍO DE REGOYOS


Darío de Regoyos y Valdés nació en Ribadesella y su temprana inclinación por el arte encontró la oposición de su padre, que deseaba que estudiara Arquitectura como él. Tras su fallecimiento, y gracias a la permisividad de su madre, pudo realizar sus deseos. Desde sus primeros años como pintor formó parte activa de los movimientos liberalizadores del arte en Bélgica y fue el único pintor español que llevó a cabo óleos simbolistas, puntillistas e impresionistas al tiempo que los impresionistas franceses, ingleses y americanos lo hacían.

Su primera formación la obtuvo en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid) con el profesor y pintor belga Carlos de Haes; posteriormente, su marcha en 1879 a Bruselas le permitió matricularse en la Real Academia de Bellas Artes de Bélgica con el pintor Van Sevendonck y en el estudio del pintor Joseph Quinaux, que había sido a su vez profesor de Carlos de Haes, siendo Quinaux su verdadero maestro. Todo ello dio lugar a que Regoyos se desarrollara como pintor en los ambientes artísticos bruselenses, terminando por ser miembro del círculo de L’Essor (El vuelo, 1880-1883) y después del revolucionario e intransigente círculo de Les XX (1883-1894), del cual nuestro artista formó parte desde su fundación hasta su disolución. Amante y defensor del paisajismo, se enfrentó con el academicismo en España, practicando a fondo el impresionismo, el divisionismo y el simbolismo mediante su serie La España Negra.


Sus amigos fueron los pintores Théo van Rysselberghe, James Ensor, James Abbott McNeill Whistler, Camille Pissarro, Paul Signac y Maximilien Luce, y ya en España el compositor Isaac Albéniz y el violinista y director de orquesta Enrique Fernández Arbós. Además, en el mundo de las letras tuvo gran amistad con Émile Verhaeren, Georges Rodenbach y Maurice Maeterlinck, Pío Baroja, Miguel de Unamuno y Ramiro de Maeztu. Pero los artistas que más influyeron en su obra fueron Van Rysselberghe, Pissarro y el poeta Verhaeren, siendo su gran virtud la justeza en el color, así como la composición en sus paisajes, nocturnos y efectos de luz.


Hasta el año 1890, estuvo exponiendo siempre en Francia, Bélgica y Holanda, y a partir de ese año lo hizo además en Madrid, Barcelona, Bilbao y San Sebastián, entre otros lugares.bA Regoyos muchas veces se le ha acusado de hacer una pintura “ingenua”, dando a entender con ello que su obra tenía un carácter poco profundo o que técnicamente era poco elaborada. Lo que la crítica tradicional no supo apreciar es que estamos ante un creador capaz de producir imágenes de una gran frescura y libertad, no sujeto a las reglas tradicionales, aunque muchos vieran en ello una falta de pericia técnica. Sin embargo, Regoyos buscaba la naturalidad en los contenidos de sus obras y la libertad en la forma. En sus continuos viajes por pueblos y ciudades, su pintura simplemente quería expresar lo que tenía ante sus ojos, utilizando una técnica libre, casi primitiva, sin tener en cuenta los valores académicos.

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