jueves, 26 de marzo de 2026

ESCULTURA: CLAUDIA FONTES


En las aguas del Río de la Plata, a metros del Parque de la Memoria, se alza una obra que trasciende los límites del arte para convertirse en un emblema de la lucha por los derechos humanos en Argentina. La escultura de Pablo Míguez, creada por la artista Claudia Fontes, no solo recuerda a un adolescente desaparecido durante la última dictadura cívico-militar, sino que también interpela al espectador sobre la fragilidad de la memoria y la persistencia de la búsqueda de justicia.

Pablo Míguez fue secuestrado junto a su madre en 1977, cuando tenía apenas 15 años. Su destino, como el de miles de desaparecidos, quedó marcado por el horror de un régimen que utilizó el Río de la Plata como tumba para sus víctimas. Fontes, consciente de esta carga simbólica, diseñó la escultura en acero inoxidable pulido a espejo, un material que refleja las aguas y la luz, generando un efecto visual que oscila entre la presencia y la ausencia. “Por momentos está y por momentos no”, explicó la artista, quien buscó representar la condición del desaparecido: alguien que está presente en la memoria colectiva, pero cuya existencia física ha sido negada.

La escultura de Pablo Míguez no es solo un homenaje a una víctima del terrorismo de Estado, sino también un recordatorio de la importancia de mantener viva la memoria histórica. En un país donde la búsqueda de verdad y justicia sigue siendo una lucha cotidiana, obras como esta se convierten en herramientas fundamentales para confrontar el pasado y evitar que se repitan los horrores del pasado.

El Parque de la Memoria, donde se encuentra la escultura, es un espacio dedicado a recordar a las víctimas de la dictadura. Allí, los nombres de los desaparecidos están grabados en un muro que se extiende frente al río, un testimonio silencioso de las vidas truncadas. La figura de Pablo, flotando en las aguas que fueron testigos de tantos crímenes, se suma a este paisaje como un llamado a la reflexión y al compromiso con los derechos humanos.

La obra de Claudia Fontes no solo conmueve por su carga simbólica, sino también por su capacidad de generar preguntas en quienes la contemplan. ¿Qué significa recordar? ¿Cómo se construye la memoria colectiva? ¿Qué papel juega el arte en la búsqueda de justicia? Estas son algunas de las interrogantes que surgen al observar la figura de Pablo Míguez, un joven que, a pesar de haber sido arrebatado por la dictadura, sigue presente en la lucha por un país más justo. Y en estos tiempos, en que el sufrimiento y la muerte han convertido en una pesadilla la existencia de millones de personas, nos recuerda la transcendencia del más básico de los derechos humanos: El derecho a la vida. 

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