martes, 24 de octubre de 2023

REFLEXIÓN POÉTICA: EL SER ISLEÑO


Quienes hemos nacido en una isla conocemos de sobra los confines, pero también sabemos de la fragilidad de las fronteras. Advertimos sus contornos imprecisos, su constante vaivén (vemos cómo se mueven y nos mueven). Con cada ola, la isla cambia. La tierra se sumerge y, al hacerlo, sus límites se borran. Abolir una linde de agua es tan fácil como lanzar contra ella una piedra, cruzarla a nado, navegarla con una embarcación. Pero la isla también es raíz en el alma, aunque la dejes atrás físicamente, siempre se llevará dentro. 

Nacer en una isla supone hacerte constantes preguntas sobre tu propio origen. ¿Mojarte los pies te vuelve extranjero? Para ser un bárbaro, ¿hasta dónde tu cuerpo ha de hundirse en el mar? Quienes nacemos en islas sabemos que la escritura es también una isla, una arena a la que llamamos patria. Este borde que al desplazarse nos desplaza. Esta orilla de la que nunca podrán desterrarnos los tiranos. Y la isla es solo en apariencia un ente cerrado, porque el mar que la rodea está lleno de horizontes que le abren al isleño sus ojos al mundo. 

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