La policía no es neutral,
nunca lo ha sido.
Sus golpes tampoco.
La tragedia anida
en la huelga del padre
que acalla el hijo
disparando balas de goma,
en la revuelta disipada
de malos modos
golpeando a gente
que protesta pacíficamente,
en los botes de humo
disparados por el el joven
que olvidó quienes
eran sus vecinos,
aquellos que saludaba
cada tarde
con la mano tiznada
de chocolate
al salir de la escuela
para volver a casa.
Todos ellos aprendieron
que la violencia gratuita
solo tiene unos destinatarios,
porque hay una parte
de la población
que siempre será intocable.

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