La iconografía de María Izquierdo es muy amplia y diversa. Además de naturalezas muertas, paisajes solitarios y escenas circenses, encontramos que la figura femenina es un tema recurrente. Surrealistas y feministas, así eran las obras de María Izquierdo.
Los colores vivos e intensos dan vida a la trayectoria artística de la muralista, pero es la figura femenina uno de los elementos más comunes en la pintura de Izquierdo, cuya relación entre la mujer y la feminidad tiene un sentido metafísico; simbólico acaso, y existencialmente social, que se ve acompañado de toques muy nacionales combinados con elementos universales. La fantasía y soledad son también temas que abordó en sus pinturas, así como esporádicas escenas del circo.
En la misteriosa imagen de la Alegoría, una chimenea de la que sale un espeso humo negro genera una criatura fantástica y apocalíptica: la libertad, un ser de alas blancas, lleva en una mano una antorcha dorada, y en la otra agarra bárbaramente las cabezas cercenadas de cinco mujeres por sus largas cabelleras negras. Libertad vuela hacia el cielo con sus trofeos de guerra en un oscuro cielo nocturno más allá de una luna creciente, mientras está rodeada por los mismos rayos de fuego dorado que aparecen en Alegoría del trabajo y en otras pinturas de Izquierdo de esta época. La imaginería de Alegoría de la libertad irónicamente socava el título nobiliario de la pintura, ya que la figura alegórica estándar de la libertad alada que lleva una antorcha aquí es en realidad el portador y quizás el perpetrador de la muerte violenta. La pintura también puede comentar irónicamente sobre los sacrificios que se consideran necesarios para la libertad. Las mujeres decapitadas son víctimas de poderes que escapan a su control, y en la imagen se evidencia una cualidad sacrificial. Las cabezas agarradas aluden a imágenes de sacrificio ritual en el arte prehispánico, donde los guerreros agarran a sus víctimas arrodilladas por el cabello. El nacionalismo de Izquierdo se basó en un fuerte indigenismo, y ella afirmó regularmente que la cultura indígena del pasado y del presente era la base del arte mexicano moderno. Sin embargo, a diferencia del trabajo de muchos pintores en el México de la época, Izquierdo evitó utilizar motivos precolombinos en un estilo abierto ni creó imágenes de indígenas exóticos.
En Alegoría de la libertad la chimenea humeante ubica la escena dentro de la vida urbana contemporánea, e Izquierdo utiliza una violencia alegorizada con huellas del pasado indígena para subrayar el estatus problemático de la mujer en el México de los años treinta.


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