Celebra la llegada
de la estación
de las amapolas
aunque el tiempo nos deje
los árboles desnudos,
las esperanzas secas,
las llagas en un puño
y los paisajes llenos
de ruinas temblorosas.
No te declares cautivo
de un alma acartonada,
de un corazón rendido,
de un cuerpo desgastado.
No creas que los brindis
son cosas del pasado
ni que nuestros esfuerzos
se resuelven en nada.
Bajo la tierra avanzan,
feraces, las raíces,
más recias, más profundas,
cuanto más tiempo pasa,
destilando su savia
de risas y dolores.
Abre tus ventanas
a las horas felices
sin importar las grietas
que amenacen la casa:
nunca serás más libre,
nunca darás más flores.

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