El temor y la esperanza
hacia lo desconocido
devoran el presente
y nos lanzan al inmenso
castigo del futuro.
A ese sitio improbable
donde nadie ha vivido,
a ese enigma que huye
mientras nos acercamos
como si estuviésemos
atrapados por una niebla
cada día mas impenetrable,
más espesa y aterradora.
¿Quién se atreve hoy
a realizar predicciones positivas
sobre lo que les espera
a ese tropel de niños y niñas
que hoy pueblan nuestras escuelas?
Yo no, desde luego...
Y un inmenso sentimiento de culpa
me destroza el corazón.

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