El Cristo Amarillo (1898),de Paul Gauguin, es una muestra del fauvismo influenciado por Van Gogh donde el elemento primordial es el color. Gauguin denomina a su estilo como sintetismo ya que sintetiza la observación del sujeto con los sentimientos que provoca el artista. La coloración es típica del otoño bretón. En paralelo con el amarillo de Cristo, se combinan amarillos, naranjas y verdes. La tradición bretona da un significado espiritual en otoño considerándola como una «crucifixión» de los cultivos que resucitan en primavera.
Para la figura central de Cristo, el pintor se inspiró en una talla policromada del siglo XVII, de autor anónimo, que se encuentra en la capilla de Trémalo, a las afueras de Pont-Aven. El color blanquecino pálido de Cristo es transformado por Gauguin en amarillo. Junto a Cristo se muestran tres mujeres bretonas en actitud reverente que ocupan el lugar histórico de las Marías en la Crucifixión. La figura de Cristo en medio del cuadro es una visión que aparece a las mujeres que están rezando. Los motivos centrales están desplazados hacia la izquierda. En el plano medio de la derecha una figura salta una valla interpretado como una evasión. Al fondo el campo bretón y casas dispersas entre los árboles.
Estas tierras humildes han subyugado a Paul, aquí, en Pont-Aven encuentra todo lo que su París natal —ahora profundamente aburguesado— una vez tuvo y perdió: la ausencia de pretensiones, la sencillez del arte popular y las hondas manifestaciones folclóricas.
La estampa en conjunto rezuma solemnidad y devoción; nos revela el dolor y el sufrimiento de Cristo, en un primitivismo donde el color es la fuerza que caracteriza la pintura y que provecha el artista para expresar un mensaje, con este crucificado rústico; el culto fervoroso y popular de unos campesinos que no concuerda con la realidad, y se concentra en un culto fervoroso y popular de unos campesinos empobrecidos pero subyugados por un catolicismo tradicional.

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