Mi suerte,
no sé si la merezco.
Dos hijas y una nieta
para este corazón,
generosa aportación
para compensar
daños antiguos
o que estén por venir,
con su pátina
aurora de otoño.
Dos hijas y una nieta
para el ojo de la noche
en la noche.
La fe que espanta el frío.
Un pecho abierto
¿sin vacilaciones?
Dos hijas y una nieta,
la duda de saber
si se es padre decente
o abuelo digno,
estirpe que sostiene
el miedo
venas que recorre
la esperanza.
Dos hijas y una nieta
para coser la vida,
modelar su esqueleto
y quebrar las bromas
del destino.

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