sábado, 21 de febrero de 2026
PINTURA: GEORGES ROUAULT
Georges Rouault es un pintor que sólo cabe clasificar como expresionista, puesto que su única meta es un compromiso moral y profundamente religioso que le lleva a denunciar las corrupciones de la sociedad moderna. Los jueces injustos, la prostitución, el ciudadano oprimido, la soledad, se representan en su obra a modo de evocaciones.
Así, el condenado aparece en su indefensión ante la casta de los leguleyos, la prostituta como ser abyecto, crasa y desdentada, el hombre de la calle como payaso; ninguno es culpable, sino víctima de los vicios de la sociedad contemporánea, que son, en cierto modo, recurrentes. Su mensaje es el más profundo de entre los artistas católicos del siglo XX. Nacido en una familia de artesanos vidrieros, su estética de madurez manifiesta la relación con el mundo de la vidriera emplomada y, naturalmente, con el cloisonisme, aunque los colores presentan entonación densa y apagada.
En 1902 alquila un taller cerca de Clichy al que suben las prostitutas, que posan para él a cambio de permanecer en el local con calefacción. En sus desnudos, las miradas de rstas mujeres revelan una angustia interior que contrasta con el orgullo provocador de las poses. Además, Rouault introduce un dibujo caricaturesco, cercano al de Honoré Daumier y Henri de Toulouse-Lautrec, y una noble sensualidad en los matices y contrastes de los colores. Son representadas como personajes vulnerables y frágiles, abandonados en medio de la inmensidad del mundo, solos e indefensos, a merced de los avatares de la vida de la calle y los caminos. Raramente en la historia del arte se había pintado con tanta repulsión y rechazo a las prostitutas.
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