miércoles, 1 de abril de 2026

REFLEXIÓN: BALANCES PERSONALES


Escribir, conducir, pintar, construir, enseñar, limpiar: da igual el verbo. Lo importante es no olvidar por qué empezamos a hacerlo, qué nos llevó hasta ahí y por qué hemos persistido. Y sentir que merece la pena aunque no nos guste a lo que nos hemos dedicado porque hemos encontrado alternativas que han llenado nuestra vida, incluso cuando las cosas no salen bien, cuando las tareas exigen más de lo que devuelven. Quizá ahí resida el verdadero éxito: en saber que volverías a recorrer el camino, conociendo ya el precio... ¿Pero qué pasa cuando piensas que no ha valido la pena? ¿Ha sido un éxito, más allá de lo que podamos sentir? ¿Un fracaso, por encima de la admiración que despertemos en los demás? 

El balance de una vida nunca podrá ser una cuestión matemática, muy al contrario: nos lleva a adentrarnos en terrenos tan resbaladizos como la filosofía o la sicología. Por no valer, ni siquiera nos vale lo que opinen de nosotros los demás porque la admiración o el cariño que podamos despertar en otros distorsiona nuestra imagen y el odio o la envidia, también. Quizás sea mucho más sencillo que todo eso, puede que se resuma en que nadie triunfa o fracasa del todo, aunque haya quiénes se consideran triunfadores o estén ahí los convencidos de su fracaso. 

Relativicemos las cosas un poco: al final, la muerte no respeta ni a unos ni a otros, se nos lleva a todos por igual y con ella se acaba nuestra historia. 

No hay comentarios: