Te vas con los buenos,
con tu jersey viejo
y tu andar cansado
pero recto.
Te vas donde te corresponde,
atravesando el campo,
pisando tierra,
respirando el aire limpio
sin rastro de dolor.
Te vas porque ya toca,
porque has sabido ganarte
la vida y la muerte en paz.
Te vas como quien
fuiste para tantos, para mí,
como un ser humano
que supo decir y hacer
con la verdadera grandeza
que otorga la humildad.
También guardar silencio
y retirarte a solas
cuando tocó hacerlo.
Te vas con esa perra
de tres patas que adorabas,
junto a la que pediste
que te enterraran
y a la que mirabas
como merecen ser mirados
nuestros semejantes.
Te vas así, con las manos
limpias y vacías,
tu humor invencible,
tu bondad intacta,
tu corazón de bosque,
tu frente alta.
Y gracias, Pepe.
Cuando necesitemos creer
recordaremos tu ejemplo...
Y te juro que he intentado
no llorar tu pérdida
porque pediste
que te despidiéramos
con alegría,
pero ni siquiera en eso
puedo estar a tu altura.

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