miércoles, 15 de abril de 2026

PINTURA: FRANCIS BACON


Francis Bacon es una de las personalidades artísticas más emblemáticas y perturbadoras del periodo que siguió al fin de la Segunda Guerra Mundial. Su personal visión atormentada y descompuesta del ser humano es el mejor documento de la crisis que aquejó a la humanidad durante la segunda mitad del siglo XX. Su personal estilo expresionista, basado en un simbolismo de terror y rabia, le ha convertido en uno de los artistas más originales del siglo XX.

A Bacon siempre le interesó el aspecto más amargo de la existencia y sus obras son metáforas de la lucha del ser humano con su entorno. Su personal lenguaje pictórico muestra los aspectos más misteriosos e inquietantes de la condición humana; sus retratos no buscan el parecido de los rasgos físicos del modelo, sino su condición espiritual. En cuanto a la técnica pictórica, Bacon fue un perfeccionista y dominó como nadie la mezcla simultánea de los componentes de azar y orden. En sus obras se combinaba un interés por la fotografía con su admiración por los grandes maestros de la pintura, especialmente por Velázquez, Rembrandt y Goya.

«Figura escribiendo reflejada en un espejo» ilustra una escena abstracta y evocadora con una figura humana claramente distorsionada, absorta en la escritura, cuyos movimientos y forma se reflejan ambiguamente en un espejo. La figura masculina aparece en ropa interior blanca y es muy semejante a cientos de obras que retratan a George Dyer, pareja y modelo del pintor durante años que se acabó suicidando la víspera de una importante retrospectiva de Bacon en el Grand Palais de París en octubre de 1971. Pero muchos quisieron ver el autorretrato del propio Bacon, por lo que quizás esta obra sea en realidad un doble retrato.

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