Esto de escribir versos
también es así...
Las paredes de una gruta
en la que alguien,
hace diez mil años,
mancilla lo natural
de la piedra.
Monedas, corriente alterna,
una muchacha nacida
con los genes de la belleza,
pero llena de complejos.
Un país donde no ser,
donde solo parecerlo.
El capital es la pesadilla
de quedarnos atascados
en nuestra capacidad simbólica.
El más favorecedor de todos:
maquillaje tanatoestético.
Años de trabajo
vueltos un pedazo
de granito ecuestre.
Una industria de la miseria,
las huertas del wolframio.
Como un cuerpo ardiente
que sabe, y disimula.
Pestañas postizas
de marca barata,
una imagen idéntica a sí misma.
Como poesía política
que se confunde
con un selfie frente
al espejo del baño.
La metonimia del mal,
normativo dislocado.
Escenificación, menú,
la escalera de incendios
del discurso mentiroso.
Algo al que le crecen
raíces aéreas
y anhela volver a la tierra
en cuanto hace un tiempo
que salió a la luz;
como los ojos de las papas.
La mirada del poema
es también así,
filas de hormigas obreras
aplastadas para permanecer,
restos de gestos
que parecen otra cosa.

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