Cómo saber
si es más importante
tener una habitación propia
o una tumba propia
o una casa a la que volver
o un poema donde
poder refugiarse
de la tormenta en que la vida
se puede llegar a convertir.
Alguien dice
que somos los humanos
más raros de la historia,
extrañas criaturas
que escarban sus neuronas,
sus fetiches,
porque no nos bastan
los inviernos para aprender
las declinaciones del frío.
No, los jardines que amamos
no se marchitan nunca.
Ni las anémonas azules
y dioramas en la levadura
de los deseos.
En el estanque de los sueños
deberíamos aprender a cultivar
jardines de medusas
y nubes digitales,
y piedras sin gravedad
que respiran despacio
felices en el silencio.

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