Entre las rocas arde
un fuego
que no se apaga.
Sobrevuelo
con alas cansadas
este desierto de piedra.
A lo lejos se alzan
gigantescos arcos
entre el cielo y la tierra
abrazando
el rostro del tiempo.
En este territorio
donde todo es posible
sentirás que la noche
es más fuerte
que tu miedo,
que en sus piedras late
un corazón enfrentado
al espejismo de la muerte.
Ellas te guiarán
por este reino
solitario de extrema
belleza.
Aquí no hay
raíces ni ataduras,
sólo los semblantes
de las rocas
que como en la vigilia
de un sueño se agolpan
bajo un cielo pensativo.
Tú eres una huella mínima
que con un leve gesto
podrá ser borrada
por la luz
que alberga los días.
El cuenco de tu mano
es un espacio donde yace
todo lo que creías olvidado.

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