Seis botellas de agua, alimentos en conserva y no perecederos, linterna y pilas, una pequeña cocina a gas, una radio analógica, un botiquín de primeros auxilios, artículos de higiene íntima y copia de los documentos personales...
Esto es lo que parece que nos recomendará la Unión Europea para tener en reserva en nuestros hogares por si se desata una catástrofe, sea de la clase que sea. La gran pregunta ante este tipo de recomendaciones es si la propuesta es razonable, o forma parte de una campaña orquestada para inyectar miedo en la población europea para que acepte de buen grado la carrera armamentística en que nos vamos a ver metidos. Y las reacciones van desde la rabia por la posible manipulación hasta la burla de quienes no ven peligro de guerra alguna.
Pero la cuestión es que estas medidas trascienden el límite de la guerra, hay otras catástrofes causadas por los humanos o por causas naturales que en algún momento podrían hacer necesario tener a nuestra disposición un kit de emergencias para afrontar dos o tres días en que nos pudiéramos quedar aislados, sin acceso al agua corriente, o sin posibilidad de comprar comida. No somos conscientes de lo frágil que puede ser en realidad la sociedad en que vivimos. Bastaría pasar tres días sin suministro eléctrico para que todo se convirtiera en un caos en nuestras ciudades y el peligro de estar en sus calles aumentara de forma brusca.
¿Y qué haría una persona, o una familia, a resguardo en su casa, para tener agua, hacer la comida o lavarse? En Canarias hemos tenido varias experiencias en distintas islas de lo que se llama un cero energético sin que se hubiese producido ningún significativo incidente previo. Se trata de un corte general del suministro eléctrico debido a la pésima infraestructura de producción de electricidad en las islas, con equipos antiguos y desfasados. En algún caso se llegó a estar sin electricidad hasta dos días. Por fortuna, la gente podía salir a la calle y comprar cualquier cosa que fuera útil, porque no había ocurrido nada que impidiera hacerlo. En los comercios se agotaron las existencias de hornillos alimentados por bombonas de gas, las radios a pilas y las linternas. ¿Pero y si no hubiéramos podido salir de casa? La línea que separa lo que llamamos civilización del desastre puede llegar a ser muy delgada.
Y lo que se nos propone que tengamos cono reserva, no es ninguna novedad. Es algo que vienen haciendo en los países nórdicos y las repúblicas bálticas desde hace tiempo. Evidentemente, la razón que les mueve es poderosa. Siendo vecinos de Rusia, el temor de una guerra repentina está siempre presente. Pero estaría bien que tuviésemos claro que el conflicto armado solo es una posibilidad más entre las que harían fundamental estar prevenidos ante lo que nos pueda pasar. Y sí, el kit habrá de incluir toallitas húmedas y papel higiénico. Estoy seguro de que lo estaban pensando y se extrañaban de que no los nombrara. La fijación que tenemos en España por acumular papel higiénico cuando hay una crisis de cualquier tipo es digna de estudio.
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