Han vuelto a renacer,
mientras la tarde
transcurre,
los recuerdos.
Son contornos
de vida en las paredes,
son sueños desechados,
ya fósiles del tiempo,
ya leña en los crepúsculos.
Hay un mar
de esqueletos y amonites
detrás de las montañas,
un océano antiguo
donde agita la ausencia
sus olas en desorden,
su galerna aterida,
el lubricán clemente
que alumbra con sus teas
los caminos vacíos.

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