Como cada noche
al acostarme,
paso revista
a mis demonios,
¿a cuántos he dejado
salir hoy fuera de este
espacio acotado?
¿Cuántos andan sueltos?
Siento alivio
al darme cuenta
de que la mayoría
siguen paseando
entre las paredes
del silencio. Van y vienen,
pero no se atreven
a traspasar la puerta.
Entre los demonios
rondan también los ángeles,
casi igual de peligrosos,
probablemente.
Es muy fácil
malinterpretar sus dones.
Por fortuna,
tampoco son libres,
y a menudo se conforman
con deambular
junto al desorden
de mis pensamientos.
Es necesario este
repaso cotidiano,
saber qué dije,
qué poemas compartí,
mantener a salvo
a quienes tengo cerca.
Reconstruir la frontera
para salvar
a los demás de lo que
no me gusta de mi mismo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario