domingo, 12 de junio de 2022

POESÍA: POCO MÁS QUE DECIR


Y ya nadie es el mismo.

Yo tampoco. 

Aunque las raíces

siguen arraigadas

el fruto es distinto,

quizás más dulce,

quizás más amargo, 

debatiéndose entre florecer

o marchitarse para siempre. 

Así el mundo se precipita

a su postrera oscuridad

y casi sin avisarnos 

nos volvió tristes almas

yendo de de un tropezón a otro.

A partir de ahí se empieza

a querer menos

para desconfiar más,

a afrontar la realidad para

no despertar desamparado

de un soñar estupendo.

La carne llama, la piel siente,

el dolor siempre existe

y se reinventa.

La voz de la conciencia

desdobla los valores,

nos crece como

un alarido incesante

que puede con todo

el griterío del silencio.

Ojalá pudiera huir

de este juego ignominioso,

de esta vida procaz,

de este ir y devenir,

de este tumulto de sinsabores

sin sentido

sin que nadie diga nada.

Ojalá que los jueces frívolos

ardan en sus altares,

que los pensadores

guarden sus conjeturas

para otro negro estío,

que se destierre la estupidez

de los que aman este vivir

su marcha feliz hacia el futuro

sin reparar en los que

saltan por la borda.

De verdad que siento

un infinito cansancio, 

un hartazgo casi irreversible. 

Y, por favor, que nadie

diga nada porque

poco más hay que decir.

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