domingo, 1 de marzo de 2026

OPINIÓN: ATAQUE A IRÁN


Donald Trump está fracasando en su intento de instaurar el fascismo en Estados Unidos. Esto quedó claro en su discurso sobre el estado de la Unión, que estuvo plagado de atmósferas fascistas, pero que en última instancia pintó la imagen de un fanfarrón exhausto. El problema de Trump no es con la idea del fascismo, que le sienta muy bien, porque ensalza a un líder que trasciende la ley y pretende unir al pueblo con su destino. Niega la verdad en favor de grandes narrativas sobre la lucha contra un enemigo elegido. Postula una edad de oro imaginaria. Todo eso estaba en su discurso. Y las víctimas elegidas han sido claras. 

La Administración está llevando a cabo una represión generalizada contra los inmigrantes, sembrando el terror en ciudades de todo el país y creando un panorama de dominación con sus enormes campos de concentración. El asesinato de civiles en Minnesota fue seguido de grandes mentiras sobre las víctimas. Todo esto es horrible. Pero también es estancamiento. Trump es impopular y la economía nacional es débil. Cuando el gobierno asesinó a ciudadanos estadounidenses, los manifestantes apenas se desanimaron. Para pasar del autoritarismo competitivo al fascismo con todas las letras, Trump necesita otro tipo de conflicto: una guerra sangrienta, popular y victoriosa.

Y eso es lo que busca con el ataque a Irán. El fascismo exige una guerra importante en el exterior para generar un pretexto que pueda utilizarse para justificar un gobierno indefinido y una mayor represión. Al presentar al mundo como una lucha sin fin, el fascismo utiliza la guerra para hacer que la sumisión a la jerarquía parezca la única opción. Pero la guerra es algo muy complicado y Trump es un incompetente, como lo son todos sus asesores. Los estadounidenses no van a ser pacientes. Quizá cambiarían de opinión si Trump pudiera explicar lo que está haciendo, pero no puede, o si hubiera una victoria rápida, cosa que no va a ocurrir. El impacto de una invasión de Irán en la política interna probablemente sería tan catastrófico que Trump no creo que pudiese llegar al final de su mandato. Veremos lo que ocurre si hay enfrentamientos en tierra y comienzan a morir sus soldados. 

Luego está el pretexto para la guerra. En Irak fueron las supuestas armas de destrucción masiva, que jamas aparecieron mientras se destruía todo un país. Ahora son las acusaciones sobre los proyectos de la República Islámica para la fabricación de una supuesta bomba atómica. Soy tajantemente contrario a la utilización de la energía nuclear. Pero es evidente que hay países, entre ellos España, que la están utilizando para fines civiles desde hace años y eso no ha implicado que hayan construido la bomba. Aún no se han visto pruebas fidedignas que indiquen lo que pudiera estar ocurriendo en Irán al respecto. Y, finalmente, hay un tema de categoría ética y moral sobre la negativa de países que tienen ya decenas y centenares de cabezas nucleares a que nuevas naciones se incorporen a ese repugnante club. Si tan peligroso consideran ese armamento, ¿por qué no desmantelan sus arsenales para dar ejemplo? Más aún Estados Unidos, porque se trata del único país que ha lanzado una bomba atómica sobre civiles inocentes. En dos ocasiones, nada menos. En temas tan graves, no se trata de distinguir entre los buenos y los malos. Porque no hay nadie bueno. 

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