Marzo de 2026:
Ya no hay santos,
profetas, sibilas,
videntes.
Es más fácil imaginar
el fin del mundo
que el fin de lo que quiera
que sea esto que hemos
construido.
Y entonces
llega la primavera
para agarrarnos
desde dentro
como a guiñoles
con una mano metida
por salva sea la parte.
La tierra se arrebola,
semillas brotan
de entre los huesos,
el cuerpo nos habla
con una lengua impúdica.
Durante unas semanas
somos adoradores
de una diosa antigua
que nos obliga a florecer.
Así que...
¿Por qué no?
No hay mucho que perder.
Aspira fuerte,
sucumbe al arrebato
y absorbe del otro lado
la visión de un mundo nuevo.

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