lunes, 30 de octubre de 2023

HISTORIAS MÍNIMAS: REFLEJOS


La vida diaria está llena de superficies reflejantes. Sin ir más lejos, en esta misma habitación, en la ventana que da a la calle, aunque casi cubierta por la cortina y según la luz que venga de afuera o de adentro o la conjunción de ambas, puede surgir el reflejo, para qué decir en el baño, la cocina, mi dormitorio, etc. No pude seguir en la institución, llamémosla así, porque los doctores y técnicos, que no son tontos, se dieron cuenta de que, aparte de un síndrome quizás un poco paranoico, yo no era un peligro ni para mí ni para nadie, y bueno, decidieron que me las podía arreglar sin ir a un centro de recuperación, mientras fuera supervisado por un o una visitador(a) social. Y me vino bien porque me acababa de llegar una pequeña herencia tras el fallecimiento de mis padres, que administrada con mi mesura y moderación habitual me durará varios años. Los excesos te hacen perder la serenidad, bajar la guardia, y así te puedes encontrar de pronto frente a un reflejo inesperado, en el espejo o el enlozado de los urinales de un baño de bar, las ventanas de autobús o un simple escaparate junto al que pasas pensando en tus cosas y sin tener la precaución de bajar la vista.

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