su casa como quiere.
La pone sobre el aire,
la siembra en la cintura
de la luna
o encima de las olas.
Cada uno la pinta
de manera diferente,
la baña con el cielo
y el oro verdidulce
de la tarde.
La llena de jilgueros,
de música y hortensias.
Encima del verano
la edifica.
Le pone una ventana
al horizonte,
una terraza al mar
y un pájaro piando
en el tejado.
Cada uno la salva
de la furia del invierno,
le pone verjas altas,
faroles importados
de Neptuno
y espejos fabricados
en Arabia.
Cada uno la mide
y la corrige.
En forma vertical
la va agrandando.
Le pone un timbre
eléctrico
y un número de plata.
La cuida del incivilizado
que la ensucia,
del niño que le roba
una gardenia,
del rico
que le parece tan poco.
Cada uno acomoda
su casa a su manera,
presume y aparenta,
construye su existencia
tontamente
con trapos, pergaminos
y billetes,
con vigas antisísmicas
coñac y pararrayos.
Qué lástima pero ninguno
construye a su medida
su refugio con solo
la verdad de cada día
y el sol bien compartido.
Qué lástima que nadie
se haga casas
a prueba de mentiras,
olvido y desamor.
Yo quiero hacer
mi casa a mi manera
sin puertas ni intransigencia
La quiero dulce y tibia
en medio del camino
de un hogar en tus brazos.

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