viernes, 13 de mayo de 2022

HISTORIAS MÍNIMAS: LA CASA


«Tiene infinitas posibilidades», remarca la agente inmobiliaria con machacona insistencia. Miro alrededor mío: el jardín descuidado, las contraventanas caídas, el suelo carcomido. La cocina inexistente y el salón desnudo terminan de convencerme. No hay nada en esta casa.

«No gaste más saliva, me la quedo». Firmo, entrego un cheque y hago que los operarios entren las cajas desde el camión de la mudanza. Terminan la descarga en un par de horas y los despacho más rápido aún.

Cuando se van, atranco la puerta con una madera de las que hay por ahí y me siento en el suelo del salón, solo, a abrir la primera de las cajas. Vacía. La segunda; igual.

Saco el sobre del hospital del bolsillo derecho de mi pantalón.

Principio de Alzhéimer.

Principio del fin.

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