domingo, 30 de noviembre de 2025

PINTURA: GOYA


Esta cabeza de perro es una de las pinturas más inquietantes del Goya recluido en la Quinta del Sordo. Por el tratamiento y su ubicación, pudiera incluirse perfectamente en las Pinturas Negras, aunque el estilo es diferente. Pero esa cabeza hundida en la arena, con la mirada lastimera hacia arriba, tiene el aire lúgubre, casi demoníaco, de esos paneles llenos de brujas y aquelarres. El estilo es ya el del Goya maduro, despreocupado por las convenciones académicas que se basan en la línea y la composición equilibrada. Esta escena, de formato marcadamente vertical, se halla completamente vacía en más de sus dos terceras partes. 

El tema está restringido por una diagonal, un modo poco habitual de resolver un horizonte. La separación entre el cielo y la tierra es por completo arbitraria, puesto que ambos tienen un tono amarillento desvaído, que solo la intensidad puede hacer que se diferencien, levemente. Y el tema es tan mínimo y a la vez tan impactante como esa pequeña cabeza animal. Es por lo tanto, una pintura de lo menos convencional, en la estela de la última producción goyesca.

La cabeza del perro sólo ocupa un 1% de la superficie del cuadro; el resto es color sin objetos, sin seres vivos. Nunca antes había osado un pintor hacer visible la soledad con una renuncia tan radical. El cuadro, muy oscuro y sentimental, solo presenta la cabeza de un perro escondida sobre un plano inclinado de ocre y un espacio vertical en ocre más claro. Sólo estas imágenes se muestran en la obra, sin ninguna otra que la “perturbe”. Por otra parte, la mirada de los ojos del perro se dirige hacia arriba, y podría representar la soledad o tristeza. Tiene un aire lúgubre, casi demoníaco.

Se han propuesto variadas interpretaciones, desde la insignificancia del ser vivo ante el espacio que le rodea, hasta que estemos ante una obra inacabada, pasando por una posible pérdida de elementos presentes en el cuadro antes de su traslado a lienzo. Para algunos autores el perro semihundido es una alegoría de la soledad y la fatalidad, para los críticos que insinúan es una obra inacabada la mirada lánguida del perro se dirige a dos pajarillos.

No hay comentarios: