Me conformo con poco:
lograr el día perfecto
dentro de mis posibilidades.
Despertar sin temores
cuando la luz inédita
del nuevo día me alce lento
del suelo de algún sueño,
y encabalgar instantes
como versos hechos
en un idioma
en el que la más rebuscada
de las metáforas
sea un lugar común.
Deslizarme por el sendero
de las horas sin sentir
que le cedo sitio al tedio,
dejar pasar tan solo
los recuerdos iluminados
por la luz del agradecimiento,
gastar algunas horas
en un libro que sepa
devolverte aquellos vértigos
de una adolescencia
que en los libros
abolía los días ciegos.
Me conformo con poco:
no albergar ningún miedo,
no preguntar ni quién soy
ni de dónde vengo,
aceptar que el amor
es solo un préstamo,
dejar que el día se vaya
con la misma placidez
con la que vino,
saber que no te van
a echar de menos,
y contemplar,
poco antes de acostarte,
al niño que aún
te mira en el espejo.

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