viernes, 8 de diciembre de 2023

REFLEXIÓN: MALA BILIS


Hay que reconocerle el valor a Jenni Hermoso, pudiendo dar la bienvenida al nuevo año en algún fiestón, con su familia o metida en la cama, ha elegido dar las campanadas junto a Ramón García y Ana Mena. Apelo al valor no porque sean mala compañía ni por el frío que según dicen se pasa en ese escenario, más bien porque cuando aceptó la propuesta de TVE sabía lo que se le venía encima. Ha sido anunciarse su nombre y a los guardianes de las esencias de la misoginia les ha faltado tiempo para manifestar su disconformidad con la elección.

A Hermoso le cuestionan sus méritos para estar en ese balcón, parece que haber ganado un Mundial, ser la máxima goleadora histórica de la selección y la única jugadora junto a Alexia Putellas que ha vestido la Roja en más de 100 partidos son nimiedades. Dudo que los mismos que hoy se rasgan las vestiduras virtuales le hubiesen puesto un pero en su momento a la salida al balcón de Casillas, Puyol o cualquier otro de la selección masculina, cuyos méritos eran similares. Lo que les mortifica realmente es que la delantera se haya convertido en un símbolo contra el sexismo, —símbolo involuntario, a ver quién querría serlo de manera voluntaria— tras ser acosada por un jefe pichabrava en directo y ante millones de espectadores. Un delito que devino en sainete y en la consiguiente revictimización, algo que ya ni sorprende cuando se trata de delitos sexuales. Tampoco sorprende la sobrerreacción biliosa de la carcunda al escuchar el nombre de Hermoso, extensivo ahora a cualquier jugadora de la selección femenina, únicamente confirma que a eso de #seacabó todavía le falta mucho para ser una realidad y no sólo un hashtag.

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