A nadie quiere atrapar
al descubierto
el frío del próximo
invierno.
Y no son las calles
la trampa de una selva
cubierta de peligros,
ni los cajeros
automáticos
ni los bancos del parque
ni debajo de los puentes.
No deberían de serlo.
En los cartones
que se apelmazan
en el suelo
duerme
la violencia salvaje
del sistema.

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