Cuando la hoguera
se volvió hilo de humo
el mar, la arena, el horizonte,
la playa entera,
todo seguía ahí.
Como si la noche
no hubiese ocurrido nunca.
Pero supimos
que ya no nos pertenecía.
Mientras ardía,
girábamos ciegos
creyendo ser
la generación prometida,
nos inyectaron la creencia
de la Revolución
en el ombligo
y brindábamos felices
por el futuro tan soñado
mientras la traición
se iba forjando.
Cuando se apagó la hoguera
mi generación perdió
la esperanza, la fe
y alguno hasta la casa.
Y de repente,
como un calambrazo
o un bostezo,
se dieron órdenes
desde la sombra
de devolver la ropa.
Nos enseñaron la playa, sí,
pero nos despertaron
en mitad del desierto
y nos obligaron
a abrir bien los ojos.
Cuando la hoguera
ya era hilo de humo
el mar, la arena, el horizonte,
la playa entera
todo seguía ahí,
pero ya no era nuestro.
Mi generación
comienza su vejez
sacudiendo de sus ropas
las migas de lo poco que nos queda.

No hay comentarios:
Publicar un comentario