Uno comienza
haciendo planes,
que enseguida
confunde con planos,
en los cuales
parecen figurar
itinerarios,
que confunde
más tarde con oráculos,
cuyo mensaje,
confuso,
acaba confundiendo
con órdenes
de cuyo cumplimiento
parece depender
el de sus planes.
En fin, un triste
cuento de espejismos,
pero que todavía
no ha acabado,
porque en el centro
de este laberinto
aguarda, inconfundible,
el minotauro.

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