martes, 11 de agosto de 2026
REFLEXIÓN: EL OTRO
El poeta que vive conmigo no se encuentra aquí en este momento, por eso escribo en prosa. El poeta que vive conmigo se ha quedado fuera, está en una cafetería tomando un cortado, mirando a la gente pasar. El poeta que vive conmigo volverá a casa en mi coche, pondrá música, compartimos el gusto por el blues, el soul y el jazz. También la clave del correo, el perfil de Facebook, el número de teléfono, los grupos de washaps. El poeta que vive conmigo se queda en casa cuando voy al baloncesto, cuando voy a correr, pero viene a recogerme después y volvemos caminando. El poeta que vive conmigo duerme conmigo, pero despierta de madrugada y sube un poema a las redes sociales. En las tardes, el poeta y yo revisamos notas, tachamos, reescribimos, desechamos y decidimos si el resultado final vale la pena. El poeta que vive conmigo odia las fiestas populares, las multitudes y celebrar su cumpleaños. El poeta que vive conmigo sigue hablando con todis los amigos que ya no están aquí. El poeta que vive conmigo piensa en mis hijas y mi nieta, las abraza como yo, se preocupa por ellas. El poeta que vive conmigo me enseñó a hacer el arroz a la cubana que preparo los sábados. Prefiere quedarse en casa cuando salgo con gente, dice que no soporta algunas conversaciones, le cuesta mirarles a los ojos. El poeta que vive conmigo se duerme en las películas de Godard y llora siempre que ge Casablanca. También, como yo, adora salir al campo, a veces se aleja demasiado y le pierdo de vista. No sé el tiempo que vivirá conmigo el poeta que vive conmigo. Algunas mañanas despierto y no está, desaparece días y días sin dejar rastro, pero vuelve con nuevos temas sobre los que meditar. Sé que el día menos pensado, el poeta que vive conmigo dejará de vivir conmigo. Y se irá a vivir con alguien más joven, alguien con toda la vida por delante. Y creo que eso estará bien, aunque le voy a echar de menos.
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