Nada ha sido
como esperabas,
y ahora sólo tienes
un lugar al que has llegado
sin poseer más que lo
que te ha sido dado.
Caminas por los paisajes
que albergaron tu infancia,
y aún resuena
el eco de tus pasos
por las calles y plazas.
El rumor de su brisa
te recuerda
que hay un tiempo
de inocencia
que flota en el aire
igual que las nubes
cuelgan del cielo
con ingrávida armonía.
Ni los días ni las noches,
sólo el presente que era
un espacio de cobijo,
de secretos rincones
que redoblaban tu alegría
de niño solo.
Las preguntas que volaban
y el deslumbramiento
que brotaba
de cualquier cosa,
como una blanca azucena.
Pero nada ha sido
como esperabas.
De repente te sobresalta
un ahora oculto entre
los destellos del sol.
Ya no eres el que fuiste,
y tu mano no alcanza
lo que nunca llegó a ser.
Aceptas que
cuanto has perdido
lo perdiste para siempre.

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