lunes, 2 de mayo de 2022

REFLEXIÓN: PROSA POÉTICA


Es posible que estemos confundidos; que acaso por haberles hecho excesivo caso a los dictados de una noche confidencial, o a los razonamientos precisos del insomnio, muchas cosas que parecían claras permanezcan oscuras. Y que hayamos olvidado otro modo de pensar anterior, más abstracto, parecido a ese juego de niños que consiste en encajar figuras en un hueco con forma de manzana, de triángulo, de estrella (más bien pienso en un niño obstinado, que se empeña en poner el triángulo en el hueco de la estrella)…

O, tal vez, en el fondo se trate de otro juego más simple, consistente en juntar cosas desiguales, que evocan otras cosas: un caracol, un ábaco, un sombrero que son el tiempo, el miedo, la cercana presencia de la muerte (de la muerte, que es un niño que encaja una figura de pájaro en el hueco de una luna); para acabar sacando del sombrero –y aquí es inevitable hacer de mago, son gajes del oficio– un paraguas que se abre y del que salen palomas silenciosas que nos dejan un nudo en la garganta. Y uno, en ese momento, balbucea como un niño (otra vez ese niño de antes, ya cansado y aburrido) y se escucha a sí mismo y se consuela buscando en el dibujo de la alfombra la pieza que le falta, la silueta cambiante que se le escurre siempre entre los dedos.

No hay comentarios: