Algunos sentimientos
son como cuchillos,
que abren la carne
y exploran
membranas y tejidos
más allá de nuestro
discernimiento.
De la fascinación
por los cuchillos
comprendes, por ejemplo,
cómo un cuchillo
puede abrir la carne,
partirla como una pera
para extraer la semilla,
cortar la semilla,
sacar la sangre,
extraer el odio de la semilla,
limpiarla por dentro
hasta crear una coraza
perfectamente vacía,
y de cada intento fallido
una semilla rota,
una casa llena de cuchillos,
en las paredes blancas
apenas salpicadas
para que limpios
los adentros
continúen su ejercicio.
Amar para algunos
es sondar la carne
y llenarla de heridas,
para que así abierta
sea irreconocible.

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