Pieter Bruegel “el Viejo” es uno de mis pintores favoritos. En 1559, el que ha sido uno de los artistas holandeses más importantes del Renacimiento pintó el cuadro “El mundo al revés” o “Los proverbios flamencos”. Cualquiera que conozca el trabajo de Bruegel sabe que pintó más que escenas. Esta ilustración literal, de metro y medio de ancho, está compuesto por más de cien proverbios o refranes flamencos de la época.
La pintura representa un conjunto de hombres, mujeres, niños y animales en una serie de actos extraordinarios y extraños. Entre ese grupo de personas se pueden ver a dos hombres defecando por una ventana y a otro mordiendo un pilar de madera. Muchos de los proverbios presentados se centran en lo absurdo del comportamiento humano.
Reina el bullicio en esta aldea, donde incontables figuras llenan hasta los rincones más oscuros de la calle y de las casas. Los personajes están absortos en sus tareas, la mayoría de las cuales, examinadas de cerca, resultan más bien peculiares: hay un hombre que se da de cabezazos contra un muro de ladrillos; otro que echa rosas a los cerdos; uno más atronado que saca la luz del día de su casa en una cesta; una mujer que se empeña en atar al Diablo con una almohada; y, por poner un ejemplo más, un mendigo que se arrastra para meterse dentro de una esfera de cristal rematada con una cruz.
Pieter Bruegel retuvo siempre su veta popular y un sentido profundo y directo de la realidad junto a un gran sentido crítico, asumiendo sus pinturas la filosofía popular con tal sagacidad, inteligencia y verismo que su amigo Ortelius escribió: «Nuestro Brueghel ha pintado muchas cosas imposibles de pintar».

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