miércoles, 25 de mayo de 2022
REFLEXIÓN: EL ALMA Y EL LENGUAJE
Es en el lenguaje donde se refleja del modo más descarnado esta suerte de sostenida, inconsciente y generalizada entrega del alma. La palabra “dictador” se emitirá en televisiones y prensa no de acuerdo con el sencillo y elemental significado del término, sino más bien en consonancia con el correspondiente nivel de colaboración mercantil. Así, Al Sisi es el presidente, o el líder, o el dirigente de Egipto, pero jamás el dictador militar del país. Lo mismo con su homólogo saudí, al que se anuncia siempre como rey, como príncipe, como jeque o como gobernante, nunca como déspota. Miren en los periódicos e informativos de mañana cómo llamamos al dictador chino, se sorprenderán. No es el diccionario el que establece los significados de las palabras, es el interés contable. Tapamos estatuas, comerciamos con tiranos y pervertimos el lenguaje, que es como envenenar nuestra alma. Es la parte del mercado la que parece haber acabado ganando, en el doble juego de la modernización, a la parte de los principios democráticos. Como en una profecía girada sobre sí misma, la mercantilización de todo amenaza con acabar desdemocratizando el mundo. No se trata de ellos; se trata de nosotros: hemos dejado de creer, ya solo comerciamos.
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